El desafío de interpretar a Chavela en “Caballos en la memoria”, la más reciente producción de la Comedia de la Provincia dirigida por César Torres, encuentra a Safira Saraví en uno de los momentos más importantes de su joven carrera. La complejidad del personaje, el intenso trabajo de construcción actoral y la responsabilidad de sostener una obra de esa magnitud marcaron un punto de inflexión en un recorrido que no deja de crecer.
En esta entrevista con 1591 Cultura+Espectáculos, Safira Saraví repasa el camino que la llevó desde sus primeros escenarios en Chilecito hasta la Comedia de la Provincia, recuerda a quienes fueron sus grandes maestros, reflexiona sobre los miedos y las inseguridades que todavía la acompañan y explica por qué, aun después de cada función, sigue convencida de que el teatro fue el lugar donde encontró su verdadera identidad.

¿CÓMO LLEGASTE AL PERSONAJE DE DOÑA CHAVELA EN “CABALLOS EN LA MEMORIA”? ¿CÓMO FUE ESE PROCESO?
Para mí fue un desafío enorme porque es una mujer grande, una abuela mayor. Si bien ya había hecho el papel de una persona mayor, de Yiya Murano, era un musical; yo vengo del musical. Ese personaje también fue un desafío, pero estaba encarado desde otro lugar. Chavela fue un trabajo muy arduo; entrábamos, por ejemplo, una hora y media antes a los ensayos para el trabajo de mesa con César (Torres), o sea, el leer, el analizar, el entender por dónde iba la psicología de ese personaje, y entender también los matices. Ya es una cuestión más actoral, pero se trataba de darle matices a cada frase, porque si no suena todo igual y para el público, obviamente, y hasta para uno mismo, resulta aburrido si uno lo hace siempre igual. Además hay un contraste muy grande entre los dos personajes en ‘Caballos’. Las dos mujeres son muy opuestas, pero en algún punto también se encuentran: en querer defender siempre su verdad, en querer imponer su punto de vista de la vida. Y hay cosas que también son tan mágicas en el teatro, que van saliendo, frases que van quedando. Y creo que esos modos van surgiendo y van saliendo en la lectura, en el trabajo que se hace con el compañero, en el trabajo que hace uno de leer, de entender qué voz hay que darle; eso también es un desafío, porque nada que ver mi voz con la voz que le pongo al personaje.
¿QUÉ ENCONTRASTE VOS EN ESE PERSONAJE QUE TE HAYA LLAMADO LA ATENCIÓN PARTICULARMENTE, QUE TE PODÍA SONAR CERCANO O QUE TE PODÍA SONAR MÁS LEJANO? ¿QUÉ ENCONTRASTE DE NUESTRA IDENTIDAD, DE LA IDENTIDAD RIOJANA, Y QUÉ TE PASABA CON ESO?

ESE PROCESO DE TRANSFORMACIÓN, ¿CÓMO LO VIVÍS CADA VEZ QUE TE TOCA HACER ESTE PERSONAJE U OTROS?
La verdad es una locura. En la Comedia lo que siempre César (Torres) nos remarca y que valora un montón, es el constante hacer. Como siempre dice, podemos pasar de un infantil a hacer ‘Caballos en la memoria’, hacer un drama, hacer una comedia, y creo que eso es lo que también a uno lo mantiene vivo, ya que el arte es eso: estar vivo. Pero en cuanto a la transformación, creo que tiene que ver con qué pasa dentro de uno con los personajes que va encarnando y que se hacen como propios. Hasta yo me lo pregunto: ‘¿Cómo puedo pasar de hacer de la brujita toda alegre a esa mujer adulta?’. Soy muy de los rituales, de mis cuestiones, de la concentración, de un trabajo muy interno, de cambiar un poco el chip y pensar qué estoy por hacer. Creo que el teatro es una cuestión del aquí y ahora. Sucede algo en la cabeza que te conecta con ese momento.
¿CHAVELA ES EL PERSONAJE MÁS COMPLEJO QUE TE TOCÓ HACER?
Sí, tanto en la construcción del personaje como en cuestiones personales y en el desafío que implica. Aparte, a la obra la llevamos las dos mujeres. Obviamente se sostiene con el todo; no seríamos nada si no está todo lo otro: la iluminación, el sonido que son como dos actores más, los otros chicos que encarnan los otros personajes. Es una retroalimentación constante; para mí nadie brilla si no está el otro como sostén para que todo funcione como esa maquinita.
