Crulcich: formar desde la diversidad, la creatividad y el pensamiento crítico

A 41 años de su creación, el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica en Arte y Comunicación “Prof. Alberto Mario Crulcich reafirma una identidad construida alrededor del arte y la comunicación. Su rectora, Lorena Mercado, y su vicerrector, Miguel Soria, reflexionan sobre una formación atravesada por la diversidad, la creatividad y el pensamiento crítico, y sobre los desafíos de educar en un mundo en permanente transformación.

Nació para dar continuidad a la formación artística en La Rioja y, a lo largo de cuatro décadas, fue incorporando nuevos lenguajes, carreras y campos profesionales hasta reunir bajo un mismo techo al arte, la formación docente y la comunicación. El Instituto Superior de Formación Docente y Técnica en Arte y Comunicación “Prof. Alberto Mario Crulcich” cumplió 41 años y encuentra en su propia historia algunas de las claves para pensar su futuro. Su rectora, Lorena Mercado, y su vicerrector, Miguel Soria, hablan de una institución que se reconoce diversa, creativa e inclusiva, pero también de los enormes desafíos que atraviesan hoy a la educación: la transformación tecnológica, los cambios sociales, el mundo del trabajo, el pensamiento crítico y la necesidad de seguir construyendo comunidad.Claramente, el Crulcich (como se lo denomina afectuosamente) pertenece a la categoría de las instituciones que dejan huellas que exceden sus propios límites. Hablar de sus 41 años no significa solamente recorrer la evolución de una institución educativa, sino también observar parte de la transformación que experimentaron durante esas cuatro décadas el arte, la cultura y la comunicación en La Rioja.

El Instituto nació el 1 de julio de 1985 como Instituto Nacional del Profesorado de Arte de La Rioja. Su creación respondió a una necesidad concreta: quienes terminaban su formación secundaria artística en el Centro Polivalente de Arte no contaban en la provincia con una instancia superior que les permitiera continuar ese recorrido. Alberto Mario Crulcich estuvo entre quienes impulsaron aquella iniciativa y su figura terminaría dando nombre, años después, a la institución.

Las primeras propuestas estuvieron vinculadas con las Bellas Artes, la Música, el Teatro y las Danzas. Pero aquella matriz inicial comenzó rápidamente a expandirse. A comienzos de los años noventa, un convenio con el Instituto Superior de Enseñanza de la Radiodifusión (ISER) permitió incorporar carreras relacionadas con la radio y la televisión. Llegaron la Locución, la Producción y Dirección y las especialidades técnicas; más adelante se sumaría Diseño Gráfico. El arte comenzó así a convivir con la comunicación dentro de una misma institución y aquella particularidad terminaría convirtiéndose en uno de sus principales signos de identidad.

Cuarenta y un años después, el Crulcich continúa siendo difícil de encasillar dentro de una definición convencional. Allí conviven profesorados de disciplinas artísticas con tecnicaturas orientadas hacia la comunicación y la producción. Esa singularidad es precisamente el punto desde el cual Lorena Mercado, actual rectora de la institución, propone comenzar a pensar el presente, como cabeza de una nueva gestión dentro de la institución.

– Adaptarnos y que la institución también se adapte a nosotros. Yo definiría que es un periodo prometedor. La institución, el objetivo con el que fue creada inicialmente tiene que ver con la formación en Arte y después se agrega la Comunicación. Son dos pilares donde nosotros somos quienes aportamos, no hay otra institución de esta característica en Capital, somos la única. Tenemos esta característica de tener una formación que no se repite en otros institutos, en otros organismos, entonces nos da la posibilidad de pensarnos como hacedores importantes dentro de este campo, que producimos conocimiento y producimos formadores en un campo que tiene mucha sensibilidad, que está ligado y estructurado en lo artístico y lo comunicacional.

La oferta actual expresa esa doble identidad.

– En cuestión docente, en lo que es formación docente, tenemos carreras de Danza, Artes Visuales, Música y Teatro. Todas son dentro del campo de la producción artística. Después tenemos tecnicaturas y las tecnicaturas tienen orientación en comunicación, como locutores, productores multimediales, operadores, Diseño Gráfico. También tenemos Tecnicatura en Artes Visuales, detalla Mercado.

Miguel Soria, vicerrector del Instituto, encuentra en esa estructura dos grandes campos de formación, pero incorpora además una tercera dimensión que considera transversal al proyecto educativo: la inclusión.

– Son dos campos: el técnico, donde entra Comunicación y formación docente en Arte. Se vinculan en prácticas integrales, sí, pero no es que compartan el espacio de diseño, sino que tienen su especificidad por el tipo de inserción laboral que después tienen. Formación docente, en educación obligatoria y educación no formal; y en Comunicación, en los medios; en el caso de Diseño Gráfico, con los emprendimientos en general; y en el caso de Artes Visuales, con la producción y circulación de obras ,que ese es uno de los pilares y después se incorpora otro, el tercer pilar que es transversal y que tiene que ver con la inclusión dentro de lo que es la educación superior. Si hoy nos encontramos en un proceso de actualización curricular, tanto en algunas carreras técnicas como de formación docente, implica poner esta mirada en qué tipo de enfoque va a posibilitar que esa inclusión sea efectiva.

UNA TRAYECTORIA QUE YA ATRAVIESA GENERACIONES

Los 41 años permiten observar otra dimensión del Instituto: quienes alguna vez ocuparon sus aulas como estudiantes hoy forman parte de distintos ámbitos educativos, culturales y comunicacionales de La Rioja y también de otras provincias. Algunos incluso regresaron al Crulcich convertidos en docentes. Esa circulación entre generaciones es, para Mercado, una de las expresiones más concretas de la trayectoria construida.

– Para nosotros es importante marcar el tiempo de trayectoria que tiene la institución. Nosotros ya empezamos a circular nuestra década de 40, entonces en la sociedad hemos marcado una trayectoria que nos permite tener aulas con estudiantes, nos permite tener egresados, nos permite tener egresados que vuelven a trabajar en la institución y que van cumpliendo su rol en otras instituciones, en otras provincias inclusive, porque nuestros egresados no solamente se desarrollan en el campo laboral local, sino que se van hacia el interior, se van hacia otras provincias. Esta formación que nosotros impartimos en todo este tiempo de trayectoria que tiene la institución tiene un campo laboral bastante extenso dentro y fuera de la provincia.

