Andrea Bustamante: “Entre la chaya y la chacarera encontré mi propia voz”

La cantante riojana, radicada desde hace más de dos décadas en Santiago del Estero, construyó una identidad musical en la que conviven las raíces de su tierra natal y la tradición folclórica de la provincia que la adoptó. Tras su reciente paso por La Rioja, repasa sus comienzos en el Festival Nacional de la Chaya, la experiencia de abrirse camino lejos de casa, la edición de “Mensaje pal’ corazón” y el presente de una artista que se anima al desafío de componer sus propias canciones.
Andrea Bustamante pasó hace poco por La Rioja traída, una vez más, por la música. También regresó para encontrarse con su familia y con ese mundo que, pese a la distancia y al paso de los años, continúa definiendo buena parte de su identidad. Volver a cantar en su provincia natal no representa para ella una presentación más: significa regresar al territorio donde descubrió su vocación, aprendió a sentir el folclore antes incluso de pensarlo como una profesión y, con apenas 15 años, subió al escenario del Festival Nacional de la Chaya para comenzar una historia que todavía continúa.Nacida el 23 de diciembre de 1983, Andrea creció en una casa atravesada por las guitarras, el baile, las reuniones familiares y las expresiones populares. Primero fue la danza; después, casi naturalmente, llegó el canto. Aquella adolescente que recorría peñas y concursos obtuvo una consagración en el festival más importante de la provincia y comprendió que lo que hasta entonces había sido un sueño podía transformarse en una forma de vida. La chaya dejó de ser solamente una celebración de febrero para convertirse en una raíz profunda, una manera de cantar, recordar y reconocerse.

La vida la llevó posteriormente a Santiago del Estero. Llegó con la identidad riojana a cuestas y debió abrirse camino dentro de una provincia que respira folclore durante todo el año. No fue un proceso inmediato ni sencillo. Durante sus primeros tiempos fue “la riojana” que intentaba encontrar un lugar entre músicos, peñas y escenarios santiagueños. Con los años, sin embargo, el monte, la chacarera, el bombo y los patios pasaron a formar parte de su mundo afectivo y musical. Ya no hubo necesidad de elegir: Andrea encontró su voz precisamente en la convivencia entre ambas geografías.

Esa doble pertenencia quedó plasmada en “Mensaje pal’ corazón”, su primer disco solista, publicado en 2020. En sus once canciones conviven la chaya, la chacarera, el chamamé, la cueca, el gato, el escondido y la canción. También se encuentran autores, paisajes y sensibilidades de las dos provincias que marcaron su vida. El álbum apareció en plena pandemia y debió esperar dos años para ser presentado ante el público, mientras sus canciones circulaban casi exclusivamente por plataformas digitales y redes sociales.

Su trayectoria se construyó, además, en distintos espacios colectivos. Integró Ñañaspura, Soles y Lunas, el Movimiento Música de Mujeres de Santiago del Estero, Las Cumparsitas Colectiva y el proyecto federal Cantoras.ar. También transitó escenarios como los festivales de la Chaya y la Salamanca, las peñas de Cosquín y el espectáculo Circo Criollo, de Raly Barrionuevo. Hoy, acompañada especialmente por Oscar Gorosito -su compañero de vida, guitarrista y sostén de sus proyectos-, atraviesa un momento de madurez y prepara un nuevo material en el que busca dar un paso decisivo: dejar de ser únicamente la voz de las historias de otros y comenzar a cantar también las propias.

EL REGRESO A LA RIOJA

Hay regresos que no se miden por la distancia recorrida, sino por todo lo que despiertan. Para Andrea, volver a La Rioja supone reencontrarse con una memoria hecha de sonidos, aromas, patios y vínculos familiares. Es regresar al lugar donde comenzó su historia, pero también observar desde el presente cuánto cambiaron la provincia y aquella joven que un día partió rumbo a Santiago del Estero.

Su vínculo con la cultura riojana nunca se interrumpió. La chaya continuó formando parte de su repertorio y La Rioja siguió apareciendo en sus presentaciones, aun cuando su carrera se desarrollara principalmente fuera de la provincia. Sin embargo, permanece un deseo: que esos regresos no estén limitados al calendario de febrero y que su música pueda recuperar una presencia más frecuente en los escenarios de su tierra.

