José Luis Cancio: “La idea es transformar el horror en un propósito ético”

El guionista de “La masacre de Flores”, la miniserie documental estrenada el 22 de octubre por HBO Max, habla sobre los desafíos de reconstruir uno de los crímenes más estremecedores de la historia argentina reciente. A partir de una investigación que recorrió tres décadas de impunidad, persecución y reclamos de justicia, la producción recupera la historia de Matías Bagnato, el único sobreviviente, y su decisión de convertir una tragedia personal en una lucha colectiva por los derechos de las víctimas.

Hay historias que se resisten a quedar definitivamente encerradas en los expedientes judiciales, en las páginas policiales de los diarios o en los archivos de la televisión. La de Matías Bagnato es una de ellas. Tenía apenas 16 años cuando, el 17 de febrero de 1994, un incendio intencional en una vivienda del barrio porteño de Flores terminó con la vida de cinco integrantes de su familia y lo dejó enfrentado a una ausencia imposible de dimensionar. Pero aquella noche, que marcó para siempre su existencia, fue apenas el comienzo de una historia que se prolongaría durante tres décadas, atravesada por amenazas, persecuciones, decisiones judiciales y una búsqueda de justicia que terminó convirtiéndose también en una causa colectiva.

Desde el pasado 22 de octubre, esa historia puede verse en HBO Max a través de “La masacre de Flores”, una miniserie documental producida por 100 Bares, con la participación de Juan José Campanella y la dirección de Augusto Tejada. La producción recupera no solamente las circunstancias del crimen y sus consecuencias, sino también el recorrido de quien sobrevivió y debió aprender a construir una vida después de haberlo perdido casi todo. Para hacerlo, sus realizadores trabajaron con cientos de horas de investigación, archivos televisivos, documentación judicial y testimonios directos, en un intento por encontrar una perspectiva capaz de trascender aquello que durante años se contó en los medios de comunicación.

José Luis Cancio fue uno de los responsables de convertir ese extenso y doloroso material en un relato audiovisual. Guionista y documentalista con una larga trayectoria en la reconstrucción de historias reales, compartió la escritura de la serie con Ana Paula Bello y asumió un desafío que, según reconoce, resultó particularmente complejo por la magnitud de la violencia y por las múltiples dimensiones que fue adquiriendo el caso con el paso del tiempo. En diálogo con 1591 Cultura + Espectáculos, el suplemento de NUEVA RIOJA, Cancio reflexiona sobre el trabajo de investigación, las dificultades de narrar una tragedia conocida, las responsabilidades éticas del género true crime y el lugar que puede ocupar el documental frente a las imperfecciones de la justicia. Sobre todo, propone mirar más allá del crimen para descubrir una historia de supervivencia, memoria y resistencia que todavía tiene mucho para decir.

UNA HISTORIA QUE TODAVÍA TENÍA MUCHO PARA CONTAR

Durante más de tres décadas, la masacre de Flores ocupó un lugar recurrente en los medios de comunicación argentinos, aunque buena parte de su historia permaneció atravesada por interrogantes, decisiones judiciales y una persecución que se prolongó mucho después de aquella noche de noviembre de 1994. Para José Luis Cancio, el desafío de escribir la serie no consistió solamente en reconstruir un crimen conocido, sino en encontrar una perspectiva que permitiera comprender todo lo que ocurrió después. La investigación, los expedientes judiciales, los testimonios y el material de archivo fueron las herramientas para construir un relato cuyo verdadero centro terminó siendo la experiencia de Matías Bagnato.

¿Cómo surgió la posibilidad de participar como guionista en La masacre de Flores y qué fue lo primero que te movilizó de esta historia cuando comenzaste a trabajar en ella?

La posibilidad de participar como guionista en esta miniserie fue gracias a la producción ejecutiva de Juan José Campanella y Martino Zaidelis, de 100 Bares Producciones, que gentilmente me invitaron a trabajar en el proyecto. Lo que más me interesó de esta historia es el cerco de impunidad y los vacíos judiciales que rodearon al caso durante tres décadas

La masacre de Flores ocurrió hace más de treinta años, tuvo una enorme repercusión pública y su único sobreviviente, Matías Bagnato, ha relatado en numerosas oportunidades lo sucedido. ¿Qué encontraron en esta historia que todavía necesitaba ser contado? ¿Desde qué lugar decidieron abordarla?

Lo que más nos atrajo de la historia era como un criminal, tras recuperar la libertad, regresaba a su modus operandi delictivo en lugar de rehacer su vida. El punto de vista que decidimos adoptar fue el de Matías, un Matías que enfrentó a la persecución. Matías representa como alguien puede transformar algo horroroso y terrible en un combustible para buscar justicia. Su ejemplo no se limita a solamente ser “el sobreviviente de la Masacre de Flores”. A través de su activismo mediático, resignificó su tragedia en una historia de superación.