Esa particularidad hizo que el Instituto adquiriera, según Soria, una proyección que excede los límites provinciales.

– Se transforma como un polo regional, no solo en las carreras de formación docente, sobre todo en las tecnicaturas, porque vienen ingresantes, vienen estudiantes de otros lugares, de otras provincias, por el tipo de formación. Y ahí sí es única: tiene ambos, formación docente en Arte y Comunicación. Es la única en su tipo, lo que genera una proyección a nivel de inserción. Si bien uno no les dice “salen, trabajan”, los formamos para que puedan tener esa inserción.

Actualmente el Instituto supera los 600 estudiantes en sus carreras y registra alrededor de un centenar de egresados por año. Pero existe además otra matrícula que lleva el universo institucional por encima de los 700 estudiantes. El crecimiento plantea, al mismo tiempo, uno de sus límites más concretos: el espacio físico.

– En este momento superamos los 600 alumnos y tenemos un porcentaje de egreso de alrededor de 100 alumnos al año, de todas las carreras —precisa Mercado.

Soria explica que la institución funciona durante prácticamente toda la jornada para poder contener esa matrícula.

– Hay tres turnos: a la mañana funcionan el Profesorado de Música, Artes Visuales y las orientaciones de Artes Visuales y Danza, y lo mismo las orientaciones de la tecnicatura. A la siesta están las carreras de Comunicación; siesta-tarde y tarde-noche están los otros profesorados de Teatro, Música, Danza y Artes Visuales.

A esa matrícula se suman otras propuestas que llevan la población total por encima de los 700 estudiantes. Pero Mercado considera que el impacto del Instituto no debería medirse solamente por la cantidad de personas que transitan sus aulas.

– Hay que pensar que también nosotros producimos para un campo específico, y dentro de este campo, más allá de que generamos las formaciones tanto técnicas como docentes, también generamos un estímulo en el campo de las Artes Visuales, en el campo de la Danza, del Teatro y la Música. También se generan estímulos y se generan conocimientos que después se aplican concretamente en la producción. Nuestros docentes no solamente son docentes, sino que tienen herramientas para desarrollar carreras; cada uno decide cuándo es el momento, pero tienen las herramientas para poder desarrollar una carrera artística.

“LA INSTITUCIÓN SIEMPRE FUE PIONERA, VANGUARDISTA”

La palabra aparece naturalmente cuando la conversación vuelve sobre las cuatro décadas recorridas. Para Soria, buena parte de la identidad del Crulcich se explica por una característica que estuvo presente desde sus primeros años: adelantarse a prácticas y formas de enseñanza que después se convertirían en habituales dentro de la educación superior.

– Hay algo que en estos 41 años, transitando ya para llegar a los 50, es importante resaltar: la institución siempre fue pionera, vanguardista.

La afirmación no queda solamente en una definición. Soria encuentra un ejemplo concreto en las prácticas profesionalizantes. Hoy forman parte habitual de numerosas carreras técnicas, pero en el Crulcich estuvieron vinculadas con la formación prácticamente desde que se incorporaron las carreras de Comunicación.

– Lo digo en estos términos porque, por ejemplo, hoy por hoy uno siempre habla de las prácticas profesionalizantes en la tecnicatura o de las prácticas profesionales en formación docente, pero en términos de prácticas profesionalizantes, desde el día uno, desde que se incorporan las carreras técnicas, tuvo inserción. Porque justamente lo que puedo ver de teórico tengo que verlo en el contexto de una práctica real situada. Y es así que comenzaron a generarse los primeros convenios con organismos estatales, con Canal 9, con Radio La Torre, donde se hacían prácticas integrales, por ejemplo, donde iba un estudiante de Locución, un estudiante de Producción y un estudiante de Operación para que pudieran hacer la práctica con una propuesta.

Aquellas experiencias tuvieron, además, un efecto que fue más allá de la formación profesional. Permitieron que el Instituto comenzara a hacerse visible en otros ámbitos y que su producción saliera de las aulas para integrarse a la vida cultural y comunicacional de la provincia.

– Eso también generó todo ese efecto en el cual se hizo mucho más visible. Siempre desde esta institución se fue aportando y construyendo la cultura. Uno de los que pasó por la gestión dijo: “Esto es un faro de cultura”, que irradia varios sistemas: el sistema educativo, el sistema social. Y en ese sentido creo que se da la riqueza de la formación y esa posibilidad de poder insertarme en cualquier área. Se trabaja mucho en equipo, por eso está bien cuando uno dice “comunidad educativa”, porque actuamos como comunidad.

La imagen del “faro de cultura” resume buena parte de esos 41 años. Pero también abre una pregunta inevitable: ¿qué significa seguir siendo vanguardista hoy, cuando los cambios tecnológicos, culturales y sociales avanzan a una velocidad que desafía permanentemente a las instituciones educativas?

Es allí donde la conversación sobre la historia del Crulcich comienza a transformarse en otra conversación, mucho más amplia: cómo se educa para un mundo que está cambiando mientras se lo intenta comprender.

LOS DESAFÍOS DE EDUCAR EN UN MUNDO QUE CAMBIA

Si durante buena parte de sus 41 años ser vanguardista significó para el Crulcich incorporar nuevos lenguajes, abrir carreras o vincular tempranamente la formación con los ámbitos profesionales, el presente coloca a la institución frente a un desafío diferente. Ya no se trata solamente de anticipar aquello que viene, sino de formar mientras las transformaciones están ocurriendo.

Lorena Mercado identifica allí uno de los principales desafíos de la educación contemporánea: los tiempos de la tecnología no son los mismos que los tiempos de las instituciones.

– Los desafíos tienen que ver con el tiempo, el tiempo en el que estamos viviendo, que son los desafíos propios de la época. La tecnología para nosotros es un desafío y tratamos de ir adaptándonos a eso, que la tecnología no sea algo que nos pase sin mirarlo, sino que sea parte, de alguna manera, de la estructura comunicacional, de la estructura como institución, pero que también sea transversal a lo que es la formación. Entonces, esta estructura tecnológica se tiene que adaptar de alguna manera a nuestra estructura de formación, porque cuando salgan nuestros egresados al campo laboral, el campo laboral también tiene la misma transversalización con lo tecnológico, tanto desde la operación como desde el pensamiento desde lo tecnológico.