HACE MUY POQUITO ESTUVISTE NUEVAMENTE EN LA RIOJA. ¿QUÉ TE TRAJO ESTA VEZ A LA PROVINCIA Y CÓMO VIVISTE ESTE REGRESO?

Volví para una presentación y para visitar a mi familia. Me trajo la música, como siempre. Cada vez que La Rioja me llama, voy. Viví este regreso con mucha emoción, porque volver a cantar en mi tierra siempre me mueve el piso.

DESPUÉS DE TANTOS AÑOS RADICADA EN SANTIAGO DEL ESTERO, ¿QUÉ SENSACIONES APARECEN CADA VEZ QUE VOLVÉS?

Vivo en Santiago hace más de 20 años, pero cada vez que vuelvo siento dos cosas a la vez. Por un lado, vuelvo a casa, a los olores, a la siesta, a la calle de mi infancia. Por otro, encuentro una provincia distinta, que creció, que cambió, y yo también cambié.

¿HAY LUGARES, PERSONAS, SONIDOS O COSTUMBRES QUE INEVITABLEMENTE TE CONECTAN CON TU INFANCIA?

Sí, todo. El sonido de la chaya en febrero, el olor a albahaca, el patio de mi casa, la voz de mi familia. Mi familia es música y folclore, así que con una guitarreada ya estoy de nuevo en mi infancia.

¿CÓMO ES HOY TU VÍNCULO CON EL AMBIENTE MUSICAL Y CULTURAL RIOJANO?

Mi vínculo sigue intacto, aunque a la distancia. Sigo cantando chaya, sigo nombrando a La Rioja donde voy. Siento que mi gente me reconoce, me quiere, y eso para mí vale muchísimo.

¿TE GUSTARÍA RECUPERAR UNA PRESENCIA MÁS SOSTENIDA EN LOS ESCENARIOS DE LA RIOJA?

Me encantaría. Es una cuenta pendiente amorosa. Me gustaría volver a sonar más seguido allá, no solo en la Chaya, sino durante todo el año.

LA INFANCIA Y EL NACIMIENTO DE UNA CANTORA

Antes de que existieran los discos, los festivales y los viajes, estuvo la casa familiar. Allí, el folclore no era una actividad separada de la vida cotidiana, sino una presencia constante: las guitarras, los bailes y las reuniones fueron formando su sensibilidad mucho antes de que pudiera imaginar una carrera artística. La danza le enseñó a relacionarse físicamente con el ritmo y a comprender que una canción no se interpreta solamente con la voz: también se pisa, se recorre y se habita.

El momento fundacional llegó a los 15 años, cuando subió al escenario del Festival Nacional de la Chaya y alcanzó la consagración. Para una adolescente que venía recorriendo peñas y concursos, aquel reconocimiento significó mucho más que una distinción: le permitió nombrarse por primera vez como cantora y pensar que su vocación podía convertirse en un proyecto de vida. Desde entonces, la Chaya quedó asociada tanto al comienzo profesional como a una manera profundamente riojana de encontrarse y celebrar.

NACISTE EN LA RIOJA Y CRECISTE DENTRO DE UNA FAMILIA VINCULADA CON LA MÚSICA Y EL FOLCLORE. ¿CÓMO ERA ESE AMBIENTE?

Nací en La Rioja y crecí en una casa donde se respiraba folclore. Mi familia es música y folclorista. Había guitarras, bailes y juntadas.

ANTES DE CANTAR, BAILABAS FOLCLORE. ¿QUÉ TE ENSEÑÓ LA DANZA?

La danza me enseñó todo: a escuchar el ritmo con el cuerpo, a pisar la tierra, a entender que una canción no solo se canta, sino que se habita.

¿EN QUÉ MOMENTO DESCUBRISTE QUE LA VOZ PODÍA CONVERTIRSE EN TU FORMA PRINCIPAL DE EXPRESIÓN?