Soy una persona a la que le cuesta dimensionar los logros. El ser humano se pega con el látigo fácilmente; soy un poco de eso, estoy aprendiendo. Puede que pase por la vorágine de la propia vida, lo hablo en mi caso, pero tal vez en el de todas las personas: vamos, vamos, vamos, hacemos, pasamos otra cosa, pasamos a otra cosa y después cuando hacés el balance de lo logrado, pasaron muchas cosas en el medio que si no me siento un momento a observar con perspectiva lo logrado, bueno, uno sigue la vida. Creo que estoy aprendiendo a dimensionar y darle el valor a eso; pero al famoso síndrome del impostor, lo tengo. Y mi psicóloga me dice: ‘Pero yo no entiendo por qué siempre me hablás como sorprendida de las cosas que te pasan’. Hay algo de eso que también capaz me gusta porque para mí perdemos un poco la capacidad de asombro. El teatro te lleva a eso, porque el teatro también es juego, el teatro es algo muy vivo. Creo que por algo también uno llega a eso. Pero en cuanto al proceso de ‘Caballos’ digo: ‘qué locura haber llegado a eso’, porque fue mucho trabajo; no es algo que viene, que cae nomás. Fue un proceso duro, lo empezamos a mediados de abril, fines de mayo estrenamos y fue una cuestión física, una cuestión vocal de mucho trabajo, de mucha búsqueda y en el medio también nos pasan cosas. Pero si tengo que poner en la balanza, fue un laburazo del que estoy agradecida, porque son esos desafíos que uno no piensa que van a llegar. Y en este recorrido de la Comedia, que también obviamente para mí fue muy importante y de muchísimo crecimiento haber llegado a esto, fue un gran logro.

EL RUMBO DE SU VIDA
El recorrido artístico de Safira Saraví comenzó mucho antes de su llegada a la Comedia de la Provincia, aunque durante varios años ese destino pareció quedar relegado por las decisiones que, muchas veces, impone la vida. Como tantos jóvenes, eligió primero una carrera universitaria pensando en la estabilidad y en el futuro. Se recibió de odontóloga, ejerció la profesión y cumplió con el camino que parecía estar trazado. Sin embargo, mientras avanzaba entre apuntes, exámenes y consultorios, había otra inquietud que crecía silenciosamente y que cada día reclamaba más espacio: la necesidad de hacer del arte algo más que un pasatiempo.
La danza, de pequeña, había sido el primer lenguaje que encontró para expresar esa inquietud. Después llegaron la comedia musical, el teatro y un universo creativo que terminó transformando por completo su manera de entender la vida. Lo que en un principio era una actividad paralela se convirtió, con el tiempo, en una convicción imposible de ignorar. Dejar atrás una profesión consolidada para comenzar de nuevo no fue una decisión sencilla; implicó enfrentar prejuicios, miedos y la incertidumbre propia de quien decide apostar por una vocación.
Pero también significó descubrir el lugar donde hoy se siente plenamente realizada. En este tramo de la conversación, Safira repasa ese camino, recuerda los primeros pasos de una historia que empezó en Chilecito y explica cómo una decisión profundamente personal terminó definiendo el rumbo de toda su vida.