La dificultad está precisamente en esa diferencia de velocidades. Una tecnología puede modificarse en meses; una institución educativa necesita procesos más prolongados para transformar estructuras, programas y diseños curriculares.

– Es un desafío constante, porque la tecnología apuesta a que todo el tiempo haya un cambio y las instituciones tienen cambios que son más prolongados en el tiempo. Entonces, tenemos que pensarnos dentro de ese movimiento.

Pero Mercado amplía inmediatamente la mirada. El desafío no es únicamente tecnológico. Una institución educativa está atravesada por las mismas transformaciones sociales, culturales y económicas que afectan a la comunidad de la que forma parte.

– También es la cuestión social, cómo se van sucediendo estos cambios sociales normales que pertenecen, no a la institución, sino que pertenecen a la sociedad. Cómo nos incorporamos en esos cambios, cómo nos vamos moviendo en esta estructura social que plantea cosas que requieren tomas de decisiones internas. Entonces es constante. Nosotros tenemos desafíos que no son solamente el movimiento o el funcionamiento interno, sino el vivir en comunidad. Nosotros pertenecemos a una comunidad y esa comunidad nos marca situaciones, nos trae conflictos, nos trae necesidades que no necesariamente son un conflicto, pero sí es algo que tenés que atender y que tenés que fijarte cómo hacés para caminar al mismo ritmo o a nuestro ritmo, pero que vaya en consonancia con lo que pasa socialmente, en los cambios culturales, en los cambios sociales, en los cambios económicos, en los cambios tecnológicos.

Hay en esa reflexión una definición particularmente significativa acerca de las fronteras de una institución educativa. Los problemas pueden originarse afuera, pero dejan de ser completamente externos cuando ingresan al aula encarnados en las personas que forman parte de ella.

– Toda esa gran cantidad de circunstancias que nos son externas dejan de ser externas cuando llega una persona cualquiera a nuestra institución. El docente con sus cuestiones, los estudiantes con sus cuestiones. Al estar dentro de una sociedad que está en continuo movimiento, nosotros tenemos que tener movimiento.

CUANDO EL CURRÍCULUM CORRE DETRÁS DE LA REALIDAD

Miguel Soria encuentra en esa velocidad de transformación una paradoja con la que actualmente convive buena parte del sistema educativo: cuando un diseño curricular consigue completar su proceso de actualización, parte de aquello que pretende actualizar puede haber vuelto a cambiar.

En una institución vinculada directamente con el arte y la comunicación, esa tensión se vuelve particularmente evidente.

– Me parece que hay dos cuestiones que también lo hablamos, que son como fundantes: una, la percepción que puede tener el afuera en torno a las formaciones, porque también convengamos que si bien son dos campos que hoy marcan presencia, continuamente se están reconfigurando, reconstruyendo. Y en términos de desafío, nosotros tenemos un campo donde uno va justamente enfrentando esos desafíos que van a marcar no solo el devenir en una inserción, sino la simultaneidad de lo que acontece en el campo de la práctica.

Esa simultaneidad es importante. El estudiante no espera hasta terminar la carrera para encontrarse con los cambios. Comienza a descubrirlos mientras se está formando.

– Desde el primer año ya existe este campo, entonces esos desafíos los van viendo, porque no lo ven tan solo desde el punto de vista teórico, sino que yo voy a un lugar y ya están con el streaming, en el caso de Comunicación. El desafío va ocurriendo e interviniendo en el propio recorrido.

Soria utiliza entonces una expresión provocadora para describir la dificultad de los diseños curriculares frente a la velocidad del presente.

– Hoy comienzo a escribir una actualización para que la aprueben y ya está perimida, porque cuando la aprueben ya habrán pasado cien cambios.

¿Cómo puede responder la educación frente a semejante velocidad? Para el vicerrector, parte de la respuesta está en aquello que los docentes incorporan aun cuando todavía no haya conseguido ingresar formalmente en los documentos.

– La genialidad que tiene la formación es el famoso currículum oculto. Esto que no está acá, pero yo sé que salió y que va a requerirle al futuro profesional, lo dan, y eso va enriqueciendo. Y cuando voy a otro trabajo ya voy interviniendo, por lo cual el desafío continúa para la institución en términos de actualizar constantemente. Eso nos permite tener el pulso. La práctica profesionalizante nos da el pulso de lo que acontece para que nosotros pensemos cómo intervenimos para que esta formación dé cuenta.

SALIR AL CAMPO REAL

Ese concepto conduce directamente hacia otro de los grandes ejes de la actual gestión: profundizar las prácticas profesionalizantes y ampliar los vínculos del Instituto con organismos e instituciones donde los estudiantes puedan encontrarse tempranamente con situaciones reales de trabajo.

Mercado vuelve a tomar la palabra.

– Ahí tomo un punto que es la práctica profesionalizante y nosotros como institución, y como nueva gestión, lo que promovemos es la inclusión de nuestros estudiantes en estas prácticas en el campo real, en el campo laboral. Y en esto estamos firmando próximamente convenios con la Municipalidad, con la Secretaría de Culturas.

La práctica, desde esta concepción, no consiste solamente en comprobar si aquello que se aprendió en el aula funciona. Significa ingresar a un espacio donde existe una experiencia profesional acumulada, relacionarse con quienes ya desarrollan esa tarea y enfrentarse con problemas concretos.

– Esta apertura y esta vinculación con otros organismos nos permiten la inserción de nuestros estudiantes en un campo laboral para las prácticas. Es importante porque tienen posibilidad de conectar con la realidad laboral, tienen la posibilidad de conectar con la experiencia que aporta el campo mismo. Van a tener la práctica y van a tener la experiencia de quienes trabajan ahí y que tienen el hacer de la construcción de la experiencia, más allá de la construcción del conocimiento que nosotros podemos brindar.

Pero la relación funciona también en sentido inverso. Recibir estudiantes obliga a las organizaciones a observarse a sí mismas.

– Esos espacios que vamos abriendo como institución son importantes, y en esta retroalimentación también es importante dónde se hace la práctica, porque eso plantea que alguien venga y me mire cómo trabajo; me plantea que también tengo una estructura que tengo que revisar.