Fue muy natural. Bailaba y, en algún momento, me animé a cantar. Cuando canté, sentí que ahí podía decir lo que sentía.

A LOS 15 AÑOS DEBUTASTE PROFESIONALMENTE EN EL FESTIVAL NACIONAL DE LA CHAYA. ¿CÓMO LLEGASTE A AQUEL ESCENARIO?

A los 15 años subí al Festival Nacional de la Chaya y salí consagración. Llegué porque venía cantando en peñas y concursos. Recuerdo los nervios, el poncho, la harina y esa sensación de que algo grande empezaba.

¿QUÉ RECONOCIMIENTO RECIBISTE CONCRETAMENTE Y QUÉ CAMBIÓ EN TU VIDA A PARTIR DE ENTONCES?

Esa consagración fue todo. Para una chica de 15 años, que te reconozcan en el festival más importante de tu provincia es un empujón enorme. A partir de ahí empecé a decir: “Yo quiero vivir de esto, soy cantora”.

¿QUIÉN ERA AQUELLA ANDREA DE 15 AÑOS?

Era una adolescente llena de sueños, con mucha inocencia y muchas ganas. No tenía tanta conciencia de una carrera; era más el sueño de cantar.

¿QUÉ LUGAR OCUPA LA CHAYA EN TU IDENTIDAD?

La Chaya para mí no es solo un festival. Es mi identidad. Es una manera riojana de estar en el mundo, de celebrar, de encontrarse y de jugar.

ENTRE LA RIOJA Y SANTIAGO DEL ESTERO

Instalarse en Santiago del Estero implicó entrar en otro de los grandes territorios musicales del país. Andrea llegó con respeto y con la voluntad de aprender, pero también con el desafío de hacerse escuchar en un ambiente de enorme tradición, poblado de músicos, familias y repertorios que forman parte central de la historia del folclore argentino. Durante los primeros años tuvo que trabajar para dejar de ser solamente “la riojana” recién llegada y construir un lugar propio.

En ese proceso fueron fundamentales las manos que se tendieron desde el circuito santiagueño: músicos de La Banda, integrantes de la familia Carabajal, Marcelo Toledo, Claudio Acosta y sus compañeras de Ñañaspura, entre muchos otros. Santiago fue dejando de ser únicamente el lugar donde vivía para transformarse en una casa afectiva. Andrea comenzó a extrañar el monte, los patios y la chacarera, mientras descubría que su identidad riojana no se debilitaba por la distancia, sino que se volvía más consciente.

La relación entre ambas provincias terminaría definiendo su personalidad artística. De La Rioja conserva la chaya, la raíz vidalera y una determinada forma de celebrar; de Santiago incorporó el golpe del bombo, la chacarera y una manera más honda de nombrar la tierra. Su voz encontró su singularidad cuando dejó de preguntarse a cuál de esos mundos pertenecía y comprendió que podía contenerlos a los dos.

¿CUÁNDO TE TRASLADÁS A SANTIAGO DEL ESTERO?

Me trasladé a Santiago hace más de dos décadas, por motivos personales y familiares. La vida me trajo para acá y me quedé.

¿QUÉ SIGNIFICÓ LLEGAR A UNA PROVINCIA CON UNA TRADICIÓN FOLCLÓRICA TAN FUERTE?

Fue como entrar a un templo, con humildad y ganas de aprender. Llegué con mucho respeto.

¿CÓMO FUERON TUS PRIMEROS AÑOS ALLÍ?

Los primeros años no fueron fáciles. Ser “la riojana” que llega a cantar a Santiago cuesta. Tuve que ganarme mi lugar con trabajo.

¿QUIÉNES FUERON LAS PERSONAS QUE TE AYUDARON A INTEGRARTE?

Mucha gente me ayudó: músicos santiagueños que me tendieron la mano, compañeros de peñas y amigas cantoras. La familia Carabajal, músicos del circuito de La Banda, Marcelo Toledo, Claudio Acosta y mis compañeras de Ñañaspura, entre otros.

TE DEFINÍS COMO “CANTANTE RIOJANA, SANTIAGUEÑA DE CORAZÓN”. ¿CUÁNTO TIEMPO NECESITASTE PARA SENTIR QUE SANTIAGO TAMBIÉN ERA TU LUGAR?

