En el aleteo de un suspiro

En el aleteo de un suspiro

“Una búsqueda muy especial”. Así define Carolina del Carmen Peleritti este proceso que lleva varios años y que hoy la encuentra editando su primer EP, “aleteo”, un trabajo en el que la emoción y la delicadeza se imponen como sinónimo de un navegar en las aguas profundas de una perfección posible, al mismo tiempo que la potencia identitaria de su voz la ubica con fuerza y determinación en la escena folklórica.

“Hay un final que va a nacer”. Suena a presagio la voz, a premonición acompañada de una dulce melodía que se vuelve cadencia en el tiempo (ese, siempre intangible) y mensaje en el aire que respiramos. Ocurre que casi nada -o mejor dicho, nada- escapa al final. Y ocurre, también, que nada puede nacer sin que algo acabe antes. De allí lo necesario de los finales. Porque también “hay un final para renacer”. Y en ese renacer va, precisamente, la magnitud insondable que supone una nueva oportunidad, una posibilidad diferente. Y si esa oportunidad y esa posibilidad van de la mano, además, de una elección plena y consciente dan lugar, incluso, a una instancia superior: el ser en su máxima expresión, abarcando todas y cada una de las partes que conciben, a su vez, la existencia. 

Durante años reinó en las pasarelas, donde su nombre cobró trascendencia aferrado a una belleza muy particular y a una imagen que trascendió fronteras. Luego, y en base a una preparación sistemática y constante (desde pequeña), se abrió paso en el intrincado mundo del teatro y de la televisión, donde también dejó huellas, marcas que habitan en lo indeleble de la memoria. Por todo ello, no sería necesario presentarla. Sin embargo, la que es hoy es la que ha elegido renacer entre “esos días de ayer por desarmar”, entre esas “coplas heridas que sí sanarán”. Y en esa convicción de aunarlo todo para ofrecer la versión más genuina de sí misma, esa que no tiene nada que demostrar, esa que ya no sabe de personajes, esa que se nombra con todos sus nombres: Carolina del Carmen. La Peleritti.   

“Zamba del renacer” es una de las canciones que integran su flamante EP “Aleteo”, estrenado ayer. Y es, también, una especie de carta de presentación. No sólo desde la individualidad de su búsqueda, sino también en lo colectivo de los tiempos que nos tocan y a los que ella, con generosidad de palabra y sentimiento, menciona, al tiempo que con la misma generosidad de palabra y sentimiento, abre a 1591 Cultura+Espectáculos las puertas de su universo para un encuentro cercano, aún desde la virtualidad.

Al momento de la entrevista, lleva apenas unos días de estrenar “El suspiro”, canción de su autoría en la letra y que comparte con Peteco Carabajal quien la envolvió con su música. Uno de los íconos de nuestro folklore acompaña a Carolina del Carmen en esta nueva etapa en su vida, aunque la palabra nueva no sea, en este caso, la más adecuada para dimensionar este “mundo creativo”, tal y como ella misma lo nombra. Su aproximación a la música y al canto tiene ya más de 11 años y una historia rica de experiencias que fueron marcando un devenir que en este presente que la abraza y la hace sentir plena, feliz. Suspirando inspiración y vida en cada aleteo. 

Esa plenitud y esa felicidad, sin embargo, comenzaron a manifestarse desde una inspiración anterior y que llegó como llega el vuelo de los pájaros para poner entre sus manos a “Aleteo”, esa canción que metafóricamente (pero también en la realidad de los hechos) habla del volver a la vida y que fue, precisamente, el punto de partida para la concreción de un sueño que hoy toma su forma, que es toda ella. Renaciendo.

EN ALGUNA DECLARACIÓN ANTERIOR DEFINISTE A “ALETEO”, TU FLAMANTE EP, COMO UN “COLLAR DE CANCIONES” QUE CONCEBISTE A PARTIR DE UN TEJIDO ARTESANAL Y YO IMAGINO, POR EJEMPLO, A LAS TEJEDORAS DEL NORTE, HACIENDO ESE TRABAJO TAN FINO, TAN DELICADO. AHORA QUE LO ESCUCHÁS, ¿SENTÍS QUE ESO QUE ESCUCHÁS TE REPRESENTA EN ESA BÚSQUEDA DE LA DELICADEZA, TAN CERCANA A LO QUE UNO PODRÍA ASOCIAL CON LA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN? 