“USTED ES RESIDENTE, NO EXTRANJERO”

Para Soria existen dos figuras que permiten comprender mejor esa relación entre formación y mundo profesional. En las tecnicaturas está quien recibe al estudiante en el espacio de trabajo y funciona como instructor o mentor. En la formación docente aparece el coformador: el docente que acompaña al futuro profesor cuando ingresa a una institución educativa real.

– Me parece que hay dos figuras claves que, si bien pueden cumplir la misma función, lo que las diferencia es el campo en esta práctica. En el caso de los técnicos, cuando van a esos espacios, a esos contextos, a tener una práctica situada, hay un instructor que asume el rol de mentor. En el caso de formación docente, está el docente coformador o la docente coformadora, que son esos acompañantes que le van a ir diciendo: “Esta es la realidad”.

Es entonces cuando utiliza una imagen que sintetiza la concepción de las prácticas que sostiene al Instituto.

– Por ejemplo, en formación docente, en residencia, uno siempre le recalca, yo digo: “Usted es residente, no es extranjero”. Cuando digo “es residente”, no es que solo da la clase, tiene que participar de lo que acontece a nivel institucional porque va a formar parte de su futuro trabajo docente, que no es solo que voy y doy la clase con el grupo y me voy.

Ser docente, desde esa perspectiva, significa habitar una institución. Dar clases constituye solamente una parte de un entramado que incluye reuniones, proyectos, conflictos, decisiones colectivas y relaciones humanas.

– La institución va a requerir espacios para que reflexionemos, pensemos proyectos. Porque si no, el extranjero ¿qué hace? Va, visita y vuelve a su lugar de origen. Lo que nosotros buscamos es que impacte en la formación y que después nadie se frustre creyendo que solo voy a ir y voy a dar mi clase de Artes Visuales o de Música, sino que lo hago en un contexto de una gestión institucional, como nos pasa acá, que hay reuniones institucionales, que hay actividades, que hay proyectos y se van sumando.

Y detrás de esa formación profesional aparece nuevamente la dimensión humana.

– Creo que en educación y en formación lo que cobra relevancia es el sujeto en un contexto, pero también con su bagaje. Tiene que ver con concepciones que, lejos de aminorar una formación, la fortalecen, porque el compromiso se renueva y se hace más fuerte porque dice: “Yo me involucro, pero también ante determinada situación la gestión se involucra conmigo”.

UNA PRÁCTICA TAMBIÉN PUEDE CONVERTIRSE EN TRABAJO

Mercado agrega otra dimensión que suele quedar oculta detrás de la finalidad académica de las prácticas: para muchos estudiantes constituyen el primer contacto concreto con un posible ámbito de inserción profesional.

– Nosotros consideramos que las prácticas, más allá del hecho de ser necesarias por la experiencia, tienen que ver con el conocimiento de la institución, el organismo, de la persona que nosotros hemos formado, porque eso abre una posibilidad laboral concreta. Hay practicantes que después vuelven al lugar donde han practicado y quedan trabajando en esos lugares.

No existe, naturalmente, garantía de contratación. Pero sí existe una oportunidad para que el futuro profesional muestre qué puede hacer.

– Es una posibilidad de inserción donde cada uno de los estudiantes tiene la sartén por el mango de su propia experiencia. Es esto: yo me muestro a un posible trabajo que puedo tener. Si bien es cierto que lo hago desde una intención específica, que es terminar mi carrera, hacer la práctica, conocer el campo, tener la experiencia, también me estoy mostrando como posible capital humano de ese organismo.

La práctica queda situada así en un punto de encuentro entre tres dimensiones que atraviesan toda la formación: conocimiento, experiencia e inserción profesional. Pero para la actual conducción del Crulcich existe otra pregunta que antecede incluso a esas tres: hacia dónde quiere ir la institución que debe producirlas.

Y en ese punto la historia vuelve a ingresar en la conversación. Para Lorena Mercado no se trata de una historia observada desde afuera. Antes de convertirse en rectora fue estudiante del Crulcich y conoció al hombre cuyo nombre lleva hoy el Instituto. Su llegada a la conducción, por eso, también la enfrenta con una responsabilidad personal e institucional: qué hacer con todo aquello que otras generaciones construyeron durante 41 años.

VALORAR LO CONSTRUIDO Y PROYECTAR LO QUE VIENE

La historia de una institución también puede contarse a través de las personas que regresan a ella ocupando lugares diferentes. Lorena Mercado llegó al Crulcich primero como estudiante. Allí conoció incluso a Alberto Mario Crulcich y encontró un estímulo que terminaría influyendo en buena parte de su recorrido posterior. Muchos años después, volver sobre aquella experiencia desde la Rectoría le otorga a la responsabilidad de conducir el Instituto una dimensión particular.

– Puedo responder desde dos ángulos diferentes: lo que nosotros generamos como objetivo de gestión dentro de la institución y lo que nosotros generamos como objetivo de la institución hacia la comunidad. Sobre la segunda voy a hablar específicamente. Esto tiene que ver primero con que para mí es un enorme orgullo y un honor estar en este cargo, haber llegado habiendo sido estudiante y motivada para seguir esta carrera por el mismo Crulcich, que no me dijo “seguila”, pero yo lo vi, fue docente mío y me motivó a tener un vínculo con el arte.

Aquella influencia no determinó un camino previamente trazado. Mercado reconoce, por el contrario, que su trayectoria se fue construyendo a partir de decisiones que terminaron vinculándola con el arte y la gestión cultural.

– ¿Es lo que yo esperaba de mi vida? Tal vez no, pero esa motivación fue la que me hizo tomar las decisiones que hoy me tienen acá, en el trabajo que tengo, no solamente dentro de la institución, sino en mi trabajo como gestora cultural, como todo lo que vengo haciendo desde hace muchos años.

La experiencia personal desemboca inmediatamente en una responsabilidad institucional. Cuatro décadas de presencia en la sociedad riojana construyeron una identidad que ninguna nueva gestión puede desconocer. Para Mercado, conducir el Crulcich supone partir de esa historia y no pretender comenzar nuevamente.

– Dentro de esta contextualización, esta trayectoria que tiene el Instituto, estos 40 años que transitaron, fueron muy importantes, porque aunque no haya venido ni haya pisado nunca, ¿quién no sabe cuál es el Profesorado de Arte? Eso hace a una responsabilidad de no poder hacer menos de lo que ya se hizo.

