El futuro llegó

El futuro llegó
Con apenas 14 años, Luna Malfatti comienza a inscribir su nombre en el amplio firmamento de la escritura riojana. Dueña de un estilo particular que la define, entre imaginación y fantasía ilimitadas, la pequeña fue protagonista en la última Feria del Libro La Rioja 2019.
Es de día y el sol se cuela con su resplandor tibio de invierno. Se recuesta sobre un escritorio, como si pudiera derramarse al igual que un río de rayos cálidos y envolverlo todo en la habitación. Pero sabe, íntimamente sabe, que en esa habitación no está solo; y que mucho menos puede considerarse el primero, o el único. Es por eso que siempre termina, tímidamente, por pedir permiso a la luna que, sentada detrás del escritorio, observando a través de la ventana, imagina un cielo lleno de estrellas que por las noches bajen hasta la habitación y se apoltronen sobre la cama a reposar sueños brillantes y fantásticos, mientras la niña (ya no tan niña) duerme con la mente bien despierta, imaginando las historias que darán forma, luego, cuando despierte de ese letargo de maravillas (como alguna vez le ocurrió a Alicia en su país), a los cuentos que escribirá sobre un papel que, en blanco, espera.
Ocurre que la luna, en esa habitación, tiene una fiel cómplice, una compañera de aventuras capaz de inventar tantos mundos posibles como estrellas pueda haber en el cielo e, incluso, hasta puede bajarlas más tarde para sacarlas a pasear por las calles de la ciudad. Ocurre que la luna, esa blanca, inigualable y orgullosa dama de la noche, cuenta con otra Luna para hacer que sus ilusiones de toda una eterna vida se transformen en palabras, cobren vida en imágenes y perduren en sensaciones.
Y esa otra Luna, entonces, juega el más serio de los juegos que se pueda jugar: el de crear relatos que persistan, que dejen huella y, sobre todo, la hagan crecer en un universo en el que su nombre comienza a sonar como sinónimo de un futuro que ya llegó, construyéndose con bases sólidas en este presente.
Y ese nombre que suena, tiene un nombre y un apellido: Luna Malfatti. La pequeña que, con apenas 14 años, acaba de ser proclamada como la ganadora del concurso de cuentos de la Feria del Libro La Rioja 2019, como lógica consecuencia (quizás, los concursos no siempre son un parámetro preciso) de un trabajo que viene realizando desde muy niña, con el apoyo permanente de su familia, pero también con una notable determinación que la acompaña desde siempre en su camino ligado a la literatura, como un designio demasiado claro para su vida que hoy se debate en esa edad tan particular, donde juguetes y libros aún se mezclan.
Puesta a recordar, “Lunita” (como suelen llamarla) no duda en afirmar: “siempre leí y siempre escribí. Desde muy chica. Me aprendía los cuentos y luego los decía de memoria; entonces hacía como que leía”. El paso siguiente, necesariamente concatenado a ese hábito fundamental que tanto se reclama hoy a los adolescentes, no tardaría en llegar. “Comencé a escribir historias y se las daba a leer a mis abuelos, y luego inicié con una especie de saga, cuentos de dos hadas que eran amigas. Escribía sobre ellas y a esos escritos los acompañaba con dibujos; luego mi mamá corregía los errores. También teníamos muchos libros y había una colección que recuerdo especialmente, que eran libros de la Patagonia; mi papá siempre nos leía a mi hermana y a mí. Nos encantaba”.
Actualmente Luna asiste al taller literario Los Imagineros, de la reconocida escritora Adriana Petrigliano, y como producto de esa tarea que la ocupa los lunes por la noche, acaba de formar parte de la publicación conjunta que dicho taller presentó en la última Feria del Libro La Rioja 2019. Allí, la joven va dejando señales sobre sus gustos relacionados con la escritura, pero también de su profunda vocación por las palabras, que muchas veces la encuentra, con sus aires de inspiración, al borde de su cama, arrodillada, dando rienda suelta a su imaginación.
“No es la primera vez que publico, pero lo de Los imagineros me gusta mucho; es como una manera de decir que es así como se empieza. Me emociona ver mis escritos en un libro y me gustaría que en algún momento eso se convierta en algo familiar”, afirma, al tiempo que recuerda que la primera vez que apareció algo suyo “fue en una revista que se llama Topia, donde trabaja mi abuelo; el leyó un cuento mío, le gustó, lo compartió y decidieron publicarlo. Eso fue el año pasado, a mis 13 años y ese cuento hablaba de un señor que vivía en un manicomio, en un lugar donde todos tenían raras enfermedades. Ocurría que cuando las familias los visitaban, quienes trabajaban allí cuidándolos los trataban bien, pero luego, los trataban muy mal. Hasta que un día este hombre cambia de lugar las fichas de pacientes y de empleados y eso provocó que cambiara toda la historia -los pacientes pasaron a ser los empleados y los empleados pacientes-, hasta que el personaje termina por escaparse”.
Esa capacidad para imaginar y narrar historias la acompaña desde siempre, y siempre estimulada por mamá y papá. “Ellos veían que escribía, y mi mamá siempre me decía de participar en un concurso. Luego comencé a los 12 años en un taller, que lo hacía vía mail, y luego con otra profe que era amiga de mi abuelo, que lo hacíamos por Skype. Y más tarde comencé con Adriana (Petrigliano) y me gustó mucho eso de estar en contacto con mucha gente, la posibilidad de compartir lo que escribimos y recibir diferentes devoluciones”.
