La humanidad toda

Una reseña para el libro «Mis sueños de aquellos días», del escritor riojano Héctor David Gatica

Sumergirse en “Mis sueños de aquellos días”, el último libro de Héctor David Gatica, que fuera presentado en la Feria del Libro La Rioja 2017, se asemeja casi perfectamente a iniciar un viaje en el que regresar es estar andando siempre. La experiencia rica y viva del escritor, se derrama sobre unas páginas que permiten el recorrido hacia un tiempo que, aún en el ayer, es hoy; y hacia un espacio en que la perpetuidad es, al fin, posible. Permanencia, trascendencia, existir más allá del momento particular. Esa es la búsqueda que se ve motivada, además, por cuatro ejes fundamentales, según el propio autor afirma: memoria; terapia; evaluación y agradecimiento.
Desde el instante mismo en que uno entra en contacto con “Mis sueños de aquellos días”, sabe que a través de las palabras de Gatica, se pondrá en marcha un viaje en el que la nostalgia y la memoria son puentes que el autor construye, casi inconscientemente y en el devenir de lo cotidiano, para llevarnos a uno y otro lado de su propia nostalgia y su propia memoria, en un derrotero compartido por la claridad de sus visiones y, al mismo tiempo, por la generosidad de las vivencias vueltas anécdotas y que, ahora, se comparten con un lector que va descubriendo las vidas, las historias y los paisajes.
Partiendo de esa base fundamental, uno sabe que todo lo que encontrará en “Mis sueños de aquellos días” fue concebido por la mirada profunda y comprometida del autor con su tiempo que es, en simultáneo, el tiempo de todos. Tal es la claridad que uno encuentra en sus palabras y en su manera de ubicarlas en el blanco de un papel que, a partir de la maestría y la experiencia del escritor, se vuelve historia. Página en blanco que es patria. Identidades que se configuran en el contar.
De alguna manera -sutil y abrazadora manera- la obra de Gatica puesta en estos tomos que abarcan desde el año 1970 hasta el año 2010, viene a resumir un ciclo vital que nos obliga a repensar nuestro presente a partir de un pasado que nos define como un origen, un nacimiento que planta bandera y nos funda.
Y lo hace, el autor, a partir de referencias ineludibles. Muchas de ellas, la mayoría por supuesto, tienen que ver con un orden estrictamente personal, pero no por ello dejan de poner en cada palabra una impronta para la construcción de la identidad colectiva. Un punto de encuentro. Un hito. El hombre busca su raíz. Y viceversa. Esa confluencia late al ritmo del corazón de los pasos dados sobre la tierra. Y es, tal vez, la definición más precisa de la existencia del escritor.
Gatica sabe, mejor que nadie, que está regresando siempre a través de su escritura que camina, sin embargo, hacia un futuro cercano que nos deparará seguramente nuevos encuentros con su generosa manera de mostrarnos el universo próximo. Así es el derrotero de Gatica. Ese no llegar jamás para seguir caminando es el punto de encuentro con el hoy, con el aquí, con el ahora en que el autor escribe su historia y nos pone en evidencia para comprender, al fin, que quien toca este libro, está tocando a un hombre. Y aún más: quien toca este libro, está tocando la humanidad toda.

 

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