Pintar para decir

Pintar para decir

El inmenso e inconmensurable Vincent Van Gogh solía afirmar: “Sueño con pintar y luego pinto mis sueños”. Esa frase, entre tantas otras, viene a definir una manera puntual de observar el universo con los ojos abiertos de par en par, incluso en el reposo. Una forma de captar espacio y tiempo que nos rodea para plasmarlo luego en una obra de arte que no es más que la expresión de un sentir desde el arte, que es lo mismo que sentir desde la humanidad.

Ocurre que para lograr palpar la realidad, primero hay que aprender a soñar con tanta intensidad como para que esos sueños luego puedan concretarse en mucho más que una pincelada sobre un lienzo. De lo que se trata, por sobre todas las cosas, es de trazar un camino en el que los objetivos de largo plazo se vayan afianzando sobre los objetivos diarios, que son los que terminan por construir la historia individual, inserta en la historia colectiva.

Así lo entiende Emilio Perotti, joven pintor riojano que a lo largo de sus cortos 31 años ha sabido inscribir su nombre en el escenario de las artes plásticas y visuales riojanas, a partir de una particular sensibilidad onírica que, sin embargo, no lo distancia de la realidad a la que asiste a diario para empaparse de las vivencias que luego vuelca en sus lienzos, esos que le permitieron cruzar las fronteras hacia rumbos ilimitados que prometen continuar expandiéndose. En base a los sueños, pero también en función de un trabajo constante, sostenido y comprometido.

Recién llegado de Chile, donde fue parte de un evento de acuarela junto a otro pintor argentino y cinco pintores del país vecino, Perotti abre las puertas de su mundo creativo a 1591 Cultura + Espectáculos y deja ver esa otra parte del artista, la que se esconde detrás de la obra y un proceso que en muchos casos desvela.

Puesto a recordar, Emilio cuenta que de chico ya dibujaba mucho, casi todo el tiempo. Pero a esa predisposición natural, suma un recuerdo emotivo. “Mis padres son de Córdoba y en las vacaciones mi mamá nos llevaba a cada uno de los hermanos a la casa de un familiar diferente. A mí me dejaba en la casa de mi madrina y recuerdo que pintábamos; ella me prestaba sus pinturas. Le gustaba mucho y cuando ya de grande comencé a exponer, tenía siempre su apoyo. Por eso siempre que cumplo un objetivo o gano algún premio se lo dedico a ella; siento que me marcó”, cuenta. Y casi de inmediato trae a colación una de esas máximas que se aprenden de pequeño y que ya no se olvidan para el resto de la vida: “uno siempre tiene que ser buena persona para poder ser un buen profesional, manejarse bien en la vida, sin competir con nadie”.

Conceptos que viene desde la cuna, como desde la cuna viene su pasión y amor por la pintura, sentir que le ha permitido ir superando diferentes instancia y dificultades en un mundo prácticamente solitario, pero pleno de satisfacciones personales.

“Viajando es cuando más aprendo, es como una escuela”, afirma. “Por suerte gané varios premios y eso me permite viajar y aprender viendo, yendo a museos. Así es como conocés otros círculos de pintores y te van invitado a otros lugares. Yo sé que haciendo las cosas bien y amando lo que uno hace, las cosas van surgiendo solas; y cada cosa te va abriendo una puerta nueva”. ¿Pero qué hubo antes?

La referencia emotiva hacia su madrina es, sin lugar a dudas, un punto de partida, al que se sumó que su mamá lo enviara a la Escuela Municipal de Arte, donde hizo sus primeras armas, que luego se fueron afianzando durante la Secundaria. Luego vino el tiempo de estudiar Bioimagen y Arquitectura, pero los tiempos impuestos por el trabajo lo obligaron a dejar. Aunque la revancha con el estudio no demoraría mucho. En el 2010 se inscribió en el Instituto Mario Crulcich y en 2014 recibía su título en Artes Visuales. “Era un alumno con mucha iniciativa, con mucha curiosidad, y muchas ganas de seguir aprendiendo” afirma, y ese mismo ímpetu es el que pone a la hora de enseñar. “El profesorado me dio una base y apenas me recibí hice una exposición en Rayuela, que fue mi primera exposición. Se llamó Regreso Figurativo. Hice varias exposiciones luego de eso, pero recuerdo esa primera vez como muy buena”.

