Quizás uno de los aportes más destacados de este libro es la forma en que articula la narración con la ética de la lengua. Para Andruetto, la lengua no es un instrumento neutro, sino un campo de disputa donde se libran batallas por sentido, poder y memoria. Ella recuerda (y cita con frecuencia) la idea de que “en la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar vuelven visibles los patrones de comportamiento social”. Esta perspectiva la conduce a problematizar no solo qué se nombra, sino cómo se nombra, y cómo esas decisiones amplifican o silencian vidas, experiencias y saberes. En un contexto global donde las tensiones por la representación cultural y lingüística son cada vez más intensas, su reflexión se vuelve indispensable.
El arte de narrar también profundiza en la relación entre narración, lectura y formación humana. Andruetto reivindica la lectura no como una operación mecánica de decodificación de signos, sino como una experiencia que transforma y desacomoda. Enseñar a leer, en su visión, es enseñar a estar atentos a los matices, a las voces difusas, a los silencios que hablan tanto como las palabras mismas. Desde aquí, su crítica a las categorías rígidas -tales como “infantil” o “juvenil”- se torna también un argumento contra las clasificaciones que reducen la literatura a nichos de mercado, en lugar de reconocerla como un espacio de encuentro entre mundos y experiencias diversas.
Y es en esta tensión entre lo personal y lo colectivo donde Andruetto despliega algunas de las reflexiones más conmovedoras del libro. Recurriendo a figuras que van desde Enheduanna y Homero hasta Sara Gallardo, Benjamin o Circe Maia, la autora explora las genealogías de escritoras y narradores que han “hecho escuela” con sus prácticas y sus desafíos. Esto no es un simple ejercicio de erudición: es una forma de recordar que la narración, en cualquier tradición, es una trama de voces que dialogan, discuten y se encuentran a lo largo del tiempo.
CONVICCIÓN ÉTICA PROFUNDA
Lo fascinante de este libro es que, aunque se nutre de referencias que pertenecen a la historia de la literatura y del pensamiento, su mirada nunca se queda en abstractos académicos. Andruetto escribe desde una convicción ética profunda: la narración tiene efectos en la vida cotidiana, en la manera en que nos relacionamos con las heridas del pasado y con las heridas sociales que aún no cicatrizan. En un pasaje memorable -citando la crítica que circula en torno al libro- se recuerda que la narración puede procesar “de mil maneras los dolores de los pueblos, a veces mudando ese dolor en leyendas, a veces recogiendo el piolín desde esas fabulaciones milenarias hacia la herida social que les dio origen”. Esta frase traza un puente entre la tradición ancestral de contar y las urgencias contemporáneas de justicia, memoria y reparación.
La prosa de “El arte de narrar” es a la vez didáctica y exigente: no evade preguntas difíciles, pero tampoco se encierra en tecnicismos inaccesibles. La autora conserva un tono cercano, muchas veces evocador, que recuerda que la literatura no se reduce a un objeto de estudio, sino que es, ante todo, una experiencia del vivir. La lectura de este libro se siente como una conversación con alguien que ha andado un largo trecho por los caminos de la palabra, y que invita a continuar ese trecho con mirada crítica, manos abiertas y voluntad de alterar aquello que la costumbre presenta como inevitable o natural.
En suma, El arte de narrar es un texto que celebra la narración como acto de pensamiento, memoria y trazo ético. No se trata de una guía técnica ni de un tratado filosófico hermético: es un libro que nos interpela como lectores, como hablantes y como seres humanos responsables de las historias que elegimos contar y de las que elegimos silenciar.
ANDRUETTO: NARRADORA DE MUNDOS Y CUSTODIO DE LA LENGUA
María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, en 1954, y desde entonces ha tejido una obra que desafía categorías y fronteras. Narradora, poeta, ensayista y promotora de la lectura, su trabajo ha sido fundamental para repensar no solo qué historias contamos, sino cómo y por qué las contamos. Su obra atraviesa géneros: desde novelas como “Lengua madre” hasta poesía y libros para infancia y juventud, y se distingue por una atención constante al lenguaje como territorio sensible y político.
Formada en letras y profundamente implicada en la pedagogía de la lectura, Andruetto ha sido una figura central en la reflexión sobre la literatura infantil y juvenil, defendiendo una escritura que evita simplificaciones moralistas y que, en cambio, abraza la complejidad de la experiencia humana. En este campo, su impacto ha sido reconocido internacionalmente, coronado con el Premio Hans Christian Andersen (considerado el mayor galardón en literatura infantil y juvenil) y múltiples distinciones nacionales e internacionales que testimonian la amplitud y la profundidad de su escritura.
Su obra como ensayista, como lo demuestra “El arte de narrar”, no se limita a la teoría: emerge de una práctica sostenida de lectura, escritura y enseñanza. Andruetto parte siempre del lugar de la experiencia vivida, y desde allí construye puentes entre la lengua y la vida social, entre lo íntimo del acto de escribir y lo público de las narraciones que compartimos. Su apuesta es, en efecto, por una literatura que transforma modos de ver y modos de estar en el mundo, una literatura que interroga, conmueve y habilita otras miradas.
En tiempos en que la palabra peligra entre la inmediatez de las pantallas y la superficialidad de los discursos efímeros, la obra de Andruetto nos recuerda que narrar es una práctica de presencia, memoria y pensamiento atento, un gesto ético que sostiene la humanidad en todas sus pliegues.