“No concibo el mundo y la vida sin poesía”

“No concibo el mundo y la vida sin poesía”

FERNANDO VIANO ES UN NOTABLE POETA, PERIODISTA Y DOCENTE  NACIDO EN CÓRDOBA HACE 42 AÑOS.  DESDE EL AÑO 2003 RESIDE EN LA PROVINCIA DE LA RIOJA, DONDE SE DESEMPEÑA COMO SECRETARIO DE REDACCIÓN EN EL DIARIO NUEVA RIOJA Y COMO DOCENTE DE LA CARRERA DE COMUNICACIÓN SOCIAL EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CHILECITO (DESDE EL AÑO 2012). DURANTE  2013 PRESENTÓ SU PRIMER LIBRO DE POESÍAS “LOS DÍAS IMPOSIBLES”, CON EL QUE INICIÓ DE MANERA OFICIAL E INDIVIDUAL SU INCURSIÓN EN LA LITERATURA, YA QUE ANTERIORMENTE HABÍA PARTICIPADO DE DIVERSAS PUBLICACIONES EN CONJUNTO. SU SEGUNDO LIBRO “LO QUE CABE EN UN SILENCIO” SE PUBLICÓ EN 2016. ACTUALMENTE, SE DESEMPEÑA COMO EDITOR DEL SUPLEMENTO CULTURAL “1591 CULTURA + ESPECTÁCULOS” DEL DIARIO NUEVA RIOJA.  POSEE UN ESTILO POÉTICO DE ALTÍSIMO VUELO, CON UN  CONTENIDO NOTABLEMENTE  FILOSÓFICO Y DE INTENSA PROFUNDIDAD EXISTENCIALISTA, ALGO VERDADERAMENTE ORIGINAL  Y  DISTINTO  A LO QUE SE VIENE ESCRIBIENDO EN EL ÁMBITO DE LA POESÍA RIOJANA HASTA EL MOMENTO. ASIMISMO, EN SUS ARTÍCULOS COMO PERIODISTA CULTURAL, SOBRESALE TAMBIÉN SU TALENTO LITERARIO PARA LA PROSA PERIODÍSTICA.

¿Qué fue primero en tu vida: el gusto por el periodismo o por la poesía? ¿A qué edad comenzaste en ambos rubros?

En rigor de verdad creo que, en algún punto, siempre estuvieron asociados uno y otro gusto, con lo cual creo también que se fueron dando de una manera natural, aunque también con la inconsciencia que esa naturalidad conlleva, al menos en esa primera instancia. Lo que sí es seguro, es que uno y otro estuvieron siempre muy vinculados –y lo siguen estando- a la lectura voraz como un punto de partida hacia una meta que permanece indefinida. Fue alrededor de los 15 años cuando mi vocación por el periodismo terminó por definirse y a esa edad comencé también a tomar un poco más en serio aquello de la escritura que, sin embargo, ya se había manifestado con anterioridad en manuscritos que fueron convenientemente extraviados. 

¿Qué relación hay para vos entre las dos actividades, se complementan entre sí, se influyen mutuamente en vos el periodista y el escritor?

Es una relación ciertamente compleja la que se da entre el periodismo y la poesía. O al menos lo es para mí. Si uno observa desde un punto de vista externo o alejado, bien podría decir que una actividad y otra poco tienen que ver, más aún cuando en muchos casos se desarrolla un periodismo vinculado a la política, cuestión que en la actualidad bien se podría afirmar -y sin temor a equivocaciones- que se encuentra en las antípodas de la poesía. Sin embargo, desde adentro, siento que a ambas actividades las sostiene un hilo conductor que es el de la escritura como ejercicio fundamental en el que muchas veces se plantean desafíos esenciales en torno a la palabra y su uso. No concibo el mundo sin poesía; por lo tanto, tampoco podría concebir al periodismo sin ella y en esta instancia es en la que necesariamente, en mi caso al menos, terminan por cruzarse. En la práctica, es altamente probable que cambien las modalidades o las metodologías en que uno escribe una columna política o  escribe una poesía, es decir, la manera en que se para frente al texto en cuestión, pero la herramienta sigue siendo una sola: la palabra. Desde ese punto de vista, nunca dejan de tocarse.

