María Emilia Tapia: ser musical

María Emilia Tapia: ser musical

La joven cantante dialogó con 1591 Cultura + Espectáculos. Pasado, presente y futuro para una de las voces que se va abriendo paso en el universo de la música de La Rioja.

Sus ojos sueltan acordes, melodías que acompañan en cadencia a cada una de las palabras que fluyen desde su interior, dejando atrás cierta timidez propia de quien atesora para sí los pliegues de una sencillez y una simpleza acopladas a los sueños que se extienden más allá de su corta edad. Llama la atención, por cierto, que con sus pequeños 24 años haya podido trazar ya un recorrido deseado, un proyecto de vida, aunque en nada implique esto ceñirse a los mandatos o las fórmulas preconcebidas. Sabe que el camino no es lineal ni matemático, pero sabe también que sin esfuerzo, sin entrega, no hay premio. Y mucho menos sin una precisa adaptación a estos tiempos en que el silencio y el equilibrio que tanto añora, no son moneda de uso corriente. Por eso piensa cada concepto con parsimoniosa musicalidad. Y luego deja salir las ideas como si las ubicara sobre pentagramas.

María Emilia Tapia (Emi, para los amigos) se define como un “ser musical”, aun cuando puesta a buscar esas raíces sonoras no encuentre antecedentes cercanos, más que los tíos de su mamá y una prima de su edad. Cuenta que su familia materna se vino desde Mendoza a la Rioja y que los febreros de vacaciones en la provincia del sol y del buen vino eran la excusa perfecta para degustar del folklore o de un poco de rock nacional que llegaba de la mano de un sobrino de su mamá, que durante un tiempo vivió con ellos y a quien reconoce como una posible influencia. “Recuerdo que habré tenido unos 4 o 5 años cuando él tocaba la guitarra y yo cantaba; también tengo recuerdos de estar rasgando la guitarra”, señala.

De allí hacia acá, hace referencia al coro que integró en la Escuela Sagrado Corazón, a sus 8 años. “Hubo una serie de actividades, y entre ellas coro. Yo fui a probar, de curiosa nomás, pero creo que ese fue el puntapié inicial. Luego, en séptimo grado, que era el último año en que teníamos música en la escuela, el profesor nos enseñó tres acordes en la guitarra. Estuve todo el verano con esos tres acordes; tocaba canciones de Shakira y se las mostraba a mi mamá, que con mucha paciencia me decía que ya iba a mejorar”. Así es como esta joven cantante riojana comenzó a trazar su recorrido junto con la música, en una relación que se fue dando de manera natural, sin imposiciones. Desde los 11 años toca la guitarra y también a esa edad comenzó a cantar muy tímidamente, hasta que su primer profesor, a los 15 años, la ayudó a ir perdiendo ese miedo escénico, proceso que se afianzaría con un nuevo profesor, que le daría un perfil mucho más artístico.

“Fue en ese momento que empecé a soltarme y comencé a concursar, aunque luego me di cuenta que no me gustaban mucho los concursos. A los 16 pedí que me compraran el piano y luego arranqué en el Conservatorio Fracassi, pero no lograba entender la música, me parecía muy matemática y que me pusieran una partitura en frente era como si me estuvieran cortando las alas”, cuenta. Fue por eso, tal vez, que aquel recorrido académico sólo duró un año, aunque su relación con la música se profundizaba, al mismo tiempo, más y más. Así fue como llegó el momento de terminar con la escuela secundaria y viajar a Bariloche, donde conocería a un grupo de chicos que tenían su banda de rock (Ozono), a quienes se unió a tocar la guitarra base y hacer coros. Esa experiencia, siente, fue determinante, aunque no duda en afirmar también que “llegó un momento en el que sentí que mi camino iba por otro lado y decidí poner punto final a ese ciclo”.

“Le metí fichas a la Universidad”, cuenta y rememora casi al mismo tiempo que “cuando iba a Tercero en el Polimodal, al cursillo en la UNLaR se lo podía hacer en agosto; no sabía qué quería estudiar y se me ocurrió que me gustaba Contador Público, y me mandé; en esa y en Administración”. Esa determinación, sin embargo, derivó en una crisis al final de aquel año. Pese a que decidió seguir su carrera universitaria, no podía dejar de pensar en que lo que le gustaba era la música y que ese deseo fluía constantemente y la interpelaba.

“Entonces fui a averiguar en el Profesorado de Música y me inscribí; preparé el examen, al tiempo que ya había aprobado el ingreso a Ciencias Económicas. En el Profesorado quedé en el año de nivelación; tenía conocimientos teóricos, pero no de la práctica. Así fue que ingresé a Ciencias Económicas y en paralelo hacía la nivelación del Profesorado. En segundo año de la Facultad ya estaba en primer año del Profesorado y las cosas se dieron vuelta definitivamente. Del Profesorado egresé el año pasado y en la Universidad sigo; me gusta mucho Administración”. No obstante, y de manera evidente, la música impuso condiciones.

