Hay una casa sobre la calle Güemes, en la ciudad de La Rioja, que Laura González no ha podido olvidar. Allí vivió durante algunos años de su infancia junto a su familia y allí, según recuerda, ocurrieron episodios que todavía hoy no consigue explicar.
Uno de ellos permanece especialmente vivo en su memoria: la figura de una mujer de cabello largo, vestida con algo parecido a un camisón blanco, que una vez vio desplazarse frente a sus ojos y que desapareció antes de que su madre pudiera observarla. Más tarde, durante una conversación familiar, su hermano contó que también había visto aquella figura esa misma mañana. Laura no recuerda haber sentido miedo. Lo que experimentó entonces fue una curiosidad que, con los años, terminaría convirtiéndose en una manera de mirar el mundo y, mucho después, en un proyecto televisivo.
Aquella experiencia convivía con otra costumbre familiar que también dejaría una marca profunda: escuchar las historias que contaba su padre, un hombre que, según recuerda, conocía infinidad de relatos sobre personajes, lugares, viviendas antiguas y acontecimientos del pasado. Laura creció entre esas narraciones y comenzó a guardar en la memoria todo aquello que despertaba su interés. Después llegaron los estudios de locución y comunicación, las lecturas, su predilección por los escritores riojanos y una carpeta en la que fue reuniendo fotografías, documentos, referencias y apuntes de historias que algún día quería recuperar.
Sin saberlo, estaba construyendo el archivo inicial de El Umbral, el ciclo que conduce por Canal 9 y que propone recorrer los territorios donde la historia, la tradición oral, los misterios y la memoria colectiva encuentran puntos de contacto.
El programa ya lleva varios capítulos emitidos y, en ese recorrido, González descubrió que algunas investigaciones podían llevarla mucho más lejos de lo imaginado. Le ocurrió con la historia de la familia Góndolo, a la que llegó a partir de la fotografía de una antigua casona reproducida en la tapa de un libro y cuya reconstrucción terminó conmoviéndola hasta las lágrimas. También con la búsqueda de la Carbonera de Sandes, vinculada con el asesinato del Chacho Peñaloza, un lugar cuya localización le demandó un trabajo persistente y que la enfrentó con una pregunta inquietante: cómo es posible que un sitio relacionado con un acontecimiento tan significativo de nuestra historia resulte tan difícil de encontrar. Son experiencias que ayudan a comprender que El Umbral no pretende limitarse a lo sobrenatural ni encontrar explicaciones para todo, sino recuperar historias que merecen ser conocidas y distinguir, mediante la investigación, los hechos documentados de las creencias y los relatos transmitidos entre generaciones.
En ese camino, la conductora también comenzó a descubrir otra dimensión de su trabajo. Los mensajes de los televidentes, los testimonios que llegan después de cada emisión y la cantidad de nuevas historias que esperan ser investigadas fueron transformando aquel interés personal en una responsabilidad que hoy reconoce como cultural. Porque detrás de las leyendas, de los nombres olvidados y de las viejas fotografías aparecen vidas que alguna vez formaron parte de nuestra comunidad y que corren el riesgo de desaparecer definitivamente de su memoria. De eso habla Laura González en esta entrevista con 1591 Cultura + Espectáculos: de su infancia, de los descubrimientos que la conmovieron y de su deseo de que El Umbral pueda convertirse, con los años, en un pequeño archivo donde las historias encuentren refugio frente al olvido.

LA CURIOSIDAD COMO PUNTO DE PARTIDA
Hay curiosidades que nacen en la infancia y permanecen con nosotros durante toda la vida, aunque con los años encuentren nuevas formas de expresarse. En el caso de Laura González, aquellas historias que escuchaba en las reuniones familiares, los relatos de su padre y ciertas experiencias que todavía conserva en la memoria fueron alimentando una inquietud que nunca terminó de abandonarla. Mucho antes de que existieran las cámaras, los guiones y las emisiones televisivas, ya había comenzado a construir, casi sin proponérselo, el universo del que surgiría El Umbral. Una historia personal en la que el asombro tuvo, desde el principio, un lugar fundamental.