¿Cómo comienza el proceso de escritura de una serie documental de estas características?¿Se parte de una investigación previa, de los testimonios de los protagonistas o de una primera estructura narrativa que luego se va modificando?

El proceso de escritura se basó en cientos de horas de investigación aportadas por Matías y testigos directos del caso, recopiladas por la periodista Mariana Montero y coordinado por la productora ejecutiva Ana Paula Bello. Al mismo tiempo, accedimos a la causa judicial, a la investigación policial del caso y a decenas de horas de material de archivo televisivo de cuando ocurrió la masacre.

¿Qué fue lo más difícil de resolver desde el guion: reconstruir el crimen, ordenar más de tres décadas de acontecimientos o encontrar una manera de contar la experiencia de alguien que tuvo que seguir viviendo después de semejante tragedia?

Reconstruir el crimen fue muy complejo porque la historia tenía varias capas a lo largo de tres décadas, pero lo más complicado fue catalizar la experiencia de Matías, su testimonio como sobreviviente y el motor de todo lo que vino después.

¿Hubo algún testimonio, documento o descubrimiento durante la investigación que modificara especialmente tu mirada sobre lo ocurrido o que terminara cambiando el rumbo del relato?

No especialmente, pero al acceder a la causa descubrimos que el móvil de Fructuoso Álvarez González iba más allá del económico, fue una persecución digna de un psicópata a los largo de años, un verdadero calvario que Matías tuvo que soportar y llevar adelante.

EL DOLOR AJENO Y LOS LÍMITES DEL RELATO

Contar una historia verdadera supone tomar decisiones que van más allá de la estructura narrativa. Mucho más cuando se trata de una tragedia que dejó víctimas, heridas persistentes y un sobreviviente que durante años debió reconstruir públicamente lo que le había sucedido. En un género como el true crime, donde el interés por los hechos criminales convive con las exigencias del espectáculo, esas decisiones adquieren una dimensión particular. Cancio habla de las dificultades de separar el acontecimiento real de su representación mediática, del peso de los recuerdos y de la necesidad de preservar la identidad y la voz de quienes sufrieron las consecuencias del crimen.

Matías Bagnato lleva buena parte de su vida contando públicamente lo que le sucedió. ¿Cómo se trabaja con una historia que ya ha sido narrada tantas veces por su propio protagonista? ¿Cómo se encuentra una nueva forma de contarla sin perder su voz?

Separar el discurso mediático del suceso real, fue lo más cdifícil. Que un hecho criminal extraordinario sea contado continuamente en los medios no quita que ese evento siga siendo sorprendente de por sí. Los relatos policiales cotidianos que consumimos a diario en las redes y medios tradicionales son atractivos y potentes, pero también son efímeros. Dos o tres meses después de un crimen suceden otros y entonces ocurre lo inevitable, casi nadie se acuerda del anterior. Al contar la historia en esta miniserie para HBO, el objetivo es convertirlo en una historia policial única y especial. Una serie emocionante que pueda ser vista por cualquier espectador.

Han pasado más de treinta años desde aquella noche de noviembre de 1994. ¿Qué cambia en la reconstrucción de una historia cuando ha transcurrido tanto tiempo? ¿La distancia permite comprender mejor lo sucedido o también aparecen dificultades relacionadas con los recuerdos, los silencios y las distintas versiones de los hechos?

En un True Crime siempre aparecen dificultades relacionadas con la memoria, pero en la miniserie lo aplicamos para expresar la imperfección de la justicia argentina. Dado que en la vida real rara vez existe un narrador, salvo los testigos en los juicios. Entonces decidimos usar este recurso para estructurar el relato de Matías apoyados por su abogada, el fiscal de la causa, el juez y diferentes testigos directos.

En tiempos en los que el true crime se convirtió en un género de enorme consumo, ¿cómo se evita que una tragedia real termine reducida al impacto del crimen? ¿Dónde aparecen los límites éticos a la hora de escribir y representar el dolor ajeno?

En La Masacre de Flores el misterio de quién cometió el delito es secundario frente a la exploración de la psicología criminal y los detonantes sociales. Uno de los propósitos del género es actuar como un contrapeso del poder. Se expone de forma crítica cierta incompetencia policial y judicial. En este caso, se suma la historia de Matías que tuvo una vida increíble a partir del crimen.

¿Hubo situaciones, testimonios o aspectos de la historia que decidieron dejar fuera de la serie? ¿Cómo se establece qué es necesario contar y qué es preferible preservar?

El objetivo siempre fue devolver la identidad y la voz a quienes sufrieron este daño irreparable que cometió Fructuoso Álvarez González.

La serie cuenta con la producción de Juan José Campanella y la dirección de Augusto Tejada. ¿Cómo fue el trabajo conjunto y de qué manera se fue definiendo la perspectiva desde la cual contar esta historia?

