La semilla del amor

Natalia Díaz es a la fotografía lo que la fotografía es a Natalia Díaz, en la parición constante de un ensamble perfecto entre la técnica y la sensibilidad, entre la herramienta y el espíritu, entre la cámara y una manera diferente de observar el mundo que nos rodea: en los detalles.

Dicen por allí que la fotografía es el arte y la técnica de obtener imágenes duraderas debido a la acción de la luz, a lo que suelen agregar también que se trata del proceso de proyectar imágenes, capturarlas y plasmarlas bien a través del fijado en un medio sensible a la luz o por la conversión en señales electrónicas. Técnicamente, es todo lo que puede caber en una definición.

Sin embargo, la fotografía es mucho más que eso y supera ampliamente, en su concepción, todo tecnicismo, partiendo de la base esencial del factor mágico que encierra el hecho de poder captar un momento, un instante preciso en la finitud de un segundo, para eternizarlo luego. Y si a ello se le adhiere un componente de amor profundo, de pasión absoluta por la edificación de una manera diferente de ver la vida a través del visor de una cámara, el resultado sólo puede ser uno: el punto de partida para una labor que se afianza en el claro objetivo de dejar un legado que traspasa el tiempo y se abraza al compromiso de establecer un vínculo con los detalles, esos que terminan por conformar lo colectivo que habita en lo cotidiano, donde a la mayoría de nosotros se nos pasarían por alto.

Allí, en los detalles, precisamente, Natalia Díaz siembra la semilla del amor por un oficio del que cosecha sus frutos a diario, como una manera de sanar, incluso. Y es que Natalia Díaz es a la fotografía lo que la fotografía es a Natalia Díaz, en la parición constante de un ensamble perfecto entre la técnica y la sensibilidad, entre la herramienta y el espíritu, entre la cámara y una manera diferente de observar el mundo que nos rodea. Desde los comienzos mismos de esa simbiosis entre humanidad y máquina que se ha reproducido sistemáticamente a lo largo de la historia y que ha dejado un registro inabarcable, hasta hoy, en que las nuevas tecnologías y la digitalización marcan el rumbo acelerado de las horas.

Su nombre no es un nombre más. Su huella, su marca en el arte de eternizar momentos se va tornando indeleble. Y desde ese lugar, desde ese espacio en el que construye su presente en base a un pasado de aprendizajes y un futuro que no deja de proyectarse a fuerza de sueños y trabajo, abre las puertas a 1591 Cultura+Espectáculos, hacia la calidez y sensibilidad de su palabra.»Empecé a buscar la luz de otra forma. Empecé a ver la luz de manera diferente a la que la venía viendo. Para mí es mágico, es como un proceso mágico el hecho de que yo pueda verlo y pueda dejarlo plasmado para siempre», afirma cuando se le pregunta por su oficio, por esa tarea de perpetuar la historia, como punto de partida a un encuentro que se prolongará por algo más de una hora y que, mate mediante y música de fondo, dejará ver a la mujer detrás de la cámara, en un retrato a la inversa que la muestra tal y como es, en la sonrisa que se le dibuja en el rostro al recordar alguna anécdota, o en los ojos que se le llenan de lágrimas, cuando se deja envolver por lo genuino de una emoción que va también de la mano con su manera generosa de ofrendar.

¿CÓMO FUE TU LLEGADA A LA FOTOGRAFÍA? ¿ESTÁ LIGADA TAMBIÉN A TU VOCACIÓN HACIA LA COMUNICACIÓN?

Fue un poco de todo, porque desde chica siempre supe que quería ser periodista, en primera instancia. Siempre me imaginé siendo periodista, entonces entré a la carrera de Comunicación de la UNLaR y en segundo año, donde tenemos el taller de fotografía, conocí un mundo nuevo, sentí que nos enseñaron a sacarnos un velo y a ver de otra forma las cosas, a prestar atención a cosas que yo por ahí pasaba por alto como los colores o la luz, diferentes tipos de luces, momentos, es como que ahí me fasciné.

¿HASTA ESE MOMENTO NO HABÍAS HECHO NADA RELACIONADO CON LA FOTOGRAFÍA?

No, nada. Solo lo de periodismo. De hecho, en la última charla que tuvimos en la UNLaR, conté que mi abuelo y mi bisabuelo son periodistas; fueron los creadores del periódico El Zonda. Entonces es como que empecé a atar cabos y a pensar, ‘con razón siempre quise ser periodista’.