De chiquita siempre me gustó bailar; con mi mejor amiga bailábamos en nuestra habitación, pasamos horas bailando. Yo nací en Buenos Aires, pero al año de vida nos fuimos a vivir a Chilecito, entonces me considero chileciteña-riojana. Me vine a Capital a estudiar odontología. Me recibí, soy odontóloga también, aunque no parezca, pero me jubilé porque soy una persona pasional y a mí las pasiones me pueden, porque es una forma de vida que elijo, obviamente, y el mundo, el universo conspiró para que todo suceda y lo agradezco. Por eso también creo que lo vivo con esa intensidad, porque habla de mí; soy una persona que vive intensamente. Pero volviendo a cuando era chiquita, en Chilecito, con mi mejor amiga siempre bailando, siempre me gustó y después fue empezar a tomar clases, pero más como un hobby. Y obviamente hay un montón de cuestiones familiares, sociales que llevan a no pensarlo como una forma de vida. Siempre está el tema… cuando uno va a estudiar una carrera, tiene que ser una carrera seria, que te dé en el futuro un sostén económico, y si querés bailar y hacer otras cosas, hacelas, pero cuando tengas un tiempo. Obviamente que esas cuestiones pesan, y es ahí donde digo: ‘Bueno, tengo que elegir una carrera normal’. Yo me moría por venir acá a estudiar algo más artístico, no ligado al teatro porque no lo conocía, pero sí al arte, a la danza; pero me vine a estudiar odontología, y siempre muy estudiosa lo hice en los años que tenía que hacerlo, me fue bien. Lo tomé con respeto y amor, porque son personas las que vienen a vos a confiarte su boca, que todo el mundo tiene pánico con eso. Pero había algo adentro que era más fuerte, previo a recibirme. Mientras yo estaba estudiando comencé comedia musical en Universo Fosse, en 2015, me voló la cabeza, me encantó. Ahí era como aprender todas las disciplinas: el baile, y después el canto y el teatro. La verdad que yo amo la comedia musical y Fosse es como mi segunda casa; ahí cambié también mi forma de ver y de percibir la vida. Entonces, mientras yo estudiaba odontología, Fosse era mi mundo, mi conexión a tierra y a la vida. No veía las horas de terminar de cursar para ir a clases.

¿TE RECIBISTE DE ODONTÓLOGA Y EJERCISTE LA PROFESIÓN?
Sí, casi 2 años trabajé, por eso digo que me jubilé (risas). Dije: ‘Ya está, no puedo, no puedo, no puedo’. Trabajaba con mucho respeto, bien, pero hay algo, está esa voz interna que te dice ‘no’. Es más, yo le decía a mis compañeros: ‘No me imagino toda mi vida entre cuatro paredes’. Pero estaba esa cuestión de las presiones sociales, familiares, que lo tenés que hacer. Dicen que la vida es para los valientes y dije: ‘bueno, tengo que ser valiente; Dios, vida, dame una señal’.
¿Y APARECIÓ LA SEÑAL?
Vino la pandemia y ahí dejé de trabajar. Y dije: ‘Bueno, este es mi momento para replantearme la vida’, porque me pasaba que trabajaba y no veía las horas de terminar de atender para irme a Fosse a ensayar, a clase. Entonces dije: ‘Es por ahí’. Y me acuerdo que charlando con mis amigas, charlando con Marcos (Mercado Arias), me decían ‘¿Por qué no estudiás el profesorado de teatro?’, porque yo siempre ayudaba con los más pequeñitos. Amaba estar en Fosse, haciendo lo que sea; quería estar ahí, era mi lugar en el mundo. Pero existían los prejuicios que muchas veces se pone una sola, el ‘¿qué van a decir?’. O el ‘soy una fracasada, porque ¿cómo voy a dejar 5 años de mi vida que estudié para hacer teatro? ¿Qué va a pensar el mundo?’ En 2021 comencé el profesorado de teatro y me recibí en 2024, y fue la mejor decisión de mi vida porque también amo la docencia, me gusta mucho trabajar con niños y de hecho ahora en Universo Fosse soy docente de los más pequeñitos, del grupo inicial. Estoy feliz, porque es trabajar de lo que amo, en el lugar que amo. Y después se abrieron las puertas para trabajar en la Comedia, que eso también fue como impensado. Cuando me llegó el mensaje de César (Torres) pensé que se había confundido de número.
¿Y CÓMO SE DIO ESA INSTANCIA CON LA COMEDIA? ¿CÉSAR TORRES TE CONOCÍA?
Fue una recomendación de algunos compañeros, un voto de confianza. Todos los años está el concurso y quedaban unas vacantes; había que completar el cupo y Sofía Pelliza fue una de las que me recomendó y a quien también agradezco. Ella me habrá visto en algún trabajo y de ahí le habrá quedado algo; son cosas que uno hace sin pensar, uno no sabe quién te está viendo, y así se fue dando todo.

