Teatro, agua y aire

En Miguel Saldaño la emoción es un torrente que desborda desde sus palabras y sus gestos. Esa hipersensibilidad de la que a veces reniega es, tal vez, su carta de presentación más sincera e importante. A flor de piel. Así es como se muestra en un pequeño rincón de su casa, en una charla amena, distendida y repleta de sensaciones. Así es como se muestra también arriba de un escenario, en ese espacio vital para su existencia. Así es como se muestra, en definitiva, en su vida.
Por eso cuando se le pregunta qué es el teatro para él, no duda ni un instante en responder: “el teatro es como el agua y como el aire, está en el mismo nivel; no me puede faltar el agua para vivir, ni el aire para respirar, ni el teatro para estar bien. Siento que sin el teatro estoy muerto, por más que respire y tenga agua”.
La reflexión no es casual, teniendo en cuenta que no puede Saldaño escindir una cosa de la otra. Pero también a sabiendas que hace poco pudo retomar su actividad, luego de una inesperada enfermedad que lo mantuvo fuera de las tablas y que lo puso en condición de “terrenal”.
“Volver fue un renacer, porque pensé que no volvía, al menos en este año. Lloré mucho por tener que suspender; no soy de faltar el respeto a mi palabra y tuve que suspender una semana antes a lo programado. Me costó, pero entendí que era necesario”, afirma con un dejo de nostalgia por lo que no pudo ser, pero absolutamente consciente de lo vivido.
“Me asusté”, sostiene contundente sobre la convalecencia que lo obligó a parar, pero de inmediato se afirma en sus convicciones: “fue como una lección. Todas las cosas que me pasan, para mí, siempre son buenas; si me pasan debe ser por algo. Saco enseñanza de todo, hasta de la muerte. Con la muerte de mis padres, por ejemplo, pude experimentar mi capacidad para resistir el dolor”.
Desde esa concepción, precisamente, Saldaño comenzó una nueva reconstrucción en su vida ligada al arte. El regreso al escenario fue de la mano de uno de sus personajes más entrañables: La Chola. “Fue un volver a encontrarme. Tenía muchas ganas, mucha ansiedad. A mí me gusta mucho hacer reír, es mi mayor objetivo en la vida entretener”.
Y a partir de esa premisa y de una generosidad ilimitada, precisamente, convoca a mucha gente para que lo acompañe y vivencie también su experiencia. “La idea es hacer que las personas que yo conozco sepan lo que yo siento. Hacerles ver lo que me pasa a mí cuando hago teatro. Y la única manera es que lo vivan, que lo sientan en carne propia. El teatro te libera de muchas cosas”.
Efectivamente, para Saldaño el teatro es una liberación. Pero ese estado trascendental no lo despega de la realidad de la que también forma parte y toma nota para accionar. “Nos está haciendo falta reír un poco más. Estamos viviendo en un país difícil. Tengo una mirada un poco decepcionante; estamos como más preocupados por las cosas materiales, el individualismo, el egoísmo; en la clase política, en la sociedad hay cada vez menos preocupación por el otro. Al país lo veo triste, además de violento. Hay una gran cuota de violencia por ese vandalismo de selva, la pelea de fuerzas; no hay respeto por la vejez, por las personas carenciadas, enfermas; me angustia mucho eso y quisiera revertirlo aunque sea entregando algo de alegría, poder así contrarrestar, y esa herramienta para mí es el teatro”.
UNA VIDA
Miguel Saldaño lleva 30 años junto al teatro y los celebra este fin de semana en el Museo Histórico con la obra “30 años de Alegrías”, junto a Natalí Domenico y el grupo Extra Vagancia. Bien se podría decir que, prácticamente, su vida transcurre sobre un escenario en el que monta todas sus emociones.
“Tengo 30 años de hacer teatro, sin contar la etapa de la niñez. Esto creo que nació conmigo. De chico me gustaba mucho dibujar, escribir, la música y siempre tenía diez en las actividades de plástica. Me destacaba en las materias vinculadas al arte. Quise inscribirme en el Polivalente de Arte y mis padres no me dejaron; decían que los artistas no ganaban plata y me inscribieron en la Comercio I”, cuenta entre sonrisas por los recuerdos que lo llevan hacia su infancia.
De esa infancia, justamente, y en relación a los antecedentes familiares que pudieron determinar su elección vinculada a lo artístico, Saldaño rememora que “en mi familia mi tía ‘China’ era la única actriz, pero de chico nunca la vi actuar. Ya saliendo de la niñez fui a verla actuar en el hall del Teatro Provincial y esa fue la primera vez que vi teatro. No me olvidé más de esa obra; además era mi tía y la vi de otra manera, la vi como artista”. También recuerda que de niño “coleccionaba muchas revistas y cortaba las imágenes de las figuras del momento. Me encantaba Nélida Lobato y tenía muchas fotos de ella; también de Marrone, de Olmedo, de Porcel, de Susana, de Moria, de Alfredo Alcón. Me gustaba mucho desde chiquito”.
Desde ese vínculo único que lo mantiene unido al teatro y al arte en general, Saldaño planta bandera y no duda en afirmar que su objetivo es poder “llevar el teatro a la gente”. Ese desafío es uno de sus desvelos artísticos, aún cuando afirma que está en una etapa de simplemente “disfrutar de lo que hace”.
“El teatro de La Rioja ha crecido mucho y hay actualmente muchas corrientes teatrales; en lo personal me gusta que aunque más no sea a la gente el teatro le de risa, y que ese sea un motivo para que vengan. Sea teatro popular o lo que sea, es teatro. De lo que se trata es de conquistar al público, sobre todo al público masculino, que es algo que me costó mucho a mí”.
Saldaño se reconoce un amante de lo que hace y entiende al amor por lo que hace como un motor vital sin el cual sería imposible lograr que crezca, que trascienda y se convierta en una alternativa real y concreta. Esa pasión que pone a la hora de encarar un proyecto, es la misma pasión que brinda a la actividad en general, a la que sigue con intensidad y sobre la que tiene una mirada tan profunda como precisa.
“Ha crecido mucho el teatro en La Rioja a nivel rubros, géneros, y hay también un gran crecimiento del público que va al teatro. Pero sigo viendo que hay una división interna. Lo veo, lo escucho, lo palpo. Esa cosa de no apoyar al otro. Pasa en todas las ramas. Voy a ver donde yo pertenezco, no al otro. Me importa solo lo mío. Esto me molesta y lo digo porque no lo puedo callar. El amor por el teatro debe ser incondicional, sea lo que sea. Si no van a ver teatro es porque no les gusta. Yo voy a ver teatro porque amo la actividad, me nutro, me gusta y tengo amor y pasión por el teatro”.