Laura, El Umbral propone adentrarse en un universo de historias, misterios y relatos que muchas veces permanecen ocultos o sobreviven en la memoria de las personas. ¿Cómo nació este proyecto y qué fue lo que te llevó personalmente a involucrarte en él?
Creo que El Umbral comenzó a gestarse mucho antes de que yo imaginara que algún día se convertiría en un programa de televisión. Su origen está, de alguna manera, en mi infancia, en aquellas reuniones familiares donde siempre había alguien dispuesto a contar una historia. Mi papá conocía muchísimas y yo disfrutaba enormemente escucharlo. Recuerdo que prestaba mucha atención a cada relato, a cada detalle, y sin darme cuenta iba guardando esas historias en mi memoria. Con los años, esa curiosidad nunca desapareció. Por el contrario, fue creciendo. Cada vez que alguien comenzaba a contar una experiencia, una leyenda o algún suceso extraño, yo era la primera en escuchar. Siempre me interesó eso que las personas transmiten de generación en generación, esos relatos que muchas veces no están escritos en ningún libro, pero que permanecen vivos en la memoria de quienes los cuentan. Cuando comencé a estudiar Locución y Comunicación, esa inquietud empezó a tomar otra dimensión. Ya no me conformaba solamente con escuchar y recordar. Comencé a escribir aquellas historias, a investigar, a buscar imágenes y a reunir material. Así fui armando una carpeta que, con el tiempo, se convirtió en una especie de archivo personal, donde guardaba relatos, fotografías, referencias y todo aquello que despertaba mi curiosidad. La lectura también tuvo un papel fundamental en este camino. Siempre me gustó leer a distintos autores, pero tengo una predilección especial por los escritores riojanos. En sus páginas encontré historias, personajes, lugares y acontecimientos que alimentaron todavía más ese interés. Muchas veces bastaba una frase, un dato o incluso una sola palabra para despertar en mí la necesidad de investigar y descubrir qué había detrás. Y creo que allí está la verdadera esencia de El Umbral: en esa curiosidad que nació cuando era niña y que nunca me abandonó. En la necesidad de escuchar, investigar y recuperar historias que merecen ser contadas. Porque siempre pensé que detrás de un relato, por más pequeño o sencillo que parezca, puede esconderse una historia extraordinaria. El Umbral es, en definitiva, la posibilidad de compartir con los demás todo aquello que durante tantos años fui guardando en mi memoria, en mis lecturas y en aquella carpeta que, sin saberlo, estaba dando origen a este proyecto.
El nombre del programa sugiere la existencia de una frontera entre aquello que conocemos y lo que todavía permanece sin explicación. ¿Por qué eligieron llamarlo El Umbral y qué representa para vos esa idea de cruzar hacia lo desconocido?
La elección del nombre fue todo un proceso. Tenía varias opciones en mente, porque buscaba una palabra que pudiera representar la esencia del programa, pero que al mismo tiempo despertara curiosidad e invitara a descubrir algo más. Finalmente, decidí hacer una pequeña encuesta entre mis allegados, compartiendo los posibles nombres, y fue así como terminó imponiéndose El Umbral. Con el tiempo, fui sintiendo que no podría haber tenido un nombre más apropiado. Un umbral es ese punto que separa dos espacios, pero también es el lugar desde donde podemos animarnos a dar un paso hacia algo que todavía no conocemos. Y eso es precisamente lo que intento transmitir con el programa. Cruzar ese umbral no significa necesariamente encontrarnos con algo sobrenatural o inexplicable. A veces es simplemente descubrir una historia olvidada, recuperar la memoria de un personaje, conocer un lugar desde otra perspectiva. Para mí, lo desconocido no siempre está relacionado con el miedo. También tiene que ver con la curiosidad, con el asombro y con esa necesidad tan humana de comprender aquello que todavía no tiene todas las respuestas. El Umbral representa justamente eso: una invitación a mirar un poco más allá de lo evidente, a no quedarnos solamente con lo que conocemos y a descubrir que, muchas veces, detrás de una historia que parece sencilla existe todo un universo por explorar. Y hay algo que me gusta especialmente de este nombre: cada historia es una puerta diferente y cada episodio, una nueva oportunidad de cruzarla.
