Ser recuerdo

Ser recuerdo

En el marco de la Feria del Libro de La Rioja 2020, el prolífico escritor riojano Héctor David Gatica presentará su libro “Cosechando distancias”.

Hace algunos años ya, más de 20 probablemente, el escritor argentino Ernesto Sábato daba a la luz a “Antes del fin”, una especie de testamento en el que, entre otras cosas, confesaba sentir nostalgia de casi todo y padecer una crisis aguda de trascendencia. Sábato escribía así, con ciertas dudas al respecto, su memoria, que era selectiva, inteligente y, en muchas ocasiones, trágica. 

Con diversas palabras, desde distintos tiempos y situaciones, Ernesto Sábato, sin embargo, llegó siempre al mismo punto: el cataclismo de la humanidad. “Todo esto es una catástrofe”, comentaba categóricamente, “pero hay salvación”, arremetía más tarde en una especie de arrojo de esperanza. “Sí, escribo esto sobre todo para los adolescentes y jóvenes, pero también para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan para qué y por qué hemos vivido y aguantado, soñado, escrito, pintado o, simplemente, esterillado una silla”, reflexionaba el autor de “Sobre héroes y tumbas” y “El túnel”. 

En un camino similar, si se quiere, anda dando sus pasos Héctor David Gatica. O desandando, según el cristal con que se mire. No obstante, lo que sí es seguro es que el esencial escritor riojano vive, desde hace un buen tiempo ya, en tiempo de cosecha que, en este caso, se asemeja mucho a una expresión de profundo agradecimiento y paz interna. 

Pero también a esa más que merecida necesidad de recorrer las huellas que le quedan recolectando lo que es suyo, lo que le pertenece por merecimientos propios, luego de tantos y tantos años de siembra. ¿Qué será esto de ir desocupando las alforjas para aliviar la partida? Se pregunta el maestro trayendo a “Cosechando distancias”, su más reciente publicación, “Las alforjas”, poema que se incluye en el libro “El viaje”, que es en ese nombre, quizá, donde queda la pronunciación exacta del conjunto, del todo, que es su vida.  

El itinerario de Gatica, que al igual que el de Sábato ha oscilado entre la desesperación y la fe, entre la sequía y la abundancia, entre la adversidad y lo propicio, entre la soledad y las millones de voces, nos entrega siempre su persistencia inclaudicable, su pasión y su lucha frente las dificultades, pero por sobre todas las cosas la solidaridad en cada gesto suyo hacia los más desposeídos (y hacia sus pares), su total entrega al arte, a la escritura, y su permanente esperanza en las venideras generaciones, a las que abrazó y abraza con amor paternal. Pero no sólo eso. 

Hay también en este libro, como en tantos otros de su autoría, esa especial devoción por el interior profundo, por la ya mítica Villa Nidia, la infancia y sus años de juventud, los recuerdos felices y los otros, los abrumadores. Su mujer y sus hijos, los amigos. Y los interrogantes sobre la existencia, discurriendo los kilómetros y kilómetros de su derrotero.

Es, precisamente, como Gatica pone punto de partida a “Cosechando distancias”: “Viajando”. De la Ciudad Perdida a Bañado de los Pantanos, pasando luego por Pampa de las Salinas para poner el canto allí donde Dios lo había olvidado. Y luego Jujuy, La Pampa, San Luis. Y luego Paraguay y Chile y tantos otros destinos que no cabrían en un libro. Y otra vez Villa Nidia, siempre Villa Nidia, con sus Quijotes reunidos en poética ceremonia. Las memorias, se sabe, son parciales, muchas veces caprichosas. 

Pero en Gatica, el rememorar, es siempre un prodigio invaluable, al igual que cada vez que se lo escucha recitar, como una manera de elevar sus palabras al viento, y así se reproduzcan, venciendo así definitivamente el impedimento de la lectura, diagnosticado de pequeño. Van allí también, en sus vívidos recuerdos, las distancias que cosecha. Y he aquí lo paradójico, para un hombre que sólo ha sabido, a lo largo y ancho de su vida, estrechar cercanías; aproximar latitudes. Y rescatar todo aquello que estuviera irremediablemente condenado al olvido. 

