Hay trayectorias que no se narran en línea recta, sino en capas: una sobremesa familiar, una guitarra heredada, una conversación que cambia el rumbo, un regreso inesperado. En el caso de Joaquín Luna Tello, esas capas se organizan alrededor de una certeza que fue creciendo con los años: la música no es un accidente ni un refugio pasajero, sino un oficio que se construye con decisión, intuición y una ética del trabajo tan concreta como sensible.
Referente silencioso pero fundamental de la escena musical riojana, Luna Tello habita ese territorio donde la creación propia convive con la producción de otros, donde el gesto íntimo de una canción se amplifica en lo colectivo. Desde proyectos como Casa Laurel hasta su participación en múltiples grabaciones y procesos creativos, su mirada se posa menos en el protagonismo que en el encuentro: ese instante en que una canción deja de ser de uno para volverse de todos.
En esta conversación, su relato se mueve entre la emoción y la conciencia del oficio. Habla de la música como un espacio donde lo técnico cede ante lo sensible, donde el trabajo no anula el asombro y donde cada proyecto es, antes que nada, una oportunidad de conectar. Porque, como él mismo sugiere, el sentido último no está en la obra en sí, sino en ese otro que escucha. Y en ese gesto, acaso, se cifra todo. Desde ese lugar, precisamente, y en la previa de embarcarse en nuevos proyectos, Joaquín le abre las puertas a 1591 Cultura+Espectáculos.
¿QUÉ SENTÍS CON LAS NUEVAS EXPERIENCIAS? ¿QUÉ TE PASA CADA VEZ QUE ESTÁS POR EMPRENDER ALGO?
Primero me siento muy agradecido. Siento que sostener en el tiempo este oficio me da muchas alegrías. Además de que me gusta trabajar de esto, hay mucha música que me emociona mucho. Cuando me llegan este tipo de trabajos, que puedo viajar y vivir, agradezco el doble. Que se pueda, que haya presupuesto para eso y que haya un equipo de trabajo es hermoso.
SI TUVIERAS QUE UBICAR UN MOMENTO EN EL QUE LA MÚSICA DEJÓ DE SER PARA VOS UN SIMPLE INTERÉS, UN HOBBY, PARA PASAR A SER UNA FORMA DE VIDA, ¿CUÁL SERÍA ESE MOMENTO?
Me acuerdo una conversación con una amiga, en la que dejaba de minimizar el trabajo de la música, lo que implica componer, lo que implica ser instrumentista de cualquier rama de la música; me acuerdo de la conversación en la que dejaba de minimizar lo que era hacer una canción, lo que era tocar, lo que era salir a tocar, salir de tu casa, dejar lo que tenés que dejar para llevarlo a cabo, y que se podía ganar dinero con eso, y que uno lo sostiene en el tiempo y sabe ubicarse profesionalmente. Desde la virtud, pero también desde la profesión, desde el orden, de tomarlo como un trabajo. Me acuerdo que empecé a ver a los músicos desde otro lugar primero, y después, cuando me tocó volver a la Rioja por una cuestión familiar, sabía producir, sabía usar la compu; ya había grabado algo y un amigo me dijo: ‘Necesito un productor musical’, y dije: ‘Yo no soy productor’ y el me dijo: ‘Sí, lo sos’. Entonces tuve que agarrar ese partido para jugarlo y me di cuenta de que podía, y que además de que podía me gustaba producir música, y que podía ser un oficio de tiempo completo. Me gustó muchísimo, me gusta mucho, me apasiona un montón. Me encanta el click de ver que esto es un trabajo, un oficio como trama de la música, y que se pueda llevar a cabo profesionalmente, me parece una dicha muy grande.

AHORA, ESA FUE UNA INSTANCIA, ENTIENDO DE MÁS GRANDE, ¿PERO CUÁNDO NACE ESTO DE LA DE LA MÚSICA? ¿CÓMO SURGIÓ ESE VÍNCULO QUE EVIDENTEMENTE SIGUE SIENDO TAN ESTRECHO?