Me gustaría que volvieras por un momento a tu infancia. ¿Recordás alguna historia misteriosa, alguna leyenda o algún relato que te contaran tus padres, tus abuelos o algún vecino y que todavía hoy permanezca en tu memoria?
Son muchas las historias que permanecen en mi memoria, pero hay una experiencia de mi infancia que nunca pude olvidar. Durante algunos años vivimos con mi familia en una casa ubicada sobre calle Güemes en la capital riojana, todavía existe la casa. Mis padres la habían alquilado por su cercanía a las escuelas a las que asistíamos con mis hermanos. Lo que jamás imaginamos fue que aquella vivienda terminaría dejando una huella tan profunda en nuestros recuerdos. Allí sucedieron numerosos episodios que nosotros vivimos como fenómenos paranormales. Pero hay uno que recuerdo con absoluta claridad. Yo era una niña cuando, en una oportunidad, vi pasar frente a mis ojos la figura de una mujer. Tenía el cabello largo y llevaba algo parecido a un camisón blanco. Recuerdo perfectamente que se desplazó frente a mí y, lejos de sentir miedo, lo que experimenté fue una enorme curiosidad. Con toda la naturalidad de una niña, le dije a mi mamá: ‘Mirá, ma, se cruzó una mujer’. Ella miró inmediatamente hacia donde yo le señalaba, pero aquella figura ya había desaparecido. Lo más sorprendente ocurrió después, durante una conversación familiar alrededor de la mesa. Mi hermano contó que esa misma mañana también había visto la figura y según su relato, se había desplazado entre las habitaciones, como si flotara, porque no se le veían los pies. Aquello nos impactó, aunque debo decir que en esa casa las situaciones extrañas eran bastante frecuentes. No fue el único episodio que vivimos y, seguramente, podría contar muchas otras experiencias de aquellos años. Pero mi infancia también estuvo acompañada por otra clase de relatos. Mi papá conocía muchísimas historias y tenía esa capacidad maravillosa de llevarnos a otros tiempos a través de sus palabras. Nos hablaba de lugares, de antiguas viviendas, de personajes y de acontecimientos históricos. Yo disfrutaba profundamente escucharlo, porque siempre había algo nuevo por descubrir. Hoy creo que esas dos experiencias fueron fundamentales en mi vida. Por eso, cuando pienso en el origen de El Umbral, comprendo que mi interés por el misterio no nació del miedo, sino de la curiosidad. De esa necesidad de mirar un poco más allá y preguntarme qué historia puede existir detrás de aquello que no logramos comprender.

LAS HISTORIAS QUE ESPERAN SER DESCUBIERTAS
La Rioja conserva buena parte de su pasado en lugares que transitamos cotidianamente, en fotografías antiguas, en documentos que pocos consultan y, sobre todo, en la memoria de quienes todavía tienen algo para contar. Recuperar esas historias supone un trabajo que exige paciencia, sensibilidad y una permanente disposición a dejarse sorprender. Laura González encontró en ese ejercicio una de las mayores satisfacciones de su proyecto, aunque también descubrió que algunas investigaciones pueden convertirse en experiencias profundamente conmovedoras. La historia de una familia reconstruida a partir de la imagen de una casona o la búsqueda de un sitio vinculado con el asesinato del Chacho Peñaloza permiten comprender hasta dónde puede conducir una pregunta cuando alguien se empeña en encontrar sus respuestas.
La Rioja tiene una tradición oral muy rica, especialmente en los pueblos del interior, donde muchas historias se transmitieron durante generaciones. ¿Qué descubriste acerca de nuestra Provincia cuando comenzaste a investigar ese universo de relatos que, en muchos casos, nunca llegaron a los libros de historia?