A partir de allí ya no se detuvo en su proceso creativo y con una visión abarcativa de la pintura y del arte comenzó a descubrir nuevos universos. “Para progresar tuve que empezar a salir; conozco casi todo el país gracias a la pintura, por eso me gusta tanto” cuenta, sin dejar de lado la visión del mundo que lo rodea en su tierra. “Acá hubo muy buenos maestros, pero el arte no se difunde mucho porque no hay escuelas. Antes había buenos maestros y salían buenos alumnos. Ahora no, y todo se vuelve todo chato”. A esa chatura, precisamente, es a la que Emilio intenta escapar, fogueándose con pintores de todo el mundo, tal y como ocurrió en su anterior viaje a Italia, otra experiencia en la que pudo conjugar aprendizaje y crecimiento.

“En todas las exposiciones que hice, por suerte, la gente me acompaño mucho y tuve la posibilidad de vender cuadros. A partir de 2014 fue que comencé una especie de búsqueda, un camino. Hay una realidad, y es que no se puede aprender a correr antes de aprender a caminar. A mis alumnos les recomiendo que primero aprendan cómo moverse, las galerías, los museos, los salones, los concursos. Yo empecé un poco al tuntún, pero las cosas se fueron dando”, asegura, y desde ese lugar valora la posibilidad de seguir dando talleres. “Eso me gusta, porque siento que puedo ser como un disparador, motivar a otras personas. Me abro y enseño todo, no me guardo nada, trato de compartirlo todo. Muchos artistas piensan, esta es la técnica y este es el estilo; yo enseño la técnica, el estilo es de cada uno”.

EL EJE ES UNO

“Si nos perfeccionamos en una sola cosa y la comprendemos bien, adquirimos por añadidura la comprensión y el conocimiento de muchas otras cosas”. Nuevamente Vincent Van Gogh arroja pistas. Pistas que tienen que ver con la búsqueda del artista que, como tal, no se somete a una única posibilidad o alternativa, sino que va tanteando, como quien camina por senderos oscuros, anhelando la luz. En Emilio, perseguir la perfección es una constante, aunque no lo es la manera.

“Saltaba de un estilo a otro y eso me ayudó a encontrar la técnica. Pintaba muy bien, pero sentía que no decía nada, aunque era consciente que pintando así iba a poder pintar lo que quisiera: óleo, acrílico, carbonilla, acuarela”. Luego llegó un momento introspectivo, ligado tal vez a una instancia de psicoterapia en la que comenzó a identificar los patrones que se repetían. “Se trataba de ver la obra como un crítico; entonces noté que cambiaban las posiciones, pero que las formas eran siempre las mismas; los colores, la fuerza. Mi proceso productivo empieza con un 30 por ciento de dibujo que es la idea, la temática, como por ejemplo el amor. Personalmente siempre manejé temáticas sociales; hay muchos artistas que eligen la naturaleza, por ejemplo, pero yo creo que la temática es uno y lo que te va pasando a diario. Lo que está pintado es lo que está reflejando uno. La temática es qué vas a pintar la técnica cómo lo vas a pintar”.

Así lo refleja el pintor riojano en su última muestra denominada “Falsedades”, que estuvo expuesta en la sala de la Secretaría de Cultura de la Provincia, con marcado éxito. “Quería representar todo lo que influye en la obra; por ejemplo, cuando uno está solo empieza a dudar de muchas cosas, de la familia, de los verdaderos amigos, por eso los tonos, todos acromáticos o blanco y negro, la pincelada expresiva, el salpicado. En la pintura está lo que me pasa a mí y lo que le pasa a la gente en mi entorno. El eje es uno, aunque a veces puedo salirme y hacer otras cosas”.

Por allí, quizás, vaya la búsqueda del estilo propio. No obstante, queda claro que Perotti va adquiriendo por añadidura la comprensión y el conocimiento de muchas otras cosas. Por eso mismo se afirma: “No me gusta comparar mi estilo con el de otros; me gusta que la gente vea un cuadro y sepa que es de Emilio Perotti; que se vea la obra y que en la obra esté el pintor. Mi arte es figurativo y por ahí se acerca al neoclásico; la acuarela es una técnica más aguada, en la que se nota la transparencia y es ahí donde trato de mostrar el alma de la obra y la verdad es que en la muestra ni estaría, porque considero que la obra se tiene que defender por sí sola, provocar empatía en la gente”.