UNA MANERA DE SER Y ESTAR
Más allá de los personajes, los ensayos y las funciones, el teatro ocupa en la vida de Safira Saraví un lugar mucho más profundo. No es solamente el oficio que eligió ni el espacio donde desarrolla su vocación artística; es una forma de mirar el mundo y de relacionarse con quienes la rodean. A lo largo de los años descubrió que actuar también implica escuchar, detenerse, observar y aprender a habitar el presente, una experiencia que, asegura, terminó transformándola tanto arriba como abajo del escenario.En tiempos marcados por la velocidad, la ansiedad y una hiperconexión que muchas veces aleja más de lo que acerca, la actriz encuentra en el teatro un refugio y, al mismo tiempo, un punto de encuentro con los demás. Habla del escenario como un espacio de libertad, pero también como un ejercicio permanente de presencia, de entrega y de humanidad. En este tramo de la conversación reflexiona sobre aquello que el teatro le dio mucho antes que personajes o aplausos: una manera distinta de vivir, de comprenderse a sí misma y de conectarse con el otro.
¿QUÉ HAY EN EL TEATRO?
Vida. A mí por cuestiones personales y de vida, el teatro me dio vida y es lo que me mantiene hoy en día en pie, lo que me hace dar ganas de seguir, de vivir. Hay una cuestión, creo yo: el teatro es el aquí y el hora. Es el presente. Es algo que sucede en ese momento, lo que le llaman el convivio, es lo que está pasando. Y ahí suceden muchas cosas y muchas variables pueden suceder. Y creo que hay algo de eso que es necesario también hoy en día, vivir aquí, el presente. Es un poco lo que hablaba al principio: vamos, vamos, vamos; la vorágine de la vida nos lleva, ¿pero cuándo estamos conectados acá? Me planteo un montón de veces cómo me cuesta estar acá presente. O estamos pensando en la nostalgia del pasado, o en la ansiedad del futuro. A mí me cuesta, lo trabajo un montón, porque soy muy ansiosa, mi cabeza va, va, va y debe ser que el teatro me hace estar viva.
¿CUÁNDO SENTISTE ESO POR PRIMERA VEZ? ¿CUÁNDO SENTISTE ESA CONEXIÓN DE DECIR ES ACÁ, ES AHORA, ES EN ESTE MOMENTO?
Considero que tomé mucha dimensión tal vez cuando empecé a trabajar, porque el trabajo también es una forma de vida. Tal vez el hecho de trabajar y de vivir de esto me hizo tomar esa dimensión, porque también la exigencia del trabajo te lleva a decir: ‘Bueno, hoy estoy presente con este personaje, mañana con el otro, a la tarde con el otro, pero me exige estar en cuerpo, mente y alma conectada con eso’. Y al ser tan exigente el trabajo tal vez me lleva a esos lugares de necesariamente estar presente. Porque si no estoy presente, si no conecto con el personaje, si no conecto con lo que piensa el personaje, con lo que siente, ¿cómo va a hablar, cómo lo va a decir? Tal vez la conexión también está con uno en ese momento para poder conectar con ese personaje y con ese trabajo.
¿CÓMO RECORDÁS TU PRIMER ESCENARIO?
Mi primer escenario lo recuerdo en Chilecito, cuando era chica, en las muestras que se hacían de baile. Es algo mágico lo que sucede, porque uno puede estar triste, puede haber pasado el peor día de su vida o el peor año, pérdidas, cuestiones emocionales fuertes, pero cuando vos estás ahí hay algo que no sé cómo explicarlo en palabras, pero que se transforma y que te hace sentir que en ese momento son las mejores horas de tu vida, porque no solo es los que ocurre en el escenario, es también lo previo. Para mí es fundamental, es mi ritual y lo vivo así porque siento que eso también hace que yo conecte. El prepararme con mis compañeros, el maquillarme, el cambiarme. Para mí todo es un ritual y es hermoso vivirlo así. Y el después también, la pizza con los amigos; para mí es todo, no solamente lo que sucede en el momento de la función, sino lo que pasa antes y después.
¿EN QUÉ TE CAMBIÓ EL TEATRO? ¿QUÉ INFLUENCIA HA TENIDO EL TEATRO EN TU TRANSFORMACIÓN PERSONAL?
