¿CÓMO VIVÍS ESTO DE VOLVER A TU TIERRA, DE VOLVER A TUS RAÍCES? ¿QUÉ TE GENERA?
Es muy raro. Me cuesta mucho explicarlo. Primero, obviamente, todo es esa emoción, esa adrenalina de volver, ver qué cambió y todas esas cosas. Ayer estaba cenando con mis abuelos y aparece el simple hecho de servirme soda de un sifón, una cosa que no hay en Alemania. Esas cosas chiquitas que uno ve y te hacen sentir en casa.

EL CALOR, LAS COMIDAS…
Sí, sí, lo extrañaba…me queda esa costumbre. Pero me pasa de ver esas cosas chiquitas, de escuchar a toda la gente hablar en español; no sé, ahí es donde siento la diferencia. Ir caminando por la calle y cruzarme con gente que conozco, que por ahí eso en Alemania no pasa tanto. Esas cosas que te hacen sentir en casa.
¿TE ESTÁ PASANDO QUE LA GENTE TE RECONOZCA?
La última vez sí me pasó un par de veces, pero no, ahora no.
A PROPÓSITO DE ESO, ¿CÓMO TE LLEVÁS CON LA EXPOSICIÓN, CON LAS REDES, CON LA TELEVISIÓN?
En redes voy haciendo muy de a poquito. Lo veo también como mis amigos que por ahí salieron de The Voice y se hicieron súper, hiper famosos. Es un gran cambio; por ahí salís a la calle y estás con tu familia y que te conozcan, o por ahí saber que la gente sabe más de tu vida, dónde andás. Pero no sé, a mí me gusta, porque te da la oportunidad de mostrar tu música, lo que hacés, compartirlo y que otra gente tal vez también se pueda sentir representada. Así que lo veo más como una oportunidad.
¿EN QUÉ TE MARCÓ LA EXPERIENCIA DE THE VOICE?
Me marcó mucho porque venía de estar mucho con lo clásico. Y después de lo de la Voice se me abrió una ventanita para ver que en realidad no es necesariamente hacer todo como te lo dicen, sino que también existe la forma de uno, tanto musicalmente como en la forma de vestirme, o en general. También me pasó mucho que en el alemán tengo un acento tremendo, se nota que soy latina, se nota cuando hablo. Por ahí al principio me daba cosa y después lo de la Voice me di cuenta que no hace falta que hables perfecto. Es un poco hacer las cosas a mi manera, y eso lo vi mucho también en el resto de los chicos; no necesariamente tienen que ser todos copias de los otros. Es un medio que me abrió mucho la forma de ver y que también me ayudó a poder empezar a componer, a que ahora me toca a mí mostrar qué pienso hoy y no estar siguiendo otras formas.
¿CÓMO DESCRIBIRÍAS HOY TU FORMA DE HACER MÚSICA?
Bueno, en realidad es un camino de búsqueda, un camino que para mí recién arranca y es largo. Ahora estoy enfocada en escribir música. El camino es esto de ir conociéndose, porque la forma de expresarse de uno nunca acaba. Creo que de una forma muy sutil, lo que me abre mucho la vista, por así decirlo, es esto de los dos mundos, que hay un gran contraste entre Alemania y Argentina.
ESE CONTRASTE ENTRE ALEMANIA Y ARGENTINA, ¿TE MOVILIZA, QUÉ TE GENERA?
Es como que me da dos visiones distintas; la gente acá funciona distinto que allá y la forma de pensar también es diferente. Eso de alguna manera me abre la vista tanto para la música como para la vida en general.
¿QUÉ COSAS TE MOVILIZAN A ESCRIBIR CANCIONES? ¿A QUÉ ESTÁS ATENTA?
Bueno, primero el tema del amor y el desamor, pero me gusta mucho también el tema de ver qué le pasa a los otros, a mis amigas, por ejemplo. Siempre a esta edad hay problemas, en general, no solo del amor y del desamor. No sé, las relaciones con los padres, con los mismos amigos. Eso me gusta mucho, escribir sobre la situación de otros como si yo fuera esa persona, desde su punto de vista. Y después también en general tengo un par de canciones que por ahí me da más vergüenza sacar, aunque las voy cantando, de lo que pasa en el mundo. Cuando pasó esto de la guerra de Ucrania y Rusia también escribí una canción.

¿CÓMO FUE INTERPRETAR POR PRIMERA VEZ UNA CANCIÓN PROPIA?
La primera vez me acuerdo que me dio mucha vergüenza; mostrársela a mis papás también, porque es como decir, “bueno, me pasa esto, siento esto”. Me anima mucho ver a los chicos que estuvieron conmigo en la Voice; no fui la única que empezó a hacerlo antes, sacar música, sino que varios más lo hacían, entonces decía, “bueno, yo no soy la única que está contando lo que le pasa”, sino que hay más gente que lo hace. Tomo clases de canto con una profe de Buenos Aires, clases virtuales, y ella también me explicaba que en realidad esas cosas las sentimos todos, lo distinto es que algunos lo cuentan y otros no, entonces eso me animó mucho y decido contar.
¿CÓMO TE LLEVÁS CON LA EXPOSICIÓN EN REDES Y LA MIRADA DEL OTRO?
Todos los que deciden entrar en esto de las redes de alguna forma se arriesgan a eso, a ser juzgados por el otro. En realidad, para mí las redes son una oportunidad, aunque obviamente significa que es más gente la que está en competencia, por así decirlo, pero creo que es un gran promoción para nosotros tener la oportunidad de mostrarnos por las redes, y también decir que no necesariamente se requiere de una discográfica para sacar un disco; es más fácil ser artista independiente, hacer tus propias cosas, aprender a hacerlas, que es lo que intento, e ir aprendiendo.
LA OTRA VEZ HABLÁBAMOS DE ARTISTAS MUY POPULARES, DE GRANDES ESTADIOS. ¿CÓMO LO VES HOY?
Obviamente que llegar a ser María Becerra sería un sueño, no lo niego, pero también creo que es un proceso muy del día a día y que hay que disfrutar las cosas chicas: ir ensayo sobre ensayo, cantar en un bar al que va poca gente, pero disfrutando uno. Creo que lo que más vale es el proceso para después llegar a cantar en un estadio enorme con un montón de gente, que estaría buenísimo, porque significa que a la gente le gustó lo que hacés. Pero creo más en eso de ir disfrutando de las cosas chiquitas.
¿QUÉ ARTISTAS TE LLAMAN LA ATENCIÓN HOY?
Bueno, para mí la principal, la que siempre me gustó es Norah Jones, por el estilo de música que hace, eso que tiene que es muy tranquilo, me encanta. Hay una banda nueva que se llama Lovely, que está también muy en el jazz y se puso muy de moda. También música en español, aunque no lo más nuevo; el rock nacional y últimamente también mucho folklore.
VOLVIENDO A LAS RAÍCES, ¿TE SENTÍS PARTE DE ESE UNIVERSO?
Sí, sí, efectivamente. En realidad yo nunca fui muy del folklore, mi papá sí, a mi papá le gusta mucho. Pero desde el año pasado estoy escuchando mucho de Raly Barrionuevo, Ramiro González. Estando allá lo mismo me pasó con el rock nacional, que es como que me une, de alguna forma, como que me ayuda a no perder eso. El poder cada tanto escuchar folklore o cantar algún tema me mantiene también conectada.
¿CREÉS QUE ES VIABLE LLEVAR NUESTRA MÚSICA A EUROPA?
Sí, a ver, yo creo que cuesta, porque obviamente que para los alemanes es algo ajeno, pero a la vez les gusta mucho y siempre les llama mucho la atención todo lo que sea en español, lo que es otra cultura y que uno lo introduzca de una manera no familiar, pero cercana. Por eso de vez en cuando hago un tema en español.
VI POR AHÍ ALGÚN COMENTARIO DE CALAMARO. ¿QUÉ SENSACIÓN TE GENERÓ ESO?
Eso fue una locura, es mi ídolo máximo. Fue muy loco. Me acuerdo que subí el cover, estaba en mi cuarto y mi papá me dice: “Isa, mirá quién te comentó”. Y agarro y veo que era Calamaro. No lo podía creer. Y sí, es muy loco, porque también es como de una forma una validación que a tu ídolo le guste lo que hacés y que lo diga. Eso me inspiró mucho a seguir.
¿CÓMO TE PROYECTÁS A FUTURO? ¿DÓNDE TE GUSTARÍA LLEGAR HOY?
A un EP. Aunque sea en realidad para empezar, un EP con mi música. Es un proceso muy largo que no sé cómo describirlo, porque es también muy del día a día, muy conectado con las cosas que pasan, en la escuela, o con el hecho de venir ahora sola a La Rioja, sentir tantas experiencias. Creo que eso impacta mucho en la forma de escribir, en la forma de hacer las cosas, en las letras de las canciones, en las melodías y el acompañamiento.
Me pasa mucho que compongo con la guitarra, con el piano y después cuando lo llevo al estudio y lo trabajo con el productor y empieza a agregarme cosas, a cambiar, es como que también me gusta mucho. Es una forma de cambiarle el punto de vista a la canción, de darle otra esencia, sumar otra perspectiva también, otra mirada.

¿TE CUESTA QUE ALGUIEN TOQUE LO QUE ES TAN TUYO?
Es más complicado trabajar con alguien en ese sentido de decir “me está tocando la canción”; a veces me cuesta mucho. De alguna forma sale de lo que yo siento y si viene alguien a moverlo por ahí me cuesta. Pero a la vez me gusta trabajar en abrirme porque es alguien que sabe mucho, que sé que me puede sumar mucho y sé que no voy a llegar muy lejos si es solo mi punto de vista.
¿CUÁNTAS HORAS OCUPA LA MÚSICA EN TU DÍA?
Muchas. En el estudio depende; últimamente no voy mucho, voy una vez por semana y estoy tres, cuatro horas, que eso es un buen rato. Pero después en casa estoy mucho con el piano o con la guitarra siempre, a cada rato.
EN EL ESTUDIO, ¿QUÉ ES LO QUE HACEN CONCRETAMENTE? ¿CÓMO ES ESA EXPERIENCIA DE SALIR DE TU HABITACIÓN?
Ese contraste es raro, porque lo que hacemos en el estudio es que yo llevo un tema, hay varios productores, y yo trabajo con el más joven, que es más tranquilo, relajado. Y él, por ejemplo, me dice “acá podés cambiar esto, en vez de subir quedate abajo; le agregaríamos otra guitarra, alguna percusión”, y vamos viendo. Es muy de ir experimentando. Y es ese contraste de estar en mi cuarto, cantando ahí, grabándome con el celular, a pasar a cantar con dos parlantes enormes, pero está bueno también, porque está bien sacar a la canción de lo que es algo tan íntimo, de estar en mi cuarto, sentada en mi cama a que la empiece a escuchar a alguien, que le empiecen a agregar cosas.
LAS FORMAS DE HACER MÚSICA CAMBIARON MUCHO. ¿CÓMO LO VIVÍS?
Creo que también hay que subirse a eso de ir mostrando lo que uno va haciendo y en realidad creo que frente a eso no queda otra opción. Y que así como trae algo bueno, al mismo tiempo quita un poco de autenticidad cuando no hay un objeto que agarrar, un disco, un cassette, un CD. Pero creo que no queda otra; es el tiempo, es la época y uno tiene que adaptarse ahí. A mí me gustaría mucho, el día que saque un álbum o un EP, sacar también un vinilo, me parece algo especial y también algo que se pueda tocar; me pasa lo mismo con los libros. Pero hay que adaptarse, porque creo que si uno dice “bueno, voy a sacar mi disco y nada más”, no va a llegar a ningún lado. Hay que tratar de buscar un equilibrio entre varias cosas.
LA MÚSICA OCUPA MUCHO DE TU TIEMPO. ¿ES TAMBIÉN UN REFUGIO PARA VOS? ¿QUÉ OTROS ESPACIOS ENCONTRÁS ADEMÁS DE LA MÚSICA?
Bueno, me pasa mucho por ahí con las artesanías, aunque últimamente ya no lo hago tanto. Me gusta mucho pintar. Tuve una época, el primer tiempo en Alemania, que me costó mucho poder adaptarme con mis compañeros nuevos, en una comunidad muy complicada también para las chicas, llegar a un grupo que llevaba años y años juntos y yo estaba ahí con mi poco alemán. Entonces era volver a mi casa y tocar la guitarra, el piano, pintar, leer. Creo que ya últimamente no necesito eso.

¿TE SENTÍS MÁS ADAPTADA HOY? ¿HAY OTRAS COSAS PARA EXPLORAR?
Seguro, ahora mis planes son primero acabar la escuela, que en Alemania los últimos dos años son los más exigentes y hay que rendir un examen final para ver si realmente estás para terminar la escuela. Así que ahora estoy a full con la escuela. Mi plan es terminar la escuela y hacer lo que se hizo muchas veces: tomarse un año, capaz venir para acá un año.
¿DÓNDE TE VES HACIENDO MÚSICA? ¿DÓNDE TE GUSTARÍA VERTE HACIENDO MÚSICA? ¿HAY ALGUNA POSIBILIDAD DE VOLVER A ARGENTINA?
Yo creo que sí; me gustaría volver aunque sea un tiempito como para aprovechar, disfrutar. Es como el premio después de estos dos años, después de terminar la escuela, y después de eso ver. Me gusta mucho Inglaterra, que fui hace poquito a cantar por primera vez. Y no sé; tal vez ir a Londres, probar allá. Me contaron que es una ciudad hermosa para estudiar, para la música en general y para el jazz. Pero hay que ir viendo, todavía hay tiempo.
¿TE DESVELA UN POCO LA IDEA DE ENCONTRAR TU LUGAR EN LA MÚSICA, DE QUE TU NOMBRE Y TU VOZ VAYAN CRECIENDO? ¿TE GENERA ANSIEDAD?
No, la verdad que no. Es algo que mi papá siempre me dice, que si tiene que ser va a ser y si no, no. Si no llega por alguna razón será. Para mí lo más importante de todo es disfrutar el proceso, disfrutar las cosas chiquitas que tiene la música, porque al final es eso. Y yo creo que si se tiene que cumplir esto de hacerme famosa, de que la gente me conozca, llegar a algún lado realmente, así va a ser, y si no, bueno, será otra cosa, pero yo gano ya disfrutando el proceso, que es lo importante.
SI NO FUERA LA MÚSICA, ¿TE IMAGINÁS HACIENDO OTRA COSA?
No, no, nada. Siempre nos reímos, porque mis hermanos siempre saben que quieren estudiar, tienen varias ideas. Yo, si no es la música, no sé. En algún momento pensé en psicología, o por ahí tuve alguna que otra idea, pero hoy en día si no es la música no sé qué haría.
¿QUÉ ROL OCUPA TU FAMILIA EN TODO ESTE PROCESO?
Mi familia es algo muy importante para mí.
SON TUS CRÍTICOS NÚMERO UNO…
Bueno, sí, mis papás, que son los que yo valoro mucho. Cuando la familia no critica, cuando no guía, es más fácil equivocarse. Tener a mi papá que me diga, que me ponga límites en el decir “bueno, hasta acá cedemos, a partir de acá no, esto no se hace, acá andá a cantar y allá no, mejor”, es eso, tener a alguien que me entienda, es muy importante. Al fin y al cabo solo tengo 16 años y hay muchas cosas que no entiendo, que no sé cómo funcionan y tener a mi papá que me acompaña a todos lados es demasiado importante. La adolescencia también es un sube y baja, entonces, que mi familia me acompañe, que me guíe, es fundamental.
¿QUÉ ESPERÁS LLEVARTE DE ESTE REGRESO A LA RIOJA?
Yo ahora tomé el viaje como para relajarme un poco, para disfrutar, y esto que decía respecto del arte, que es algo que también mi profe de canto siempre me dice, si uno no vive no puede hacer algo. Uno tiene que vivir la vida, salir, hacer, estar con gente, enamorarte, estar triste, estar feliz para poder hacer algo. Se trata de vivir ahora, de aprovechar. Es mi primera vez viajando sola y eso me hace crecer también y como que también me inspira mucho. Agarro el teléfono y anoto cosas que por ahí se me ocurren, para que cuando vuelva tenga algo para poder seguir escribiendo. Y también aprovechar para desconectar.
¿HAY ALGO QUE YA SEPAS QUE VAS A EXTRAÑAR DE LA RIOJA?
La familia, sin dudas. Estar y compartir con mi familia, con mis amigos. El otro día nos juntamos con los chicos y eso de poder hablar en tu idioma… Es muy diferente allá el tema de las relaciones. Aquí somos más cercanos, más abiertos.
¿TENÉS ALGÚN CASTING O PROYECTO INMEDIATO EN MENTE?
No. Casting no por ahora. Antes de venir tuve una reunión con la gente del estudio y me dijeron que le quieren poner más intensidad, más horas por semana, producir un poquito más, poner metas. Y para mí, mientras más música, mejor.
¿EXTRAÑÁS ALGO DE ALLÁ?
Creo que pasa eso que mi papá me dice siempre: uno cuando se va, sobre todo de tan chico, de alguna forma también tiene una parte allá, que si me vuelvo acá voy a extrañar. Sí extraño, y a mi familia ni hablar.

CRECER SIN PERDER EL EJE
Hay artistas que llaman la atención por el talento. Otros, por la proyección. Y hay casos -menos frecuentes- en los que lo que verdaderamente impacta es la forma en que alguien tan joven logra transitar experiencias enormes sin desdibujarse. Isa Catalán pertenece a este último grupo.
Tiene 16 años, vive en Alemania desde hace varios años y ya atravesó situaciones que a muchos adultos los descolocarían: un cambio de país, una nueva lengua, otra cultura, la adaptación a un sistema educativo exigente y, en paralelo, una exposición mediática fuerte tras su paso por The Voice Kids Alemania. Sin embargo, al escucharla hoy -dos años después de aquella primera entrevista- lo que aparece no es vértigo ni desmesura, sino una claridad poco habitual para su edad.
Isa habla con los pies en la tierra. No como pose, no como discurso aprendido, sino como resultado de un proceso vivido. Volver a La Rioja activa en ella emociones profundas, pero también la reafirma. No idealiza ni reniega de ningún lugar: reconoce el contraste entre Alemania y Argentina, entiende que son dos mundos distintos y asume que esa dualidad la constituye. Lejos de confundirla, la enriquece. Esa capacidad de observar, comparar y aprender dice mucho más de su madurez que cualquier logro artístico.
Su paso por The Voice fue importante, claro, pero no la define por completo. Lo interesante es cómo lo integra: como una experiencia que le abrió la cabeza, que la ayudó a entender que no existe una única forma de hacer música ni de ser artista, y que le permitió animarse a buscar su propia voz. No hay en ella un relato épico ni una necesidad de sobredimensionar el impacto del programa. Hay, en cambio, una lectura serena, consciente de lo que le dio y también de lo que no.
Ese mismo equilibrio aparece cuando habla de la exposición, de las redes, del deseo de llegar lejos. Sueña -porque sería absurdo que no lo hiciera-, pero no se acelera. Valora el proceso, las instancias pequeñas, el ensayo, el error, el aprendizaje cotidiano. En un tiempo donde la ansiedad por el éxito inmediato parece imponerse, Isa elige otro camino: el de construir de a poco, sin perder el disfrute ni la identidad.
Como compositora, está en plena búsqueda, y eso también habla bien de ella. No se presenta como alguien que ya encontró su estilo, sino como alguien que se está descubriendo. Escribe sobre lo que siente, sobre lo que viven otros, sobre el mundo que la rodea. Se permite dudar, guardarse canciones, esperar. En un escenario cotidiano donde muchas veces se fuerza la exposición constante, esa cautela no es timidez: es criterio.
El trabajo en estudio, la colaboración con productores, la apertura a otras miradas no siempre le resultan cómodos, y lo admite. Pero entiende algo fundamental para cualquier artista: que crecer también implica ceder, escuchar, aprender de otros. Esa disposición, combinada con una fuerte conciencia de lo propio, marca una madurez que no se improvisa. La familia aparece como un sostén clave, y no es un dato menor. Isa reconoce límites, agradece la guía, se apoya en quienes la conocen de verdad. No hay rebeldía impostada ni discurso de autosuficiencia prematura. Hay, en cambio, una adolescente que sabe que todavía está aprendiendo y que no tiene apuro en dejar de hacerlo.
Tal vez lo más valioso de Isa Catalán hoy no sea lo que ya logró, sino cómo lo logró y, sobre todo, cómo sigue. En tiempos de carreras aceleradas y relatos grandilocuentes, ella avanza con calma, observando, viviendo, tomando nota. Con los pies en la tierra. Y eso, a los 16 años, es tan llamativo como esperanzador. (FV)