ES DECIR QUE EN LOS GENES ESTABA EL PERIODISMO..

Sí, la comunicación. Todos estamos en algo relacionado con la comunicación.

¿Y TENÉS RECUERDOS PUNTUALES DE TU ABUELO, POR EJEMPLO, EN ESE ROL DE PERIODISTA?

De mi abuelo, que tenía una grabadora en sus últimos años, pero no mucho más. Empecé a investigar este último tiempo y entendí que es parte de mi historia, es la raíz de la comunicación como misión de comunicar a través de una foto, a través de un relato. Y empecé a buscar y no tenía nada y Carlos Rodríguez justo, me dice yo tengo un libro de Roberto Rojo que hablo una parte del libro El Zonda y ahí menciona a mi bisabuelo, Juan Díaz, que lo crea y tienen imprenta en la casa y me re me emocioné, porque fue justo el día del periodista este año, y ahí nomás lo puse en la presentación para contar un poco de dónde venimos, que me parece muy importante conocer. Pero el taller en la Universidad fue mi primer contacto con la fotografía.

¿QUÉ TE PASÓ CUANDO PUSISTE EL OJO AHÍ, EN ESE LUGAR, QUÉ SENTISTE QUE TE CAMBIÓ?

Sentí mucha adrenalina. Otras cosas que no había sentido nunca, como mucho amor. Dije, bueno, puedo estar todo el día haciendo esto y no me voy a dar cuenta de que pasó el tiempo. eso sentí.

¿TE ACORDÁS QUÉ FUE LO QUE VISTE EN ESE MOMENTO?

Empecé a buscar la luz de otra forma. Empecé a ver la luz de manera diferente a la que la venía viendo. Para mí es mágico, es como un proceso mágico el hecho de que yo pueda verlo y pueda dejarlo plasmado para siempre. Que sea una foto: eso me interpeló muchísimo en la carrera y después hice un seminario de fotoperiodismo con Ismael (Fuentes Navarro) y ahí dentro del mundo re grande que es la fotografía, nos enseñó sobre fotoperiodismo y fotografía documental y yo dije ‘quiero ser reportera’, no me podía sacar de la cabeza esa idea. Nos hizo hacer un práctico que siempre recuerdo, al final del taller, de foto documental, que consistía en contar una historia en diez fotos, lo que implicaba salir a la calle y yo todos los días pensaba qué iba a hacer. Vivía en el barrio Municipal con mi mamá y en eso de ir en el colectivo veo que al frente del Skatepark, hay una curvita en la que venden pan casero y me acuerdo que iba en el colectivo y que al final se veía un hombre, con un hornito y dije ‘esta es mi historia’. Me bajé un día y le pregunté si podía hacerle fotos y me dijo que sí; era un hombre re humilde, que tenía nueve hijos y su compañera, su mujer y hacían eso. El hacía todo el proceso del pan y me quedé ahí toda una mañana con él y fue mi primer acercamiento a la realidad, diferente de la realidad que tenía yo, que era estar cómoda en mi casa e ir a la Universidad. Cuando salí de ahí sentí que empezaba a conocer nuevos mundos, nuevas realidades y que tenía ganas de seguir haciéndolo.

LA FOTOGRAFÍA ES ENTONCES PARA VOS OTRA FORMA DE VER LA VIDA…

Sí, yo siento que hasta ese momento iba así, como caminando con gafas, y que no veía realmente, que no era de estar así en otros lugares, y sí sentí como que me cambiaron la mirada.

¿Y AHORA QUÉ TE PASA CUANDO VAS POR LAS CALLES?

Veo fotos por todas partes. No sé si a todos les pasa, pero yo veo fotos en todos lados.

¿EN ESE MOMENTO PENSABAS EN QUE LA FOTOGRAFÍA PODÍA SER TAMBIÉN UN TRABAJO? 

Lo deseaba mucho. En ese seminario lo deseaba muchísimo y deseaba hacer fotoperiodismo y no quería hacer otra cosa. Y yo siempre digo que siento que cuando uno desea mucho las cosas es como que les atrae. Meses después me llama Ismael (Fuentes Navarro), de diario El Independiente y me dice que necesitaban cubrir los francos el fin de semana. Yo no tenía cámara y no sabía manejar réflex. En ese momento le dije que no, que no me animaba y mi papá me preguntó quién me había llamado, era un sábado temprano, y me preguntó si no era lo que yo quería hacer y lo llamé y le dije que sí, que sí quería y empecé cubriendo los francos los fines de semana.