Me ayudó a ser yo misma. Me dio vida, principalmente. Es como mi motorcito para levantarme proyectarme. Pero fundamentalmente me cambió en que pude ser yo misma. Hay una cuestión de libertad; lo vivo todo de una forma muy pasional y muy intensa, y creo que eso es lo que me define para la vida y para mi trabajo. Me gusta tomarlo todo desde ese lugar, si no para qué estamos en esta vida si no vamos a hacer lo que amamos hacer. Me defino como alguien que ama lo que hace, que tengo la suerte y bendición de poder hacer lo que amo y obviamente soy una agradecida; todos los días agradezco a Dios y a la vida por poder hacerlo, y ya no me imagino de otro modo. Obviamente que uno nunca sabe las vueltas de la vida, pero siempre digo: ‘Por favor, vida, universo, Dios, que me lleven por los caminos donde siempre esté en un escenario’. Simbólicamente, porque también eso aprendimos de César: un escenario no necesariamente es el espacio físico del teatro, sino que el escenario es la vida. Con César hemos aprendido a hacer funciones en un barrio, en una escuela, en un jardín, en una plaza y creo que eso me abrió un mundo de posibilidades, porque eso me parece precioso: saber que el teatro puede ir a donde sea y se lo puede vivir a donde sea. No hay vida sin teatro y no hay teatro sin vida. Por eso espero que la vida siempre me encuentre haciendo teatro y como digo, no solamente sobre el escenario, sino en el detrás, en la docencia, en acompañar, en estar. Hacer teatro es para mí el mayor regalo y espero que la vida siempre me lleve por ese camino.
¿QUÉ APLICAS DEL TEATRO EN TU VIDA?
Vuelvo al estar presente. Muchas veces hablo con mis amigos sobre el porqué hacemos lo que hacemos. Esta cuestión de la tecnología, y de que por ahí estamos muy desconectados. Siento que el teatro, como muchas artes, nos conecta con uno mismo, pero también con el otro; me hace estar presente, que es el gran desafío de este tiempo. Estamos constantemente conectados, pero al mismo tiempo estamos desconectados. Pareciera entonces que el gran desafío de este tiempo es el poder conectar. Nos parece algo ilógico, porque supuestamente estamos hiperconectados, pero siento que esa hiperconexión nos desconecta de un montón de otras cosas. Por eso valoro cualquier tipo de arte: la danza, la pintura, el teatro, todo nos vuelve a conectar con la esencia de uno. Y personalmente, en mi vida, el teatro es una forma de estar presente.

EN EL CAMINO CORRECTO
Si el pasado explica cómo llegó hasta el teatro y el presente revela la forma en que ese oficio transformó su vida, el futuro aparece para Safira Saraví como un territorio abierto, sin certezas, pero lleno de posibilidades. No hay un plan rígido ni una meta inamovible. Hay, en cambio, una decisión que atraviesa todas las demás: seguir creciendo, continuar aprendiendo y mantenerse siempre en movimiento. Porque, entiende, el trabajo del actor nunca termina de completarse; cada personaje, cada ensayo y cada función representan una nueva oportunidad para descubrir algo más de sí misma.
Esa mirada también la lleva a pensar el camino recorrido con una mezcla de gratitud y ambición. Valora el espacio que encontró en la Comedia de la Provincia, reconoce el aprendizaje permanente junto a sus maestros y celebra poder vivir de aquello que eligió como forma de vida. Al mismo tiempo, no descarta nuevos desafíos ni la posibilidad de probar suerte en otros escenarios si el futuro así lo dispone. Con los pies en el presente, pero sin renunciar a los sueños, imagina el tiempo que viene como una continuidad natural de ese recorrido que comenzó casi sin proponérselo y que hoy la encuentra convencida de haber elegido el camino correcto.
BUENO, YA ME CONTASTE UN POCO EL ANTES, AHORA TE PREGUNTO POR EL DESPUÉS, ¿HACIA DÓNDE SENTÍS QUE VAS? ¿HACIA DÓNDE TE GUSTARÍA IR? ¿QUÉ DESAFÍOS TE GUSTARÍA ABORDAR? ¿CÓMO TE VES HACIA EL FUTURO?