Un primo tocaba la guitarra y la rompía, era un capo, y yo lo miraba y decía ‘yo también quiero tocar’. Y tenía una guitarra en mi casa y le pedí que me enseñe y él me enseñó las primeras canciones. Después tocábamos juntos. Familiarmente, en casa, mi abuela era poeta, y estaba mi primo Juan Arabel que también es músico. Todo eso estaba en la sobremesa. Me interesaba mucho la música, el rock nacional, era lo que lo que escuchaban mis amigos, lo que escuchábamos en la secundaria, pero Juan tocaba un cancionero en la sobremesa que lo cantaban todos mis tíos, mi abuela. Entonces yo decía: ‘¿por qué ellos tienen esa dicha cuando él canta esas canciones?’ Ahí me enamoré de ese cancionero, que es el cancionero popular argentino de folklore y es como mi música de base.
A LO LARGO DE ESE CAMINO IMAGINO QUE HABRÁS TOMADO MUCHAS DECISIONES POR CONVICCIÓN, PERO TAMBIÉN OTRAS POR INTUICIÓN, POR EL SENTIR. ¿CUÁLES FUERON?
Lo que se me quedó impreso, sin querer casi, es eso: escuchar en la familia lo que suena en la familia y que un montón de veces me negué a eso. Quería tocar otras cosas, ver cómo funcionaban otras cosas, pero la decisión siempre para mí fue por intuición. Todo desde la escucha y desde la emoción. Es algo que me gusta imprimir en el trabajo y en la música también: la emoción. Es mi primera sensación familiar de la música, la emoción.
NO PODÉS CONCEBIR LA MÚSICA SIN EMOCIÓN…
No, no existe. Hubo un tiempo en que estudiaba música; estudié muchos años y en un momento me volví muy friki. Estudiaba muchísimo y analizaba todo y era muy técnico. Hubo un momento en que me volví insoportable, que no podía escuchar música sin analizarla. Pero después, cuando me relajé, dejé de lado eso y pude volver a la música, que al final es lo que escucha la gente, lo que escuchamos nosotros. Algo que a uno lo emocione, que toque algo, que pase algo que a veces no lo sabés explicar. Eso para mí es el norte de cada proyecto que agarro y de cada canción que escribo.
UNA DE LAS DECISIONES, CREO YO, MÁS IMPORTANTES EN TU VIDA FUE VOLVER A LA RIOJA DESPUÉS DE HABER ESTADO UN BUEN TIEMPO EN CÓRDOBA. NO SE TRATABA SOLAMENTE DE UN CAMBIO GEOGRÁFICO, CLARAMENTE. ¿QUÉ TUVISTE QUE SOLTAR PARA VOLVER Y DE QUÉ TE AGARRASTE PARA ESTAR DE VUELTA ACÁ?
Me tocó volver por una situación familiar, porque no quería volver, pero hubo que volver. De Córdoba me gustaba mucho la ronda de amigos, la guitarreada. Era nuevo allá, llevaba pocos años, entonces iba construyendo el quehacer de los domingos, con quién juntarnos, con quién codearse. Córdoba es un nicho de artistas, como La Rioja también lo es, pero extraño ese acompañamiento constante entre los músicos, entre los artistas. Toca uno y van todos a verse; ya se vieron 14 mil veces, pero igual se siguen sosteniendo. Me costó mucho soltar eso. Y si hay algo que me traje, que creo que hasta el día de la fecha me sirve para vivir y para trabajar, es el oficio. Tener, sostener, creer en algo, ir para adelante y saber que de esto se puede vivir y que hay mucha gente haciéndolo también en otro lado y no te sentís un bicho raro. Eso me encantó de Córdoba: que me dio el oficio de trabajar del arte.
UNA EXTENSIÓN DEL HACER
Para Joaquín Luna Tello, la música no empieza ni termina en el estudio: es un estado permanente, una forma de habitar el tiempo y los vínculos. Está en el trabajo, pero también en lo cotidiano, en ese fondo sonoro que acompaña una comida, una charla o un momento de soledad. Escuchar, en su universo, no es un acto pasivo sino una extensión del hacer: un modo de aprender, de afinar la sensibilidad y de volver, una y otra vez, al núcleo de lo que importa.
En ese recorrido, sus referencias no funcionan como faros lejanos, sino como presencias vivas que dialogan con su propia búsqueda. Nombres como Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta o Jorge Drexler aparecen no desde la cita erudita, sino desde la cercanía de quien los incorpora a la vida diaria, como parte de un paisaje afectivo que se reactualiza en cada escucha.