UNA GESTIÓN PARA SOSTENER Y CRECER

La frase contiene buena parte de la definición que Mercado hace de su proyecto: “no poder hacer menos de lo que ya se hizo”. El crecimiento, desde esa perspectiva, no implica romper con el pasado, sino construir sobre él.

– Entonces, nuestro objetivo, y esto sí como gestión, es que se sostenga lo que se tiene y poder crecer dentro de esa base que existe. Como proyecto institucional está esto de sostener y construir sobre esa base. Obviamente, los proyectos internos tienen que ver con reorganizar, con ajustar, identificar situaciones que pueden mejorarse, sostener situaciones que son buenas y proyectarlas en el tiempo.

En una institución atravesada por generaciones de estudiantes, docentes, trabajadores y autoridades, ese proceso requiere además reconocer que aquello que hoy existe es el resultado de una construcción colectiva.

– Tiene que ver con reconocer la trayectoria de todos y cada uno de los que están acá, que, por supuesto, es importante, porque las comunidades son producto de un conjunto de personas, situaciones, acciones y demás. Pero si no se cuida el conjunto, difícilmente podemos sostener la institución y tenernos como un proyecto a futuro. Lo sintetizo como que es sostener y proyectarnos en un crecimiento.

Mercado habla también de una manera de entender la gestión que parte de proponerse objetivos capaces de tensionar los propios límites.

– Quienes me conocen de mis trabajos previos saben que soy muy apasionada con lo que hago. Puedo apasionarme con muchas cosas y siempre ponerle todo el mejor empeño y el desarrollo profesional, ético y todo lo que haga falta para que el resultado se logre. Uno siempre pone allá arriba el límite, y a veces no llegás, pero sabés que si lo ponés más bajito, vas a llegar más bajito. Entonces ponemos el límite como para que permita accionar y tener ese norte un poquito más alto.

El crecimiento institucional aparece así como un objetivo capaz de generar un punto de encuentro hacia el interior de una comunidad caracterizada, precisamente, por su diversidad.

– Y como construcción dentro de nuestra comunidad, creo que el hecho de que apuntemos a que la institución tenga una performance que vaya aumentando dentro de esta base, sin desconocerla, por supuesto, hace que, ¿quién se va a oponer a que la institución crezca? Es un objetivo que claramente necesita ser aceptado, porque nadie se va a oponer a que las instituciones crezcan.

FORMAR TAMBIÉN OBLIGA A PENSAR DÓNDE PODRÁ TRABAJAR EL EGRESADO

Miguel Soria coincide con esa perspectiva, pero introduce una condición: ninguna institución educativa funciona de manera aislada. Forma parte de un sistema y, por lo tanto, algunos de sus proyectos dependen también de decisiones que exceden la capacidad de sus propias autoridades.

– En esto, que comparto plenamente, uno también tiene que entender que hay condiciones, sobre todo entendiendo que este es un sistema y, como todo sistema, necesita no solo de la articulación, sino de la toma de decisiones para que eso se genere. En la institución tenemos claridad justamente de hacia dónde vamos. Entendemos que los desafíos los vamos teniendo simultáneamente a la formación por las prácticas situadas, pero también hay condiciones que responden a regulaciones que el propio Estado, a través del Ministerio que corresponde, de las direcciones que corresponden, tienen que acompañar el proceso.

La reflexión conduce a una cuestión que excede la aprobación de carreras o diseños curriculares. Si el Estado invierte en formar profesionales, sostiene Soria, también resulta necesario observar cuál será la incidencia efectiva de esa formación y qué espacios existen para que esos egresados puedan desarrollarla.

– Me parece que dentro de los desafíos y también adonde vamos apuntando es que nosotros no solo tomamos en cuenta el trayecto, el recorrido de la formación, sino el impacto, la incidencia que va a tener esta formación. Y para que esa formación tenga impacto e incidencia, contribuir hacia la propia estructura que nos contiene a que se generen los espacios. Porque si yo digo como jurisdicción: bien vanguardista la jurisdicción, excelentes profesionales, uno tiene que mirar en perspectiva y en proyección.

El ejemplo que utiliza es concreto y permite observar una problemática que atraviesa a algunas de las carreras artísticas.

– Y en eso de la proyección decimos, un ejemplo claro: Danza y Teatro, que egresan docentes para todos los niveles obligatorios, hoy por hoy tienen mayor claridad de inserción en lo que sería la educación secundaria. Pero en Primaria, en Inicial, ¿cómo podemos hacer para que su implementación sea efectiva?

La pregunta obliga a pensar la formación más allá del momento en que un estudiante recibe su título. Formar docentes en determinadas disciplinas supone también generar condiciones para que esas disciplinas encuentren presencia efectiva dentro del sistema educativo.

CONSTRUIR ACUERDOS HACIA ADENTRO Y HACIA AFUERA

Para Soria, allí aparece otra dimensión de la gestión. Las autoridades deben construir gobernabilidad hacia el interior de la institución, pero también articular con las estructuras superiores de las que el Instituto forma parte.

– Muchas veces en las gestiones uno entiende que nuestra posición como autoridades implica poder generar un ámbito de gobernabilidad hacia el interior con las carreras, con docentes, con estudiantes, con lo administrativo, con lo pedagógico, pero también con respecto a las áreas jerárquicas superiores, que logremos esa armonía institucional, porque es donde se generan los acuerdos.

En esa relación, sostiene, el Crulcich tiene además una trayectoria de producción de conocimiento que le permite intervenir en discusiones curriculares y educativas vinculadas con los campos en los que se especializa.

– Y en términos de construcción de conocimiento, este Instituto siempre, siempre es quien aporta para construir dentro de las áreas y dentro de los campos en los cuales nos vamos especializando para pensar a nivel curricular, a nivel de diseño.

La inversión necesaria para sostener una carrera tampoco corresponde únicamente al Estado. Existe, señala Soria, otra inversión menos visible: la que realiza cada estudiante al dedicar años de su vida a una formación.

– Hay una inversión no solo del Estado, sino también de quien opta por esta formación. Y digo: hay una inversión de tiempo, de estudio. Y también digo: uno contribuye desde lo institucional. Entonces vamos generando los espacios para que esa formación realmente redunde en lo exitoso que puedo dar porque el Estado lo está sosteniendo.