Así es como en el día a día Emilia compatibiliza sus búsquedas que, a simple vista, podrían parecer absolutamente discordantes. Sin embargo, cuando se le consulta por esta cuestión no duda en afirmar: “creo que tiene mucho que ver conmigo. Mis papás trabajan en una fábrica hace más de 30 años y yo siento que tengo mucho de los dos. Cuando descubrí lo que es la Administración quedé fascinada, porque pude ver que confluían dos partes mías: lo musical que está ahí y que no lo puedo callar bajo ninguna circunstancia y lo que significa ser un artista autogestionado, un artista independiente. Aplico todo lo que aprendo en la Universidad y todo lo que aprendí en el Profesorado. Mi meta es ser empresaria del mundo del entretenimiento, ese es mi punto de conexión. Mi deseo es que los proyectos de los que formo parte, surjan. Tengo un panorama más amplio de lo que es tener un proyecto musical gracias a esta mirada empresarial. Si queremos surgir con Madness por ejemplo, necesitamos tener en cuenta una serie de factores, y de la misma manera considero que todas las herramientas que yo tengo, las puedo compartir”.

El nombre aparece pronunciado por su voz con la misma naturalidad con que pronuncia su amor por la música. Madness (Cumbia Pop) es el proyecto musical que la acompaña desde 2015, luego de haber dejado atrás su experiencia con Ozono.

“Yo amo a Madness, porque me permitió sacar eso que estaba ahí, oculto. Me escuché, me vi y me proyecté. Es lo que quiero, es el lugar donde me siento cómoda”, afirma luego de recordar que la propuesta llegó “en un momento muy complicado familiarmente hablando; nos había tocado despedir a dos personas que queríamos mucho, y mi mundo se había venido abajo, pero lo bueno es que por aquel entonces nació mi primera canción, que dio pie al resto”. El primer ensayo de la banda fue el 26 de agosto de 2015 y desde allí no pararon más.

“Madness tiene que ver con el espíritu líder que yo manejo; de un tiempo a esta parte, es donde pude aplicar todo lo que yo sé, desde lo musical a lo empresarial. Hoy Madness es un grupo de amigos con miras a ser un producto profesional; nos consideramos profesionales de la música, y nos seguimos preparando para dar lo mejor, los ensayos en la semana nunca faltan. Queremos salir de La Rioja pero no porque La Rioja nos quede chica, sino porque queremos compartir lo que hacemos. En lo personal, Madness me representó mucho llanto, mucha risa, muchas preocupaciones, pero también me hizo crecer como persona, me hizo madurar en otros aspectos; fueron pasando muchas cosas y hoy es uno de mis proyectos más ambiciosos”, destaca.

VIDA=AMOR

Ser musical. Ser melodía. Ser luz. Emilia sonríe ante cada pregunta y ese gesto es como un principio fundamental de respuesta que se sustenta en una manera especial de observar el contexto en el que se inserta. Desde adentro; desde su propia experiencia hacia el afuera. “Para mí en la vida todo es amor; la entrega es algo que está todo el tiempo, lo aprendí en la escuela y en los valores de mi familia. Creo que lo que uno da termina volviendo, y me considero una persona muy bendecida. Me pasan cosas muy lindas que me parece que tienen que ver con ese dar constante y con el agradecer”, sostiene y desde allí, se afirma frente al todo, en el que también tiene su espacio la pasión que la moviliza.

“La música es algo que está en mí y que fluye, que trasciende de mí. Me doy cuenta que es mi motor y mi sanación. Soy un ser musical y siempre lo he sido. Es algo que sale de mí y siento que la música es todo; la que me ha permitido forjar relaciones muy lindas y la que me sigue abriendo puertas”, asegura con sinceridad palpable. La misma sinceridad con la que se permite dudar -cuando se le pregunta-, de lo que viene, del futuro. “La verdad que no sé; la vida es muy cíclica, es un ida y vuelta constante y me cuesta mucho proyectarme, pero siempre digo que en un par de años voy a estar sentada en una oficina de Sony Music produciendo. Me di cuenta que le tengo que prestar más atención y darle lugar al ser musical que necesita expresarse. Estoy adquiriendo experiencia en todo y eso también me permite saber qué es lo que no quiero hacer”.

