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Messi anunció que ya no jugará para la Selección argentina, y esta vez es diferente. Lo hizo después de 207 partidos, 125 goles, seis mundiales jugados y una carrera que atravesó prácticamente toda nuestra vida reciente. Y tal vez por eso resulte tan difícil explicar lo que se termina: porque cuando Messi llegó a la Selección, el mundo era otro. También nosotros.
La pregunta más interesante es cómo llegamos a aceptar explicaciones tan sencillas para problemas tan complejos y cuánto desarrollo les exigimos a quienes pretenden gobernarnos. Porque una cosa es simplificar una explicación para que todos podamos entenderla y otra muy distinta es simplificar la realidad.
Hay dos frases que atravesaron los siglos y que parecen adquirir una vigencia particular en este tiempo. Una se la atribuimos a Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. La otra pertenece a René Descartes: “Pienso, luego existo”. Entre ambas hay más de dos mil años de distancia, pero las une algo que hoy parece haberse vuelto incómodo: reconocer los límites de aquello que sabemos y aceptar la duda como parte del camino hacia el conocimiento.
El 12 de agosto de 1991, Metallica editó su quinto álbum de estudio. Oficialmente se llamó “Metallica”, pero el mundo lo conocería para siempre como “The Black Album”. La portada casi negra, apenas atravesada por el logo de la banda y la silueta de una serpiente, parecía una declaración: ya no hacía falta gritar desde la tapa. El golpe estaba adentro.
La Chaya de Gloria de la Vega volvió a reunir este domingo a familias enteras alrededor de la música, las cajas, las vidalas y ese antiguo ritual riojano de encontrarse con los otros.
¿En qué momento dejamos de intentar comprender lo que el otro quiso decir para empezar a responder únicamente a lo que creemos que quiso decir?