¿Qué podés decirme acerca de tus dos libros publicados? (temática, estilo, como los escribiste, en que momento de tu vida, que quieres transmitirle al lector con ellos, etc)

Considero que mis dos libros –“Los Días Imposibles” y “Lo Que Cabe En Un Silencio”- han sido uno de esos viajes necesarios. Y cuando digo viajes, me refiero al recorrido interior que puede hacer uno como escritor en este caso, pero primeramente como sujeto introspectivo que busca asociar ese interior propio a un exterior colectivo, global y hasta compartido. Creo que la poesía se concibe, en la mayoría de los casos, desde las experiencias personales, pero que esas experiencias personales nunca están disociadas de una realidad a la que asistimos en lo cotidiano. Un poco (o mucho) de eso hay en mis dos libros, en donde las temáticas pueden ser comunes a la mayoría de los eventuales lectores (y en rigor de verdad lo son), pero donde el punto de vista intenta descubrir eso que habitualmente no se ve a simple vista. Una vuelta de rosca, una mirada contemplativa e intensa, si se quiere, a cuestiones cotidianas como la vida, el amor, la muerte, el tiempo, los desamores, las penas, las alegrías, etc. Los espejos nos devuelven imágenes fieles a nuestras concepciones como visiones precisas de los objetos que se reflejan en ellos. Sin embargo, lo que atrae –en lo personal- es lo que no se ve, lo que queda en el revés de ese espejo. Esa búsqueda es, esencialmente, lo que pretendo transmitir al lector, al tiempo que generar una zozobra sobre lo previamente establecido como real, concreto y verdadero. Un pensamiento que sea capaz de atravesar a ese mismo pensamiento, para al fin dar lugar a un pensamiento que se contraponga a lo convencionalmente determinado o que, al menos, lo cuestione.

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Escribís una poesía con un trasfondo muy filosófico y existencialista, casi como pequeños ensayos metafísicos ¿Qué poetas o escritores en general, te influenciaron en tu estilo poético?

Creo que llegué a este tipo de poesía previo a sentirme influido por algún escritor en particular, y no viene a ser esta afirmación una cuestión vinculada a alguna especie de altanería, sino más bien y fundamentalmente a una especie de designio difícil de argumentar, por aquello de que uno no sabe muy bien si uno llegó a la poesía o si la poesía llegó a uno. No obstante, en esa búsqueda constante que es la lectura, pude llegar a enormes escritores que sin lugar a dudas van dejando marcas, huellas y hasta concepciones que van aportando a la construcción de un estilo propio. Es el caso, por citar a uno, de Roberto Juárroz, escritor de una finura y precisión extremas en el uso de la palabra, una especie de esgrimista olímpico de los significados y significantes, y dueño de un abrumador manejo del vocabulario. Sin embargo, sería injusto nombrarlo únicamente a él, siendo que uno ha podido alimentarse de tantos escritores y escritoras fundamentales cuya lista sería interminable.

¿Es difícil, en cuanto a tiempos personales y en cuanto a concentración, ser Jefe de Redacción de Nueva Rioja, así como  dirigir y escribir su suplemento cultural,  y al mismo tiempo tratar de escribir libros?

Los tiempos que corren vinculados a lo laboral, fundamentalmente, son siempre difíciles. Vivimos en una especie de vorágine permanente y en relación a los medios de comunicación y la tarea periodística, puede que mucho más aún, dada la aceleración que viene asociada a las redes sociales, por ejemplo, o la inmediatez que ha propiciado internet en materia informativa. Y todo esto, sin lugar a dudas, esta especie de carrera hacia un objetivo que no creo todos tengamos muy en claro cuál es, dista bastante de los tiempos que requiere la poesía o la escritura, mucho más pausados. En mi caso personal, es altamente probable que la actividad periodística le haya quitado un poco de oxígeno a la poesía, pero en definitiva creo también en que hay un tiempo para cada cosa, y especialmente para vivirlas con intensidad y dedicación a ambas.   

¿Qué evaluación, que balance, harías de tu actividad como periodista en todos estos años que llevas viviendo en nuestra ciudad y trabajando en Nueva Rioja? ¿Qué rescatas como bueno y que cosas no te gustaron?

El balance es siempre altamente positivo. Y lo es desde el punto de partida en que uno siente que realmente es un privilegiado al poder hacer lo que a uno le apasiona, como en este caso el periodismo y, especialmente, el poder trabajar en un diario, por lo cual estoy siempre totalmente agradecido. De igual manera me ocurre con La Rioja, ciudad que me abrió sus brazos y me permitió desarrollarme profesionalmente en un contexto de crecimiento permanente, más allá de los avatares lógicos de la actividad, que no son propios de un lugar específico, sino más bien de realidades cambiantes. No es igual el periodismo de hoy que el periodismo de hace 15 años, cuando Nueva Rioja editaba su primer número con todas las expectativas del caso, pero sin saber siquiera cuál sería la perdurabilidad en el tiempo. Sin lugar a dudas, una de las cuestiones que rescato como buenas es que habiendo pasado mucho tiempo ya, podamos seguir siendo una voz alternativa dentro del periodismo de La Rioja, y todo lo que ese desafío diario ha significado a nivel personal y profesional, pudiendo a partir de eso incursionar en otros ámbitos, como el de la docencia. Lo negativo, casi en igual medida, es el deterioro que observo ha sufrido la profesión a partir de situaciones muchas veces vinculadas a la política y que han hecho mella en cuestiones que para la actividad deben ser fundamentales, como lo es, por ejemplo, la credibilidad no asociada ya a la fantasía de la independencia periodística, sino a la ética de quienes ejercen el periodismo. Las excesivas presiones políticas y económicas, en muchos casos, han alumbrado especies de criaturas que llegaron para – como el denominado periodismo militante-  generar graves y peligrosas distorsiones en la realidad que, como tal, no debería ser más que una. De ahí, a la merma sustancial en las libertades de expresión no hay mucho más que algunos pocos pasos.

