
La película cuenta la historia de una joven de Buenos Aires cuya relación con la poesía adquiere una dimensión inesperada a partir del descubrimiento de la obra de Lazzaroni. Pero detrás de ese argumento, aparentemente sencillo, parece desarrollarse otro relato, menos evidente y posiblemente más inquietante. Porque mientras seguimos una historia, comenzamos a sospechar la existencia de otra, construida alrededor de las oportunidades que se pierden, las personas que no llegan a encontrarse y las vidas que avanzan en direcciones diferentes. No necesariamente se trata de grandes acontecimientos ni de situaciones extraordinarias. A veces, el verdadero movimiento de una existencia sucede en una región que permanece invisible para quienes la observan desde afuera.
Esta manera de entender el relato tiene antecedentes en la propia obra de Soberón. El escritor y cineasta tucumano ha dedicado una parte importante de su trayectoria a explorar las relaciones entre la literatura, la memoria y las imágenes, especialmente a través de documentales sobre poetas argentinos. En sus trabajos sobre Inés Aráoz, Jacobo Regen y Néstor Groppa aparece una preocupación persistente por reconstruir aquello que el tiempo ha dejado atrás, por acercarse a una existencia sabiendo que siempre habrá algo imposible de recuperar. En “El viento sopla”, su acercamiento a la ficción no significa necesariamente un abandono de esas búsquedas, sino la posibilidad de continuarlas mediante otros recursos.
Hay, además, un elemento que permite comprender mejor el origen de la película: la relación artística entre Soberón y Pultrone. Ambos habían comenzado a trabajar en un proyecto sobre Lazzaroni al menos en 2020, cuando el realizador lo anunció durante una entrevista. Sus trayectorias también se cruzaron en publicaciones y conversaciones literarias. Pultrone entrevistó a Soberón para Infobae Cultura en 2022, mientras que él participó como colaborador de la revista El Esfuerzo Conjugado, dirigida por la escritora. Más recientemente, Soberón dedicó un ensayo a “Hasta verte amanecer”, volumen que reúne parte de la producción poética de Pultrone. Hay en ese intercambio una afinidad que va más allá del trabajo circunstancial entre un director y una guionista, y que parece encontrar en el cortometraje un espacio para prolongarse.

LA POESÍA COMO TERRITORIO COMPARTIDO
Anahí Lazzaroni nació en La Plata en 1957 y llegó a Ushuaia siendo niña. Allí desarrolló una obra que terminaría ocupando un lugar fundamental en la literatura de Tierra del Fuego. Publicó su primer libro, “Viernes de acrílico”, en 1977, y a partir de entonces construyó una escritura de notable precisión, atenta a los detalles de la vida cotidiana, a las transformaciones del paisaje y a las dificultades que supone encontrar las palabras necesarias para expresar aquello que nos sucede. Su producción incluye títulos como “El poema se va sin saludarnos”, “A la luz del desierto”, “El viento sopla” y “Alguien lo dijo”. Falleció en 2019, dejando una obra que todavía espera una circulación más amplia dentro del panorama literario argentino.
La investigadora Luciana Mellado ha señalado que la poesía y la ciudad constituyen dos preocupaciones fundamentales de Lazzaroni. En sus versos, Ushuaia aparece atravesada por los cambios, los desplazamientos humanos, las construcciones que desaparecen y las memorias que sobreviven a esas transformaciones. Lejos de la postal turística que suele reducir el extremo sur del país a un paisaje de montañas, nieve y silencio, la escritora encontró una ciudad compleja, contradictoria y, muchas veces, profundamente solitaria. No cuesta advertir cuánto puede dialogar ese universo con una ficción que se desarrolla en Buenos Aires, una ciudad que también ofrece infinitas posibilidades de encuentro y otras tantas de permanecer indiferentes a quienes nos rodean.
La referencia a Alejandra Pizarnik introduce otra dimensión de esa relación entre literatura y experiencia. En un momento del cortometraje, la protagonista muestra un libro de la poeta y, posteriormente, durante una conversación, afirma que todas las poetas leen a Pizarnik. La frase, que contiene cierta complicidad y puede leerse también con un matiz de ironía, remite al lugar que la autora de “Árbol de Diana” ocupa en la formación de distintas generaciones de escritoras argentinas. Pero adquiere un significado adicional cuando sabemos que la propia Pultrone ha reconocido a Pizarnik entre las lecturas que marcaron sus primeros acercamientos a la poesía. No se trata, entonces, solamente de una referencia literaria introducida en el diálogo, sino de una posible huella de la experiencia personal de la guionista.