¿QUÉ SENTISTE EN ESE MOMENTO, INTERNAMENTE?

Sentí que iba a empezar un desafío muy grande, mucha felicidad sin duda, pero como que se movía todo por dentro. Lo bueno es que iba a hacer lo que realmente me gusta, pero sentía miedo también, mucho miedo.

¿ESO OCURRIÓ PARALELAMENTE CON LA CONTINUIDAD DE TUS ESTUDIOS EN COMUNICACIÓN?

Sí, de hecho, me recibí y ya trabajaba en el diario. Y nunca dejé de hacer fotografía. Eso fue hace 11 años, tenía 22.

EL HECHO DE SER TU PRIMER TRABAJO FORMAL Y EN UN MEDIO COMO EL INDEPENDIENTE, DONDE LA FOTOGRAFÍA ERA COSA DE HOMBRES, ¿CÓMO JUGÓ EN TU MANERA DE DESEMPEÑARTE

Internamente en el diario siempre muy bien. Tuve compañeros como Jorge, Elio, Ismael que siempre me incluían, me enseñaban, me daban como tips, me decían lo que tenía que hacer y siempre fue todo muy inclusivo. El tema fue cuando salí afuera. Eran muchos hombres, que no me conocían.

¿AFUERA, A HACER COBERTURAS?

Si, de política, de deportes, por ejemplo, y yo sentí que me miraban como un bicho raro. De hecho, escuchaba… ‘sabrá sacar fotos’, ‘no debe saber’, comentarios despectivos que en los primeros meses los sentí mucho. Y en la cancha eran gritos todo el tiempo. De hecho, siempre cuento que iba con un buzo con capucha y entraba así para que la gente no me viera tanto; o yo pensaba que no escuchaba tanto sus comentarios.

¿Y CÓMO FUE QUE PUDISTE HACER FRENTE A TODO ESO, QUE EN DEFINITIVA ES UNA DISCRIMINACIÓN POR EL HECHO DE SER MUJER?

Al principio me sentí un poco débil, que era muy diferente al resto, pero sentía el acompañamiento de mis compañeros, que además me decían ‘vos al diario tenés que volver con la foto, la foto tiene que estar sí o sí y tiene que ser una buena foto, parate al frente de quien te tengas que parar’. Al principio, con mucho miedo, iba acercándome más y más hasta que llegó un momento en que ya me sentí bastante segura. Pero al principio era pararme así, como fortaleciendo y diciéndome ‘también lo hago y lo puedo hacer igual que cualquiera de mis compañeros, colegas’. Una se empieza a armar de valor.

¿TUVISTE QUE LIDIAR MUCHO CON LOS COLEGAS?

Al principio creo que sí; sí, tuve que lidiar bastante y después era ya una más.

BUSCAR MÁS ALLÁ

Para Natalia Díaz, el tiempo no existe cuando está detrás de una cámara. Un día descubrió esa sensación tan particular y, desde entonces, ya no dejó de sentirla. Es, entre otras cosas, el norte en su brújula. Por eso entiende también que la fotografía es una manera diferente de ver la vida. Y también de vivirla. Porque al mismo tiempo siente que el oficio que ama le devolvió la vida. Pero por sobre todas las cosas, la fotografía la puso en un lugar esencial: el de valorar la vida, más allá de sus circunstancias. Incluso, más allá de su condición de mujer, en un medio que le resultó hostil, pero al que supo enfrentar para salir a la luz, como cuando busca la luz en cada toma. Y el de apuntar a ser siempre un poco mejor en su trabajo, porque la mejor fotografía -lo asegura a consciencia plena, y tal como se lo afirmó uno de los fotógrafos históricos de La Rioja- es la que aún no tomó. Y en el mientras tanto, no dejar de buscar eternizar cada momento, como si fuera el último.

¿QUÉ SENSACIONES FUISTE DESCUBRIENDO DETRÁS DE UNA CÁMARA DE FOTOS?

Esto de que el tiempo no existía, que podía estar en el diario a las 4 de la tarde y salir a las 12 de la noche y para mí era como media hora, que podría estar todo el día sacando fotos. Primero eso. Segundo, sentía esto de querer buscar constantemente imágenes y estar en los momentos históricos me generaba una adrenalina, me generaba mucha pasión. No me importaba nada, en mi mente era solo estar detrás del visor también sintiendo lo que veía en frente. Personalmente me cambió muchísimo, muchísimo; siento que empecé a valorar de verdad la vida.