Me llevó unos años, pero un día me di cuenta de que ya extrañaba el monte, la chacarera y el patio santiagueño. Ese día supe que también era mi casa.

¿TE SENTÍS UNA ARTISTA RIOJANA RADICADA EN SANTIAGO O TU IDENTIDAD YA NO PUEDE SEPARARSE?

Hoy ya no puedo separarlo. Soy las dos cosas a la vez. Y eso es una riqueza, no un conflicto.

¿QUÉ CONSERVÓ TU CANTO DE AQUELLA JOVEN RIOJANA Y QUÉ INCORPORÓ DEL PAISAJE SONORO SANTIAGUEÑO?

Mi canto conservó la chaya, lo vidalero. Y de Santiago incorporé la chacarera bien adentro, el golpe del bombo, el monte en la voz.

¿CÓMO DIALOGAN ESOS DOS MUNDOS DENTRO DE TU REPERTORIO?

Dialogan de una manera hermosa. La chaya y la chacarera son dos fiestas, dos maneras de celebrar la vida. En mi repertorio conviven naturalmente.

¿ENCONTRÁS DIFERENCIAS ENTRE LA FORMA EN QUE SE VIVE EL FOLCLORE EN UNA PROVINCIA Y EN LA OTRA?

Sí. En La Rioja el folclore se vive muy atado a febrero, a la Chaya. En Santiago se vive todo el año, en el patio, todos los días.

¿SENTÍS QUE VIVIR LEJOS TE PERMITIÓ COMPRENDER DE OTRA MANERA TU IDENTIDAD RIOJANA?

Totalmente. A la distancia valorás tu tonada, tus comidas, tu manera de ser.

¿HUBO ALGÚN MOMENTO EN QUE SENTISTE QUE DEBÍAS ELEGIR ENTRE ESOS DOS TERRITORIOS?

Hubo momentos, sobre todo al principio. Pero nunca quise elegir. Aprendí a hacerlos convivir y ahí encontré mi sonido.

MENSAJE PAL’ CORAZÓN

El primer disco solista de Andrea llegó después de años de escenarios, aprendizajes y postergaciones. Como sucede con muchos artistas independientes del interior, el proyecto debió convivir con las exigencias de la vida familiar, las dificultades económicas, las distancias y la falta de estructuras permanentes para producir y difundir una obra. Por eso, concretar Mensaje pal’ corazón fue mucho más que registrar un conjunto de canciones: significó materializar un sueño largamente sostenido.

Con dirección musical y arreglos de Mariano Díaz, el álbum buscó una sonoridad cálida y actual sin apartarse de la raíz folclórica. Su repertorio funciona, además, como una autobiografía territorial. “Vamos a chayar”, “Como florcita silvestre” y “Cueca chayera” hablan de la tierra natal; “Monte milenario”, “Madre querida” y “Fiesta en Atamishqui” expresan el afecto por la provincia que la recibió. En medio de esos dos universos aparece una intérprete que elige canciones no solo por su belleza, sino por la posibilidad de habitarlas con verdad.

El disco fue publicado en agosto de 2020, cuando los escenarios permanecían cerrados y el encuentro físico con el público resultaba imposible. Durante dos años quedó suspendida su presentación presencial y las plataformas fueron prácticamente el único camino para hacerlo circular. Cuando finalmente pudo llevarlo al vivo, las canciones habían adquirido otra profundidad: después del aislamiento, palabras como encuentro, familia, tierra y abrazo ya no significaban exactamente lo mismo. “Madre querida”, una de sus interpretaciones más difundidas, condensó especialmente esa sensibilidad.

EN 2020 PUBLICASTE MENSAJE PAL’ CORAZÓN, TU PRIMER DISCO SOLISTA. ¿POR QUÉ DEMORÓ TANTO?

Demoró porque fui priorizando la vida, la familia, y porque ser cantora independiente del interior cuesta mucho. Concretarlo fue un sueño cumplido.

¿CÓMO ELEGISTE ESE TÍTULO?