Hay toda una construcción y un proceso que se viene dando en la música, con varios años; ya son 11 años. Para mí es una construcción todo esto y tiene que ver con el abordaje de un repertorio folklórico, con ir en búsqueda de ese repertorio, con ir en búsqueda de conocer paisajes de los diferentes autores y compositores, en tener la posibilidad de cantar en vivo, que para mí es donde uno realmente empieza a encontrarse y a tener ese contacto con el público. El decidir meterme en un estudio a grabar tiene que ver con una madurez, el momento de mostrar realmente lo que soy, lo que me gusta, lo que vengo acopiando en este tiempo, la posibilidad de unirme a otros en la cocreación de las canciones, en elegir cada una de las canciones y elegir quién va a ser el productor de cada una de ellas, armar un equipo desde el arte de tapa, desde pensar cada una de las canciones desde su forma de comunicarla, que cada una de las canciones tenga una pieza audiovisual que la acompañe. Cada una de las canciones es como una joya y una cuenta de ese collar y cuando veo todo este proceso ya terminado, me siento como una tejedora que ha agarrado un hilo de un color de un lado y luego otro de otro color, y otro de otro color, con diferentes texturas y matices y termina siendo como un tapiz, no solamente de canciones, sino de creación, de personas, de universos que están todos enhebrados en este collar y que termina siendo algo que siento que de alguna manera me cuenta. Estoy muy feliz, estoy muy contenta porque realmente ha sido un trabajo artesanal; y no es que cuando uno lo va haciendo piense que va a hacerlo artesanalmente, salió así, sale así, se fue dando de esa manera y hoy por hoy, cuando tengo que hablar de este proceso ya listo, cuando uno empieza a dar notas y a recibir lo que el material empieza a generar, tengo esa sensación de haber creado un gran tapiz, un gran tejido que se armó con todo esto y que estoy muy feliz porque siento que lo hice con mucho amor, y que es también una ofrenda musical para que la gente escuche en este momento tan particular.

BUSCABAS UN POCO LOS COLORES, LOS MATICES, QUIZAS A OTROS CANTAUTORES, PERO “ALETEO” ES TUYA. ¿QUÉ SIGNIFICÓ ESO PARA VOS? ¿QUÉ SIGNIFICÓ DE PRONTO EXPONERTE DESDE ESE LUGAR, DESDE ALGO QUE NACE DE VOS?

Aleteo fue justamente la primera canción que yo compuse en letra y música y fue una sensación muy especial, fue como decir: ‘hay algo que salió de mí en una música y una letra’. Venir de pronto teniendo esa búsqueda del repertorio folklórico y de canciones, y ver paisajes de autores y compositores o de autoras y compositoras y que de pronto empiece a salir el propio paisaje, la propia vivencia, en primera persona. Esa canción fue un poco un punto de partida, como la flecha que me hizo poner en un lugar de decir ‘puedo empezar a contar también’. De hecho, empecé a cantarla en vivo y es muy diferente la sensación cuando uno canta una canción propia, con el público, cuando escuchás que la gente canta un estribillo de una canción que es parte de un repertorio. A mí eso me puso en un lugar muy interesante como para empezar a tener estas ganas de grabar un material, de seguir buscando dentro de mí. De hecho, después sale ‘El suspiro’ como segundo tema, como segunda letra y sale ‘Zamba del renacer’, que está compartida la creación de la letra con el productor, con Max Masri y el caso de ‘El Suspiro’ con Peteco Carabajal en la música. Entonces empieza a haber el tener algo que contar también, por eso creo que viene también la sensación de decir que es momento de grabar, esto de hacer la experiencia dentro de un estudio, grabar un material. Hasta ahora se podían ver cosas mías en vivo, pero no había un material grabado. Eso fue una elección. Creo que esperé todo este tiempo para sentir que tenía algo para contar, para ofrendar, para decir.

“EL SUSPIRO ES AQUELLO QUE NO NOS CABE EN EL PECHO”, CANTÁS EN “EL SUSPIRO”, QUE ES LA CANCIÓN QUE ESTRENASTE HACE POCO. ¿CÓMO SURGIÓ ESTA CANCIÓN? ¿DESDE QUÉ LUGAR? ¿EN QUÉ MOMENTO?

‘El suspiro’ nace de suspirar por amor, de sentirse con una sensación de amor y que esa sensación que tenés en el cuerpo de alguna manera quieras ponerles palabras. Nace de preguntarme ‘¿qué es el suspiro?, ¿qué es esta sensación que tengo en el cuerpo?’ Salió así; esa letra es algo que de alguna manera empieza a encontrar las palabras para encontrar los significados desde lo personal, es una inspiración de eso, de lo que significa suspirar por amor. 

APARTE DEL SUSPIRO, ¿QUÉ OTRAS COSAS HAY EN VOS EN ESTE MOMENTO, EN ESTE PROCESO, QUE YA NO LAS PODÉS TENER EN EL PECHO, QUE YA NO TE CABEN EN EL PECHO, QUE TENÉS QUE SACARLAS?