DE HECHO, CREO QUE POR ALLÍ DIJISTE ALGO ASÍ COMO QUE «UNO EMPIEZA A VER LA VIDA DE OTRA MANERA»…

Y a valorar. No todos estamos en la misma. Uno a veces se siente bendecido, agradecido o afortunado. Empecé a agradecer eso, a llamarlo más a mi papá (risas) sobre todo cuando íbamos a accidentes; con cosas así de muerte, me partían en dos y pensaba: ‘cómo se puede terminar la vida en un segundo y uno quejándose por boludeces’.

¿CUÁL FUE EL TRABAJO MÁS DIFÍCIL QUE TE TOCÓ HACER EN RELACIÓN A LA FOTOGRAFÍA?

Yo creo que hay un momento que…que de hecho creo que no la hice a la foto, que fue una marcha de un femicidio de una niña y que habían puesto a todos los niñitos al frente de la marcha, fuera de Casa de Gobierno. Yo estaba agachada justo con la cámara para hacer fotos y uno de los niños le dice a otro ‘no puedo creer, es mi hermanita, está muerta y ayer jugábamos’. Yo ahí bajé la cámara y no la hice a la foto.

Y AHORA TE EMOCIONA OTRA VEZ…

Fue durísimo. Y el único momento en todos los años que trabajé que no hice la foto. No me podía levantar, era como no poder entender el mundo. Me dolió muchísimo el dolor de esos niños.

ESA FOTO NO LA HICISTE, PERO OBVIAMENTE TE MARCÓ, ¿QUÉ OTRAS FOTOS QUE SÍ HAYAS HECHO TE MARCARON?

Dentro del diario las coberturas que recuerdo que me marcaron mucho, por ejemplo, ir a los asentamientos, ver cómo la lluvia hacía desastres y la gente se quedaba sin sus cosas, eso siempre me hacía volver muy interpelada con la vida. Y después la foto que le hice a Milani dentro de la cárcel; creo que me duró como dos semanas la adrenalina. Eso sí me marco profesionalmente también. Esa foto fue tapa de Clarín. Me dio mucha satisfacción a nivel profesional.

TE ABRIÓ LAS PUERTAS HACIA OTROS ÁMBITOS TAMBIÉN…

Sí, de hecho, en pandemia, tuvimos muchos conversatorios que compartimos con fotógrafos y fotógrafas de todo el país, fotoperiodistas, y hablábamos y compartíamos fotos y se acordaban de esa foto. Fue bueno, porque no nos conocíamos dentro de la Argentina y la pandemia permitió eso, que todos nos acerquemos.

¿EN QUE OTROS MEDIOS NACIONALES SALIERON FOTOS TUYAS?

En Página 12, en Télam.

¿Y CUÁL ES LA FOTO QUE HICISTE Y HUBIERAS PREFERIDO NO NACER?

Qué pregunta difícil. Creo que todavía no tengo alguna. Por ahí siempre sentí esto de que el medio no muestra realmente lo que pasa, pero todavía creo que no me pasó.

¿Y CUÁLES SON LAS COSAS QUE TE CUESTIONÁS SOBRE TU TRABAJO? ¿SOS DE MIRAR LO QUE HACÉS, DE BUSCAR ERRORES?

Todo el tiempo. Tengo una autocrítica muy alta y siempre siento que hay algo que uno puede mejorar, de hecho, siento que soy una estudiante todavía. Siento que siempre puedo aprender algo más, que puedo ver de diferentes formas, siento que la mirada puede ir cambiando a través del tiempo. Es como uno, se va transformando. Entonces me siento así una estudiante todo el tiempo; digo no, no, si esto puedo hacerlo mejor de otra forma. Muy pocas veces digo bueno, sí, me siento conforme con la foto. Una vez Pantaleo me dijo ‘acordate que la mejor foto nunca la hiciste’ y eso me quedó muy marcado.

¿SENTÍS QUE ES ASÍ? 

Si, y siento que eso está bueno para uno, buscar más allá. Entonces ahí estoy en eso, siempre buscando cosas en mí, cosas que puedo mejorar. Pero sí, soy re autocrítica y detallista

¿Y QUÉ ES LO QUE MÁS DISFRUTÁS DE TU TRABAJO?