Lo primero que descubrí es que La Rioja tiene una riqueza histórica, cultural y humana extraordinaria, y que todavía existen muchísimas historias esperando ser contadas. A veces creemos que conocemos nuestra provincia porque sabemos de sus acontecimientos históricos más importantes, de sus personajes reconocidos o de sus lugares emblemáticos. Pero cuando comenzamos a escuchar a su gente, especialmente en los pueblos del interior, descubrimos que hay otra historia, una que no siempre aparece en los libros y que permanece viva gracias a la memoria de las personas. También descubrí que muchas veces un lugar aparentemente sencillo puede esconder una historia fascinante. Una casa abandonada, un camino, un árbol centenario, las ruinas de una antigua construcción o incluso un nombre que escuchamos desde siempre pueden convertirse en el punto de partida de una investigación. Y hay algo que me moviliza especialmente: pensar en cuántas historias se habrán perdido porque nadie se detuvo a escucharlas o porque quienes las conocían partieron sin poder transmitirlas. Por eso siento que El Umbral también tiene una responsabilidad cultural. No se trata solamente de investigar misterios o de despertar curiosidad, sino de contribuir, desde nuestro lugar, a recuperar y preservar parte de esa memoria colectiva. Siempre intentando distinguir entre los hechos documentados, las creencias y los testimonios que forman parte de nuestra tradición oral. Creo que La Rioja todavía tiene mucho por revelarnos.
¿Cómo se desarrolla el trabajo de investigación detrás de cada emisión? ¿De dónde surgen las historias y qué camino recorren desde que aparece el primer indicio hasta que finalmente llegan a la pantalla?
Cada episodio de El Umbral tiene su propio recorrido, porque no todas las historias llegan de la misma manera. A veces, una sola palabra es suficiente para comenzar a investigar. Cuando una historia me interesa, lo primero que hago es intentar conocer qué hay detrás de ella. Busco información, consulto libros, documentos, publicaciones antiguas y distintas fuentes que puedan aportar elementos. Cuando es posible, también recurro a historiadores, investigadores, vecinos o personas que conocen de cerca los acontecimientos. Me interesa especialmente escuchar a quienes tienen algo para contar, porque muchas veces un testimonio abre caminos que no había imaginado. Hay historias que cuentan con abundante documentación y otras que prácticamente sobreviven a través de la tradición oral. En esos casos, considero fundamental respetar el relato de las personas, pero también tener la responsabilidad de diferenciar aquello que está documentado de lo que pertenece al terreno de las creencias, las leyendas o las experiencias personales. Una vez reunido el material, comienza otra etapa que disfruto muchísimo: la construcción del relato. Pienso cómo contar esa historia, qué aspectos destacar, qué preguntas plantear y de qué manera mantener el interés del espectador sin perder el respeto por los hechos y sus protagonistas. Después llega la escritura del guion, la búsqueda y selección de imágenes, las entrevistas, las grabaciones y todo el trabajo de producción audiovisual. También hay un desafío importante cuando las historias pertenecen a otros tiempos y no existen fotografías o registros suficientes. En esos casos, buscamos recursos visuales que permitan acompañar la narración y recrear su contexto. Debo reconocer que detrás de cada emisión hay muchas horas de trabajo que el público no llega a ver. Hay búsquedas que llevan días, testimonios que obligan a revisar lo que creíamos saber y momentos en los que una investigación toma un rumbo completamente diferente al que imaginábamos. Pero creo que justamente allí está una de las cosas más apasionantes de este proyecto: cada historia también es un descubrimiento para mí. No me siento frente a una cámara solamente para contar algo que investigué, sino para compartir con el público ese camino de preguntas, hallazgos y emociones que recorrí hasta llegar a ella. Y cuando finalmente un episodio sale al aire, siento que todo ese esfuerzo tiene sentido. Porque una historia que quizás permanecía guardada en la memoria de unas pocas personas encuentra una nueva oportunidad de ser escuchada.
De todas las historias que abordaron hasta ahora, ¿cuál fue la que más te sorprendió o te conmovió? Me gustaría que nos contaras de qué se trataba, cómo llegaron a conocerla y qué impresión personal te dejó.