Creo que el cantar es algo que empezó a ser; que en el momento en que empecé a cantar tenía toda esa sensación, todo ese trabajo que estaba acá, guardado, que fue un proceso muy largo. Me tuve que animar a poder hacerlo y es la propia expresión del canto a través del sentimiento, a través de la voz. Primero vino el descubrimiento de la voz, esa voz que estaba muy guardada, muy metida adentro. Desde los 18 años que estudio, no para poder cantar; primero para poder comunicarme porque me costaba mucho hablar y después empiezo a tener esa herramienta de la voz que me ayuda y es una herramienta para el momento en que empecé a hacer teatro, por ejemplo, para la proyección, para interpretar. Pero el cantar es otra cosa, el cantar para mi tiene que ver con el ser atravesada por el sentimiento eligiendo un repertorio, eligiendo una canción. Me costó, tuve realmente que animarme a que eso pasara y todos estos años, toda esta construcción de todos estos años hizo que eso empezara a fluir, a brotar, a darme felicidad. Todos han sido pasos en esta construcción y puedo decir que hoy esa posibilidad de sentimiento, de expresión a través del canto ya está afuera, ya sale, ya de alguna manera brota, ya está feliz. 

¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA DE COMPARTIR “EL SUSPIRO” CON PETECO CARABAJAL? ¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS GRABAR UNA CANCIÓN TUYA JUNTO A UNO DE LOS ÍCONOS DE NUESTRO FOLKLORE?

Peteco es un referente, es un maestro y es un amigo también. Desde que comencé a cantar tuve la posibilidad de conocerlo y él también me abrazo en el sentido de invitarme a cantar en vivo, de compartir alguna fiesta en Santiago del Estero, en la Marcha de los Bombos, o en la posibilidad de conocer a su familia en esas comidas familiares donde se arma la guitarreada y todo el mundo canta. Peteco es alguien que siempre comparte su música, sus inspiraciones, sus chacareras. Y un día yo me animé a mandarle esta letra, pero no le dije que era mía, no le dije nada. Le mandé la letra y me devolvió la letra con la música. Fue muy fuerte para mí, fue un hermoso regalo que esa letra volviera con música, y cuando se juntan una música y una letra es como muy contundente, eso ya es una canción. Después, cuando surgió la idea de la intención de empezar a grabar, lo invite a que él sea el productor de esta canción y que la grabáramos juntos con Homero, con Martina que son sus hijos, y así fue. A veces me sorprende a mí misma todo este proceso de algo que surge de esta manera, tan sencillamente como una letra, como un acto de arrojo decir ‘tomá esta letra que la tenía guardada’, y él me devuelve con música. Lo mismo me pasó con el maestro Jaime (Torres) en relación a esto de compartir la música. Él fue la primera persona que me abrazó y me invitó por primera vez a cantar hace ya 11 años. Yo estaba en esa decisión de cantar folklore, pero todavía estaba muy guardada en esto de animarme a hacerlo. Fue justamente Jaime el que me invitó a cantar por primera vez; me preguntó: ‘¿niñita, usted se anima a cantar coplas?’. En ese momento yo no cantaba ni siquiera con músicos, me empezaba a probar con la caja, a sacar la voz para animarme. Fue esa invitación a cantar en el Tantanakuy y también la posibilidad de amistad, de compartir, de viajar con el maestro Jaime y conocer la música del norte y de alguna manera estar en las fiestas, en las celebraciones populares; empezar a impregnarme de esos ritmos. La primera canción que hago (Aleteo) es un huayno y para mí está ligada a ese instrumento (el charango), a tenerlo cerca. Me hubiera encantado que él hubiera podido grabar, estar en este disco, pero yo sé que está de todas las maneras, porque él ha sido el que me ha posibilitado abrir ese canal que yo tenía y que no me animaba a abrirlo. La primera vez que canté en Humahuaca fue contundente, porque después esa primera vez que saqué la voz en ese paisaje, no hubo marcha atrás. Obviamente que en todo este tiempo hubo una construcción de poder ir cantando en vivo, sintiéndome más cómoda, conectándome con un repertorio que vengo buscando, pero él fue esa persona fundamental. Tengo la suerte de compartir la música con muchos amigos, colegas y personas que admiro. Puedo nombrar muchísimos, desde Víctor Heredia, Teresa Parodi, Lidia Borda, Rita Cortese, Perla Argentina Aguirre; mucha gente que admiro y que ha sido muy generosa en la posibilidad de abrir y compartir, más allá que uno haga su propio camino. 