Vivir el momento es lo que más disfruto, me hace ser consciente del aquí y ahora. Lo disfruto mucho. Compartir también, sentir que tengo vida. La fotografía me hace sentir viva. A veces siento que todo me deja así, como deambulando, pero eso me trae como cable a tierra, así me hace sentir un ser muy completo.

A PESAR DE QUE ESTÁS BUSCANDO MEJORAR TODO EL TIEMPO…

El momento ese en que hago la foto, me hace feliz.

¿QUÉ ES LO QUE TIENE QUE MOSTRAR UNA FOTOGRAFÍA?

Creo que es muy subjetivo e individual, que depende de cada uno. Pero para mí es importante que transmita algo, especialmente en esto de decir en lo que vamos creciendo y vamos cambiando las miradas. Al principio yo me fijaba, está bien compuesta, está mal compuesto, está en foco, está fuera de foco, y ahora me doy cuenta que no importa si una foto está en foco o no, sino si transmite algo. En ese sentido la búsqueda se transforma y empieza uno a buscarse a través de esas fotos. Para mí tiene que transmitir lo que sos vos. Es como decir esta foto es mía, esta es de Gonzalo, esta es de Ismael. Siento que eso tiene que transmitir, la esencia de uno. Yo a veces siento que lo logro y siento que voy creciendo o transformando e intentando mostrar. Si uno se ve reflejado allí, al otro le va a llegar.

¿Y CON CUÁL FOTO TE SENTÍS MÁS REFLEJADA?

Con los retratos. Al principio no me gustaba hacer retratos porque es muy difícil estar a una corta distancia, con un lente 50 fijo, que es lo que uso, y era raro porque las personas se incomodaban o siempre al principio posan o intentan posar y salir bien y cuesta que salgan de ese personaje y mostrarse; soltarse y dejarse ver un poco más de lo que vemos todos, de lo que posamos todos en Instagram. Una vez sentí con un retrato de un artista que él se soltó y yo capté otra cosa, que no había visto hasta ese momento y me hice como una especie de adicta a buscar eso siempre cuando voy a retratar. A veces las personas se sueltan y a veces no, como muchos que siguen posando mucho y está bien, lo respeto y me corro de ese lugar. Es hablar y uno con la cámara y esperar a que pase el momento para hacer clic. En eso con los retratos me siento muy identificada.

¿ES EL TIPO DE FOTO QUE MÁS TE GUSTA HACER O CON CADA SITUACIÓN DIFERENTE TENÉS UNA VINCULACIÓN PARTICULAR?

Es diferente con cada cosa. El último retrato que hice fue hace una semana más o menos; me habla Fede Tello, que es director del teatro y me dice ‘quiero que me hagas un retrato porque me presenté a una convocatoria’ y yo digo ‘bueno, dale’. Habitualmente no los hago acá, en mi casa, pero con él me salió hacerlo así. ¡Qué raro que traiga a alguien en mi casa! Pero luego me di cuenta que había cosas en común. Pasan esas cosas, así que para mí tienen más que ver con una cuestión de causalidad, que, de casualidades, e hicimos unos retratos que a mí me encantan. Siento que juega mucho la intuición en los retratos y en la fotografía documental. Esa intuición no se estudia, se trabaja.

¿ES DECIR QUE SE PUEDE DESARROLLAR CON LA EXPERIENCIA, CON EL OBSERVAR DE UNA MANERA DIFERENTE?

Sí con la experiencia y con el conocerse a uno mismo. Al igual que en la fotografía uno ve las luces y las sombras, uno tiene que aprender a verse y ahí vamos; vamos amasando y eso me parece que va creciendo con el tiempo y para mí está ahí la clave, en saber cuál es el momento.

CRECER EN EL ARTE, EN LIBERTAD

El paso del tiempo, la dedicación en plenitud a su tarea, el cúmulo de experiencias y esa particular manera de observar la vida a través del lente de su cámara, la ubican en un sitial de privilegio, como clara referente para una tarea en la que el género planteaba algunos abismos insalvables que, por fortuna y a fuerza de toma de consciencia y respeto, comenzaron a menguarse. Hoy su nombre repercute tanto en el ámbito local como fuera de las fronteras de la provincia, donde el reconocimiento supo llegar como una caricia. Pero también en lo cotidiano de los días, donde conjuga su labor con su inclaudicable rol de mamá. En una misma dirección: el amor. Y el arte como factor liberador.

