
¿Qué harían hoy?
Todos conservamos en algún lugar de la memoria a un profesor. Quizás ya no recordemos con precisión el contenido de sus clases, las fechas que escribió en el pizarrón o los textos que formaban parte del programa.
Todos conservamos en algún lugar de la memoria a un profesor. Quizás ya no recordemos con precisión el contenido de sus clases, las fechas que escribió en el pizarrón o los textos que formaban parte del programa.
Una sociedad no recuerda todo. La memoria colectiva siempre selecciona y también olvida. Pero existen olvidos que deberían preocuparnos, especialmente cuando borran experiencias que costaron dolor, movilización y años de lucha.
Desde Córdoba, pero con sus raíces cada vez más cerca, habla de la infancia, de “Pympe” y “Pica” Juárez, del oficio de componer, de una cultura popular en permanente transformación y de las razones por las que todavía escribe sobre “lo bello y lo injusto”.
Nació en Bucarest en 1945 y pasó allí los primeros catorce años de una infancia que aún conserva como “un país en sí”: la casa, el jardín, la parra, los gatos, la nieve, los sabores, las primeras amistades y la figura de su abuelo.
Hablar de dinero con las infancias no significa trasladarles las preocupaciones económicas de los adultos. Tampoco supone explicarles tasas, presupuestos o conceptos que todavía permanecen lejos de su experiencia.
Este es el tercer poemario del autor después de «Los días imposibles» y «Lo que cabe en un silencio» y se encuentra traducida también al inglés.
El autor aseguró sentirse tranquilo por «haber dado forma a estas poesías, haberlas concebido y haberme concebido en esas palabras, pero la realidad es que nos va marcando que siempre hay un poco más, que hay que ir detrás de ese poco más».
Finalmente, agregó que “lo maravilloso de la poesía es que, de alguna forma, nos anticipa, de alguna forma es premonitoria, de alguna forma nos está diciendo que somos una herramienta simplemente. La poesía está antes que nosotros que somos simplemente esa herramienta para darle el lugar, el espacio y la forma”.

Todos conservamos en algún lugar de la memoria a un profesor. Quizás ya no recordemos con precisión el contenido de sus clases, las fechas que escribió en el pizarrón o los textos que formaban parte del programa.

Una sociedad no recuerda todo. La memoria colectiva siempre selecciona y también olvida. Pero existen olvidos que deberían preocuparnos, especialmente cuando borran experiencias que costaron dolor, movilización y años de lucha.

Nirvana era una banda procedente de Aberdeen, Washington, que había construido cierto prestigio dentro del circuito independiente de Seattle. Tenía un álbum previo, Bleach, editado por Sub Pop en 1989, y acababa de dar el salto a una compañía grande, DGC Records. No parecía destinada, al menos todavía, a convertirse en el grupo de rock más importante del planeta.

Messi anunció que ya no jugará para la Selección argentina, y esta vez es diferente. Lo hizo después de 207 partidos, 125 goles, seis mundiales jugados y una carrera que atravesó prácticamente toda nuestra vida reciente. Y tal vez por eso resulte tan difícil explicar lo que se termina: porque cuando Messi llegó a la Selección, el mundo era otro. También nosotros.

La pregunta más interesante es cómo llegamos a aceptar explicaciones tan sencillas para problemas tan complejos y cuánto desarrollo les exigimos a quienes pretenden gobernarnos. Porque una cosa es simplificar una explicación para que todos podamos entenderla y otra muy distinta es simplificar la realidad.

Hay dos frases que atravesaron los siglos y que parecen adquirir una vigencia particular en este tiempo. Una se la atribuimos a Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. La otra pertenece a René Descartes: “Pienso, luego existo”. Entre ambas hay más de dos mil años de distancia, pero las une algo que hoy parece haberse vuelto incómodo: reconocer los límites de aquello que sabemos y aceptar la duda como parte del camino hacia el conocimiento.

Todos conservamos en algún lugar de la memoria a un profesor. Quizás ya no recordemos con precisión el contenido de sus clases, las fechas que escribió en el pizarrón o los textos que formaban parte del programa.

Una sociedad no recuerda todo. La memoria colectiva siempre selecciona y también olvida. Pero existen olvidos que deberían preocuparnos, especialmente cuando borran experiencias que costaron dolor, movilización y años de lucha.

Desde Córdoba, pero con sus raíces cada vez más cerca, habla de la infancia, de “Pympe” y “Pica” Juárez, del oficio de componer, de una cultura popular en permanente transformación y de las razones por las que todavía escribe sobre “lo bello y lo injusto”.

Nació en Bucarest en 1945 y pasó allí los primeros catorce años de una infancia que aún conserva como “un país en sí”: la casa, el jardín, la parra, los gatos, la nieve, los sabores, las primeras amistades y la figura de su abuelo.

Hablar de dinero con las infancias no significa trasladarles las preocupaciones económicas de los adultos. Tampoco supone explicarles tasas, presupuestos o conceptos que todavía permanecen lejos de su experiencia.

El Instituto Superior de Formación Docente y Técnica en Arte y Comunicación “Prof. Alberto Mario Crulcich” cumplió 41 años y encuentra en su propia historia algunas de las claves para pensar su futuro.
Puedes adquirir mis libros a precio promocional en mi tienda exclusiva