Sin lugar a duda, una de las historias que más me sorprendió y conmovió fue: la familia Gondolo. Y lo más curioso es cómo llegué a ella. Todo comenzó con la tapa de un libro. Recuerdo que vi la imagen de una antigua casona y algo en aquella construcción despertó inmediatamente mi curiosidad. El libro no estaba dedicado exclusivamente a los Góndolo; apenas contenía una breve mención sobre ellos. Sin embargo, aquella imagen y esas pocas palabras fueron suficientes para que sintiera la necesidad de saber más. Así comenzó una investigación que terminó llevándome mucho más lejos de lo que había imaginado. A medida que avanzaba, aparecían nuevos datos, descubría detalles de sus vidas y comenzaba a comprender quiénes eran y casi sin darme cuenta, me enamoré de su historia. Fue una experiencia muy especial porque llegué a involucrarme emocionalmente con sus protagonistas. Recuerdo que mientras escribía el guion de edición hubo momentos en los que no pude contener las lágrimas. Me emocionaba reconstruir sus vidas, imaginar sus experiencias y tratar de encontrar las palabras adecuadas para transmitir todo aquello que yo misma estaba sintiendo. Y cuando finalmente vi el episodio al aire, volví a emocionarme. Lo más hermoso fue descubrir que esa emoción también había llegado al público. Hasta hoy, con ocho capítulos emitidos, la historia de los Góndolo continúa siendo una de las que mayor repercusión y cariño ha recibido. Por supuesto, cada episodio tiene su público y sus particularidades, porque no todas las historias despiertan las mismas emociones. Pero siento que esta consiguió algo diferente: nos conectó directamente con el corazón. En estos tiempos, en los que muchas veces vivimos tan apurados y atravesados por tantas preocupaciones, también necesitamos recuperar esa sensibilidad. Necesitamos historias que nos conmuevan, que nos permitan detenernos un momento y recordar que detrás de los nombres, de las fotografías antiguas y de las construcciones que permanecen en pie, existieron personas que amaron, soñaron y dejaron una huella. Para mí, la historia de los Góndolo representa todo eso. Y también me dejó una enseñanza que reafirma mi manera de trabajar: nunca hay que subestimar un pequeño detalle, porque puede ser el comienzo de un descubrimiento extraordinario. Pensar que todo nació de la imagen de una casona en la tapa de un libro y terminó convirtiéndose en una historia que me hizo llorar, y que también emocionó a tantas personas, es algo que todavía hoy me conmueve profundamente.
Muchas veces los relatos populares mezclan acontecimientos reales, creencias, interpretaciones y elementos que se fueron agregando con el paso del tiempo. ¿Cómo trabajan para distinguir lo que puede comprobarse de aquello que pertenece al territorio de la leyenda, sin perder el respeto por quienes transmitieron esas historias?
Creo que lo fundamental es investigar con responsabilidad y escuchar con respeto. Y en este sentido, quiero destacar algo muy importante: para mi formar parte de un medio de comunicación como Canal 9 implica un compromiso con la calidad y la seriedad de los contenidos que ofrecemos con el Umbral. Nada es improvisado. Detrás de cada episodio hay un trabajo de investigación, consulta de fuentes, lectura y estudio que permite respaldar lo que llevamos a la pantalla. Por supuesto, también respetamos las creencias y los relatos transmitidos de generación en generación, porque forman parte de nuestra identidad cultural. Pero siempre buscamos diferenciar los hechos documentados de aquello que pertenece a la tradición oral o a la leyenda. El misterio me invita a investigar, pero es la responsabilidad periodística la que guía mi manera de contarlo.
Hay lugares que parecen conservar una memoria propia: casas antiguas, edificios abandonados, caminos, pueblos y rincones asociados con acontecimientos que todavía se recuerdan. ¿Encontraron algún lugar de La Rioja cuya historia te haya impresionado especialmente? ¿Qué sucedió allí?