Pero si hay una idea que atraviesa este tramo de la conversación es la de despojo: hacer menos para decir más. En tiempos donde la técnica parece imponerse como medida de valor, Luna Tello encuentra en la síntesis una forma de verdad. Reducir, quitar, escuchar. Y en ese gesto, dejar que la música -finalmente- haga lo suyo.
¿QUÉ LUGAR OCUPA LA MÚSICA CUANDO NO ESTÁS HACIENDO MÚSICA?
Un 60, 70%; es como la mayoría de mis amigos, que rondan en ese lugar, entonces siempre hay música dando vuelta, algo nuevo escuchamos, algo nuevo nos compartimos. Cuando termino de trabajar pongo música, entonces es algo que me acompaña todo el tiempo, creo que a todos nos pasa un poco. No me canso después de trabajar y puedo seguir escuchando. Eso me gusta porque también me hace crecer; escucho cosas que después quiero traerlas cuando trabajo, entonces ocupa mucho más de la mitad de mi vida.
¿POR DÓNDE PASAN ESAS ESCUCHAS? ¿HAY UN GÉNERO EN PARTICULAR O TE DEJAS ATRAVESAR POR LO QUE TE VA LLEGANDO?
Me gusta escuchar; tengo una selección de artistas, pero depende de lo que estoy haciendo: cocinar, a veces para ir a dormir, otras para salir a dar una vuelta, otras para almorzar con gente. Si tengo que elegir tres artistas, diría Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta y Jorge Drexler, que posiblemente son músicos que el 95% de lo que escuche de ellos me gusta y los puedo usar para todo. Pero me gusta escuchar muchas cosas. Hay veces que me pongo loco con un disco y lo uso para todo: para entrenar, para comer, para dormir, para compartirlo. Pero me gusta escuchar varias cosas. Volviendo a lo de Córdoba, extraño también esto de la manija de terminar un disco y empezar otro. Me quedaron muchos amigos y amigas que todo el tiempo están imprimiendo música y soy re fan de la música de cualquier amigo.
¿QUÉ APRENDISTE DE VOS MISMO ESCUCHANDO LO QUE VOS HACÉS?
Estaba justamente armando un taller y hay algo que quiero decir: que cada vez que pienso menos las cosas y contacto más con la música que con las herramientas, me va mejor. Cada vez que proceso menos, suena mejor, cada vez que uso menos recursos físicos y técnicos -que a veces uno cree que por tener el monstruo va a sonar mejor-, me va mejor. He grabado muchos discos, por suerte, y me ha tocado hacer mucha música, pero últimamente estoy usando menos cosas y me va mejor.
¿QUÉ SIGNIFICA ESE ‘ME VA MEJOR’? ¿CÓMO LO TRADUCÍS?
En la emoción final. Me enloquecí ahora con un ingeniero que me gusta mucho, que lo veía trabajar en muchos discos que me gustan a mí, y lo veía procesar, y el loco no estaba haciendo nada. Entonces me preguntaba: ‘¿Qué pasa? ¿Qué hace para para sonar así?’ Cuando después me tocaba a mí agarrar una canción y hacía solamente lo que tenía que hacer, la música me devolvía mucha emoción y creo que eso es lo que quieren los músicos también, y por eso es ahí donde me va mejor. Después me vienen a buscar por eso, y siento que me encantaría que ese sea el sello, que no importa lo que esté haciendo, pero que lo que se traduzca a través del parlante sea una emoción.

TRABAJÁS MUCHO CON OTROS ARTISTAS, PERMANENTEMENTE, ¿QUÉ TE TRANSFORMA MÁS EN ESE SENTIDO? ¿GRABAR TUS CANCIONES O ACOMPAÑAR LAS CANCIONES DE LOS OTROS?
Son cosas muy diferentes, pero las dos me gustan mucho, las dos me hacen feliz, las dos ocupan un lugar muy grande y mucho tiempo en mi vida. El hecho de tocar y hacer canciones, y hacer canciones con otros como con Carlos (Paredes), con quien tengo un disco, es un encuentro íntimo de uno con uno, y eso que a veces uno la pasa mal, porque generalmente agarrás el instrumento cuando estás triste. Pero el encuentro de mí conmigo a la hora de componer es un momento único, muy único. Después, cuando trabajo con la música de otros, pasan muchas cosas. Si tengo que elegir por orden, es primero la emoción de que me elijan para producir música, porque quizás para el músico o para la banda es lo más importante que tienen: su música, cumplir un sueño, ver que lo que pasa en el garaje y en la sala de ensayo, después pasan al parlante y está subido a redes. Eso me gusta y agradezco mucho cuando me eligen. Después pasa un día a día que está bueno, que es cuando se graba, cuando estamos todos adentro de ese espacio pensando en qué sería mejor y qué funciona mejor, y siempre a favor de la música. Cuando ese encuentro sucede, que por suerte los músicos siempre se van felices, a mí me queda un recuerdo hermoso. El encuentro me genera más encuentro. Está bueno eso.