Y allí aparece una definición que conecta la realidad del Instituto con un debate mucho más amplio sobre el sentido de la educación.

– Porque lo que se celebra es que acá se sigue pensando en una educación pública, en una educación gratuita.

UNA EDUCACIÓN PARA LA SENSIBILIDAD Y EL PENSAMIENTO CRÍTICO

Mercado retoma ese concepto, pero lo vincula inmediatamente con la particularidad de las carreras que ofrece el Crulcich. La educación pública garantiza el acceso; después aparece la pregunta acerca de qué tipo de formación se produce dentro de ese espacio.

– Celebramos que en Argentina la educación siga siendo gratuita y de libre acceso y que la Provincia también contemple esa alternativa y que nos contemple, en este caso, como una institución que produce dentro de la diversidad, dentro de la sensibilidad, porque nosotros tenemos que pensar que nuestras carreras a lo que apuntan, principalmente, es a la sensibilización y al desarrollo del pensamiento crítico. Tiene que ver con la esencia misma de quienes se forman acá.

Pensamiento crítico significa también, para Mercado, pensamiento divergente: la capacidad de abandonar respuestas prefabricadas, cuestionar y buscar otros caminos.

– El pensamiento crítico también hace al pensamiento divergente, entonces es cuestionarme, plantearme las cosas de otra manera. Nosotros necesariamente tenemos que tener un índice creativo. Las carreras de producción docente y las técnicas, las que están ligadas al arte, sí o sí necesitan ese condimento de ser creativas porque estás produciendo algo que no existía, y eso también tiene que ver con que somos vanguardistas, tiene que ver con la esencia misma de lo que estamos trabajando, que son las artes.

La vanguardia vuelve así a aparecer, pero ya no vinculada solamente con haber incorporado tempranamente determinadas carreras o prácticas profesionales. Se transforma en una manera de pensar.

– En este sentido nosotros sabemos que pensar diferente también nos pone en una situación donde necesitamos otro tipo de salida, otro tipo de soluciones, necesitamos mirarnos desde otra postura y sabemos que nuestras problemáticas no van a ser igual a las de los demás. No es una institución convencional, es una institución que desde esta mirada, desde lo sensible, desde lo creativo, desde lo crítico, es particular.

Esa particularidad también vuelve más compleja la vida institucional. Pero Mercado no interpreta esa complejidad como algo que deba eliminarse. Por el contrario, entiende que forma parte del mismo campo sobre el que se está educando.

– Esta particularidad también nos hace muy complejos; la institución plantea esas complejidades, pero también es bueno que exista porque es sobre lo que estamos formando. Entonces, si no existiese, no estaríamos formando. Esa dinámica de ser diversos en el pensamiento es la esencia.

El Crulcich aparece entonces como un espacio en el que enseñar una disciplina artística o comunicacional supone inevitablemente enseñar también a construir una mirada. Y cuando se habla de pensamiento crítico, diversidad y capacidad de asumir posiciones frente a la realidad, surge una cuestión inevitable: hasta qué punto educar, comunicar o producir arte implica también posicionarse frente al mundo.

Para Miguel Soria, la respuesta parte de una condición elemental: “somos sujetos políticos”.

PENSAR DIFERENTE, CONVIVIR CON EL OTRO

Hablar de pensamiento crítico conduce inevitablemente hacia una pregunta que atraviesa tanto al arte como a la comunicación y a la educación: qué significa asumir una posición frente a la realidad. Miguel Soria parte para responderla de una definición que puede resultar incómoda si se la interpreta exclusivamente desde la lógica partidaria, pero que adquiere otro sentido cuando se la coloca en el terreno educativo, cultural y social.

– Básicamente porque somos sujetos políticos. Necesariamente tenemos una intervención, tenemos una percepción, tenemos un posicionamiento, tenemos una postura. Cuando yo digo un enfoque es un posicionamiento político que tengo en torno al desarrollo de la formación, al desarrollo cultural, al desarrollo social.

Lorena Mercado lleva esa reflexión hacia el terreno del arte. Una producción artística puede asumir una posición crítica, convertirse en resistencia, formular preguntas o simplemente expresar una determinada manera de observar aquello que ocurre.

– Es una herramienta, y vos a una herramienta la podés utilizar como un espacio de resistencia, pero puede ser también un espacio de crítica, puede ser un espacio de planteamiento, de posicionamiento. Podés utilizar al arte como una herramienta, podés ir por cualquier camino.

Pero posicionarse no significa que todos deban asumir la misma posición. Soria introduce allí una distinción fundamental: el pensamiento crítico no conduce necesariamente hacia un pensamiento homogéneo. Cada persona interpreta el mundo desde una biografía que comenzó a construirse mucho antes de ingresar a una institución educativa.

– Puede ser crítica como sujeto político, pero no siempre están alineados en la crítica dentro del pensamiento. Uno arrastra dentro de su biografía un constructo que es mi entorno, mi contexto, mi familia, mi crianza, mi formación, quiénes fueron los docentes que impactaron en mi trayecto formativo, académico, y a partir de ahí lo hago. Eso es lo que marca la diversidad y en la diversidad uno inmediatamente pone en juego lo creativo, porque es una manera que tengo de sostener, fugar, cambiar. Son todas cuestiones que nos permiten crecer.

La diversidad supone, sin embargo, una condición indispensable para poder transformarse en construcción colectiva: reconocer al otro incluso cuando piensa de manera diferente.

– Me parece que lo que sí tiene que ser transversal para las formaciones, sea cualquiera el nivel, es el respeto en el hecho de decir: “Está bien, puedo no coincidir”, pero no implica invalidar. Lo común va a ser que podamos cohabitar, habitar. Uno tiene que exteriorizar para poder construir, porque lo que no digo queda, y cuando lo quiera decir a lo mejor no sea la forma, y en lugar de generar un avance, genera más situaciones caóticas para poder reconfigurar un espacio, un vínculo. Ahí está la complejidad.

En el arte, esa relación entre lo individual y lo colectivo adquiere características todavía más particulares.