COLLAR DE CANCIONES

Aleteo está integrado por seis canciones: “Aleteo”, “Verde romero” (motivo popular de La Rioja), “El suspiro”, “Zamba del renacer”, “Coplas para la luna” y “Ay mis tiempos (florcita y cardón)”. En todos los casos, la elección de Carolina del Carmen Peleritti denota una búsqueda que va hacia la profundidad, entre lo propio y lo de los otros, entre la inspiración que le llega y se le vuelve letra para su voz y aquellas canciones que por algún motivo lograron conmoverla. Pero Aleteo está integrado también de un trabajo colectivo que nace desde el compartir esa experiencia individual, ese viaje hacia el interior, hacia las raíces en las que el folklore termina por florecer y aromar el aire que la envuelve en melodías. Un renacer hacia los orígenes es lo que hoy la trae hasta este lugar en el que se concibe con la misma naturalidad con que las melodías -y los recuerdos- fluyen. 

TODO EL PROCESO QUE VENÍS HACIENDO, SI BIEN LLEVA VARIOS AÑOS, SE HA IDO DANDO DE UNA FORMA BASTANTE NATURAL, NO HAY NADA FORZADO. ¿RESPECTO DE LAS SEIS CANCIONES QUE ENTRAN EN ESTE EP FUE IGUAL, ESA ELECCIÓN SE DIO NATURALMENTE, FUISTE SINTIENDO QUE TENÍAN QUE SER ESAS CANCIONES?

Creo que al principio no sabía cuántas canciones iban a ser. Sabía que iba a estar ‘Aleteo’, sabía que iba a estar ‘El Suspiro’, pero hay también una elección que es ‘Verde Romero’, que es un motivo popular de La Rioja, que se lo escuché a Peteco un día, la busqué y la incorporamos al repertorio de trío con Diego Rolón y Amilcar Ávalos; Rolón la reversionó y la empezamos a tocar en vivo. Es una canción que me encanta. Lo mismo me pasó con ‘Coplas para la Luna’, una zamba de Chivo Valladares que incorporamos al repertorio y también comenzamos a tocarla en vivo y esas dos canciones, por ejemplo, son absolutamente tradicionales. También empieza a surgir esto de qué collar de canciones quiero que estén, qué canciones me gustan. Para ‘Ay mis tiempos (florcita y cardón)’, pienso en Santiago Vázquez como productor y él me dice: ‘a mí me gustaría que sea un canto anónimo’, entonces la llamo a mi amiga Laura Peralta, que es recopiladora y nos conocemos de aquellos momentos con Jaime, de todo lo compartido, y ella me pasa muchas recopilaciones de Leda (Valladares), y fue así que encontramos ‘Ay mis tiempos (florcita y cardón)’, que es esta canción que Santiago Vázquez empieza a crear en su estudio con diferentes universos sonoros para que yo pueda poner la voz ahí. Fue todo un trabajo, primero que empiece a crear esos sonidos y después que yo tenga casi un día de poner la voz a esta canción. Y después está ‘Zamba del renacer’, que es una canción que surge de una conversación que tengo con Max Masri, que es el productor de esta canción que habla un poco creo yo de estos tiempos de transformación que estamos viviendo, en lo personal y en lo colectivo, este tiempo que es doloroso, que nos cuesta entender que todo esto tiene que ver con una transformación de verdad y un renacimiento. Esa letra sale de esa conversación, de esa charla y él después crea la música. Fue la única canción que nos quedó sin grabar. El grabó la música, yo puse la voz, pero no la pudimos terminar y en todo este tiempo pandémico la terminamos de grabar a la distancia, cada uno en su casa. Rolón puso la Guitarra en su casa, Amilcar Ávalos tocó el bombo en solitario en el estudio, y ahí se nos ocurrió que podía ser muy hermoso invitar a las amigas cantoras con las cuales yo comparto la intimidad de la música, de las casas, las guitarreadas, el vino, hasta el fuego de la composición, que son Luciana Juri, Sofía Viola y Victoria Morán. Y cada una de ellas aceptó y grabó en solitario. Se nos ocurrió además algo hermoso, invitar a que haya una lengua ancestral y la invitamos a la “seño” Piti Chazarreta que es una maestra de lengua quichua en Santiago del Estero y ella hizo todo el relato de la letra en quichua. Todo este armado que se fue dando terminó siendo lo que es: cada canción tiene un universo, pero a la vez, si vos las escuchás todas juntas, todas son un viaje sonoro, un collar sonoro y todas están atravesadas y confluyen en mí. Y eso es lo más hermoso porque cuando trabajas con diferentes productores te preguntás cómo se va a enhebrar todo. Desde lo técnico sí, porque casi todas se grabaron en un mismo estudio, y desde el material también, pero hay algo que es la magia, esto que hacen las tejedoras, que toman de acá y de acá y eso empieza a ser realmente un universo integral.