Pienso que en este momento // tal vez nadie en el universo piensa en mí, // que solo yo me pienso, // y si ahora muriese, // nadie, ni yo, me pensaría. // Y aquí empieza el abismo, // como cuando me duermo. // Soy mi propio sostén y me lo quito. // Contribuyo a tapizar de ausencia todo. // Tal vez sea por esto // que pensar en un hombre // se parece a salvarlo, afirma el poeta Roberto Juarroz en una de sus poesías verticales. 

Esa tarea silenciosa, pero sustancial, ha sido también un sello distintivo en Gatica. Será por eso tal vez que sus alforjas están repletas de nombres, de hombres a los que ha salvado con su pensamiento, pero también con su acción. Nombres, hombres y hechos. Así es como aparecen siempre con naturalidad los Ramón Navarro, los Ariel Ferraro, los Teófilo Celindo Mercado, los José Martiniano Paredes, los Ángel María Vargas, los Daniel Moyano, los Edgardo Gordillo, los Ricardo Mercado Luna y en ellos, también, los cientos y cientos de anónimos a los que el escritor fue otorgando entidad en cada uno de sus libros -como ocurre en”Los Fundadores del olvido”- y, también, en las revistas: Alborada, Poesía Amiga y Caminando, todas nacidas en Villa Nidia y de la mano de su hermano Omar. Trabajo titánico, si los hay, pero no imposible para quien supo hacer de los límites y las fronteras un juego de niños, escapándole heroicamente al vacío y la indiferencia. 

¿Qué ha de arrojarse primero al agua del naufragio // dejando en el camino de la vida // un ideal, un sentimiento? // ¿Tirar una pasión? // ¿Descartar una meta?, nos vuelve a interpelar Gatica. Y, al mismo tiempo, se interpela. ¿Pero cómo arrojar al abismo tanto legado? ¿Cómo suponer que pueda ser posible dejar en orfandad alguno de esos hitos conquistados? Lo que nos convoca es una nueva edición de la Feria del Libro de La Rioja que, como tal, existe desde el año 2002 y, como no podía ser de otra manera, con el prolífico escritor riojano como protagonista desde la línea de largada. 

Quedan en “Cosechando distancias” esas anécdotas que se tornan inolvidables gracias a la evocación del escritor que va dejando testimonio en sus palabras y en el ser parte, junto a otros, de un hecho histórico. “Tata” Duarte, Marcelo Berbel, Gabriela Pedrali, Nerio Tello, Carlos “Tata” Herrera, Fernando Justo, Roberto Rojo, Víctor Robledo, Lucía Carmona, Miguel Bravo Tedín y Marcelo Lacasa, sólo por nombrar a algunos. Y, por otro lado, cabe preguntarse: ¿podría concebirse una Feria del Libro sin la presencia de Gatica?

La tarea del escritor riojano, como queda en clara evidencia, ha sido siempre la de lograr una comunión de voces, no sólo en su decir. De allí que haya sabido abrir de par en par las puertas de una incansable generosidad para hacer de las obras de los otros un encuentro en lo global, en lo colectivo, y una herencia que da cuenta de nuestra cultura. Los cuatro tomos de “Integración Cultural Riojana”, con sus más de 2600 páginas y con la declaración de Patrimonio Cultural de la Provincia de La Rioja así lo demuestran. Una obra monumental que reúne a escritores y poetas de los 18 departamentos provinciales, pero que incluye también a otras tantas disciplinas, tanto de la ciencia como del arte, y hasta del deporte, incluso. Es así como queda claro, entonces, que la palabra “grieta” no entra en su diccionario.