– El que hace arte, dependiendo del tipo de lenguaje, disciplina, es muy personal; puedo hacer un trabajo grupal, pero es el encuentro entre uno con el material, entre uno con las herramientas, entre uno y el pensamiento. Puedo hacer una muestra colectiva, sin duda, pero no deja de estar en cada uno su propio ser, su propio pensamiento. La dinámica que se genera aquí nos hace ser como un electro. Por eso son pulsaciones de vida el arte; eso que vamos viendo nos permite ir teniendo los momentos y los indicadores.

Para Soria, esa dinámica obliga también a pensar de otra manera la gestión educativa: no alcanza con administrar aquello que ya sucede; es necesario intentar comprender los cambios para poder anticipar respuestas.

-Las gestiones hoy son inteligentes no solo por las tecnologías, sino porque logran anticipar para poder proyectar en torno a las dinámicas de la institución. Y acá son 12 carreras, 12 mundos. Aun cuando yo como profe puedo estar en una carrera u otra. Eso también hace que uno vaya desarrollándose profesionalmente.

“EL NO PERFIL ES EL PERFIL”

La diversidad aparece una y otra vez durante la conversación. No como una categoría abstracta, sino como una característica cotidiana del Instituto. Cuando se le pregunta a Mercado si existe algo que permita reconocer un perfil particular del estudiante del Crulcich, la rectora responde invirtiendo la pregunta.

Creo que el no perfil es el perfil, porque no hay un único perfil. Acá la dinámica es la diversidad misma. Esa es la característica: si es diverso, es del Crulcich.

La formación artística y comunicacional trabaja precisamente con aquello que diferencia a una persona de otra. La singularidad no constituye un elemento que deba ser corregido para ajustarse a un modelo; puede convertirse en materia prima para construir una identidad profesional.

– Tiene que ver con eso, con que se toma esta cuestión personal como insumo de la formación, porque creo que todas las carreras tienen rasgos personales, todos los estudiantes tienen un rasgo de personalidad que es necesario. Vuelvo a lo creativo: creativamente un locutor se tiene que construir para ser diferenciado del resto de los locutores. Entonces, de eso se trata. Acá no tenemos esta cuestión de “me tengo que parecer”, porque cuanto más distante esté mi propuesta del otro, salvo en lo que tiene que ver con el dictado de clases, que esa es una estructura que no la podemos evadir, más se construyen las personalidades. Creo que la diversidad es lo que nos identifica.

Soria encuentra la misma diversidad entre quienes eligen la formación docente en arte. No existe tampoco una única relación posible entre ser artista y ser docente.

– Hay quienes compatibilizan al docente con el artista, hay quienes tienen mucha más injerencia artística que enriquece lo pedagógico, hay de acuerdo a las inquietudes que pueden presentar, pero esta institución da respuesta a esas inquietudes y da respuesta a la diversidad. Por eso hablamos siempre de que esta institución es inclusiva, que yo puedo encontrar mi lugar acá, puedo hacerme un lugar también. Acá hay realmente un trato de comunidad educativa y también cobra centralidad, sobre todo, el estudiante, entendiendo que uno es en función de ellos.

SIEMPRE HAY OTRO

En una época atravesada por pantallas, plataformas, virtualidad y nuevas formas de comunicación, Mercado encuentra en las carreras del Instituto una característica que considera imposible de sustituir: detrás de cualquier práctica educativa, artística o comunicacional continúa existiendo una relación humana.

– Desde el hecho de que este es un profesorado que plantea el trabajo con el otro, ya vamos en lo opuesto. Aunque la tecnología nos atraviese con la virtualidad, en una clase dictada o tomada, o futuros docentes que puedan trabajar en la virtualidad, siempre hay un otro en la conexión.

La frase adquiere una dimensión mayor cuando la rectora piensa en aquello para lo que realmente se está preparando una persona que decide ejercer la docencia.

– Más allá de qué es lo que enseñás, porque puede partir de esto sensible que es el arte, pero vos estás planificando una vida, y te estás preparando para una vida donde siempre va a haber un otro que va a estar esperando algo de vos. Entonces la conexión con el otro, la humanidad en esa conexión, es constante y de alguna manera tiene un poco de alejamiento con esto de la soledad, de lo que plantean las nuevas formas de comunicación.

No se trata de rechazar la tecnología ni de imaginar que una institución puede mantenerse al margen de los cambios que atraviesan a la sociedad. El desafío, nuevamente, consiste en incorporarlos sin perder aquello que constituye la esencia del vínculo educativo y comunicacional.

– No quiero decir que no pertenecemos a esta etapa, a esta era tecnológica, o que estamos alejados, que somos totalmente diferentes. Pertenecemos a eso también y también son dinámicas que se van incluyendo en nuestro día a día, formas de comunicación nuevas, interinstitucionales. Estamos formando para que nuestros futuros profesionales se encuentren en esa dinámica social, pero el aporte siempre va a estar desde la comunicación con el otro. Tenemos esta particularidad de que vamos a estar trabajando con un otro continuamente, con muchos otros.

Esa relación con los demás también está atravesada por la sensibilidad. Para Mercado, arte y comunicación comparten la posibilidad de modificar no necesariamente la realidad observada, sino la manera de observarla.

– Todo lo que tiene que ver con el arte, y la comunicación también, está relacionado a esta mirada sensible que me permite analizar las cosas desde otro lado. De esto se trata: es mirar las cosas desde otro lado; permitir mirar las cosas desde otro lado.

La historia del arte ofrece, sostiene, innumerables ejemplos de esa operación. Una misma realidad puede producir interpretaciones, procedimientos y lenguajes completamente diferentes.

– Toda la historia del arte nos cuenta de procedimientos que se diferenciaron a partir de una relectura y una lectura diferente de la misma realidad. Entonces, no es que la realidad cambió, la realidad sigue siendo la que nos atañe a todos, pero el eje pasa por cómo la mirás, cómo aportás, cómo te sensibilizás con esto, cómo la estructurás para decir: “Yo voy a aportar desde este lado, yo la voy a cuestionar, yo voy a tomar esto”.

Y esa libertad también supone evitar una lectura reduccionista del arte como una actividad cuya única función sea cuestionar.

– No solamente se trata de que arte es igual a crítica, sino que arte puede tener esa faceta, pero también puede tener la otra de decirte: “Bueno, yo solamente voy a definir qué es bello para mí”. Tiene una libertad que se vive en el día a día, porque nuestras aulas, nuestros pasillos, nuestras conversaciones y nuestras experiencias dentro de la institución son constantemente puestas en esa libertad de experimentar la realidad de una manera distinta.

