Paralelas que se funden

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CUENTOS A MIS HIJOS de FERNANDO JUSTO

“Cuentos a mis hijos” (segunda edición) del escritor y docente Fernando Justo es una puerta que se abre a la imaginación; un viaje que se propone entre paisajes pintados al azar y a la suerte de todos y cada uno de los personajes, en noches de narraciones interminables hasta que, al fin, se logra conciliar el sueño.Adentrarse en las páginas de este libro es poner a volar en el aire un destino de alas que nos llevan, necesariamente, hacia el recuerdo de una infancia en la que los cuentos que nos contaban dejaron una enseñanza, una moraleja, una huella.
Muchos de los cuentos de Justo -expresamente dedicados a sus hijos- parten de la simpleza de narraciones que han ido atravesando el tiempo, de generación en generación, pero que son ahora recobradas y reconstruidas desde una óptica particular, aportando así una nueva mirada que, como tal, obliga al doble ejercicio de interpretarlas, por un lado y, por el otro, asociarlas a nuestras propias infancias e historias.

¿Quién no se fue a dormir, acaso, con la voz de su padre o su madre, en dulce canción de cuna, abrazados a la almohada de la ilusión de un sueño que trasunte lo contado?
A todas luces, ese es el recorrido al que invita el escritor en cada una de las narraciones, muchas de ellas concatenadas en sus conclusiones, a las que se arriba con la atención de un niño inmerso en mundos de fantasía pero, al mismo tiempo, con la consciencia ya adulta que busca que, al final del camino, las líneas paralelas de ficciones y realidades (que para algunos no pueden ni deben tocarse) terminen por fundirse.
“Cuentos a mis hijos” es, en definitiva y más allá de la intención del autor de llevarnos a universos desconocidos y repletos de aventuras, una muy buena excusa para exhortar al lector (sin distinción de edades) a sumergirse una vez más en el mundo de los valores que, como cuentos que cuentan, pintan lo cotidiano a partir de la degradación y casi ausencia de aquellos, como consecuencia de un vapuleo constante al que, lamentablemente, nos vamos acostumbrando.
Pero es también, inexorablemente, una convocatoria generosa y sincera a recuperar un espacio de lectura y diálogo en el que la conexión entre padres e hijos, hijos y padres encuentra el tiempo exacto para poder compartir mucho más que una simple historia contada según la inspiración del momento.
Tal vez, y como si fuera poco, se trate del punto de partida para una reconstrucción colectiva de identidades basadas, al igual que ocurre con estos cuentos, en el reencontrarnos y reconocernos.

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