Lo elegí porque sentía que era eso: un mensaje directo al corazón de la gente.

EL DISCO REÚNE CHAYA, CHACARERA, CHAMAMÉ, CUECA, GATO, ESCONDIDO Y CANCIÓN. ¿BUSCASTE QUE EL REPERTORIO REFLEJARA TU RECORRIDO?

Sí, lo busqué deliberadamente. Quise que el disco contara mi recorrido entre La Rioja y Santiago.

¿CÓMO ELEGISTE LAS CANCIONES?

Elegí canciones que me emocionaran, que sintiera que podía hacerlas mías. Tenía que haber verdad en la letra.

“VAMOS A CHAYAR”, “COMO FLORCITA SILVESTRE” Y “CUECA CHAYERA” MANTIENEN UNA CONEXIÓN DIRECTA CON LA RIOJA. ¿QUÉ REPRESENTAN?

Son mi raíz riojana pura. Mi homenaje, mi manera de decir: “Acá estoy, no me olvido de dónde vengo”.

“MONTE MILENARIO”, “MADRE QUERIDA” Y “FIESTA EN ATAMISHQUI” ESTÁN LIGADAS A SANTIAGO. ¿CUENTAN TU GEOGRAFÍA AFECTIVA?

Sí, totalmente. Son mi geografía afectiva santiagueña. Es el monte, el amor por esta tierra que me adoptó.

EL ÁLBUM FUE DIRIGIDO Y ARREGLADO POR MARIANO DÍAZ. ¿CÓMO TRABAJARON?

Trabajamos con mucho respeto, buscando un sonido cálido, folclórico pero actual, que dejara a la voz al frente.

EL DISCO SALIÓ EN PLENA PANDEMIA. ¿CÓMO ATRAVESASTE LA IMPOSIBILIDAD DE ENCONTRARTE CON EL PÚBLICO?

Fue muy duro. Estuvo dos años parado, circulando solo por plataformas. Aprendí a tener paciencia, pero extrañé el abrazo.

CUANDO FINALMENTE PUDISTE PRESENTARLO, ¿LAS CANCIONES SEGUÍAN REPRESENTÁNDOTE DE LA MISMA MANERA?

Cuando pude volver a los escenarios, las canciones tenían más sentido todavía. La pandemia les dio otra profundidad.

“MADRE QUERIDA” SE CONVIRTIÓ EN UNA DE TUS INTERPRETACIONES CON MAYOR CIRCULACIÓN. ¿POR QUÉ CREÉS QUE CONECTÓ TANTO?

Creo que porque todos tenemos una madre, una abuela, y en la pandemia esa figura se volvió más fuerte.

LOS ESCENARIOS Y EL LUGAR GANADO

Los grandes festivales representan hitos visibles dentro de una carrera, pero no siempre cuentan toda su historia. Andrea reconoce a la Chaya como su bautismo profesional, a la Salamanca como una escuela y a Cosquín como la materialización de un sueño. Sin embargo, destaca también el valor de las peñas pequeñas, esos espacios donde la cercanía con el público obliga a sostener cada canción sin más recursos que la voz, la interpretación y la verdad de lo que se está cantando.

Su recorrido incluyó, además, experiencias como Circo Criollo, la propuesta de Raly Barrionuevo en la que compartió escenario con Micaela Chauque. Pero cada conquista convivió con las dificultades de desarrollar una carrera independiente desde el interior: financiar grabaciones, organizar viajes, difundir el trabajo y acceder a programaciones dominadas muchas veces por los mismos nombres. En ese contexto, ganar un lugar nunca es una tarea definitivamente concluida. Cada escenario supone volver a presentarse, reconstruir el vínculo y conquistar nuevamente al público.

TU RECORRIDO INCLUYE LA CHAYA, LA SALAMANCA, COSQUÍN, PEÑAS Y FERIAS. ¿QUÉ ESCENARIO CONSIDERÁS DECISIVO?

Cada escenario me enseñó algo. La Chaya fue mi bautismo, la Salamanca mi escuela, Cosquín mi sueño. Pero las peñas chiquitas fueron decisivas: ahí me hice cantora de verdad.