Me veo haciendo lo que hago, porque nunca es lineal nuestro trabajo. Hay algo de eso que a mí me atrae y me gusta, que no es rutinario. No es todos los días estar de 8 a 12 en la oficina y de ahí la vida sigue, sino que un martes tenemos función en un jardín, el jueves tenemos función en una plaza y el viernes, sábado y domingo tenemos función en una sala, mientras estamos preparando otras obras o intervenciones o presentaciones que nos pidan. Creo que esa cuestión de lo no lineal me mantiene y me gusta, porque ningún día es igual a otro, ninguna semana es igual a otra, ningún mes es igual a otro, y hay algo de esa locura de vida que me atrae. Entonces digo: ‘Me gusta pensarme de acá a un futuro siguiendo esa locura’. También me gusta mucho mi raíz, por así decirlo, la comedia musical, me encanta. Más allá de que sea un gusto personal, son herramientas que ayudan un montón: el cantar, no profesionalmente, pero tener esas herramientas, tal vez lo mismo que la danza; siento que para el actor son un complemento perfecto y necesario porque si bien el teatro habla y dice, hay otras herramientas que también ayudan y personalmente le agradezco un montón a la comedia musical, porque me dio las herramientas que hoy en mi trabajo son útiles y necesarias. Hay un montón de obras de la Comedia en las que hemos bailado, en las que hemos cantado, hasta tocado algún instrumento, entonces digo que es necesaria la constante formación también, porque si bien uno ama lo que hace y puede decir mucho, también es necesario seguir formándose y no quedarse en lo que uno ya sabe. El mundo avanza y uno tiene que avanzar también con el mundo y con esas nuevas formas.
¿HAY ALGÚN LUGAR AL QUE TE GUSTARÍA LLEGAR CON EL TEATRO?
Fantasear, fantaseo mucho. Soy muy fantasiosa, soy muy soñadora; creo que esa es otra palabra que me define. Y por ahí uno no toma dimensión de lo que sueña, o que lo que manifiesta después sucede. Me considero muy soñadora, pero también estoy aprendiendo a dejar que la vida me sorprenda. Uno por ahí quiere tener todo muy pautado, muy marcado: ‘A tal tiempo de la vida voy a llegar a esto’, y después la vida te va acomodando y te vas acomodando como mejor te sale, como se puede, porque eso es la vida. Por eso me estoy dejando sorprender un poco por la vida, aunque me cueste, porque uno quiere tener el control. La verdad es que las veces que me puse esas cuestiones ‘de acá a tantos años va a suceder algo’, pasó todo lo contrario. Hablo a nivel personal y hablo a nivel profesional. Y creo que más allá de eso, lo importante es saber a dónde voy.
¿Y A DÓNDE VAS?
Mi objetivo de vida es poder vivir de esto; para mí es muy valioso que acá en la Provincia existan elencos en donde uno tenga su sueldo fijo y que pueda trabajar de esto; es una bendición en nuestra provincia y en donde sea. En ese sentido valoro mucho el tener un lugar donde pueda trabajar de lo que amo, que sea remunerado, que pueda pagar mis cosas con eso; eso es una bendición. Entonces, digo: ‘Bueno, se puede’. Si me remonto a mi Safi de los 17, 18 años cuando mis papás me decían que no, que tengo que estudiar una carrera porque después me voy a morir de hambre digo: ‘Bueno, no sé, casi 10 años después no me muero de hambre, vivo y trabajo de lo que amo’. Hay algo ahí que me dice que este es el camino y que de acá a lo que sea que dure mi vida puedo seguir por este camino. Mi mayor objetivo es seguir viviendo de esto, que siempre salgan nuevas oportunidades. ¿Siempre acá o quizás probar suerte en otro lado? No te voy a mentir que hay algo de eso que me gustaría. Es una idea que siempre da vueltas porque uno busca siempre crecer. Soy un poco inquieta y tal vez en algún momento me gustaría aspirar a eso. Desde que entré a la Comedia fue mucho el crecimiento, entonces también tengo que poder valorarlo y aprovecharlo y sacarle jugo a eso; seguir formándome en las otras áreas que también me gustan. Y quién dice los caminos de la vida a dónde nos lleven, pero siempre es crecer.

PERO EN DEFINITIVA NO TENDRÍAS PROBLEMAS DE PROBAR SUERTE EN OTRO LADO…
Están los miedos, claro, porque uno nunca se cree lo suficiente; uno piensa que no es tan bueno y empiezan los debates personales. Yo creo que esa es una cuestión que siempre está, la inseguridad de decir, ‘Che…¿podré, puedo?’ Son cosas que uno tiene que trabajar, pero siempre está el deseo de crecer. Y me voy sorprendiendo también de mis crecimientos personales. Y también está esa mirada, ese ojo que confía, en este caso el director, porque ven cosas que ni siquiera uno mismo ve de uno mismo. Siempre agradezco a los directores que he tenido por verme. Dicen por ahí que el artista es ese niño que no ha sido visto y busca esa mirada, y por eso hacemos lo que hacemos, para que el mundo también lo pueda ver. Agradezco esas miradas de amor también porque hay cosas que uno no las ve y hay alguien que te está viendo y te está diciendo: ‘Sí, vos sí vas a poder con esto’. Lo agradezco un montón porque me llevaron a estar acá.