¿QUÉ TE PASA CON EL HECHO DE SER UNA REFERENTE DE LA FOTOGRAFÍA?

Me hace dar cosquillas (risas). No sé, es loco para mí que a la gente le guste tu trabajo. Me da mucha satisfacción en la vida. Sobre todo, que a mis papás y a mi hija les guste y que la gente te diga es muy hermoso. Creo que demuestra mucho que a lo que uno le hace le pone todo. Darlo todo siempre, ya sea que la foto que vamos a hacer sea de bacheo o retratos a personalidades, notas de marcha o coberturas de lo que sea. Me alegra mucho, me emociona mucho que a la gente le guste mi trabajo. Me emociona y yo siempre digo, ojalá todos sean fotógrafos. Para mí todos tienen que estudiar fotografía en algún momento de su vida.

IMAGINO QUE NO TE PENSÁS HACIENDO OTRA COSA….

Estoy haciendo video. De hecho, con Mica hicimos ‘Positivas’, que fue el primer corto que eran de fotos, pero que fue una historia y que ganó en el Festival de Imagenesociales. Me gusta ese lenguaje. Hace muy poco volví a hacer entrevistas, que es lo que siempre me gustó hacer. Estoy haciendo entrevistas con músicos locales que luego cantan, son entrevistas muy descontracturadas. Esas cosas y ganas de hacer documentales. Estoy en ese proceso también.

NOMBRASTE RECIÉN A TU HIJA, ¿QUÉ SEMEJANZA ENCONTRÁS ENTRE LA FOTOGRAFÍA Y LA MATERNIDAD?

Siempre se me río porque yo no sé si estoy enamorada de la fotografía y después de mi hija, o si estoy enamorada de mi hija y después de la fotografía. Pero creo que es el mismo amor. Las únicas dos cosas que me dan vida en este mundo al cien por ciento. La fotografía y Mica, que desde chiquita agarra la cámara. Me hace feliz que crezca en el arte.

¿LA VES HACIENDO TU MISMO RECORRIDO?

Quiero que sea lo que ella quiera ser, que sea libre. Hace fotos, dibuja mucho, no le gusta ir a la escuela. Que sea libre, es lo que siempre deseé desde que me enteré que iba a ser mamá. Que sea libre dentro de lo que quiera en su vida.

RESPECTO DE LAS REDES SOCIALES, Y QUE DE PRONTO PARECE QUE TODO EL MUNDO PUEDE SER FOTÓGRAFO, ¿CÓMO OBSERVAS ESO?

Sí, todos estamos reproduciendo todo el tiempo con los celulares. Es un montón lo que hay para ver. Yo en mi Instagram, obviamente que sigo a muchos fotógrafos y cosas que tienen que ver con la pintura y el video y me encanta ver fotos de otros, ver otras miradas. Me gusta que piensen que tienen intención, como darle la intencionalidad a la vida y mostrarla, así que yo celebro que todos pueden hacer fotos y tengan esa posibilidad de tener un celular que por ahí hace mejores fotos que una cámara. Siempre digo que es el ojo, no la cámara. Es el ojo de uno. Salgan a ver el mundo de verdad, piensen en la mirada sobre todo y después decidan qué hacer con eso. Sí, veo mucho acá en La Rioja, creo que es increíble la cantidad de fotógrafos y fotógrafas que hay muy buenos, muy jóvenes y me encanta que prendan en eso y que sea su futuro laboral también. ¿Qué mejor que vivir del arte y de lo que uno ama?

TENÉS ALGÚN REFERENTE EN PARTICULAR, GENTE QUE OBSERVES MÁS DETENINADAMENTE?

Hay una mujer que se llama Natacha Pisarenco que es la jefa de fotografía de AP ahora, que para mí es como la Messi de la fotografía; me dejan sin aire sus fotos, siempre. Tiene una manera muy particular de ver que no la veo tan puntualmente en otros fotógrafos como en ella. Momentos, composiciones, colores, luces, todo junto, te corta la respiración. Compartimos el año pasado la Jornada de Fotografía en Pandemia. Es muy admirable como persona y como trabajadora también; cómo busca y cómo se abre y comparte, sino para qué. Si no nos compartimos, ¿para qué estamos?