TAMBIÉN COMPARTISTE EL ESPECTÁCULO CIRCO CRIOLLO, DE RALY BARRIONUEVO, JUNTO CON MICAELA CHAUQUE. ¿CÓMO SURGIÓ?

Compartir Circo Criollo fue hermoso. La invitación surgió de Raly, que es muy generoso. Aprendí muchísimo de ellos.

DIJISTE: “YO LUCHO POR GANAR MI ESPACIO”. ¿SENTÍS QUE ESE ESPACIO YA FUE CONQUISTADO?

Siento que conquisté un lugarcito, pero cada actuación es empezar de nuevo. Hay que volver a ganarse a la gente.

¿QUÉ DIFICULTADES ENFRENTA UNA CANTANTE INDEPENDIENTE DEL INTERIOR?

Ser independiente del interior es remar mucho. Todo es a pulmón. Cuesta difundir, grabar y viajar.

¿LA CERCANÍA CON GRANDES TRADICIONES FACILITA EL CAMINO O GENERA COMPETENCIA?

Las dos cosas. Te sostiene, pero también hay muchísima competencia y pocos espacios.

¿CÓMO SE SOSTIENE UNA VOCACIÓN MUSICAL A LO LARGO DE LOS AÑOS?

Con mucho amor y obstinación. Yo canto porque no puedo no cantar.

LAS EXPERIENCIAS COLECTIVAS Y LAS MUJERES EN LA MÚSICA

Aunque su proyecto central se desarrolló como solista, una parte importante de su historia transcurrió junto con otras mujeres. En Ñañaspura —expresión quichua que significa “entre hermanas”—, Soles y Lunas, Música de Mujeres de Santiago del Estero, Las Cumparsitas y Cantoras.ar, Andrea encontró algo diferente del recorrido individual: una red de acompañamiento, aprendizaje y contención frente a un ambiente atravesado históricamente por desigualdades y competencias. El proyecto Cantoras.ar, nacido durante la pandemia, reunió 112 canciones interpretadas por 46 artistas de distintas provincias y géneros musicales. Allí, Andrea representó a Santiago del Estero dentro de un mapa sonoro federal que permitió advertir la enorme cantidad y diversidad de voces femeninas existentes en el país. Aquellas experiencias también modificaron su manera de comprender las desigualdades. Si en otro momento pudo naturalizar algunas prácticas, hoy considera necesario identificarlas, nombrarlas y discutirlas.

Su mirada sobre el cupo femenino también evolucionó. Sin abandonar la defensa de una participación construida a partir del trabajo artístico, reconoce ahora que esa herramienta es necesaria, aunque insuficiente si no está acompañada por formación, oportunidades y espacios reales. El desafío no se limita a completar un porcentaje en una programación, sino a transformar las condiciones que durante años mantuvieron a muchas mujeres y nuevas voces fuera de los principales escenarios.

FORMASTE PARTE DE ÑAÑASPURA, SOLES Y LUNAS, MÚSICA DE MUJERES, LAS CUMPARSITAS Y CANTORAS.AR. ¿QUÉ ENCONTRASTE EN ESOS ESPACIOS?

Encontré la hermandad. En lo colectivo aparece el abrazo, el sostén.

¿QUÉ SIGNIFICÓ INTEGRAR ÑAÑASPURA?

Ñañaspura significa “entre hermanas” en quichua. Fue muy sanador ser mujeres haciendo música juntas, sin competencia.

¿QUÉ TE PERMITIÓ DESCUBRIR CANTORAS.AR?

Me mostró la cantidad de voces femeninas increíbles que hay en todo el país. Una diversidad enorme, federal, real.

EN 2022 MANIFESTASTE UNA POSICIÓN CRÍTICA RESPECTO DE LA LEY DE CUPO FEMENINO. ¿MANTENÉS ESA MIRADA?

Sigo defendiendo la participación igualitaria, pero creo que el cupo solo no alcanza si no hay una transformación más profunda. Es necesario, pero tiene que venir acompañado de formación y espacios reales.