De allí en más, Luna no ha parado de producir, teniendo siempre presente que se trata de una actividad a la que toma con mucha seriedad y pensando en que le gustaría dedicarse a eso cuando sea grande, junto con alguna carrera que esté ligada a la escritura, como puede ser la Licenciatura en Letras.
“Tengo muchas cosas en la cabeza y siento que tengo que ponerlas en algún lugar. Me parece que eso le pasa a todos los escritores”, sostiene cuando se le pregunta por sus procesos de escritura. “Me pasa que por ahí voy caminando y veo a una persona y ya le empiezo a inventar una historia, y siento que no se puede quedar ahí; tengo que liberar un poco de espacio en mi mente y comienzo a escribir. Siempre tengo conmigo algún anotador para escribir, y si ocurre en la escuela (asiste al tercer año en el Colegio Preuniversitario General San Martín), entonces escribo sobre mi mano”.
Pero volviendo a la experiencia de ser parte de una antología junto a otros escritores, la pequeña Luna no duda en afirmar, con sorprendente claridad conceptual (teniendo en cuenta su corta edad), que “hay que hacerse responsable de lo que uno escribe. A veces cuando estoy por escribir algo lo pienso bien, pero luego siento que cada uno reaccionará ante eso como quiere. No todos lo van a asumir de la manera en que yo lo pensé”. No obstante, aclara: “primero me tiene que gustar a mí; después, lógicamente, me gusta que le guste a los otros. Estoy buscando un estilo propio, que es importante eso para un escritor, pero particularmente me gusta que me identifiquen con las cosas raras, mágicas y eso ya está pasando”.
MIRADA ATENTA
Cualquiera podría afirmar que a los 14 años resulta más común que una adolescente esté pensando mucho más en espacios de divertimento que en construir un universo literario propio que le abra un camino en el mundo de las letras. Sin embargo, Luna Malfatti parece ser una de las excepciones (que afortunadamente existen) a la regla. Con mucho camino aún por recorrer, no sólo va construyendo su imaginario, sino que también afianza su identidad como escritora a la que muchos elogian ya sus producciones.
En los cuentos de “Lunita” suele primar la fantasía, lo mágico y es ella misma quien afirma que ese género es el que más la atrapa y que por eso suele leer historias como las de Harry Potter o Percy Jackson (también es amante de la mitología griega o la nórdica, a la que está explorando actualmente), aunque esto no la aleja en absoluto de la realidad, sobre la que pone siempre una mirada atenta.
“Los temas que abordo suelen estar ligados a cuestiones que ocurren y afectan a la sociedad cotidianamente, como la discriminación o el maltrato. Yo luego le agrego mi toque de fantasía, como en el cuento “La ciudad de los relojes”, que habla sobre las personas que son muy de querer todo ya, con las que me siento también identificada; a eso le agrego lo fantástico, a las cosas que pasan habitualmente”, cuenta.
“Normalmente suelo escribir en el taller, pero estoy tratando de tener una rutina. Entonces vengo a mi habitación, me siento y trato de inspirarme, por ejemplo, escuchando música. Trato de aprovechar también para escribir aquellos momentos en que no tengo otras ocupaciones”, afirma, ya que como toda adolescente de su edad, desarrolla otras actividades ligadas a la escuela como Hándbol o Huerta, a lo que agrega Terapia Postural Activa. “Me gusta hacer otras cosas; me gusta lo de las plantas, tener mis propias comidas, por ejemplo, y además tengo una amiga que va conmigo y eso me gusta”.
Sin embargo, puesta a elegir, Luna no duda en afirmar que la escritura es su refugio, su lugar en el mundo, ese espacio en el que puede dejar volar la imaginación y descubrir otros universos posibles. “Siempre trato de tener algún proyecto en mente y tengo un montón de ideas para un libro, pero soy muy meticulosa, muy detallista, en general y con la escritura también, pero supongo que en la literatura encuentro un espacio de libertad. Me gusta sentirme identificada con los personajes a los que les doy vida”.
Desde esa identificación, desde esa libertad, probablemente, Luna esperaba que su cuento “La piba y las estrellas” fuera tenido en cuenta en el concurso organizado por la Feria del Libro La Rioja 2019. “Tengo una amiga que había concursado en la categoría de poesía y me contó que la habían llamado, y yo pensé que sería lindo que me llamaran a mí también porque íbamos a poder estar juntas. Me emocioné mucho cuando me dijeron que mi cuento había quedado en primer lugar”.
A partir de esa selección, seguramente, se abrirán nuevas puertas para Luna, nuevos caminos por recorrer, nuevos sueños por realizar, nuevos proyectos que con el tiempo se irán concretando, pero que ya los va trazando desde hoy, como la posibilidad de ir a vivir a Buenos Aires, donde siente que puede tener mayores posibilidades para desarrollar su actividad y sus estudios, o viajar a otros países para conocer y aprender. Todo forma parte de un futuro posible, aunque para Luna, sentada frente al escritorio que da a la ventana por donde se cuela el sol con su resplandor tibio de invierno a pedir permiso a la luna, el futuro, en forma de palabras sobre un papel en blanco, ya llegó.HOMBRE QUEBRADO