¿TE REFERENCIÁS EN ALGUIEN? ¿TENÉS ALGÚN MODELO A SEGUIR ARTÍSTICAMENTE HABLANDO?
Desde lo teatral considero que he tenido grandes maestros. Siento que esa es una palabra que define muy bien a quien guía, a quien te marca un caminito. En mi caso, siento que Marcos ha sido un maestro, alguien que vio en mí algo que yo no veía. Siento que él fue mi gran maestro, el primero que me vio y que fue abriendo puertas, dando posibilidades, diciéndote: ‘Vos podés, dale, animate, hacelo’. Otro maestro es César Torres. Siento que es un gran maestro, que cada ensayo es aprender algo. Es decir: ‘¿Cómo puede tener esa cabeza? ¿Cómo puede tener esa forma de hacer arte con lo poco y con lo mucho?’ Porque él con lo poco que tenga hace maravillas. La verdad que lo admiro mucho y digo: ‘Qué suerte que tengo’. Le agradezco a la vida estar en un lugar donde no solo voy a hacer ese trabajo, sino que aprendo. Y de él es un aprender constante. Es un gran maestro y en este último proceso, en esta última obra, estar más cerca y compartir con mucha más intensidad el proceso fue sacar jugo de todo. Para mí ellos son mis maestros.
¿Y TE VES EN UN FUTURO EN ESE LUGAR TAMBIÉN, EN EL LUGAR DE MAESTRA?
Ojalá suceda que alguien pueda verme así, porque uno no se autoproclama maestro; quien vive con vos y aprende de vos, te pondrá en esos lugares. Hay algo de la dirección que me gusta; estar en esos lugares aprendiendo, como lo hice con Marcos en Fosse. Siento que mis primeros pasitos fueron más estando en el detrás que sobre el escenario, que ahí aprendí muchísimo, y que hay que saber estar en esos lugares. Uno piensa: ‘bueno, estoy en el escenario, el brillo y la luz’, pero en el detrás también uno aprende un montón y siento que eso es muy importante. De todo se aprende. No sé si llegaré a estar en el lugar de maestra, pero al menos me gustaría poder transmitir mi pasión; para mí yo ya gané con eso. Actualmente trabajo con niños y mi objetivo principalmente es que ellos puedan jugar. El teatro también es aprender o volver a jugar, que también es un desafío. Qué lindo sería poder volver a jugar sin tanto prejuicio, sin tanta cuestión mental; jugar por el hecho de jugar. Veo a los niños y digo qué maravillosos que son; mi objetivo es poder transmitirles algo de lo que yo siento por lo que hago, aunque no solamente romantizar, porque esto también es mucho laburo, cuestiones físicas, vocales, mentales. Yo también he llegado a llorar por frustración, a sentir que no voy a llegar, que no voy a poder, y plantearme un montón de cosas. No es todo tan color de rosa y tan bonito. Obviamente que uno lo romantiza porque lo ama, pero en ese amor también hay planteos, hay cuestiones que no son fáciles. Pero es una elección, como todo en la vida, son decisiones y elecciones.
A lo largo del encuentro con 1591 Cultura + Espectáculos, Safira Saraví habla de personajes, escenarios, maestros y proyectos. Pero, sobre todo, habla de convicciones. De la decisión de escuchar esa voz interior que la llevó a dejar atrás una profesión para abrazar otra forma de vivir, de la necesidad de seguir aprendiendo y del valor de hacer aquello que realmente la apasiona.
Quizás por eso, cuando imagina el futuro, no menciona premios, reconocimientos ni lugares específicos. Apenas expresa un deseo tan simple como profundo: que la vida siga encontrándola haciendo teatro. Porque, para ella, el escenario no es solamente un espacio iluminado frente a un público. Es, sencillamente, la manera que encontró de estar en el mundo.