Hay algo particularmente atractivo en esa circulación de nombres, libros y sensibilidades. Pizarnik aparece en la vida de la protagonista, Lazzaroni ingresa en ella a través de sus poemas y Pultrone construye la ficción desde una relación íntima con ambas escrituras. La literatura se convierte así en una conversación que atraviesa generaciones, lugares y momentos diferentes. Los libros pasan de unas manos a otras, encuentran lectores que sus autores jamás imaginaron y algunas veces provocan pequeñas transformaciones cuya verdadera importancia solamente puede comprender quien las experimenta. Pero quizá el vínculo más significativo sea el que unió a Pultrone con Lazzaroni durante más de veinte años. Ambas comenzaron a relacionarse a mediados de la década de 1990, cuando intercambiaban libros y poemas desde Buenos Aires y Ushuaia. Después llegaron las conversaciones telefónicas y, finalmente, los mensajes que permitieron sostener una amistad cotidiana a pesar de la distancia. Durante mucho tiempo no llegaron a conocerse personalmente. Cuando Pultrone finalmente viajó al sur para visitarla, Lazzaroni la recibió con una frase que su amiga recordaría años después: “Creí que nunca te iba a ver”. Hay algo profundamente cinematográfico en esa escena real, en ese encuentro que la vida demoró durante décadas y que, sin embargo, nunca impidió que ambas compartieran una amistad verdadera.
No corresponde afirmar que el cortometraje reproduce esa experiencia, pero conocerla permite descubrir nuevas resonancias en su universo narrativo. Porque “El viento sopla” parece preguntarse, entre otras cosas, qué significa realmente encontrarse con alguien. Si la proximidad física garantiza alguna forma de conocimiento o si, por el contrario, dos personas pueden establecer una relación profunda sin compartir jamás un mismo espacio. La historia de Pultrone y Lazzaroni introduce una respuesta posible, construida con cartas, libros, llamadas telefónicas y una voluntad persistente de mantener viva la conversación.

LO QUE PERMANECE CUANDO TODO CAMBIA
En septiembre de 2022, durante una entrevista realizada precisamente por Pultrone para Infobae Cultura, Soberón reflexionó sobre su novela “Mamá” y pronunció una frase que parece especialmente adecuada para pensar este cortometraje: “La literatura une lo que la realidad separa”. Hablaba entonces de la posibilidad de reunir, mediante la escritura, acontecimientos y experiencias que habían permanecido separados en la vida. Sin embargo, la afirmación permite establecer un diálogo sugerente con “El viento sopla”. Allí donde las personas no consiguen encontrarse, la literatura puede establecer un puente. Allí donde el tiempo vuelve imposible una conversación, los libros conservan la posibilidad de iniciarla. La elección del título tampoco parece indiferente. “El viento sopla” es el nombre del poemario que Lazzaroni publicó en 2011, un libro en el que la ciudad y sus transformaciones adquieren especial protagonismo. En uno de sus textos, la escritora describe la inminente desaparición de una vieja casa para dar lugar a un hotel, una escena que resume las modificaciones del paisaje urbano y la pérdida de aquello que alguna vez resultó familiar. Mientras las construcciones cambian y las personas continúan su marcha, el viento permanece. Sopla sobre lo nuevo y sobre los restos de lo que ya no existe, como una presencia indiferente a los acontecimientos humanos y, al mismo tiempo, capaz de recordarnos su inevitable fragilidad.