¿SIEMPRE FUE EL FOLKLORE? ¿QUÉ RAÍCES ENCONTRÁS EN TU VIDA CON ESTE GÉNERO TAN NUESTRO?

Yo escucho mucha música, desde siempre; para mí la música es todo y escucho de todo, me encanta la música. Siempre tengo música y escucho un montón, pero el folklore tiene que ver con la música que yo escuchaba cuando era chica; en mi casa se escuchaba mucha música, pero también se escuchaban muchos autores de folklore, había muchos discos, yo jugaba con los discos y miraba las letras, y había discos de Mercedes (Sosa), de (Jorge) Cafrune, de (José) Larralde, de (Astor) Piazzola, Chico Buarque. En ese momento era chica y no tenía idea de qué género se trataba; para mí era música. En mi caso no tengo padres músicos, pero mi madre me llevaba a ver a Mercedes (Sosa) cuando yo tenía 8, 9 años, me llevaba a escucharla en vivo. Toda esa música quedó guardada y cuando empiezo a estudiar canto para poder comunicarme mejor, para poder expresarme uno hace un repertorio y ese repertorio te lleva a cantar bossa nova, por ejemplo, que me encanta o a cantar en inglés. Pero siempre la pregunta mía era: ‘si algún día me animo a cantar, ¿qué es lo que me gustaría cantar?’. Y esa pregunta se respondió un día, así como si fuera algo que bajó y fue el folklore. La respuesta fue: folklore. Entonces fui a buscar esas canciones que yo de alguna manera tenía y que escuchaba y me empecé a probar, muy de a poco, muy tímidamente y fue todo un tiempo de empezar a escuchar y a escuchar folklore muy fuertemente y de ponerme al día en todo ese repertorio, y creo que esa respuesta en mí abrió lo que después sucedió. Al poco tiempo me acuerdo que estaba haciendo teatro y escuchaba todo el tiempo folklore y un amigo mío que trabaja en el Maipo me dice ‘vos lo tenés que conocer al maestro Jaime (Torres), porque no sabés lo que son los cumpleaños del maestro Jaime’. Él me lo presenta, lo vamos a escuchar y empezamos a tener una amistad, con él y con su familia. Pero no había esto de ‘maestro yo quiero cantar’; había como un conocimiento, una sensación de empezar a escuchar o acercarme a lo que yo quería; meses después él me invita a cantar por primera vez. Él era un gran sabio, un gran maestro, un chamán. Ahí empezó todo. Pero yo siento que me gusta mucho el folklore latinoamericano, me gusta mucho la canción, siento que la puerta ha sido el folklore, porque sigue siendo la música que me conmueve. Pero hoy por hoy, en este punto de partida también siento que la música es música y que uno puede abordarla de distintos lugares.

DENTRO DEL FOLKLORE, ¿QUÉ SENTÍS QUE TIENE TU VOZ PARA OFRECER, NO SÓLO DESDE EL CANTAR, SINO DESDE EL DECIR?

Sentimiento…sentimiento. Creo que hay un montón de voces, un montón de mujeres cantoras que cada una canta con su voz y para mí la voz es identidad, y si yo pude encontrar mi voz pude encontrar mi identidad, y tuve que ir a buscarla hacia adentro, con todo lo que eso significó para mí desde los 18 años. Para mí la voz es identidad, pero también es sentimiento, es la expresión del sentimiento atravesada por las canciones con un repertorio. Puedo ofrecer eso, ofrecer mi manera, mi forma de cantar el folklore que creo que es lo más genuino que uno puede hacer. También cada una de las personas que uno admira es porque tienen su manera de cantar, su manera de interpretar, su manera de tener un sentimiento a la hora de cantar. He empezado a construir y a encontrar mi propia manera de hacerlo. Es algo que se construye, que se va encontrando, sobre todo en alguien que empezó a cantar más de grande.

CAROLINA DEL CARMEN

Se reconoce una, integrada, aún en la multiplicidad de ámbitos en los que fue desarrollando su carrera. Como modelo, habitó durante casi diez años en las pasarelas más importantes y alcanzó un reconocimiento indiscutido. Como actriz, se desempeño en el teatro, el cine y la televisión donde entre otros, compartió escena con Norma Aleandro (en La señorita de Tacna) y Eliseo Subiela (en El lado oscuro del corazón). En 2007, recibió el Premio Sur a Mejor actriz protagónica por su papel en la película “¿Quién dice que es fácil?”. Sin embargo, nada de todo aquello alcanzado a fuerza de méritos y trabajo, le impidió pegar un salto hacia adentro para volver por aquello que late desde un principio, por aquella pulsión que desde pequeña guardaba en su interior y que hoy, canciones mediante, le permitió dejar atrás todo personaje, toda versión que, aunque propia, no alcanzaba a desarrollar todo lo genuino que hay en su ser, tal como se reconoce en la actualidad.   