¿QUÉ COSAS DE VOS SENTÍS QUE APARECEN CUANDO ESTÁS DEL LADO INVISIBLE, ENTRE COMILLAS, DE LA PRODUCCIÓN?
Hace mucho tiempo que no toco en vivo, solo. Cuando estaba en Córdoba trabajaba de stage, trabajaba de sonidista. A mí me gusta mucho estar atrás del proyecto. Me gusta mucho ser el que no aparece al frente. Entonces cuando veo un disco sonar, o cuando alguien escucha el disco -que no sean los músicos-, que yo grabé, me entra una emoción muy linda. Hay alguien a quien le sedujo ese trabajo de días, de meses. Y eso me emociona.
LA FORMA DE LO SUTIL
Cuando Joaquín Luna Tello habla de sus propias canciones, el tono cambia apenas, pero lo suficiente como para revelar otra capa: la de lo íntimo. No se trata de una confesión directa ni de una exposición explícita, sino de una forma más sutil de decir -o de insinuar- aquello que atraviesa la vida cotidiana. En su universo creativo, la emoción no irrumpe como un gesto grandilocuente, sino que se filtra en escenas mínimas: un olor en la cocina, una conversación, un estado de ánimo que define el pulso del día
Hay, en ese vínculo con la composición, una tensión constante entre el oficio y el azar. Luna Tello reconoce el trabajo, la disciplina, pero también esa cuota imprevisible que define cuándo una canción aparece y qué decide decir. Lo personal, entonces, no se organiza como un relato cerrado, sino como una materia en movimiento, que a veces se expresa y otras se reserva para más adelante. Como si cada canción fuera apenas un recorte posible dentro de un caudal emocional mucho más amplio.
Al mismo tiempo, lejos de encerrar esa experiencia en la música, su mundo afectivo se expande hacia los otros: los amigos, las rondas, los encuentros. Allí, en ese territorio compartido, la emoción encuentra otras formas de circular, de decirse sin necesidad de volverse canción.
QUIERO IR UN POQUITO A LO QUE TIENE QUE VER CON TUS CANCIONES, MÁS ALLÁ DE LAS CANCIONES DE LOS OTROS. HABLÁS MUCHO DE LA EMOCIÓN Y CREO QUE TUS CANCIONES EN SÍ TIENEN ALGO MUY ÍNTIMO TAMBIÉN. RECIÉN DECÍAS ESTO DE QUE AGARRÁS EL INSTRUMENTO CUANDO POR AHÍ ESTÁS TRISTE. HAY ALGO MUY ÍNTIMO, PERO QUE NO ESTÁ DEL TODO EXPLÍCITO, SI SE QUIERE. ¿QUÉ ELEGÍS NO DECIR CUANDO ESCRIBÍS O CUANDO COMPONES? ¿HAY COSAS QUE TE GUARDÁS?
Sí, pero para después. No quedan ahí guardadas, digamos. A la hora de componer es una lotería, siempre depende de cómo te levantaste, de cómo están tus cosas, de cómo está el día. Si bien es cierto que es un oficio componer, a veces es también la suerte del día que le tocó a cada uno. Entonces, si hay cosas para decir, las digo de la manera en que las siento. Hay días que estoy más contento y quiero decir algo más contento, y hay días que pasó algo que no estuvo lindo. Hay letras que se traducen más a lo cotidiano que a un recuerdo viejo. Vivo con mi madre; cuando la veo cocinar es algo que me encanta. Hay veces que entro a la cocina y siento el olor de lo que mi mamá cocina y me dan ganas de hacer algo con eso. Por suerte la tengo, no es algo que me acuerdo de hace meses. Es muy espontáneo; eso queda y después uno lo trabaja.