Sin embargo, y a pesar de ser reacio a las comparaciones, a la hora de mencionar un referente, Emilio no duda: “Mi referente es Carlos Alonso, me gusta mucho su arte porque cuando vas a una muestra sabés que es un arte que no es decorativo y dice. El arte no tiene que ser bonito, el arte tiene que decir algo. Puede que sepa que con mi pintura no voy a vender, pero sé que estoy pintando lo que quiero decir, más en este país en el que no se dicen las cosas como son”.

AUTOSUPERACIÓN

Dice Vincent Van Gogh (otra vez): “Las pequeñas emociones son las grandes capitanas de nuestras vidas y las obedecemos sin saberlo”. En este mismo sentido, Emilio Perotti afirma: “El arte en general es lo que nos hace sentir que somos humanos; el arte humaniza y eleva el espíritu. La pintura es mi vida; la pintura, el dibujo, es como una religión para mí que la practico cada día”. Y va, incluso, un poco más allá en su definición ligada a las pequeñas grandes emociones a las que hace referencia el pintor holandés: “A través de la pintura me siento útil, siento que puedo comunicar, pero no me gusta que digan que mi pintura es linda, quiero que me digan lo que les provoca. Quiero sensibilizar, hacer vibrar el sentimiento de la gente a través de los cuadros”.

Esa es la manera en que Emilio entiende su labor y la proyecta desde lo individual hacia lo colectivo, también como un punto motivacional que busca permanentemente la autosuperación. “Tengo en claro lo que quiero; quizás no gane tanto como para vivir, pero hago lo que me gusta. Entonces cuando el espectador ve los trabajos, ve que hay amor, pasión, dedicación y a eso la gente lo valora. Por eso creo que voy en el buen camino; uno tiene que visualizar dónde se quiere ver en el corto plazo. Un objetivo a largo plazo implica cumplir objetivos a corto plazo y yo los voy cumpliendo por un objetivo en general, por una meta. Me motiva también la búsqueda del éxito, tratar de ser el mejor en lo que hago; eso tiene que ver un poco con el ego del artista y con una cuestión personal. Saber que el año que viene voy a volver a Europa me obliga seguir pintando, a seguir trabajando”.

Porque como bien afirmaba Van Gogh y reafirma Perotti: “Sueño con pintar y luego pinto mis sueños”.

DEFINICIONES

– Es importante que la gente sepa que aquí se hacen cosas buenas; es importante que se difunda. En el arte en general, si no hay un pueblo instruido, creativo, no vas a tener un pueblo crítico. En otras provincias el arte está más potenciado, más desarrollado y son pueblos más cultos.

– Uno va pintando y la obra misma te dice, ?soltame?, ?dejame?. A veces la dejo descansar y hago otras cosas, entonces cuando vuelvo, vuelvo con otras perspectivas. Ocurre que una obra a veces te da pie para la otra, se complementan. La creatividad es como un músculo, hay que ejercitarlo, investigar, y todo lleva su proceso. Siempre trato de innovar en los formatos, investigo mucho, pero es la misma pintura la que te va enseñando.

– Quiero terminar con las exposiciones y volver a contactarme con la gente de Italia. Hay un evento que se hace todos los años, en acuarela. Cada país tiene su líder y ese líder hace la convocatoria. Participan 22 países. El año que viene quiero hacer una demostración, pintar en vivo, poder impactar y que te conozcan en otras partes del mundo. En ese círculo de acuarela mundial te podés hacer reconocido, empezar a viajar, dar cursos, tener sponsors, y que se vayan abriendo más puertas, e incluso alcanzar una tranquilad económica.

– Por ahí no se le da valor a lo local, no se destaca lo nuestro, lo riojano. En la pintura pasa lo mismo. Estamos luchando permanentemente.

(La presente entrevista fue publicada en el suplemento 1591 Cultura + Espectáculos de diario NUEVA RIOJA)

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