TRANSMUTAR

Una semilla de amor. Herencia adquirida. Herencia para dejar. Y crecer, en ese proceso que se da entre el dolor y la felicidad, como contrapuntos de una misma búsqueda de sí misma. En Natalia Díaz, resulta imposible disociar si fue antes la fotografía que ella, o si fue ella antes que la fotografía. O si, en realidad, fueron ambas habitándose en un mismo espacio y en un mismo tiempo, en el transcurrir de los días y el diseñar una existencia que ha sabido absorber tanto los golpes como los abrazos, tanto el romperse, el fragmentarse, como el reconstruirse en los otros, en el compartir, hasta encontrar ese rostro que no es el que devuelve el espejo, ese retrato interior que se aferra a lo único que resulta constante: la transformación como una manera de evolucionar y de sanar.

¿DONDE TE GUSTARÍA LLEGAR CON LA FOTOGRAFÍA?

Yo tengo un proyecto que se llama ‘Sanar», que es mi proyecto que creo va a transmutar, pero que va a ser para siempre (risas). Me gustaría que se comparta mucho.

¿POR QUÉ SANAR?

Es mi primer trabajo como proyecto fotográfico y autoral, tiene cuatro o cinco años más o menos, en los que registré y registro círculos lunares de mujeres, en luna llena. Me ayudó muchísimo. Iba al proyecto por un lado y mi crecimiento o conocimiento espiritual por otro. Yo siempre he pensado en esto de los proyectos, digo, ‘uy, qué bueno este fotógrafo tiene este proyecto de paisajes, que bueno este que tiene sus proyectos de retrato’. ‘Yo quiero mi proyecto’, decía, pero no quiero hacer el de la Chaya o del Tinkunaco, o sea, ya está y están buenísimos, como que no encontraba algo nuevo. Y después de una depresión muy grande que tuve, que quede muy mal, en cama, que sentía que no iba a tener vida, que estaba caminando pero que no caminaba en realidad, me hablan estas mujeres, mi tía puntualmente, que es profe de Yoga. Me preguntó cómo estaba y le dije que muy mal. ‘Bueno, vení a los círculos’, me dijo, que son círculos ancestrales de sanación y medicina, que es lo que hacían nuestros ancestros. Y le dije que sí y llevé la cámara y empecé a hacer fotos de todos esos círculos que estaban relacionados con la energía de la luna llena y la sanación. Es muy fuerte, porque después de varios años me di cuenta que era mi proyecto, que es el presenté el año pasado y ver las fotos en las paredes para mí fue muy impactante, muy emocionante porque yo dije que recuperé la vida a través de la fotografía, me recuperé y me hizo volver a sentir viva; con ‘Sanar’ y con estas mujeres que me abrazaron mucho a través del amor y del compartir dolores. No es fácil hablar de lo que nos duele, de lo que nos tira a la cama y dije, ‘sí, bueno, fui abusada, sí, fui adicta a muchas drogas y eso me tiró en un momento y no me podía levantar’. Bueno, ahora creo que tiene que ver con compartir y hablar de esto. O sea, ya están las fotos, las tengo, pero el hecho es poder compartirlo en sociedad y decir que uno puede sanarse de todo lo que nos pasa. En mi caso fue eso: una experiencia muy dolorosa a partir de la cual nació ‘Sanar’.

Y TE SANASTE, DE ALGUNA MANERA…

Sané una parte; siento que es un proceso de toda la vida. Por eso digo que va a ser el proyecto de toda mi vida, porque toda mi vida voy a estar sanando cosas. Fue como volver a la vida, ser consciente, como que me enchufaron de nuevo y me dieron amor de verdad. Y fue difícil porque esto de buscar las luces y las sombras en la foto fue también hacerlo en la vida de uno y reconocer que hice muchas cosas mal para mí misma. Uno se autodestruye a veces, a través de lo que sea. Me conectaron y volví a través de estos círculos y de la medicina ancestral y de la luna, y fue mi proyecto; y me di cuenta después que, buscando en Google, no hay fotos, por lo que es un proyecto inédito también, que se puede llevar a otros lugares no convencionales, como el Servicio Penitenciario el año pasado, Con letras en libertad, de la profe Leila Torres. Me encantó e hice lo mismo que hice en su momento: hicimos todo un círculo y compartimos. Uno es preso de uno mismo, afuera. Compartimos fotos, la mirada, el hacer cosas. Es decir que uno puede estar mejor y reconstruirse y sentir que vale la pena, vale la alegría, y entender también los procesos. Hoy puedo decir que todo fue perfecto para que yo pueda tener trabajo, y tengo mi hija bien, mi casa y estar tranquila.

