
El relato como refugio y confrontación
Desde la primera página uno se enfrenta con una idea potente y casi subversiva: “narradores somos todos”. Esta afirmación no es un eslogan optimista, sino una constatación de que contar -ya sea en voz alta, en un libro o en la intimidad de una memoria familiar- es un acto que implica poner en juego nuestra relación con el mundo y con quienes nos rodean.