Es tentador trasladar esa imagen a las relaciones que propone la película. También las personas cambian, se alejan, toman decisiones que modifican el curso de sus vidas y dejan atrás historias que nunca terminaron de suceder. Algunas permanecen en la memoria; otras sobreviven apenas como posibilidades. Pero hay palabras que resisten ese movimiento y que regresan cuando parecía que ya no tenían nada más para decirnos. La poesía posee esa particularidad: puede permanecer durante años en un libro cerrado y recuperar, de pronto, toda su capacidad de conmovernos.
Quizá uno de los aspectos más interesantes de “El viento sopla” sea precisamente su decisión de recordar a una poeta sin convertirla necesariamente en protagonista de una reconstrucción biográfica. El homenaje se desplaza hacia la vida de quienes reciben su obra, hacia las consecuencias que una lectura puede producir mucho después de haber sido escrita. Es una manera de pensar la permanencia de la literatura desde una dimensión menos monumental y más cercana a la experiencia cotidiana. Porque, después de todo, la trascendencia de un libro no siempre puede medirse por la cantidad de ejemplares vendidos, los reconocimientos obtenidos o la presencia de su autor en las historias literarias. A veces alcanza con que sus palabras acompañen a alguien en un momento decisivo de su existencia.
Y quizá sea allí donde las historias que parecían separadas finalmente encuentran alguna forma de unión. Una poeta escribe desde Ushuaia. Una joven descubre sus libros en Buenos Aires. Dos artistas deciden convertir esa experiencia en una película. Entre todos esos acontecimientos hay distancias geográficas, temporales y afectivas que la realidad no puede eliminar por completo, pero que la imaginación consigue recorrer. “El viento sopla” encuentra en esa posibilidad una razón para hablar de las ausencias sin resignarse a ellas, para recordar a quienes ya no están sin encerrarlos en el pasado y para sugerir que algunas vidas pueden encontrarse de maneras que nunca habíamos imaginado.
Acaso por eso seguimos leyendo poesía. Porque hay palabras que llegan hasta nosotros desde lugares donde nunca estuvimos y desde vidas que nunca compartimos. Y porque, algunas veces, nos permiten reconocer algo propio en la historia de un desconocido. El viento continúa soplando. Lo que cambia, tal vez, es nuestra manera de percibirlo.
FABIÁN SOBERÓN Y ALEJANDRA PULTRONE: UNA COMPLICIDAD CONSTRUIDA ALREDEDOR DE LA LITERATURA
La relación artística entre Fabián Soberón y Alejandra Pultrone tiene antecedentes que permiten comprender el recorrido que desembocó en “El viento sopla”. Ambos comparten un interés sostenido por la poesía, la memoria y las posibilidades que ofrece la literatura para reconstruir experiencias personales, preocupaciones que aparecen tanto en sus producciones individuales como en los intercambios que han mantenido a través de diferentes proyectos culturales.
Uno de los primeros testimonios públicos de ese trabajo compartido aparece en junio de 2020. Durante una entrevista con Revista Ruda, Soberón, que ya había dirigido documentales dedicados a figuras como Inés Aráoz, Jacobo Regen y Néstor Groppa, anunció que comenzaba a trabajar con Pultrone en una película sobre Anahí Lazzaroni. Aquella declaración permite establecer que el cortometraje no surgió de una iniciativa inmediata, sino de un proyecto que comenzó a gestarse varios años antes de su circulación pública.
La colaboración también tuvo expresiones en el ámbito editorial. En agosto de 2021, Soberón participó con el texto Tres siluetas en el tercer número de El Esfuerzo Conjugado, revista literaria dirigida por Pultrone. Un año después, en septiembre de 2022, fue ella quien lo entrevistó para Infobae Cultura con motivo de la publicación de la edición bilingüe de Mamá, novela en la que el escritor tucumano aborda la memoria familiar y los vínculos entre autobiografía y ficción. Aquella conversación permitió reconocer una preocupación compartida por los procedimientos mediante los cuales la literatura transforma la experiencia en una construcción artística.
El intercambio continuó más allá de la realización del cortometraje. El 29 de septiembre de 2026, Soberón publicó en Suburbano el ensayo Las formas de la despedida, dedicado a Hasta verte amanecer, libro de Pultrone editado por Hemisferio Derecho en 2025. Allí analiza tres conjuntos de poemas reunidos en el volumen -Restos de poda, Plaza Washington y La soledad de los anhelos-, en los que identifica preocupaciones relacionadas con la infancia, la muerte, los vínculos familiares, el paso del tiempo y la soledad. Son cuestiones que también permiten reconocer puntos de contacto entre las sensibilidades literarias de ambos autores.
En ese recorrido, la figura de Anahí Lazzaroni ocupa un lugar singular. Para Pultrone, la poeta fueguina no fue solamente una escritora admirada, sino una amiga cercana durante más de dos décadas. Esa proximidad introduce una dimensión afectiva en el proyecto cinematográfico que lo distingue de una aproximación estrictamente biográfica. Soberón aporta una trayectoria audiovisual dedicada a explorar las relaciones entre poesía e imagen, mientras Pultrone acerca una experiencia literaria y personal vinculada directamente con la autora homenajeada.
El resultado permite pensar “El viento sopla” como una expresión de ese diálogo creativo. No se trata de atribuirles una misma sensibilidad ni de desconocer las particularidades de sus respectivas obras, sino de reconocer una serie de intereses que encuentran en el cine un territorio común. La ficción se convierte, así, en un espacio donde confluyen dos maneras de acercarse a la literatura: la del realizador que explora cómo representar cinematográficamente el universo de los escritores y la de una poeta que transforma el recuerdo de una amistad en materia narrativa.
Aunque los antecedentes documentados permiten reconocer colaboraciones e intercambios sostenidos, no alcanzan para afirmar que ambos hayan codirigido otras películas.
Sí muestran que el encuentro entre Soberón y Pultrone excede ampliamente los créditos de este cortometraje y forma parte de una conversación artística que continúa desarrollándose.
FICHA TÉCNICA

El Viento Sopla. Cortometraje de ficción, homenaje a Anahí Lazzaroni, la poeta de Tierra del Fuego.
Sinopsis: Fer escribe y pinta mientras transita algunos interrogantes sobre su existencia. Después de participar con sus amigos en una lectura de poesía, descubre un libro de Anahí Lazzaroni, la poeta de Tierra del Fuego. El encuentro que el azar propicia entre ambas, le acercará algunas respuestas.
Ficha técnica:
Dirección: Fabián Soberón
Guión original y asistencia de dirección: Alejandra Pultrone
Dirección de fotografía y cámara: Priscila Regueiro
Montaje: Leandro Herrera
Música original: Agustín Espinosa
Post producción de sonido: Pablo Sánchez
Dirección de arte: Alejandra Pultrone
Microfonistas: Jazmín Mourelle / Romford
Continuista: Jazmín Mourelle
Vestuario: Halo, arte para vestir
Cast: Florencia Kermen, Luca Capobianco, Josefina Balmaceda, Jazmín Mourelle, Agustín Barone, Jimena Giacossa, Bernardita Marín, Nina Rossi, Frida.
Buenos Aires / Tucumán, 2023.