Proceso de evolución y aprendizaje. Maduración constante que a sus 24 años le permite visualizar su lugar en el mundo, en el que comienza a escribir su nombre a fuerza de crecimiento, del que es absolutamente consciente. “Musicalmente he ido aprendiendo más sobre géneros, sobre estilos. En cuanto a trabajo en equipo aprendí a dejar de lado el capricho y a decir: ‘si esto es lo que va a funcionar para todos, lo hagamos’; Aprendí a controlarme. Compartir con más gente es complicado; aprendí a ser mucho más paciente, a que todos tienen sus tiempos, que por ahí es necesario decir ‘hasta acá’, poner límites. Me toca manejar un grupo de personas que funcionan como un equipo y me tocó hacer frente a situaciones que no sabía qué hacer, porque me tocaba a mí decidir, ponerme al frente de situaciones. Me volví un poco más sensata, fueron muchas cosas las experimentadas, pero es un aprendizaje permanente”.

Ese aprendizaje tiene que ver también con los contextos en los que se mueve y con los que ha tenido que convivir, en un mundo en el que el machismo es también una especie de realidad impuesta a la que debe enfrentar. “El mundo de la cumbia es muy machista, el mundo de la noche es muy machista. Me tocó ir a cerrar contratos y que te miren como diciendo ‘vos que hacés acá’, o que te llamen por teléfono y de repente estén esperando la voz de un varón. Eso ocurre detrás de escena, y en escena te puede pasar que se te tire alguien y que no sepas qué hacer; eso me congela, más que seguir cantando no puedo hacer, pero la pasás mal. Por suerte siempre cuento con la contención de los amigos, pero lo cierto es que hay varones que no saben cuál es el límite o que hay que respetar a la otra persona. Por fortuna en este último año se nota el cambio. Toda la movida fue bastante fuerte y empezaron a evidenciarse estas situaciones. La mujer se está empoderando, eso se está viendo. Yo me deconstruí mucho; no sé si fue el hecho de compartir con otros artistas, pero yo también cambié un montón; me enseñó a deconstruirme y a entender un poco más el mundo de la política. Soy muy inquieta. Me encanta experimentar, vivir en carne propia”.

EMI Y LA NIÑA MADNESS

¿Cuántas personalidades pueden convivir en una persona? La pregunta surge frente a la capacidad del artista de ubicarse en escenarios diferentes, en espacios disímiles en los que su accionar creativo toma carriles separados, pero con un mismo objetivo: dar a luz un pensamiento, concebir una idea que perdure en el tiempo, cualquiera sea el formato de que se trate. En el caso de María Emilia Tapia esa instancia que la visita y conmueve tanto en lo individual como en lo grupal, la acerca necesariamente a la música, donde la composición va centrando su eje según el universo en torno al que gire.

“Me gusta mucho el silencio y de un tiempo a esta parte siento que me está costando componer y creo que es por estar a las corridas”, afirma cuando se le pregunta por su proceso creativo que, según sostiene, “a veces te llega todo de una, a veces te llega por partes”. Como sea, sin embargo, no duda en agregar que “me gusta mucho escribir lo que me pasa, lo que siento, porque siento que así es como se descarga el alma. A la hora de componer es cuestión de hacer silencio y escucharse, y es ahí cuando veo muchas influencias. Son composiciones súper poéticas, al menos las mías; con Madness ya es diferente. Mis pequeñas canciones, como yo les digo son el resultado de experiencias y hay algo que se repite en muchas de ellas y es la esperanza de que todo va a estar mejor o que todo está bien y va a seguir siendo lindo; reflejan lo que uno es interiormente. A mí me encanta ser positiva y tengo fe que todo va a estar bien y veo mucha esperanza en las letras de mis canciones”. Es en esa búsqueda, precisamente, cuando necesariamente se cruzan “Emi y la niña Madness”, tal como ella misma lo define. “Creo que son momentos diferentes. Abrazo mucho a Emi Tapia, me cae muy bien ella y la niña Madness también me cae muy bien. A la niña Madness le gusta ordenar el proceso creativo de sus amigos (risas); cuando uno crea empieza a fluir y por ahí te vas de mambo. Creo que en el fondo, aunque amo eso, quiero mucho el momento de mis composiciones individuales, que a mí me implica estar en cierto grado de equilibrio, con cierto grado de concentración que comúnmente es difícil alcanzar. No quiero ofender a ninguna de mis dos personalidades, me gustan las dos. Se llevan re bien”, aclara.