DIVERSIDAD, CREATIVIDAD Y COMUNIDAD

Soria encuentra en la creatividad una herramienta que permite reunir varios de los conceptos que fueron atravesando la conversación. Crear no es únicamente producir una obra. También significa imaginar una estrategia diferente frente a un problema, encontrar otra manera de enseñar o generar las condiciones para que alguien pueda construir su propia respuesta.

– Me parece que lo creativo posibilita enfrentar los desafíos. Justamente el poder desarrollar ese aspecto en una formación, generando las estrategias que corresponden, me va a permitir enfrentar, abordar y desandar el desafío. En este sentido lo creativo contribuye mucho.

La idea adquiere especial importancia en la formación docente. La tarea no consiste en conseguir que el estudiante reproduzca la creatividad de quien enseña, sino en ayudarlo a encontrar la propia.

– Uno es creativo al momento de plantear todo aquello a nivel curricular que puede generar en el otro, porque uno trabaja con y para, dentro de lo que elegimos; trabajo con un otro, pero también para el otro, cuyo encuadre me va a permitir planificar, proponer, generar estrategias para que ese aspecto creativo no sea una réplica, sino una posibilidad para que el otro pueda desarrollar la suya, y en ese proceso ir comprendiéndola y compartiéndola.

La diversidad deja entonces de ser solamente una característica y se convierte en una exigencia pedagógica.

Eso marca que al poner la centralidad en estar con y también trabajar por y para el otro, nos habla de la diversidad, de este enfoque en el cual todos tenemos diferentes maneras de llegar a, y el respeto porque eso sea posible, diseñando estrategias, hace que el otro cobre centralidad. Y en eso de la diversidad uno logra creativamente, con propuestas que sean significativas, innovadoras y desafiantes, incluir.

Soria sintetiza esa concepción en tres palabras:

– Diversidad, creatividad y comunidad. Esto nos permite pensarnos, constituirnos y construirnos como comunidad, en este caso educativa, que trasciende la formación docente, que trasciende la formación técnica, porque impacta creativamente en lo social, en lo cultural, en lo político. Todos nos posicionamos y esa incidencia es clave.

LA EDUCACIÓN COMO DECISIÓN Y COMO DERECHO

Esa comunidad educativa no existe aislada de las decisiones que permiten sostenerla. Soria destaca que, en un contexto complejo para el sistema educativo, la continuidad de estas formaciones constituye también una definición respecto del lugar que ocupan la educación, el arte y la cultura.

– Aquí hay algo claro que me parece importante y es que la jurisdicción apuesta también. Eso a nosotros, como gestión, nos da esa posibilidad de poder pensar y construir, porque uno dice: “Nos siguen sosteniendo”. La educación, la formación, el sistema, está siendo muy vapuleado y que a nivel Provincia digan “vamos a sostener estas formaciones, vamos a habilitar estos espacios” es bueno. La Provincia sigue manteniendo las modalidades educativas. Aquí hay campo de conocimiento, hay un derecho al cual debo acceder y que lo contemplen en la Constitución de la Provincia da cuenta de que realmente vamos alineados en el pensamiento con respecto a qué consideramos no solo de la formación, sino del arte, de la cultura.

Pero cuando la conversación parece aproximarse a las grandes definiciones sobre políticas educativas, Mercado devuelve la mirada hacia una escena mucho más pequeña: un docente, un estudiante y una clase. Allí, sostiene, puede jugarse algo que muchas veces permanece invisible.

– En muchas circunstancias me tocaba explicar esto que es invisible en la docencia, que tiene que ver con la oportunidad del otro. Nosotros como docentes tenemos una enorme responsabilidad, no solamente desde las áreas especiales como estas, sino en la docencia en general. Nosotros tenemos la posibilidad de construir o no hacerlo.

La responsabilidad se vuelve todavía más evidente cuando las trayectorias educativas están atravesadas por desigualdades y dificultades que ninguna institución puede desconocer.

– La oportunidad que tiene un chico que por ahí nos toca, que viene eventualmente a clase porque su realidad es muy difícil o muy diversa respecto de los demás que pueden asistir, si nosotros no estamos a la altura de darle una experiencia que sea valorable y que él pueda decir “me sirvió haber ido a esa clase”, es una responsabilidad enorme.

La afirmación permite volver, finalmente, al principio sobre el que se sostienen todas las demás discusiones. Puede debatirse qué enseñar, con qué tecnologías, mediante qué diseños curriculares, en qué instituciones y para qué profesiones. Pero existe una condición anterior a todas ellas: que alguien pueda acceder a esa experiencia educativa.

Soria la sintetiza:

– Hay que poner en valor esta decisión de decir: acá en La Rioja se continúa sosteniendo, pero también hay una Ley de Educación Nacional que sostiene algo que es clave y que un poco nos va marcando el rumbo. La educación es un derecho y, como derecho, en este caso nosotros somos garantes.

Tal vez allí pueda encontrarse también una manera de leer los 41 años del Crulcich. La institución nació para cubrir una ausencia: ofrecer a quienes se formaban en el arte la posibilidad de continuar estudiando en La Rioja. Después llegaron nuevas disciplinas, la comunicación, otras tecnologías, generaciones diferentes de estudiantes y docentes y un mundo profesional que no dejó de transformarse.

Cuatro décadas después, las preguntas son necesariamente otras. Pero detrás de muchas de ellas permanece aquella idea inicial: crear una oportunidad donde antes no la había.

Ser vanguardista, entonces, quizá no consista únicamente en adelantarse al tiempo. También puede significar estar suficientemente atento al presente como para reconocer aquello que está cambiando y suficientemente cerca de los otros como para comprender qué necesitan.

Porque si algo atraviesa las voces de Mercado y Soria es que educar no consiste solamente en formar artistas, comunicadores, técnicos o docentes. Supone formar personas capaces de crear, de pensar críticamente, de convivir con la diferencia y de intervenir sobre una realidad compartida.

Después de 41 años, aquel “faro de cultura” continúa encendido. No para señalar una única dirección, sino, precisamente, para permitir que cada uno pueda encontrar la propia.

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