¿HAY EMOCIONES QUE SENTÍS QUE SOLO LAS PODÉS PROCESAR HACIENDO MÚSICA, O ENCONTRÁS OTRAS FORMAS?
No, soy bastante afectivo. Me gusta mucho juntarme con amigos; me gusta ir a visitar a algún amigo, me gusta ese momento de ronda, charlar, a veces tocar, a veces cocinar algo, una juntada, un mate, me gusta mucho la vida entre amigos y siento que la mayor parte de mi emoción pasa por ese lugar.
HABLANDO DE LO AFECTIVO, ¿QUÉ TE PASA CON LAS CANCIONES DESPUÉS DE TERMINARLAS? ¿VOLVÉS A ESAS CANCIONES O NECESITÁS SOLTARLAS RÁPIDAMENTE? ¿CÓMO VIVÍS ESOS PROCESOS?
Tanto para trabajar como para las canciones, el proceso de finalización la paso horrible. Para mí no está terminada hasta que me dicen: ‘Vamos a grabarla’, porque en el medio uno puede hacer mil modificaciones: un acorde, una nota, una frase que no te gustó hasta que decís: ‘Vamos a grabarla’. Si no, podría estar años dando vueltas. Lo mismo para trabajar, me pongo plazos. Vamos a hacer una mezcla y vamos a revisar dos veces, más no. Porque si no vamos a revisar hasta la perfección, vamos a estar 20 años mezclando. Pero el proceso de finalización no me gusta mucho.
EN ESTA TAREA TUYA, QUE LO QUE HACES ES SOBRE TODO DESDE LA DESDE LA EMOCIÓN, DEL TRANSMITIR LA EMOCIÓN, ¿SENTÍS QUE ESTÁS BUSCANDO ALGO EN PARTICULAR O QUE LA BÚSQUEDA ES EL MOTOR EN SÍ MISMO?
La búsqueda es en el motor. Considero que todo el tiempo estoy aprendiendo. Me encanta esto de saber que siempre uno tiene para aprender. Si bien es cierto que trabajo con herramientas que las tengo incorporadas, siempre habrá algún proyecto nuevo, algo voy a aprender. Me motiva mucho este oficio porque no descansa nunca. Mañana me voy de viaje a hacer un sonido en vivo, que ya hice lo un montón de veces, y voy a grabar un disco que ya grabé de esa manera un montón de veces, pero siento que algo me va a devolver de nuevo, que me va a dar una experiencia nueva y que tengo algo para contar y algo para mejorar y eso es un motor para mí.
LA TRAMA DE LO POSIBLE
Si hay una palabra que aparece como columna vertebral en el recorrido de Joaquín Luna Tello esa palabra es: “colectivo”. No como consigna ni como gesto declamativo, sino como una práctica concreta que atraviesa su manera de entender la música y el trabajo. En proyectos como Casa Laurel, pero también en cada instancia de producción, se revela una certeza construida con los años: la música no sucede en soledad, sino en la trama -a veces visible, muchas otras no- de quienes la hacen posible.
Esa conciencia no anula lo propio, sino que lo redefine. Hay un espacio íntimo, una casa, una búsqueda personal, pero siempre en diálogo con otros. Desde quienes suben al escenario hasta quienes sostienen el detrás de escena, Luna Tello pone en valor ese entramado humano que convierte una idea en experiencia compartida. En ese sentido, la escena no es solo un contexto: es una red viva donde todos, de algún modo, se necesitan.
Y en el centro de esa red aparece una idea que ordena todo lo demás: la música como acto que se completa en el otro. La canción que deja de pertenecer, el disco que encuentra escucha, la emoción que circula y se transforma. Allí, en ese pasaje de lo individual a lo compartido, su trabajo encuentra sentido.
EN ESTE PUNTO QUIERO PREGUNTARTE POR CASA LAUREL, UN PROYECTO QUE DESDE AFUERA SE VE MUY LIGADO A LO COLECTIVO, Y VOS HACÉS MUCHO HINCAPIÉ EN ESTO DE LO COLECTIVO, JUSTAMENTE. ¿QUÉ ENCONTRÁS EN LOS OTROS QUE NO APARECE EN EL TRABAJO SOLITARIO? ¿QUÉ TE GUSTA DE ESE PROCESO CON LOS OTROS?