¿Será aliviar las alforjas // que no me moleste // si tengo una mancha más en el rostro // el párpado caído // unas ojeras estruendosas // un abultado vientre // que veo que no veo? Continúa cuestionándose Gatica, como quien anda buscando una respuesta que, sin embargo, sabe que ya tiene. En ocasión de realizarle una entrevista para el suplemento de cultura 1591 del diario NUEVA RIOJA, ya había hecho referencia el maestro a quien esto escribe sobre su desvelo por aquellas obras que pudieran quedar inconclusas, cuestión que vuelve a referir en “Cosechando distancias”, tal vez, como también afirma citando al novelista José Donoso, en carrera con el final de su vida. 

Improbable, por cierto, en un par de direcciones, al menos. La primera, dado que vale preguntarse si hay algo que Gatica pueda dejar inconcluso, habiendo dado a luz a todo lo propuesto, superando ampliamente lo imaginado. La segunda, teniendo en cuenta que nada se aleja más del final que lo fundamental que resulta su obra, bañada en las aguas de una vigencia que por momentos abruma. 

Así nos lo hizo saber en “Mis sueños de aquellos días”, en esos dos tomos de memorias arrojadas sobre un diario personal que, al mismo tiempo, da cuenta de la historia viva de todos y cada uno de nosotros. Incluso de quienes no compartimos algunas de sus etapas de vida, pero que, desde su mirada tan particular y detallista, nos lleva a abarcar el tiempo, consustanciados con los hechos que marcaron el devenir de lo que hoy somos como país, como provincia, como suelo compartido. 

¿Será aliviar las alforjas // que me vaya despidiendo de lo que fui? // ¿Que cada día acepte que algo nuevo se resienta y sea terminal //que no levante que arrastre // guapo de nunca llorar // me quiebre porque no soy el de antes? Aliviarme, desprenderme, desatarme. Quizá, de manera inconsciente, es lo que Gatica hace, en ofrenda permanente, no obstante. Aliviarse, desprenderse, desatarse. Párrafo aparte, pero en este contexto, para la sección “100 notas” que viene a poner cierre a “Cosechando distancias”, en donde el escritor se muestra resuelto a despojarse, a entregarse del todo, a vaciarse desde adentro, desde lo más profundo, para dejarnos hasta las vísceras de sus recuerdos en formato de anécdotas. Bien habría valido “100 notas” la edición de un libro exclusivo, pero contenido en este volumen, abre incluso un hálito de frescura y esperanza. Cada crónica, por pequeña que resulte, es un gesto vital que perdura y que invita al lector a perpetuarse de igual manera; a ser parte de lo vivencial de la historia, de su historia, de la historia presente de don Héctor David Gatica.  

Aquí tienen mis alforjas; // vean en ellas // si algo queda de mí.

Concluye el viaje de “Cosechando distancias”. Pero Gatica sabe mejor que nadie y en su fuero más íntimo, que no concluye ni concluirá. Y es que nos deja el escritor, el poeta, la trascendental tarea de continuar sumergiéndonos dentro de una obra que como tal lo trasciende, pero que al mismo tiempo lo ancla a un destino de perpetuidad absoluta. 

Testimonio, epílogo, legado, testamento espiritual, “Cosechando distancias”, al igual que todos y cada uno de los libros de Gatica, no hace más que ratificar el deseo sustancial de indagar sobre la perplejidad y el desconcierto del hombre contemporáneo, arrojado a un universo duro y enigmático, pero evidenciándonos que no todo es miserable, sórdido y caótico en esta vida, y que cualquier ser anónimo es, en definitiva, una prueba contundente del absoluto.

Después de todo, y como afirma el escritor Antonio Porchia en uno de sus aforismos a los que Gatica también referencia, “se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”. Puede estar tranquilo Gatica, que aún en las distancias que cosecha y que lo acercan al punto que lo insta a pensar en el punto final, olvidarlo resultará siempre una empresa inalcanzable.

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