BASTA UN BRILLO FUGAZ EN LA NOCHE Y UN HOMBRE SE QUIEBRA COMO SI ESTUVIERA HECHO DE VIDRIO. ENTONCES ALLÍ QUEDA, HECHO PEDACITOS Y ESPARCIDO POR EL CÉSPED, HASTA QUE LO BORRA LA PRÓXIMA LLUVIA.
(Texto extraído de la publicación conjunta “Los Imagineros”)

SILENCIO

EL SILENCIO SE SIENTE TAN VASTO EN ESTA HABITACIÓN VACÍA QUE CASI PUEDO SENTIR SUS BRAZOS FRÍOS RODEANDO MI CINTURA Y SU CABEZA DE SEDA APOYADA EN MI HOMBRO.
(Texto extraído de la publicaciónconjunta “Los imagineros”)

LA PIBA Y LAS ESTRELLAS
Aparecían en su cama cuando se despertaba todos los días, brillando como esquirlas de hielo. La Piba las juntaba, una por una, desenredando sus puntas entre los hilos de las sábanas y se las enroscaba en el pelo, espeso y lleno de resortes, como si fueran hebillas. La hacían estremecerse de contenta cuando las tocaba y avergonzarse un poco ante sus halagos susurrantes, hechos de voces de campanas agitadas por el viento.
Después, salía a caminar por El Pueblo y siempre encontraba a alguien que necesitaba un pedacito de estrella: una viejita encorvada, unos pibitos raquíticos, un hombre con pústulas.
Hasta que ocurrió lo imaginable: al verla llegar, la viejita se encorvaba hasta doblarse, los pibitos hundían la panza y el hombre se lustraba sus pústulas con aprensión.
Decepcionada, La Piba se quedó con las estrellas. Cuando El Pueblo se dio cuenta de que ya no pensaba compartir su tesoro, golpearon a su puerta embravecidos, para exigirle que las devolviera al cielo.
La Piba, asustada, intentó todas las noches tirar las estrellas por la ventana como si quisiera enseñarles a volar, pero ellas siempre volvían. No importaba si cerraba la ventana, al otro día las estrellas aparecían, pegadas al vidrio como cristales de azúcar. Y El Pueblo se enfurecía y La Piba se desesperaba, porque ya no podía disfrutar de las campanas que la halagaban y la ponían tan contenta.
Una noche, La Piba salió a la calle, con todas las estrellas detrás, como una estela de hormigas. El Pueblo se asustó tanto que no se animó a salir de su casa. La Piba siguió caminando hasta casi perderse de vista. Fue cuando, de improviso, todas las estrellas comenzaron a trepar al cielo en una lluvia ascendente.
La Piba, convertida para siempre en un resplandor, las siguió.

(El presente texto fue seleccionado como ganador del concurso de cuentos categoría B -13 a 18 años- en la Feria del Libro La Rioja 2019)

LUNA x LUNA

-Escribo y guardo en la computadora, en el celular y a mano. Hago siempre una triple copia.
-Al principio sentía que era otro concurso, que no iba a pasar nada. Pero después cuando, la llamaron a mi amiga, pensé que podía ser. Cuando me lo confirmaron me puse muy contenta y fui corriendo a decirle a mi mamá, que justo estaba con mis abuelos.
-A veces comparto mis cosas; pero mi mamá siempre se las ingenia para encontrarlas y compartirlas.
-Escucho música muy variada. De todo. Últimamente estoy escuchando mucho a una cantante francesa que se llama Pomme, y también a Agnes Obel, pero la verdad es que escucho un poco de todo. Busco también canciones en alemán, en italiano, me gustan esos idiomas.
-A veces escribo en soledad; otras veces está mi hermana, o hay gente, pero no suelo darme cuenta. En general mi familia, cuando me ven escribiendo se quedan en silencio.

(La presente nota fue publicada en el suplemento 1591 Cultura + Espectáculos de diario NUEVA RIOJA)
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