DEBER SER

DEBER SER

El joven cantante riojano Axel Villafañe continúa desandando un camino en el que la experiencia adquirida desde muy pequeño es sostén para un presente musical que comienza a ser cosecha, pero también visión de un futuro en el que lo aguardan los grandes escenarios del folklore nacional.

La última Chaya, la del cincuentenario, lo encontró celebrando sus diez años de continuidad en el principal escenario de La Rioja, pero también compartiendo ese espacio con grandes y consagrados artistas locales de trascendencia nacional, lo que le valió -entre otras cosas- una enorme satisfacción a nivel personal, envuelta en una especie de merecido reconocimiento para un joven que viene desandando el camino de la música desde muy pequeño.
Cuesta discernir, en realidad, cómo en apenas 24 de vida un cantautor puede contar en su espalda con un bagaje tan valioso y tan amplio de trayectoria y experiencia, lo que lo convierte en el artista joven con mayor cantidad de años acumulados de participación en la fiesta más importante de los riojanos y un referente necesario a la hora de armar el “seleccionado” de cantantes con promisorio futuro en el camino que, luego de haber dejado tantas huellas en el atrás, se extiende hacia un adelante que lo aguarda en plenitud de posibilidades.
Axel Villafañe comenzó su derrotero musical allá lejos y hace tiempo, donde y cuando apenas lo recuerda. Si bien en la familia no hay antecedentes artísticos ligados al folklore, todo parece indicar que esa simbiósis se dio de manera natural y que con el correr de los días se fue solidificando a partir de una estrecha y cercana relación con ámbitos en los que las guitarreadas marcaban el compás de sus sueños. De allí que el joven cantante no dude en afirmar que ha pasado prácticamente toda su vida junto a la música, abriendo así el abanico de un anecdotario tan extenso como enriquecedor.
“Mi papá tenía un supermercado, donde varios empleados cantaban y tocaban la guitarra. Era un clásico que se armaba el asado y las guitarreadas. A veces venía gente de Mendoza, de Tucumán y a mi me encantaba todo aquel ambiente y no veía las horas de que hubiera un próximo encuentro”, cuenta con una sonrisa amplia, propia de los recuerdos vívidos que le hacen bien al alma, mientras el mate ameniza la charla con 1591 Cultura + Espectáculos. Y en ese rememorar aparecen Los Guaraníes y el Grupo Querencia, el siempre omnipresente Kike Alamo y la primera vez, “solito con mi guitarra en Aimogasta”, cuando luego de un puñado de canciones fue convocado a participar activamente en el staff de la Academia Estrada.
Todo en el devenir de Axel Villafañe es una conexión constante con la música y con un horizonte en el que se fueron sucediendo las cosas de manera tal como para que la desembocadura natural de su río artístico fuera el inmenso mar del folklore, aferrado no sólo a su gusto por el canto, sino también por la danza, que allá por 2007 desarrollaba en su estadía por Aimogasta, cuando acumulaba ilusiones en el ramillete de acordes de su inevitable deber ser: riojano y cantor. Fue así que apenas un año más tarde, la mezcla del talento y el destino lo llevaron a consagrarse en un certamen que cambiaría para siempre su vida, a partir de una experiencia tan única como inigualable, por sus dimensiones y alcances.
Sergio Galleguillo, nada más y nada menos, lo consagraba en 2008 en su concurso en busca de talentos riojanos y lo subía a su temporada musical, abriéndole una puerta hacia ese universo al que muy pocos pueden acceder, cuando apenas contaba con 14 años. “Me preparé junto con el grupo Querencia y con Flor Castro en bombo y percusión. Concursé y pasamos a la final. Canté, gané y el premio era grabar un disco y salir de gira. Así fue que me fui de gira con él. Aprendí mucho la manera de moverse, de manejarse con la gente, con el grupo. Es un sacrificio muy grande. De ahí me eligió Sergio para hacer la presentación en la Chaya, la última vez que se hizo en el Estadio del Centro”, recuerda, al tiempo que hace pie nuevamente en aquel momento y lo invade aquella ansiedad de estar por primera vez en la “Fiesta Mayor”, aunque “venía de recorrer muchos escenarios, en los mejores horarios y con mucho público”.
“Mi papá siempre me dice que yo hice el proceso al revés”, reflexiona, teniendo en cuenta que su camino fue diferente a lo que habitualmente ocurre con los cantantes que recién comienzan, que primero actúan en los pequeños espectáculos, con poco público y luego, si el talento y la suerte acompañan, van cosechando según la siembra que se haya hecho, con tezón y sacrificio. Luego de aquella experiencia con el Embajador Cultural Riojano, llegó el tiempo de comenzar a construir una carrera que debía sostenerse ya al margen del talismán de nuestro folklore. “Andar con Galleguillo, compartir con grandes músicos, es como estar en la gloria. Es una experiencia extraordinaria. Tener todo ese roce cuando estás comenzando te abre la cabeza, pero siempre tuve los pies en la tierra. Yo sabía que todo aquello no era mío”, refiere el artista desde una madurez necesaria y recuerda, una vez más, aquel consejo del papá que le decía “que tenía que cantar y que tenía que dar lo mejor, aunque sólo hubiera una persona en el público”.
“Cuando pongo un pie en el escenario, para mí es la gloria. Yo disfruto de todo y cada vez lo disfruto más. Antes podía estar un poco nervioso o ansioso, pero ahora lo disfruto a pleno. Sí es verdad que soy muy meticuloso y cauteloso con todo. Pero cuando subo un pie al escenario lo disfruto mucho. Con una o 70 mil personas, en el escenario me suelto”, afirma Axel con una prudencia llamativa, que excede claramente lo abreviado de sus años.
La parte que más le dejó de su experiencia con Sergio Galleguillo, afirma, es la del profesionalismo con que se mueve el cantor popular por excelencia de La Rioja. Y eso es algo que se ve reflejado muy bien en cada una de las presentaciones de Villafañe, en las que suele estar en todos y cada uno de los detalles, para asegurarse que todo salga bien, aunque no por ello deja de reconocer la ayuda fundamental de su familia. Esa contención, esa compañía incondicional, flota en el aire de cada uno de los pensamientos de Axel, sostenidos también por la presencia de los seres queridos apuntalando bien de cerca una carrera que va en busca de su ascenso.