NO ES FÁCIL ENCONTRAR ESOS ESPACIOS DE PAZ…

No fue fácil, pero es eso: reconocerse primero. Yo dije ‘me reconozco que estoy oscurecida totalmente’; reconocerlo y abrir el juego y decir ‘si puedo empezar, siempre podemos volver a empezar todo el tiempo todos los días’. Y todos los días quiero volver a empezar. A veces me sale y a veces no, pero estoy en ese camino y en ese proceso.

EN DEFINITIVA, AL IGUAL QUE CON LA FOTOGRAFÍA, SE TRATA DE LA BÚSQUEDA DE LA LUZ…

Sí, eso fue un montón para mí y mi ilusión es esa, es poder compartir la experiencia, porque las fotos terminaron siendo una excusa en las que uno comparte cómo llega esto, a sentirse en paz. No tengo más intenciones, yo no quiero tener nada más que estar tranquila, ser feliz y preguntarnos eso: si somos felices y qué hacemos para eso. A un maestro lo primero que le pregunté fue qué error cometemos los seres humanos y me dijo ‘ignorar que venimos para ser felices’; re simple, nada. Podés volver a empezar vos con vos mismo. Uno con uno mismo, lo demás se va transformando, cambia o no, pero hay que bancarse uno dentro del cuerpo.

¿TE AUTORRETRATÁS? 

Tengo algún que otro retrato. Durante la pandemia, cuando empecé con síntomas, di positivo, me sentí mal, con mucha incertidumbre por el aislamiento. Había escuchado una poesía Walt Whitman y había una parte que decía que, a pesar de todo, no te detengas. Yo dije ‘voy a empezar a hacer fotos’ y era de noche y veía que, si apagaba la luz aquí, en el pasillo se veía como una luz y empecé a hacer fotos de todos los días, y ahí me hice un autorretrato. Y de eso resultó el corto ‘Positivas’, que es como un relato estético. Aún en el pozo más hondo que estemos podemos hacer arte y crear. Es lindo hacer arte cuando estamos enamorados de la vida, pero cuando no lo estamos, también está bueno, es la parte más humana y más cruda del ser. Así me sentía: como que estábamos viviendo en la crudeza. Nosotros mismos acá en el encierro.

¿ESO FUE LO MÁS FUERTE QUE TE PASÓ EN PANDEMIA, ATRAVESAR EL AISLAMIENTO?

Sí, el aislamiento y esa incertidumbre de decir cuándo vamos a salir, si íbamos a volver a vernos. Entonces cuando salimos de acá era como que todos los colores eran vivos, resplandecientes. Pero estuvo buena la experiencia de lo desconocido. Es que nadie sabía nada en el mundo y el desafío como fotoperiodista pasaba por que estábamos en el único momento de la historia en que todos cubríamos lo mismo.

¿QUÉ ES PARA VOS LA FOTOGRAFÍA?

Para mí es la búsqueda de eso que siempre digo que se transforma, una búsqueda constante. que también se transforma. Empezó siendo la luz, pero ahora es la búsqueda de mi misma. Es también la búsqueda en sí de una imagen y de poder eternizar ese momento, y es mucha pasión. Buscar lo que nos gusta hacer, lo que nos apasiona; no me imagino haciendo algo que no me guste.

¿ESE ES QUIZAZ EL MAYOR APRENDIZAJE QUE HICISTE EN TODO ESTE TIEMPO?

Es saber con certeza que quiero hacer todo lo que me gusta y lo que pueda hoy. Y me pasan cosas todo el tiempo. Sentir que conectamos con las personas y a veces no nos damos cuenta. Que las historias se conectan y que las fotografías nos conectan a unos con otros. Es una red humana y amorosa. Yo tuve siempre el vestido de novia de mi abuela y cuando hicimos la muestra de los círculos lo colgamos porque sentimos que ella nos dejó esa semilla del amor, que durante mucho tiempo pensamos que era de dolor, porque todos sufríamos mucho. Comprendimos que nos dejó la semillita del amor a cada uno.

¿Y QUE SEMILLA TE GUSTARÍA DEJAR A VOS?

Seguir la herencia de mi abuela. La mejor herencia que podemos tener es la del amor. No creo que pueda dejar mucho más ni mucho menos. Y las fotos.

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