Me resulta muy difícil elegir un solo lugar, porque cada uno de los que hemos investigado tiene una historia, un significado y un valor especial. Todos, de alguna manera, me han sorprendido y dejado algo. Pero si tengo que mencionar uno que me haya movilizado particularmente, sin dudas elegiría la Carbonera de Sandes, vinculada a uno de los episodios más dolorosos de nuestra historia, el asesinato del Chacho Peñaloza. Lo que más me impactó fue descubrir cuánto se había desdibujado la memoria sobre su ubicación y su importancia histórica. Llegar hasta allí no fue sencillo. Me costó muchísimo encontrar referencias, dar con personas que pudieran orientarme y reconstruir el camino hacia ese lugar. Hubo momentos en los que sentí que quizás no lograría encontrarlo, pero había algo que me impulsaba a seguir buscando. Nunca baje los brazos. Y en medio de esa búsqueda apareció una reflexión que todavía me acompaña: ¿cómo es posible que un sitio vinculado a un acontecimiento tan significativo de nuestra historia resulte tan difícil de localizar y que tan pocas personas puedan dar referencias sobre él? Creo que esa experiencia me hizo comprender aún más la importancia de recuperar y preservar nuestra memoria histórica y oral. Porque cuando dejamos de transmitir las historias de nuestros lugares, corremos el riesgo de que también se pierda el conocimiento sobre ellos. La Carbonera de Sandes no fue para mí solamente un lugar al que quería llegar. Fue una búsqueda profundamente personal y una manera de reencontrarme con una parte de nuestra historia que merece ser recordada, conocida y valorada.

CUANDO EL PÚBLICO TAMBIÉN CUENTA
Las historias necesitan de alguien que las cuente, pero también de alguien dispuesto a escucharlas. En ese encuentro se sostiene buena parte de la tradición oral que ha permitido conservar durante generaciones acontecimientos, creencias y experiencias que rara vez encontraron lugar en los registros escritos. Desde sus primeras emisiones, El Umbral comenzó a generar una relación particular con los televidentes, muchos de los cuales encontraron en el programa un espacio donde compartir recuerdos y vivencias que habían permanecido guardados durante años. Esa participación fue ampliando los horizontes del ciclo y confirmando que, detrás de cada relato conocido, pueden existir muchos otros que todavía esperan encontrar una voz.
¿Cómo reaccionan las personas cuando ustedes llegan para recuperar una historia que quizás estuvo guardada durante muchos años? ¿Hay testimonios que resultan difíciles de conseguir porque todavía existen temores, silencios o cierta resistencia a hablar?
Las reacciones son muy diversas. Hay personas que sienten una enorme alegría al poder compartir una historia que guardaron durante años, pero también hay quienes sienten temor, miedo o incluso vergüenza de contar determinadas experiencias, especialmente cuando están relacionadas con hechos difíciles de explicar. Y lo entiendo y respeto profundamente. Muchas veces existe el miedo a no ser creídos, a ser juzgados o a quedar expuestos. Por eso considero fundamental generar confianza, escuchar sin prejuicios y, sobre todo, respetar los tiempos y las decisiones de cada persona. Siempre digo que detrás de cada testimonio hay una persona, una vivencia y sentimientos que merecen ser respetados. Para mí, ninguna historia es más importante que la tranquilidad de quien decide compartirla.
Desde que El Umbral comenzó a emitirse, ¿qué respuesta encontraste entre los televidentes? ¿Se acercaron personas con nuevas historias, documentos o testimonios que les permitieron descubrir acontecimientos que hasta entonces desconocían?
La verdad es que nunca imaginé una repercusión tan hermosa. Desde el primer episodio, la respuesta del público fue muy positiva y continúa sorprendiéndome. Me emociona escuchar a tantas personas expresar su alegría porque Canal 9 vuelva a ofrecer este tipo de contenidos, y también que valoren que sea una mujer quien lleve adelante el proyecto. Hay algo que me conmueve especialmente: sentir que el público percibe el amor, el esfuerzo y la dedicación que pongo en cada capítulo. Muchos destacan mi manera de relatar las historias, y eso tiene un significado enorme para mí, porque siento que estoy logrando lo que me propuse: llegar a quienes disfrutan de escuchar relatos, dejarse envolver por la magia, la intriga y el misterio. Todos los días llegan nuevos mensajes, testimonios y personas que desean compartir sus propias experiencias. Son tantas las historias que se han sumado que ya tenemos muchísimo material para futuros episodios. Creo que lo más hermoso es descubrir que El Umbral no solamente está llegando a la gente, sino que la gente también está comenzando a formar parte de El Umbral.