SOS UNA MUJER QUE HA ATRAVESADO POR DIFERENTES INSTANCIAS EN SU VIDA, A LAS QUE DEFINÍS COMO MUNDOS EXPRESIVOS. ¿CÓMO FUE QUE LLEGASTE Y CÓMO FUE QUE ASUMISTE ESTE MUNDO EXPRESIVO DE LA MÚSICA, DEL CANTO, LUEGO DE HBER ESTADO TAN LIGADA A LOS OTROS MUNDOS QUE TE LLEVARON A UN RECONOCIMIENTO PÚBLICO, A UNA MASIFICACIÓN DE TU IMAGEN?

Siento que todos estos mundos expresivos y todo lo que he hecho hasta ahora me trae hasta este presente, hasta esta orilla. Es como si de pronto todas las cosas que fui incorporando, aprendiendo, madurando, me trajeran hasta este lugar; la posibilidad tan genuina de ser yo cantando con una expresión que es propia, que siento que es eso. Para mí el canto es de mucha desnudez, casi como presentarse: esta soy yo, sin más. Y si vos ves todos esos universos expresivos te vas a dar cuenta que quizás desde que empecé a trabajar a los 17 años y tuve la posibilidad de empezar a trabajar en un mundo adulto siendo modelo, teniendo a la pasarela como un espacio escénico porque yo lo usaba de esa manera, y al mismo tiempo ya estudiaba teatro y canto y tenía otras inquietudes; después sigo trabajando como actriz, sobre todo en el teatro y teniendo la posibilidad del ensayo, de la dirección, del trabajo con la voz para la proyección, para interpretar. Todas esas herramientas y ese recorrido me traen al presente y me dan la posibilidad de pararme en un escenario a cantar desde un lugar genuino, con un proyecto propio, con la voz propia, algo que soy yo. No estoy interpretando a ningún personaje. Todo eso fue quedando atrás, pero al mismo tiempo fui integrándolo, porque yo no soy una persona que no agradezca todo este recorrido, al contrario. A medida que lo fui transitando, lo fui incorporando y siento el contacto con el público, la posibilidad del vivo, que ya tuve el aprendizaje cuando estuve haciendo teatro. Hoy, desde el lugar que yo decido presentarme, es integrando todo, siendo yo, Carolina del Carmen, sacando mi voz, sacando mi identidad, mostrándola, mostrando eso. 

¿EN ESE INTEGRAR VA JUSTAMENTE EL HECHO DE NOMBRARTE CAROLINA DEL CARMEN? ¿ES PARTE ESTO DE UN QUIEBRE CON EL PASADO, O DE LA CONSTRUCCIÓN QUE INICIASTE HACE 11 AÑOS, CUANDO COMENZASTE A CANTAR?

Soy toda yo, exactamente. No estoy fragmentada, no hay una fragmentación. Las partes se integran tomándolas, tomando de cada momento todo esto que se va sedimentando. No hay una ruptura con el pasado, hay una continuidad, una construcción y una integración. Y a la vez mi nombre es mi nombre, siempre lo ha sido. El Carmen etimológicamente está relacionado con la música, que es algo interesante, pero es poder nombrarme con todos mis nombres y con lo que eso significa: poder nombrarme. Si hoy me preguntás me siento alguien que está integrada, que estoy siendo yo, no hay ningún personaje; estoy yo después de un trabajo y de una construcción que sigue, porque no hay algo que llega a un punto y ya está. Este material creo que es un punto de partida también a seguir construyendo y abriendo. Pero hay un momento en que uno tiene que verse y decir esto soy yo ahora.

POR TODA TU EXPERIENCIA ANTERIOR, VINCULADA CON UNA DÉCADA DE PASARELAS, CON LA ACTUACIÓN, CON LA TELE, ¿SENTÍS QUE TENÉS QUE DEMOSTRAR ALGO?

Estoy muy bien con todo este proceso y con todo lo que me está sucediendo a mí en este proceso. La verdad es que no tengo que demostrar nada a nadie. En ese sentido me considero una persona que soy muy respetuosa de cómo hago las cosas y me tomo mucho el tiempo y el trabajo y la dedicación en la cocción, para que cuando tenga algo que ofrendar pueda hacerlo desde ese lugar. Ahora, como todo material, o como toda obra, hay una subjetividad de quien recibe que le puede gustar o puede no gustarle, en eso todos somos libres de opinar lo que tengamos ganas, porque es así, pero yo en lo particular siento que lo hago por mí, son mis procesos, en cada momento he pegado volantazos porque era lo que sentía, ahora me dedico a la música y me dedico a transitarla, a meterme, a buscar un repertorio, a sentirme feliz cantando en público y no que sea una imposición. Nadie me está exigiendo nada. Lo más interesante de todo esto es que uno hace esto para ser feliz y si eso lo podés transmitir y el otro lo puede recibir, ya está. 