REFERENCIAS, GEOGRAFÍAS Y NÚMEROS
Axel mira a su alrededor y acumula visiones como puntos de partida. Observa a sus pares, a sus referentes y aprende, desde una humildad que también lo define. Quiere “sacar la mayor parte de las materias de Contador Público”, para lo cual se ha propuesto esforzarse, pero también quiere ampliar sus geografías musicales. “Me gustan los números cuenta” intentando dar una explicación para quienes consideran que entre la contaduría y la música no hay puntos de encuentro. Pero tal vez ocurra que el mayor punto de encuentro entre una y otra, sea justamente lo difícil que resulta por estos tiempos poder vivir de las vocaciones que vienen dadas prácticamente con el nacimiento.
“El objetivo con la banda es poder salir mucho más de la Provincia con nuestra música, pero a la hora de la movilidad, de los hospedajes, es todo un tema. Los músicos tienen su trabajo, estudian, por ahí se complican los horarios”, cuenta. Y sin embargo (y a pesar de las dificultades económicas), no demora mucho en sostener que “a la música la tengo como camino de vida; me encantaría poder vivir de la música, ese es el sueño. Me encantaría llegar a los grandes escenarios, recorrer todo el País, pero llegar con la gente que estuvo siempre. Quiero recorrer Argentina, salir mucho más. Ese es uno de los objetivos que nos ponemos, pero no es fácil. La banda es grande y se complica a la hora de viajar. Pero al margen de eso, siempre hay muy buena onda a la hora de ensayar. Compartimos mucho más que la música. Estoy con mis amigos, no con mis músicos. Para mi es primordial mantener esa relación de amistad, siempre”.
Y aún más: “voy a seguir recorriendo el camino de la música y si el éxito se tiene que dar, se va a dar. Quiero crecer y mejorar. Mejorar mis canciones, mejorar musicalmente, mejorar el producto. Si se da o no el éxito ya por ahí depende de otras cosas, pero con el esfuerzo de uno creo que se va a dar. Siempre estoy pensando en mejorar”.
Esa convicción y esa constancia son, justamente, las que lo llevaron a poder darse la enorme satisfacción de compartir escenario en la última Chaya con cantores de fuste como Mariano Luque, Kike Alamo, Ramiro González y Emiliano Zerbini. “Ellos me aconsejan. Me hacen entender que no hay que esperar a que lleguen las propuestas, sino que hay que generarlas. Y que hay que estar siempre en vigencia. No importa el horario que te den en la Chaya, el tema es estar. Eso es vigencia y en algún momento se va a valorar”.
Y si de consejos y aprendizajes se trata, el joven cantor no duda en afirmar que “como referencia me sirvió mucho la gira con Sergio Galleguillo; era chico y esos primeros pasos fueron muy importantes. Escucho mucho a Mariano Luque, al Pica Juárez, a Ramón Navarro, que es una eminencia, a Ramiro González; mucha música riojana. También estoy prestando mucha atención a Pancho Cabral, con quien nunca había compartido nada, pero todo lo que me llegó de poder estar en su Chaya fue impresionante. Empecé a prestar más atención a lo que él hace, porque lo que viví ahí no lo había vivido nunca, en el sentido del sentimiento por la Chaya; la energía, el compartir con los grandes, como la bruja Salguero. Y también con los otros. Hay artistas en La Rioja que no son tan conocidos, pero son impresionantes”, afirma y se reafirma. Entre referencias, geografías y números, queda también su deber ser: riojano y cantor.

REFLEXIONES X3
-Recuerda el ser antes que el tener. A veces pasa que en La Rioja se nota una mala vibra en el ambiente. Es necesario sacarse las broncas entre los músicos. Me toca lidiar con eso, es moneda corriente. Yo no tengo problemas con nadie, nunca le negué un instrumento a nadie. Yo tengo el sueño de llegar y quien está a mi lado tiene el mismo sueño.
-Creo que soy uno más de los músicos que hay en La Rioja. Todas las bandas suenan bien y muchas comparten músicos. Hay un Profesorado de Música del que cada vez salen más talentos. Pero creo que soy también uno de los jóvenes con mayor trayectoria. No hay ningún solista de 24 años con 10 años en la Chaya. Siempre recalco que la música es para compartir y no para competir. Ese es el mensaje. Creo que ese mensaje llega y si no llega, al menos está la intención. Siempre me gusta compartir.
-Me gusta ir a las presentaciones de los discos de todos los músicos de La Rioja. Hay que bancar a la gente de La Rioja. Siempre me educaron para eso. No me parece bueno que haya tanto sinismo. Es importante hacer críticas constructivas. A medida que pasan los años uno va aprendiendo un montón de cosas, como la relación con la prensa, por ejemplo. Hay que mantenerse siempre humilde.

(La presente entrevista fue publicada en el suplemento 1591 Cultura + Espectáculos de diario NUEVA RIOJA)

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