Vivimos en una época en la que la tecnología parece ofrecernos respuestas inmediatas para casi todo. Sin embargo, los misterios, las leyendas y los acontecimientos inexplicables siguen despertando una enorme fascinación. ¿Por qué creés que necesitamos esas historias y qué dicen acerca de nuestros miedos, nuestras creencias y nuestra manera de comprender el mundo?
Creo que, por más que avance la tecnología, hay algo que nunca vamos a perder: la curiosidad por aquello que no conocemos. Los misterios y las leyendas nos invitan a imaginar, a hacernos preguntas y a conectar con nuestros miedos, nuestras creencias y también con nuestra historia. Pienso que necesitamos estos relatos porque nos permiten salir por un momento de la rutina, recuperar la capacidad de asombro y descubrir que no todo tiene necesariamente una respuesta inmediata. En un mundo donde pareciera que todo debe explicarse rápidamente, el misterio nos recuerda que todavía podemos sorprendernos. Y creo que esa magia de escuchar una historia, imaginarla y dejarnos llevar por ella es algo que nunca deberíamos perder.

LA MEMORIA FRENTE AL OLVIDO
Cada generación recibe un conjunto de historias que ayudan a explicar de dónde viene y quiénes fueron aquellos que la precedieron. Algunas sobreviven en los libros, en los archivos o en los monumentos; otras dependen exclusivamente de la memoria de personas que, muchas veces sin advertirlo, conservan fragmentos irreemplazables de la experiencia colectiva. Laura González fue descubriendo esa dimensión de su trabajo a medida que avanzaban las emisiones de El Umbral y comenzaba a comprender que recuperar un relato también puede ser una manera de impedir su desaparición. En esa preocupación por lo que todavía puede salvarse del olvido aparece, quizás, el sentido más profundo de un proyecto que nació de la curiosidad y terminó encontrando una responsabilidad cultural.
Más allá de los misterios, me interesa pensar en El Umbral como una manera de recuperar parte de nuestra identidad. Después de este recorrido, ¿sentís que los riojanos conocemos verdaderamente nuestra propia historia o que todavía existe una enorme cantidad de acontecimientos, personajes y relatos esperando ser descubiertos?
Conocemos una parte de nuestra historia, pero todavía nos queda muchísimo por descubrir. La Rioja tiene una riqueza histórica y cultural extraordinaria, y estoy convencida de que existen innumerables acontecimientos, personajes y relatos que permanecen en la memoria de nuestros pueblos, esperando una oportunidad para ser conocidos. A veces no necesitamos ir demasiado lejos para encontrar historias fascinantes. Están en nuestras calles, en las antiguas construcciones, en los recuerdos de nuestros mayores y en lugares por los que pasamos todos los días sin imaginar lo que ocurrió allí. No podemos valorar plenamente aquello que desconocemos. Y si El Umbral logra despertar en alguien la curiosidad por y querer un poco más nuestra historia, siento que estoy cumpliendo una misión que va mucho más allá de la televisión.
Quisiera preguntarte ahora por Laura González, más allá de su trabajo como conductora. Después de escuchar tantos testimonios y recorrer tantas historias, ¿cambió en algo tu manera de mirar determinados lugares, de interpretar ciertos acontecimientos o incluso de relacionarte con aquello que no tiene una explicación evidente?
El Umbral profundizó una sensibilidad y una curiosidad que siempre me acompañaron. Nunca fui de mirar un lugar solamente por lo que se ve a simple vista. Siempre me pregunté qué habría sucedido allí, quiénes habrían pasado por ese lugar, qué historias quedaron guardadas y cuántas cosas desconocemos. Este recorrido también me enseñó a mirar con mayor respeto y sensibilidad. Hoy, cuando llego a un sitio histórico, a una casa abandonada o escucho el testimonio de alguien, intento ir más allá de los hechos. Pienso en las personas, en sus emociones, en lo que vivieron y en aquello que el tiempo pudo haber dejado en el olvido. No necesito encontrar una explicación para todo, ni tampoco pretendo tener todas las respuestas. Aprendí que a veces lo más valioso está en saber escuchar y permitirnos sentir. Sigo siendo aquella niña curiosa que escuchaba las historias de su padre, su abuelo… con los ojos llenos de asombro. La diferencia es que hoy tengo la posibilidad de salir a buscarlas, vivirlas y compartirlas con los demás.