HABLABAS ANTES DE “ZAMBA DEL RENACER” Y EN ESA CANCIÓN QUE ES MUY CONMOVEDORA, DECÍS QUE “HAY UN FINAL QUE VA A NACER, HAY UN FINAL PARA RENACER” Y “ESCUCHO EN TU VOZ UN RENACER”; ¿ESE FINAL Y ESE RENACIER TIENEN QUE VER CON TUS PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN Y RECONSTRUCCIÓN?

Sí, es una lectura que se puede hacer. Cuando hablaba de los procesos, que hay algo que tiene que morir para renacer, algo que se anuncia todo el tiempo en la naturaleza y en los ciclos, también en lo personal hay cosas que simbólicamente tienen que morir para que algo renazca y hay algo, hay simbólicamente un aleteo, más allá de que la experiencia personal de ser la que resucita pájaros es verdad, me pasó. Hay algo de ese pájaro que de alguna manera está contando un momento, algo que muere, esto de lo cíclico: hay algo simbólico que tiene que morir para que eso renazca. En el caso de ‘Aleteo’ es esperanzador porque ese pájaro se recupera y vuela y tiene una pulsión de vida. Y en el caso de ‘Zamba del renacer’, creo que tiene que ver con esto que nos pasa, que me ha pasado en lo individual y que tiene que ver con la charla que hemos tenido con Max Masri, que habla de este momento tan doloroso, donde hay un montón de cosas que tienen que morir para poder renacer individual y colectivamente. Hay cosas que ya no funcionan más, que hay que dejarlas que se caigan, para que un nuevo renacer nos abrigue.

ENTIENDO QUE HACÉS REFERENCIA A LA PANDEMIA Y RESPECTO DE ELLO, ¿HUBO ALGUNA INJERENCIA DE ESTE TIEMPO POR EL QUE ESTAMOS ATRAVESANDO EN TU PROCESO DE “INTEGRACIÓN PERSONAL” Y DE ARMADO DE ALETEO?

En 2019 grabé casi todo este material, ya teníamos hasta la tapa lista, estaba casi con una proyección de pensarlo para 2020. Cuando en 2020, en marzo, se cierra todo, fue un momento de una frenada muy fuerte para todos y sentí que era momento de abrazarme, de quedarme conmigo y de recapitular un montón de cosas que no había tenido el espacio de poder recapitular, porque todos vamos en función de pensar más adelante, proyectarnos y saber qué vamos a hacer dentro de tres años y toda esa historia. Pero esta frenada, esta situación de la pandemia nos hizo reencontrarnos obligatoriamente con nosotros mismos, ir a casa, quedarnos con nosotros, no poder salir a abrazar sino abrazarnos. Me quedé casi cuatro meses sola, en casa, haciendo todo este proceso personal. No tenía ganas de cantar, no tenía ganas de hacer vivos; fue como decir ‘metete adentro’ y no digo que fue un buen momento, para nadie lo fue, pero ese tiempo fue un tiempo necesario para poder recapitular un montón de cosas en lo personal que no había tenido un espacio de tiempo para poder mirar. Me pasaba que tenía mucha necesidad de arrullo, de arrullarme; no quería cantar, quería arrullar, tratar de arrullarme y arrullar a otros. Tenía esa sensación de que el arrullo tiene que ver con el sentirnos protegidos y calmarnos. Luego, en julio del año pasado me pasó que tengo a mi madre que es grande y tuve que ir a estar con ella unos días, porque ella estaba sola. Ella vive cerca del mar. Fui con la idea de quedarme 15 días y me quedé cuatro meses cerca del mar. Fue un momento distinto al que había vivido en Buenos Aires, donde apareció esta posibilidad de estar en la naturaleza, aunque era una especie de encierro a cielo abierto. Tenía la posibilidad de estar caminando en la orilla del mar, mirando hacia el horizonte y ahí empezó a moverse en mí la posibilidad creativa. Me ofrecieron participar de un disco de boleros, en septiembre del año pasado, que no es un género que yo haga, pero eso me despertó de ese estado que tenía, de estar adentro; grabamos el video en el mar con los recursos que tenía y ese movimiento creativo, con los recursos que tenían y con esta cosa de no poder vernos, comenzó a mover la idea de empezar a pensar en ‘ahora tengo que meterme con este material que ya está grabado y que falta darle el empuje final’. No deja de ser una gestación, algo que uno gesta y que de pronto se frena. Es la posibilidad de pensar también desde qué lugar uno va a hacer las cosas, porque también es algo que a mí me hizo pensar: ‘¿desde qué lugar vas a salir a cantar en el momento en que vuelvas a cantar?’. Algo que me hizo pensar todo este tiempo hacia adentro y a partir de noviembre empezamos a pensar en poner una fecha para acomodar y hacer la postproducción de todo este material, de las piezas audiovisuales, de terminar ‘Zamba del renacer’, que la terminamos justamente en época de pandemia, que cuando la escribíamos no estábamos en época de pandemia ni teníamos esta sensación. La escribimos en el 2019, a principios. De pronto esa zamba empezaba a tener un sentido completamente distinto en el momento de terminarla, de grabarla. Se hizo en un mes. Lo que quiero decir con esto es que, y me pasa ahora, siento que todo esto nos enseñó a buscar los recursos que teníamos guardados, a salir a hacer las cosas de otra manera, a encontrarnos de esta forma, mirarnos a los ojos, charlar, invitarte a mi casa y que me invites a la tuya. Todo esto nos enseñó algo que quizá en los primeros tiempos fue muy difícil, pero que hoy siento que también fue muy poderoso. Es muy doloroso lo que está sucediendo y es muy doloroso todas las personas que han partido, las que se han contagiado y también hay un llamado como nunca antes a cuidarnos entre todos, que por ahí era algo que nos estaba faltando. Hay un montón de cosas que fueron cambiando y que siguen cambiando para aprender. 