¿Hay mensajes o temas en especial que te interesan transmitir en tu poesía?

No me desvelan tanto los temas como sí la manera de enfocarlos. Creo que, teniendo en cuenta una concepción de la poética como parte indisoluble de lo cotidiano, cualquier tema puede ser pasible de atravesar por la poesía, o de ser atravesado por esta. Sí me desvela, en cambio, el mensaje, que tiene mucho que ver con lo que se quiere decir, con el enfoque, con la mirada particular. Pero incluso más que con lo que se quiere decir, con el enfoque y con la mirada propia, con lo que queda por decir de parte de quien lee esa poesía. Definitivamente el desafío pasa, para mí, por ahí. Por el hecho de movilizar algo en el otro y que esa movilización (que a veces puede ser como un golpe seco) obligue a una reacción y a una acción, a una respuesta, a completar el círculo de significados. Si la poesía moviliza en algún sentido o dirección, si genera un movimiento interno en el lector, quien escribe habrá cumplido con su cometido.

¿Están escribiendo algún nuevo libro? ¿Te interesaría a futuro escribir otros géneros literarios?

Actualmente estoy trabajando sobre el que será mi tercer libro, en un proceso que seguramente llevará su tiempo, pero que considero absolutamente necesario, tal como ocurrió con los anteriores. Creo que hay una etapa de maduración y decantación del libro que tiene que ver también con el poder soltar eso que en esencia está escrito en la más absoluta de las soledades, para que llegue a la mirada del otro. En este lapso, mucho tiene que ver también la mirada de gente cercana y no tanto, que pueden realizar sus aportes, lo que a su vez puede redundar en alguna modificación, correcciones, etc. En cuanto a los géneros literarios, no me planteo en este momento nada en particular. Siento que mi relación con la poesía es muy fuerte y que, por otra parte, en esta instancia de mi vida en la que mi profesión demanda la mayor parte del tiempo, me adapto mucho mejor a ella que a cualquier otro género.

¿Cómo ves en la sociedad actual la recepción de la poesía, hay interés en leer poesía o literatura en general?

 Tengo sensaciones encontradas en cuanto a la recepción de la poesía por parte de gente, de los lectores en general. Creo que la poesía está viviendo actualmente una especie de renacimiento, apalancado en espacios virtuales que le han dado una frescura particular, sumado a cierta avidez de los lectores por encontrarse con nuevo material y de escritores nóveles por compartirlo, lo cual me resulta extraordinario. Sin embargo, ese resurgir del género no se replica en igual medida en la difusión de la poesía por parte de las grandes editoriales, dejando de lado, claro está, las excepciones que redundan en beneficios comerciales, o los esfuerzos casi individuales que encuentran eco en herramientas de importancia como ocurre con la Ley del Libro en La Rioja. En este sentido, géneros como el cuento o la novela gozan de un mejor pasar y una más amplia recepción.

Ahora diriges “1591: Cultura+ Espectáculos” el suplemento cultural de Nueva Rioja ¿Como sentís en esa tarea, que objetivos te propusiste al crear dicho suplemento, lo estás pudiendo concretar?

El suplemento “1591 Cultura+Espectáculos” surgió como un verdadero desafío y una apuesta fuerte a mostrar el quehacer cultural de La Rioja en sus diferentes facetas. Sin lugar a dudas que se trata de una tarea enriquecedora desde todo punto de vista y en lo personal es la posibilidad de ejercer el periodismo con una mirada mucho más profunda y contemplativa, sin las urgencias de la inmediatez, y siempre con el objetivo de poder constituir un canal, un puente, un vínculo entre los representantes de la cultura en La Rioja y quienes buscan encontrarse con esa cultura en todos sus formatos. Ese objetivo creo que lo vamos logrando y desde ahí hacemos pie como para poder constituirnos en un espacio de consulta permanente.

Por Pablo Esteban Gatica para Revista Aguada

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