Cuando trabajaba en Córdoba, en un centro cultural, apareció este concepto para mí: que siempre en equipo las cosas suceden mejor. También cuando hice mis primeros trabajos de producción y andaba ahí chusmeando gente que me gustaba mucho, uno hacía una cosa, el otro otra; nadie hacía todo solo. También me pasa mucho de ver en videos de producciones, y ver una lista de créditos de un montón de gente trabajando y digo ‘bueno, por algo es’. Entonces, cada vez que abro el juego para una producción o lo que sea que se lleve a cabo, y somos más personas con el mismo fin, todo va a suceder mejor para mí. También me gusta cuidar con quién elijo hacer las cosas y por suerte no le erro, pero me encanta el trabajo colectivo, me parece algo maravilloso como concepto de vida, más allá de que el trabajo suceda mejor o a veces pueda no ser así, pero hacer de a muchos es la idea para mí.
A PARTIR DE ESE CONCEPTO, ¿TE SENTÍS PARTE DE UNA ESCENA O SENTÍS QUE ESTÁS CONSTRUYENDO UN ESPACIO PROPIO?
Las dos cosas; a mí lo que me gusta de la escena musical es que al fin y al cabo siempre todos necesitamos de todos. Ahora trabajo con Manu Estrada, que su nombre está sonando mucho, le está yendo muy bien. Pero para que eso suceda hay un manager, hay un sonidista, hay un stage, hay alguien que produce las redes. Hay muchas cosas que suceden detrás de lo que se ve. Y también en este espacio propio, que es mi casa y que es el lugar donde paso mucho tiempo, tengo alguien que me maneja las redes, tengo alguien que me dice algunas cosas que hacer, tengo gente que me provee equipo. Está buenísimo tener algo de uno, pero también siempre hay que saber que nada se construye solo. Hay mucha gente dando vueltas y me encanta que todos necesitemos de todos.
VOY UN POCO A LO PROPIO, PERO COMPARTIDO, QUE ES EL “ALUNADOS”, CON TODO LO QUE LO QUE SIGNIFICÓ, Y A PARTIR DE LO CUAL SE LOS UBICÓ DENTRO DEL FOLCLORE ALTERNATIVO, SI SE QUIERE. ¿TE SENTÍS CÓMODO CON ALGUNAS ETIQUETAS? ¿CREÉS QUE POR AHÍ LIMITAN MÁS DE LO QUE EXPLICAN?
No le presto mucha atención. Nos gusta mucho tocar las canciones y a veces nos invitan a una peña, a veces nos invitan a un toque más tranquilo, a veces nos invitan a un bardo también. No me molesta ni le presto tanta atención a este apilamiento de las canciones. Esta manera de tocar el disco, que fue una pulseada de un rato largo, porque el sonido que tuvo ‘Alunados’, al final, fue algo que a mí me gusta mucho: guitarra, voz, la canción desnuda. Ese fue el disco. Siempre se le busca nombres, géneros, a veces para los certámenes. El encasillamiento a veces va por ese lado de la formalidad de los premios.

¿QUÉ PASA CON UNA CANCIÓN CUANDO YA DEJA DE SER SOLO TUYA, COMO PASÓ CON “LA ÚLTIMA”?
Hay una emoción muy linda en hacerlas, en tocarlas, que las podemos grabar, pero hay una sensación que no le puedo poner nombre, que es cuando alguien la canta, alguien la toca o alguien la graba. No tengo las palabras suficientes para decir lo que me pasa, me largo a llorar automáticamente. Cuando una amiga, un amigo canta una canción de uno, a mí me pasan cosas increíbles. Uno no lo hace para que el otro las cante o para que lo reconozcan, pero cuando eso sucede es algo maravilloso, una sensación indescriptible para mí.
SI HOY TUVIERAS QUE NOMBRAR EL SENTIDO DE TODO ESTE CAMINO QUE VENÍS RECORRIENDO, AUNQUE SEA OBVIAMENTE DE FORMA PROVISORIA, ¿CUÁL SERÍA EL SENTIDO DE TU TRABAJO, DE TU PROCESO, DE TU OBRA?