MANUEL, ESE MAESTRO Y AMIGO
La referencia es absolutamente ineludible. Tanto como que a Saldaño se le llenen los ojos de lágrimas al nombrarlo, al recordarlo. Pero en su punto de vista prima la humildad, como lógica consecuencia, además, de una profunda admiración. “Del teatro mi referente es Manuel Chiesa. Lo vi a él apasionado y me transmitió esa pasión como profesor. Iba a su casa todos los domingos; charlábamos, tirábamos ideas. El fue el primero que creyó en mí y creo que me sentenció de alguna manera. ‘Vos tenés algo más que ser buen actor, tenés creatividad, no tenés miedo, sos audaz y te adopto como un hijo artístico’ me dijo alguna vez. Y es inevitable que yo me emocione al hablar de Manuel”.
Sin embargo, Saldaño le escapa al peso de la herencia que, no por nada, le fue otorgada por su maestro y amigo. Prefiere verse apenas como un “continuador” del legado de Chiesa de quien, entre otras cosas, conserva todos sus libros, apuntes y anotaciones como “oro en polvo” que le fuera regalado por la familia del enorme director teatral.
“Heredero me suena a demasiado, aunque sí creo que debo ser uno de los continuadores de su legado. Me gusta hacer muchas de las cosas que a él le gustaba hacer. El decía ‘somos pobres, pero que no se note’ y eso tenía que ver con la manera en que había que encarar una obra y todo lo que había que poner en ella para que se luzca. Pero también con algo que a la mayoría de los actores no les gusta hacer, que es la parte de la difusión. Yo me muevo para que vengan a verme. Soy yo el que va. Me muevo para que la gente se entere. Hay gente que hace un espectáculo y pretende llenar, pero no hacen difusión. Hay que moverse más”.

ELIÁN, ESA CARICIA
Todo artista necesita una palmada, un halago, un mimo, un gesto. Tiene que ver con ese afecto reparador, tan necesario. Para Saldaño, claro está, no es diferente. Pero esa satisfacción pasa por otro lado, alejado de los aplausos que, por otra parte, no le son esquivos.
“La caricia en mi vida personal pasa por Elián, mi sobrino nieto y ahijado. Va a cumplir 5 años”, cuenta, y una sonrisa enorme se le dibuja en el rostro. “Desde que nació él tengo un motivo más para vivir y no sé si un motivo más, sino ‘el’ motivo para vivir. Creo que antes estaba un poco triste; tuve muchas pérdidas afectivas: mis padres, mi gran maestro y amigo, un amor y toso eso me dejó desestabilizado. Pero nació Elián y es como que pongo todo mi motor en él y él conmigo, es un ida y vuelta que tenemos. Hay una buena simbiosis ahí”.
Y allí, en ese pequeño que es caricia, Saldaño ancla también parte de sus anhelos. “Sueño con verlo a Elián en un escenario. Tiene un poco de artista. Mi sueño es estar con él en el escenario, de hecho ya estuvo, aunque de bebé”, recuerda como una manera, tal vez, de trasladarse a él mismo hacia un espacio y un tiempo en el que todo era distinto.
Pero aún así, incluso desde otro tiempo y otro espacio, sabe que su vida está ligada desde siempre al teatro, a lo artístico. Pueden cambiar las visiones, pero no la esencia que lo conmueve. Pueden cambiar las perspectivas, pero no su manera de concebir su existencia actoral, ligada necesariamente a una personalidad sensible y comprometida, fuera de toda mirada especulativa.