YA PARA IR TERMINANDO, EN ALGÚN MOMENTO, HACE YA VARIO AÑOS CREO ALLÁ POR 2013, DIJISTE QUE “CANTAR ES MOSTRARSE DESNUDA”, ¿SEGUÍS SINTIENDO QUE ES ASÍ?

Sí, siento que hay mucha desnudez en el canto, en el sentimiento. Y me gusta mucho que sea así, que sea de esa manera. Quizás nos cueste mucho mostrarnos en esa vulnerabilidad y en esa libertad de expresión también, pero es lo que realmente es, es lo más genuino que tenemos. Cuando digo desnudez es esto que somos, seres desnudos en nuestro sentir en nuestra vulnerabilidad; después nos vamos poniendo cosas encima, nos vamos tapando, pero en realidad somos seres desnudos, nuestra alma está abierta y cuando tenemos la posibilidad de mostrarnos tal cual somos hay algo que llega directamente hacia el otro porque el otro es igual, hay una empatía en eso.

EL TEMA ESTA EN DECIDIR MOSTRARSE TAMBIÉN…

Si, en decidir, en poder hacerlo. Siento que en mi caso ha sido un proceso muy, muy largo y que estoy muy feliz de haber tenido la perseverancia para poder encontrar. Siento que no he tenido que salir a buscar afuera, siento que he salido a buscar adentro y eso es para mí lo más valioso de todo este proceso.

SOBRE CAROLINA DEL CARMEN PELERITTI

Carolina del Carmen Peleritti es una artista popular con un recorrido heterogéneo, que ha comprendido un gran paso por el teatro, el cine, la TV y los escenarios de festivales y conciertos folclóricos, tanto en Argentina como en el exterior. Su rodar con la música comienza en 2009 junto a Jaime Torres. Desde entonces ha compartido escenarios con referentes de la música popular argentina y el repertorio de su canto abraza la obra de Raúl Carnota, Leguizamón y Castilla, Chango Rodríguez, Chivo Valladares, Arsenio Aguirre, Ramón Ayala, Adolfo Ábalos, Chacho Echenique, María Elena Walsh, e incluye obras propias y anónimas. Su flamante EP reúne seis canciones (dos de ellas de su propia autoría) y el trabajo de diferentes músicos como productores, pensados especialmente para cada canción, como Santiago Vázquez, Peteco Carabajal, Daniel Martín, Diego Rolón y Max Masri.

ALETEO – EP 

El lanzamiento de estas canciones es el resultado de un proceso de largos años en el que Carolina del Carmen Peleritti cultivó su vínculo con el canto, con el descubrimiento de su propia voz, y durante el cual transitó escenarios de todos los rincones del país junto con los grandes maestros que la alentaron a seguir ese camino: Jaime Torres primero y Peteco después. El trabajo discográfico está integrado por seis canciones: “Aleteo”, “Verde romero” (motivo popular de La Rioja), “El suspiro”, “Zamba del renacer”, “Coplas para la luna” y “Ay mis tiempos (florcita y cardón)”.

(La presente entrevista fue publicada en el suplemento 1591 Cultura+Espectáculos de diario NUEVA RIOJA)

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