Finalmente, hay algo que me parece profundamente significativo: muchas historias sobreviven únicamente en la memoria de personas mayores y corren el riesgo de desaparecer cuando ellas ya no estén. ¿Qué creés que perdemos como sociedad cada vez que alguien se lleva consigo una historia que nunca llegó a contar? ¿Qué te gustaría que el umbral pudiera preservar para las generaciones que vienen?
Creo que cada vez que una persona se lleva consigo una historia que nunca llegó a contar, perdemos mucho más que un relato. Perdemos una parte de nuestra memoria, de nuestra identidad, de nuestras raíces. Se van recuerdos, vivencias, nombres, lugares y acontecimientos que quizás nunca más podamos recuperar. Y debo reconocer que esta es una de las cosas que más me ha movilizado desde que comencé con El Umbral. Cuando nació el proyecto, mi intención era compartir historias que despertaran curiosidad, emoción, intriga y asombro. Pero a medida que fueron pasando los episodios, comencé a tomar conciencia de algo mucho más profundo: hay historias que se están perdiendo delante de nuestros ojos, y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta. Esa realidad me conmueve y también me genera un enorme sentido de responsabilidad. Nunca imaginé que este proyecto también me llevaría a reflexionar de esta manera sobre el valor de lo que hacemos. Y aunque considero que mi aporte es pequeño, hoy siento que tiene un significado muy importante para mí. Si a través de El Umbral puedo contribuir, aunque sea mínimamente, a que una historia no se pierda, a que un nombre vuelva a recordarse o a que las nuevas generaciones conozcan algo que desconocían, entonces todo el esfuerzo habrá valido la pena. Por supuesto, La Rioja ocupa un lugar muy especial en este camino, porque es mi tierra y tiene una riqueza histórica y cultural inmensa. Pero este programa no tiene fronteras geográficas. También queremos recorrer historias de otros lugares de la Argentina y del mundo, porque el misterio, la memoria y las emociones humanas no pertenecen a un solo lugar. Me gustaría que, con los años, El Umbral pudiera convertirse en un pequeño archivo de nuestra memoria, en un espacio donde las historias encuentren refugio frente al olvido. Y si algún día alguien vuelve a escuchar uno de estos relatos, descubre algo que no sabía o siente la necesidad de preguntarle a sus padres o a sus abuelos por una historia familiar, voy a sentir que este proyecto dejó algo valioso.
Hay algo que permanece latiendo detrás de cada una de las historias que Laura González se empeña en recuperar: la certeza de que el pasado nunca termina de abandonarnos del todo, aunque muchas veces dejemos de prestar atención a sus señales. Está en las calles que recorremos sin preguntarnos por sus nombres, en las casas que sobreviven al paso de las generaciones, en los recuerdos de nuestros mayores y en aquellas voces que alguna vez contaron lo sucedido, hasta que el tiempo fue apagándolas. El Umbral parece haber encontrado allí su razón más profunda, en esa necesidad de volver a escuchar lo que todavía puede ser contado y de rescatar aquello que amenaza con perderse definitivamente. Laura sigue buscando, como aquella niña que escuchaba fascinada las historias de su padre, aunque ahora sabe que cada relato recuperado puede significar algo más que una respuesta a su curiosidad. Puede ser una pequeña victoria contra el olvido. Y quizás de eso se trate, finalmente, cruzar el umbral: de comprender que las historias no desaparecen solamente cuando dejamos de contarlas, sino también cuando dejamos de hacer preguntas.
SOBRE EL UMBRAL

El programa ropone un recorrido por historias olvidadas, acontecimientos del pasado, leyendas, misterios y lugares que conservan parte de la memoria colectiva. A través de investigaciones, documentos, fotografías y testimonios, cada emisión invita a descubrir aquello que permanece más allá de los relatos conocidos.
Emisión: jueves, a las 22:00 horas.
Canal: Canal 9 de La Rioja.
Conducción: Laura González.