Augusto Tejada realizó un trabajó impresionante. Realizó cientos de horas de recreaciones y de selección de material de archivo. Juan se encargó de supervisar la serie por completo, junto a Matías Zaidelis, y del corazón de toda la trama: conversar con Matías durante dos días y a partir de esa charla extraer los fragmentos de sus testimonios.

LA MEMORIA COMO UNA FORMA DE JUSTICIA

La muerte de Fructuoso Álvarez González en 2023 marcó el final de una persecución que había condicionado durante años la vida de Matías Bagnato, aunque no significó el cierre de una historia que todavía encuentra nuevas formas de ser contada. En las reflexiones de Cancio aparece entonces otra dimensión del trabajo documental: su capacidad para interrogar el funcionamiento de la justicia, recuperar la memoria de las víctimas y mantener abiertas ciertas preguntas colectivas. Después de haber participado en la escritura de una serie particularmente exigente, el guionista vuelve sobre su propia experiencia y sobre la posibilidad de encontrar, incluso frente a los acontecimientos más dolorosos, un propósito que trascienda la reconstrucción de los hechos.

La muerte de Fructuoso Álvarez González en 2023 marcó un punto de inflexión en la vida de Matías Bagnato. ¿Creés que ese acontecimiento también modificó las posibilidades de narrar esta historia y de pensar su significado después de tantos años?

Sí, dado que la historia se prolongó durante tres décadas. Matías pasó por muchas cosas terribles después del crimen. Por lo tanto, había que unir todas las piezas para darle un sentido.

Tu trayectoria está vinculada desde hace mucho tiempo con el documental y la reconstrucción de historias reales. ¿Qué particularidades tuvo este proyecto respecto de otros trabajos tuyos? ¿Hubo algo que te obligara a revisar tus propias herramientas como guionista?

Para mí, esta miniserie fue un desafío. Ya había escrito un par de True Crimes pero nunca me había tocado un caso de tanta violencia y magnitud. Junto con la otra guionista de la serie, Ana Paula Bello, tuvimos que leer la causa y mirar cientos de notas periodísticas televisivas. Me siento satisfecho, espero que les guste.

¿Qué puede aportar una serie documental a la memoria colectiva que no hayan aportado las coberturas periodísticas, los testimonios televisivos o las investigaciones judiciales realizadas durante estas tres décadas?

Una serie como La masacre de Flores busca convertir al espectador en un participante de la historia. Al brindar testimonios para presentar perspectivas contradictorias, le pedimos al público a cuestionar sus nociones de justicia. El objetivo es que la conversación sobre lo que le pasó a Matías continúe en la sociedad mucho después de ver la serie.

Trabajar durante tanto tiempo con una historia atravesada por la violencia, la pérdida y el sufrimiento supone también una experiencia para quienes deben investigarla y escribirla. ¿Cómo se convive cotidianamente con ese material? ¿Es posible establecer una distancia emocional o hay historias que inevitablemente terminan acompañándolo a uno más allá del trabajo?

La idea, al menos para mí, es concentrarme en la justicia. Al enfocar la escritura del guion como una labor de justicia y de visibilización de las víctimas, intento transformar el horror en un propósito ético.

Cuando alguien termine de ver La masacre de Flores, ¿qué te gustaría que se llevara de esta historia? ¿Qué reflexión creés que debería permanecer una vez que hayan pasado la conmoción y el impacto de los acontecimientos narrados?

El objetivo de La masacre de Flores es compartir la historia de Matías, su dolor y su conversión para luchar contra Fructuoso. Es una historia sobre la supervivencia y resiliencia. Muestra cómo Matías, habiéndose quedado solo a los 16 años, logró construir una nueva familia a través de los vínculos y el amor de la gente, transformando todo en una lucha colectiva por los derechos de las víctimas.

La historia de Matías Bagnato parece resistirse a cualquier punto final. Han pasado más de treinta años desde aquella noche en Flores y, aunque el tiempo modificó las circunstancias, dejó atrás algunas amenazas y permitió reconstruir una vida allí donde parecía imposible hacerlo, todavía quedan preguntas que interpelan a la justicia y a una sociedad acostumbrada a que las tragedias se sucedan, ocupen durante un tiempo las pantallas y terminen perdiéndose en el olvido. Quizás allí resida uno de los sentidos más profundos de La masacre de Flores: devolverle a una historia conocida la dimensión humana que muchas veces se diluye detrás de los titulares policiales. En las palabras de José Luis Cancio, el trabajo de contar también puede convertirse en una forma de reparar, de preservar la memoria y de mantener viva una discusión necesaria. Porque, finalmente, lo que permanece no es solamente el recuerdo de aquella violencia, sino la decisión de un hombre que, después de perder casi todo, encontró en la búsqueda de justicia y en el afecto de los otros una manera de seguir adelante. Y acaso sea esa persistencia, mucho más que el horror de lo ocurrido, la que merezca ser contada una y otra vez.

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