¿LA EXPERIENCIA DE ESTOS ÚLTIMOS AÑOS MODIFICÓ TU PERCEPCIÓN SOBRE LAS DESIGUALDADES?

Sí, me cambió totalmente. Antes quizás naturalizaba ciertas desigualdades. Hoy las veo y las nombro.

¿POR QUÉ LOS GRANDES FESTIVALES SUELEN REPETIR NOMBRES Y TIENEN TANTAS DIFICULTADES PARA INCORPORAR NUEVAS VOCES?

Porque hay miedo a lo nuevo y se apuesta a lo seguro. Necesitamos que los consagrados abran la puerta.

– YouTube

LA INTÉRPRETE, LA COMPOSITORA Y EL PRESENTE

Andrea construyó su trayectoria apropiándose de canciones ajenas y otorgándoles una identidad personal. Ser intérprete significó prestar la voz y la experiencia propia a historias escritas por otros, hasta conseguir que también hablaran de ella. Pero en los últimos años comenzó a transitar un camino diferente: la composición. Si interpretar supone habitar una obra, escribir implica exponerse de una manera más profunda, elegir las palabras y aceptar que la historia cantada revele directamente a quien la creó. Ese proceso, iniciado tímidamente alrededor de 2022, ocupa hoy el centro de su nueva etapa.

Ya tiene canciones terminadas y trabaja en la selección del material que podría conformar su segundo disco. La búsqueda coincide con una propuesta escénica más acústica e íntima, apoyada fundamentalmente en la voz, la guitarra y el violín, con la incorporación ocasional de bajo y percusión. No se trata de negar el camino recorrido, sino de recuperar aquello que había quedado pendiente. En este presente resulta fundamental la figura de Oscar Gorosito, su compañero de vida. Con su guitarra, su acompañamiento cotidiano y su participación en los proyectos, se convirtió en un pilar personal y artístico. Andrea llega así a una etapa de mayor madurez, más segura de lo que desea cantar y menos urgida por demostrar. El nuevo desafío consiste en transformar esa seguridad en canciones propias.

DURANTE MUCHO TIEMPO TE DEFINISTE COMO INTÉRPRETE, PERO EN 2022 CONTASTE QUE HABÍAS COMENZADO A COMPONER. ¿CÓMO EVOLUCIONÓ ESE PROCESO?

Durante mucho tiempo me sentí intérprete. En 2022 empecé a animarme a componer. Estoy en aprendizaje, pero me entusiasma mucho.

¿QUÉ DIFERENCIA ENCONTRÁS ENTRE HABITAR UNA CANCIÓN AJENA Y EXPONERTE MEDIANTE UNA LETRA PROPIA?

Habitar una canción ajena es prestarle tu voz a una historia de otro. Componer es desnudarte vos.

¿HAY CANCIONES TUYAS TERMINADAS?

Sí, tengo canciones mías terminadas y estoy trabajando en material nuevo.

TAMBIÉN HABLABAS DE GRABAR UN SEGUNDO DISCO. ¿EN QUÉ ETAPA ESTÁ?

El segundo disco está en proceso. Estoy en la etapa de selección, viendo qué quiero decir ahora.

¿CÓMO ESTÁ CONFORMADA HOY TU PROPUESTA MUSICAL?

Mi propuesta sigue siendo amplia, pero ahora es más acústica, más íntima. Sigo con guitarra y violín, y a veces se suman bajo y percusión.

¿QUÉ RELACIÓN MANTENÉS ACTUALMENTE CON TUS MÚSICOS?

Hoy mi camino lo sostienen mis músicos, a quienes quiero y valoro muchísimo. En especial, quiero resaltar a mi compañero de vida, Oscar Gorosito, que es quien me acompaña en todos mis proyectos, desde siempre, con su amor, su guitarra y su apoyo incondicional. Él es mi pilar en lo artístico y en lo personal.

¿CÓMO DESCRIBIRÍAS EL MOMENTO PERSONAL Y ARTÍSTICO QUE ESTÁS ATRAVESANDO?

Estoy en un momento de mucha madurez, tranquila, con ganas de disfrutar. Más segura de lo que quiero cantar.

