Destino inevitable

Destino inevitable

Una reseña para el libro “Buitres bañan venados” del escritor Diego Rodríguez Duca, publicado por Ediciones la yunta.

No hay una única fórmula para la poesía. Por eso es que la poesía no puede ser encapsulada. Mucho menos encasillada. Ni catalogada. Ni que hablar de pretender enviarla al ostracismo en el que muchos quisieran ubicarla. Y es que hay tanta poesía como poetas existan en el firmamento de las palabras, con lo cual estás más que garantizada su continudad indefinida. 

Pero también están los otros. Los que tampoco entran en las categorías no categorizadas, ocupando así con su irreverente -pero fundamental- presencia poética esos espacios vacíos que sólo se llenan cada tanto, con -como suele afirmarse por allí- cada muerte de obispo, o como cuando los buitres bañan venados y le ponen nombre y apellido a lo que no existe, a lo que está fuera de lo común, a lo que no se habìa mencionado aún: Diego Rodríguez Duca.

Ese nombre para este poeta, para esta poesía, en otra cuidada presentación de “Ediciones la yunta”, nos pone frente a frente con una lectura también diferente y por momentos profundamente incómoda para ese letargo al que suele acostumbrarse el “cuerpo literario”. 

Dislocada por completo de la realidad y, al mismo tiempo, dando cuenta de una realidad que por lapsos se torna abrumadora, asfixiante, en ese intento por desglosar los significados de imágenes que perturban la comprensión, hasta llevarla al límite, a ese sitio profundo, ácido, fuera de lo común y repleto del asombro de las formas no convencionales de la poesía.

La más reciente publicación de Rodríguez Duca es, en esa dirección, un llamado a romper los esquemas, con todo lo que ello implica. Sin embargo es, también, mucho más que eso, porque lejos de quedarse en la simple concepción de un recurso estilístico efectista en aquello de sacudir (de golpear) con estrépito la modorra del lector, ancla en el contenido esa imperiosa necesidad de querer alcanzar un entendimiento posible al final de un recorrido que tiene mucho de habitual, pero también de hondura, de intensidad de una idea, una sensación o un sentimiento que provoca una gran alteración de los estados de ánimo.

Esa distancia que existe entre el fondo de algo y el punto tomado como referencia (lo aparentemente inalcanzable, respecto de lo cercano, lo próximo) se convierte en un desvelo inevitable a medida que uno se va internando en la propuesta de un autor que juega (con toda la seriedad que el juego requiere) a fragmentar toda respuesta prevista dentro de los cánones, para llegar irremediablemente a la conclusión de que el poeta tiene de otro, de todo el universo y de ninguno. Pero por sobre todas las cosas, de él mismo. Y ese es -y será- su único destino inevitable, al que añadirá al estilo como un desafío más allá del bien y del mal. Fuera de toda fórmula, de todo encapsulamiento, de todo encasillamiento o catálogo. Fuera, incluso, de todo. Como cuando los buitres bañan venados.

EL AUTOR. Diego Rodríguez Duca nació en Buenos Aires en 1973. Es Licenciado en Psicología y psicoanalista. Fue miembro de Nous, de la Fundación Estilos, del Grupo Territorios, docente de la carrera de Especialización en Psicoanálisis y en la Maestría en Psicoanálisis. Fue Director Académico de Anclaje. En psicoanálisis publicó con el Grupo Territorios en los libros “Clínica pulsión y escritura” y en “Experiencia de saber”, de Ed Mármol izquierdo. Ha escrito en numerosos medios ensayos sobre literatura, filosofía y psicoanálisis. En poesía publicó “La tragedia fluye” en 2005, de Editorial Zama y “Buitres bañan Venados” (2021, Ediciones la yunta).

(La presente reseña fue publicada en el suplemente 1591 Cultura+Espectáculos de diario NUEVA RIOJA)

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