Siento que todo tiene sentido cuando alguien lo escucha. Ya sea con las canciones o con el trabajo pasa lo mismo. Cuando me siento a trabajar o toco una canción y el otro lo escucha. Que esa instancia exista es casi como el fin del ciclo para mí. Que alguien venga, grabe un disco, y alguien después lo escuche, cierra el sentido. Después todo lo que venga para mí es mejor. Que a alguien le guste, que a alguien no le guste, que alguien lo critique, que lo usen, que no lo usen, que canten las canciones, que no las canten, pero ahí se acabó el ciclo. Después, todo lo demás, es para arriba. Llegar a la casa de unos amigos y que tengan en su lista de música que escuchan todos los días muchas canciones que yo grabé, ya pasa a ser un plano hermoso.
¿SENTÍS QUE EN ALGÚN PUNTO LE ESTÁS CAMBIANDO EN ALGO LA VIDA A ESA GENTE, A ESAS PERSONAS? ¿TE PASA ESO?
Si la gente cree que le cambia la vida escuchando música, entonces sí. Si varían las emociones cuando alguien pone alguna canción, entonces sí. Podemos llevarlo a un ámbito cualquiera: cuando estás entrenando y ponés algo que te motive, estás queriendo cambiar algo. O cómo te levantás, en el estado que estés, y quieras escuchar algo para mejorar eso. Algo en su vida o en ese instante quiere cambiar.
LÍMITES Y POSIBILIDADES
En el tramo final de la conversación, la mirada de Joaquín Luna Tello se proyecta y se ensancha. Ya no se trata solo de su recorrido personal o de los procesos creativos, sino de una escena que lo contiene y que, al mismo tiempo, interpela. La música en La Rioja aparece entonces como un territorio de posibilidades, pero también de límites que -según su lectura- aún están por correrse.
Su planteo no es ingenuo ni meramente aspiracional: hay en sus palabras una voluntad concreta de profesionalizar, de asumir el oficio en toda su dimensión, desde quien compone hasta quien sostiene las redes o el sonido. Pensar la música como trabajo, como sistema, como entramado que puede sostener vidas y proyectos, se vuelve para él una condición necesaria para el crecimiento.Pero esa proyección se vuelve más urgente cuando se posa sobre el folklore.
Allí, Luna Tello introduce una tensión que desborda lo musical y se instala en lo social. Si el folklore es -como plantea- lenguaje de los pueblos, entonces no puede desentenderse de su tiempo. En ese cruce entre arte y realidad, su voz deja de ser solo la de un músico para convertirse en la de alguien que pide, sin rodeos, una toma de posición
¿QUÉ TE GUSTARÍA QUE PASE CON LA MÚSICA EN LA RIOJA EN LOS PRÓXIMOS AÑOS?
A mí me gustaría que los músicos sepan, de alguna manera, que esto es un oficio de tiempo completo y que se puede vivir de ello. Que se puede lograr esos objetivos que a veces parecen lejanos. A veces, cuando tengo conversaciones con ellos, con mis colegas, es como que siempre se está marcando un límite.Me gustaría correr el límite, ya sea como músico o en el oficio que sea, desde el que maneja redes, desde los que son instrumentistas, desde lo que se paran al frente. Me gustaría que se tome como un oficio y que exista la posibilidad para que eso se crea correcto. Me parece que de ahí en más todo es crecimiento.
¿QUÉ CREÉS QUE LE FALTA DISCUTIR HOY AL FOLKLORE ARGENTINO
No sé si le falta discusión. Convengamos que hay muchos folklores, muchos gustos, muchos tipos de letras. Para mí el folklore, al ser el lenguaje de los pueblos, esa debería ser la base. Estamos en un momento humanamente muy duro, y a mí me gustaría que los artistas que tocan folclore sean conscientes de esto y que nos podamos unir para que todos hablemos más o menos en el mismo lenguaje, toquemos a la misma velocidad y con los mismos instrumentos. Hablamos de un lenguaje común y humano, que eso para mí es mucho más importante que si después vendemos tantas entradas o no. Me dolió mucho ver en Cosquín a muchos artistas de folklore que estaban allí gracias a las luchas y gracias a las personas que ponen el cuerpo para que eso suceda, y que no les importe y miren para otro lado, o que decidan callarse cosas. No estamos hablando de si Boca le ganó a River con un gol en el último minuto, estamos hablando de cosas mucho más importantes. Me gustaría que en este momento todos salgan a defender el agua, que todos salgan a defender los salarios de las personas que no llegan a fin de mes. Me gustaría que el folklore y la música entera podamos abogar por no quedarnos callados.