MIGUEL SALDAÑO NO EXISTE

Miguel Saldaño no existe, aunque la gente dice que sí. Miguel Díaz existe, ese es el real, con nombre y apellido propio. Saldaño es un invento que llegó porque me escondía de mis padres cuando empecé a hacer radio y no quería que mis padres me reconozcan. Miguel Díaz es un tipo súper sensible, un tanto solitario, me gusta mucho la soledad, la tranquilidad, a pesar de ser híper quinético; soy un tipo agradecido, porque me pasaron muchas cosas tremendas, pero Dios en seguida me dio el doble de lo que me quitó. Soy muy creyente, muy religioso, rezo mucho, pido, creo mucho en los ángeles y en los seres de otro mundo a los que les pido y les hablo mucho y me han hecho muchos favores. Soy muy espiritual.
Miguel Díaz y Miguel Saldaño no se llevan bien. Miguel Díaz quisiera dejar de ser Miguel Saldaño por algunos momentos que le pasan y vive. Le pide que se tranquilice un poco y el sale con toda la furia y no puede parar. Los dos son parte de una misma esencia, de mí ser. Tengo una dualidad, desde niño. Fui extremadamente tímido y solitario y esa parte es esencial de mí y eso es lo que espero del mundo, pero como el mundo está tan hostil, prefiero quedarme en mi mundo. En definitiva, gana siempre el corazón y la emoción, que es la misma para los dos, en eso están unidos, para afuera y para adentro.

VISIONES

  • NO SÉ SI ME MEREZCO TANTO, PORQUE YO HAGO LO QUE ME GUSTA; YO NO HAGO UN ESFUERZO PARA QUE ME APLAUDAN, NUNCA ESTOY PENSANDO EN LO QUE QUIERO HACER PARA SATISFACER A LOS DEMÁS, PIENSO EN LO QUE QUIERO HACER PARA MI SATISFACCIÓN PERSONAL Y DA LA CASUALIDAD QUE ESO ES LO QUE LE GUSTA A LA GENTE.
  • MI LUGAR EN EL MUNDO ES LA RIOJA. PUDE INTENTAR IRME, PERO EXTRAÑO DEMASIADO. SOY MUY RIOJANO. TENGO MIS AMIGOS, MIS PARIENTES PARA VISITAR. AMO LA TRANQUILIDAD, LAS PIEDRAS, EL AGUA. SOY MUY DE LA NATURALEZA.
  • ME QUEDA CUMPLIR EL SUEÑO QUE ES PONER MI ACADEMIA. QUIZÁS EL AÑO QUE VIENE SE ME DÉ. ESTOY TRATANDO DE CONCRETARLO, DE NO QUEDARME CON LAS GANAS. AHORA TENGO OTRAS PRIORIDADES MÁS URGENTES, PERO SE QUE VA A ESTAR BUENO FORMAR UN SEMILLERO ARTÍSTICO.
  • ME GUSTARÍA TAMBIÉN PONER UN GERIÁTRICO, UNA FUNDACIÓN, ALGÚN CENTRO DE AYUDA. QUIERO HACER ALGO. NO QUIERO QUEDARME CON QUE ME DUELEN LOS NIÑOS Y LOS VIEJOS. QUIERO HACER ALGO Y USAR MI NOMBRE PARA ESO, MÁS QUE PARA LO ARTÍSTICO.
  • EN LO ARTÍSTICO MI RAZÓN DE SER ES HACER TEATRO. Y PARA ESO ELIJO LAS PERSONALIDADES, NO ELIJO EL TALENTO. ME INTERESA QUE LAS PERSONAS QUE TRABAJAN CONMIGO SEAN BUENA GENTE. ESTOY CANSADO DE SOPORTAR COMPLICACIONES, DIVISMOS, EGOÍSMOS, LA GENTE QUE VIENE PENSANDO QUE VAN A SER LA ESTRELLA PRINCIPAL. PUEDO ELEGIR Y EQUIVOCARME, PERO ESO ES ALGO QUE ME PASA UNA SOLA VEZ. PUEDO ELEGIR CON QUIEN TRABAJAR Y ELIJO EN BENEFICIO MÍO, DE MI TRANQUILIDAD, QUE ES UNA PALABRA QUE ME IMPORTA MUCHO MÁS QUE ANTES.
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