No obstante, y retomando un concepto que resulta fundamental, en su proceso de composición es indispensable el silencio como una especie de viaje introspectivo y una dimensión difícil de alcanzar en los tiempos caóticos que nos asisten. Desde allí, justamente, la cantante afirma: “Creo que uno siempre quiere lo que no tiene. Normalmente al silencio lo abrazo en las noches, cuando se termina el día y agradezco lo que sucedió; cuando puedo estar tranquila. Son momentos en los que ponés la música que te gusta y te dejás llevar o simplemente hacés silencio completo. Creo que me gusta el punto en donde mi alma se siente cómoda, donde esté en paz y a veces sucede que estás en paz aunque afuera todo esté alocado. Pero creo que prefiero el momento en que puedo bajar y ser consciente que estoy tranquila y equilibrada; para mí el equilibrio es fundamental, porque si no, no podría ser yo”.

Y es en este punto en el que surge, necesariamente, la pregunta: ¿Y quién es Emilia hoy? Sonríe, mientras piensa, mientras busca una respuesta en su profundidad, desandando los caminos de la vida y de la música. “Creo que Emilia es una persona multifacética, claramente, que no termina de saber quién es; que se sigue descubriendo día a día. Es una persona emprendedora, positiva y que quiere seguir triunfando en lo que haga, aunque triunfar signifique algo pequeño: un abrazo, un saludo, o llegar a un escenario, Quiero estar a gusto con lo que hago y me gustaría poder encontrarme, aunque creo que eso es imposible, porque uno va mutando todo el tiempo y va siendo el producto de sus experiencias. Mientras sea consciente que al menos estoy a gusto conmigo misma, el quien soy se irá modificando”.

Ese concebirse desde su propia mirada no sólo habla de una madurez permanente puesta al servicio de la creación artística, sino también de la capacidad de admitir los procesos que van surgiendo a lo largo de la vida, muchos de ellos sin ser elegidos. “No sé si todo lo que pasó en mi vida fue bueno, pero si que fue necesario para ser lo que hoy soy”. Un ser musical.

ENREDADOS

Lo virtual no es ajeno a la artista. Muy por el contrario, es una herramienta a la que recurre como tantos otros en busca de atravesar las fronteras. Sin embargo, Emilia es absolutamente consciente de las dimensiones en las que se mueve y de lo necesaria que resulta la realidad en materia de relacionarse con los otros. “Llega un momento en que te abomba tanta información, pero es una constante, nosotros ya nacimos con eso”, afirma respecto del entorno que suponen las redes, en las que muchas veces quedamos enredados. “No me resulta extraño; por ahí pasa todo por el teléfono y un mensaje te puede hacer sentir más querido y que podés agradarle al otro. Es lindo porque te une a otras personas, pero personalmente tengo con las redes una especie de relación amor – odio. No todos mostramos lo que realmente nos está pasando; en redes como Instagram todo parece hermoso, todo parece bello. Personalmente me gustaría que a través de las redes vieran quién soy, que es un misterio hasta para mí, me lo pregunto todo el tiempo. Pero sé que me gusta mostrarme como soy, con todos mis perfiles, con todas mis cosas. Quiero mostrar mi esencia aunque sea un poco ridículo o suene raro, no quiero dejar de ser yo”.

POSIBILIDADES

-Amo a mi tierra y veo muchas posibilidades en La Rioja. Me gustaría experimentar, conocer y traer esas experiencias. Veo muchas oportunidades aquí y a partir de Internet ya se rompieron muchas barreras; pero también sé que amo mucho a mi familia como para alejarme. Mi deseo es tener mi escuela musical, continuar con mis alumnos, me gusta mucho la docencia. Quisiera también tener mi productora y explotar todo lo que yo tenga hasta el momento en que llegue partir o buscar otros horizontes para seguir generando ideas, para seguir creando.

INFLUENCIAS

-Una de las bandas que me gustó siempre es la Bersuit. Me gusta mucho el rock nacional y los compositores de música fusión como Lisandro Aristimuño, uno de mis grandes referentes musicales; también Perota Chingó; la nueva generación de música Indie, que también ha sido una influencia. Me gusta mucho Miranda. Yendo un poco más atrás, Sui Generis. Creo que lo que más me gusta es la simpleza, pero a su vez lo elaborado.

PENDIENTES

-Creo que si hay algo que tengo pendiente y que amaría que suceda es sentarme a leer sin limitaciones. Este año me encontré con la literatura de García Márquez, pero me gusta leer lo que venga, no soy muy pretenciosa. Sí soy muy espiritual y tengo ganas de sumergirme en ese mundo que debe colaborar mucho con el proceso creativo. Disfruto cada cosa, soy de abrazar los momentos y me gusta estar consciente de cada uno de ellos.

ANHELOS

-Me gustaría mucho terminar la carrera; lanzar mi escuela de música de una manera un poco más formal, soy muy feliz con mis alumnos. Lanzar mi disco me gustaría mucho, pero sobre todo estar tranquila y en paz; depende únicamente de mí y supongo que eso ocurrirá aceptando las cosas, abrazándolas y dejándolas ser.

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