¿SENTÍS QUE ESTÁS CONTINUANDO UNA ETAPA, RECUPERANDO ALGO QUE HABÍA QUEDADO POSTERGADO O COMENZANDO UNA HISTORIA DIFERENTE?

Siento que estoy comenzando una historia diferente, pero sin negar nada de lo anterior. Estoy recuperando lo que había quedado postergado, que es animarme a componer.

– YouTube

DOS CANCIONES, UNA MISMA IDENTIDAD

Al mirar hacia atrás, Andrea puede reconocerse todavía en aquella adolescente que subió por primera vez al escenario de la Chaya con nervios, inocencia y un sueño enorme. Desde entonces pasaron más de dos décadas de trabajo, viajes, peñas, festivales, experiencias colectivas y proyectos postergados. El recorrido no fue lineal, pero confirmó aquella primera intuición: cantar no sería apenas una actividad, sino una necesidad y una forma de vida. Para definirse elige dos canciones. “Vamos a chayar” representa la raíz, la provincia natal y una celebración que continúa viajando con ella; “Madre querida” expresa la dimensión santiagueña de su historia y el vínculo con la tierra que la adoptó. Ninguna alcanza por sí sola para contarla. Andrea aparece justamente en el espacio que se abre entre ambas: allí donde la chaya se encuentra con la chacarera, donde el recuerdo del patio riojano dialoga con el monte santiagueño.

¿QUÉ LE DIRÍAS HOY A AQUELLA ADOLESCENTE QUE SUBIÓ POR PRIMERA VEZ AL ESCENARIO DE LA CHAYA?

Le diría: “No tengas miedo, Andre. Cantá, seguí, que vale la pena. Todo lo que soñás va a llegar con trabajo y con amor”.

SI TUVIERAS QUE ELEGIR UNA CANCIÓN PARA CONTARLE A ALGUIEN QUIÉN ES ANDREA BUSTAMANTE, ¿CUÁL ELEGIRÍAS?

Elegiría “Madre querida” o “Vamos a chayar”. Una me muestra santiagueña y la otra riojana. Entre las dos soy yo.

¿QUÉ PARTE DE LA RIOJA VIAJA SIEMPRE CON VOS CUANDO CANTÁS?

La Chaya, siempre. Por más que cante una chacarera, mi manera de chayar viaja conmigo.

¿Y QUÉ ENCONTRÓ TU VOZ EN SANTIAGO DEL ESTERO QUE NO HABRÍA ENCONTRADO EN OTRO LUGAR?

En Santiago mi voz encontró el monte, la tierra, una manera más honda de decir. Encontró un patio grande que la abrazó.

¿QUÉ SUEÑO ARTÍSTICO SENTÍS QUE TODAVÍA TE QUEDA POR CUMPLIR?

Mi sueño es seguir cantando, grabar mi segundo disco con canciones propias y poder presentarlo por todo el país, sin dejar nunca La Rioja y Santiago.

Andrea Bustamante ya no necesita elegir entre el lugar donde nació y aquel en el que construyó su vida. La Rioja le dio la infancia, la familia, la Chaya y el primer escenario; Santiago del Estero le ofreció una comunidad musical, nuevos aprendizajes y un patio amplio donde su voz pudo crecer. Las dos provincias dejaron de ser extremos de un viaje para convertirse en partes inseparables de una misma identidad. Su regreso reciente a La Rioja adquiere, en ese sentido, un valor mayor que el de una visita. Es también la posibilidad de volver al origen desde otro lugar, después de haber atravesado escenarios, silencios, demoras y transformaciones. Queda todavía aquella “cuenta pendiente amorosa” de cantar con mayor frecuencia en su tierra, pero también aparece un desafío nuevo: grabar un segundo disco, esta vez con composiciones propias, y llevarlo por el país. Cuando canta una chacarera, dice, su manera de chayar viaja con ella. Y cuando vuelve a La Rioja, algo del monte santiagueño regresa en su voz. En ese cruce se encuentra la artista que es hoy: una cantora de dos tierras que hizo de la distancia una forma de pertenecer.

Comparte este contenido en tus redes
Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp