Quien se acerque a “Fugas” descubrirá rápidamente que la autora maneja con soltura uno de los géneros más difíciles de la literatura: la microficción. Escribir breve no es simplemente reducir palabras; implica condensar sentido, sugerir más de lo que se dice, confiar en la inteligencia y la sensibilidad del lector. Corominas demuestra entender este delicado equilibrio. Muchos de sus textos se sostienen sobre una imagen, un gesto o un silencio que se abre como un abanico de interpretaciones.
En relatos brevísimos como “Sin alas” o “Suficiente”, la autora logra algo que solo las escrituras depuradas consiguen: que el silencio tenga peso narrativo. Allí la historia no se agota en lo escrito; continúa en la conciencia del lector, que completa el sentido con sus propias emociones. Esa confianza en lo no dicho atraviesa todo el libro y constituye uno de sus mayores aciertos.
Pero “Fugas” no es solo un ejercicio de concisión formal. En su interior late una sensibilidad poética que transforma a muchos de estos microcuentos en pequeñas piezas de prosa lírica. Las imágenes del vuelo, el fuego, el agua o la metamorfosis se repiten como símbolos que dialogan entre sí, construyendo una suerte de mapa espiritual de la experiencia. Las alas que se despliegan o se quiebran, las llamas que arden o se extinguen, los ríos que desbordan o se secan: todo parece hablar de los movimientos del alma.
En ese sentido, el libro se mueve con naturalidad entre lo íntimo y lo universal. Algunos textos nacen de la introspección -la soledad, el amor, la pérdida, la reconstrucción interior-, mientras que otros se abren hacia la dimensión social o histórica. Allí aparecen referencias a la crisis económica, a las luchas colectivas, a la pandemia que transformó nuestras vidas. Son escenas breves, pero cargadas de resonancia, como si la autora quisiera dejar constancia de un tiempo vivido intensamente.
También hay en “Fugas” momentos de reflexión serena, casi meditativa. En textos como “Hueco vital” o “Danza invisible”, la autora se acerca a una dimensión filosófica donde el vacío, el silencio y la transformación interior adquieren un valor central. Allí la escritura se vuelve contemplativa, cercana a la poesía, y revela otra de las vertientes de su sensibilidad literaria.
LA PRESENCIA DE UNA VOZ
Quizás uno de los rasgos más entrañables del libro sea su vínculo con la memoria. En varios relatos, el pasado aparece como un territorio que se reconstruye fragmentariamente, a través de objetos, casas, gestos o recuerdos familiares. En “En la nada, todo”, por ejemplo, la desaparición paulatina de una casa se convierte en una metáfora delicada sobre el paso del tiempo y la fragilidad de los mundos afectivos que nos formaron.
Esa mirada hacia la memoria no es nostálgica en un sentido pasivo; al contrario, funciona como una forma de comprensión. Los personajes de estas microhistorias atraviesan pérdidas, crisis o momentos de desconcierto, pero siempre aparece una posibilidad de reconstrucción. A veces esa reconstrucción llega a través de la palabra, otras a través del amor, y en ocasiones mediante la fuerza silenciosa de la conciencia.
Leer “Fugas” produce una sensación particular: cada texto es breve, pero deja una estela emocional que se prolonga. Es como si la autora ofreciera pequeñas chispas narrativas que iluminan zonas de la experiencia humana que todos reconocemos. Por eso el libro puede recorrerse de múltiples maneras: de un tirón, dejándose llevar por la sucesión de destellos, o lentamente, deteniéndose en cada pieza como quien observa una serie de miniaturas.
Dentro del panorama literario de La Rioja, “Fugas” confirma la presencia de una voz que escribe desde la sensibilidad y la reflexión, sin estridencias ni artificios innecesarios. Alicia Corominas demuestra que la literatura puede encontrar profundidad en lo breve y belleza en lo esencial. Al cerrar el libro queda la impresión de haber atravesado una serie de instantes reveladores. Cada microcuento parece decirnos que la vida -con sus pérdidas, sus misterios y sus pequeñas iluminaciones- se manifiesta muchas veces en fragmentos. Y que tal vez, como sugiere la autora, esas fugas no sean simples escapatorias, sino formas de volver a nosotros mismos con una mirada más lúcida y más humana.
ESCRITURA QUE NACE DE UNA SENSIBILIDAD PROFUNDAMENTE HUMANA
LAZO GERMINAL
Aferrada a la mano de su padre, aprendió a caminar. Él señalaba el cielo y ella extendía su brazo diminuto para alcanzar las lejanas lucecitas.
Hoy camina sola. Construye su sendero. En los días sombríos corre hacia la noche, llega a las estrellas, las acaricia y vuelve luminosa.
NO TODO LO QUE RELUCE ES ORO
Era un artesano brillante. Alcanzó maestría grabando y repujando todos los materiales que resistían el golpe de un martillo.
En la populosa feria quiso ser más luminoso aún. Lo consiguió porque saltaron chispas, cuando un martillazo se estampó en su dedo.
CONFUSIÓN LETAL
El amor no te envuelve, te desnuda, pensaba ella. Convencida, un día dio la vuelta, cerró la puerta y se fue.
Caminó en las sombras, hasta aquella noche cuando una caricia resbaló por su piel. El desasosiego la estremeció. Su cuerpo cayó pesado sobre la tierra húmeda.
Está fría, desnuda y sin amor.